Granada ’10 – Capítulo II: Granada periférica (día 1)

Granada 01Cuando un viaje empieza pronto, solemos empezar el diario diciendo “¡Que sueño!” o algo por el estilo. Pero en el caso de Granada cualquier expresión se queda corta para definir la pereza que sentimos al escuchar el despertador del móvil a las 5:30. Eso sí, las ganas de viajar dan fuerzas por sí solas y sólo 20 minutos después ya estábamos en el coche.

El trayecto no fue especialmente cómodo: todo lleno de obras y mucho tráfico para la hora que era. En cualquier caso a las 10:00 ya estábamos en Granada y poníamos en marcha el plan que habíamos previsto. En primer lugar fuimos al Hotel Los Ángeles, nuestro alojamiento esos días (reservado a través de www.agoda.es), para dejar el equipaje. Hay que decir que la primera impresión de la ciudad no fue especialmente buena: mucho tráfico, todo lleno de obras, calles que de repente están prohibidas para vehículos bajo aviso de multa… Un follón, vamos. De hecho, a los dos meses los ladrones de tráfico y del ayuntamiento, más preocupados de recaudar que de hacer cosas útiles por la vida de la gente, enviaron a casa un par de multas.

Granada 02Después fuimos al Centro Municipal de Recepción Turística de Granada a coger folletos e información práctica. No habíamos podido preparar demasiado el viaje (ya que lo planeamos estando de vacaciones en Alicante con la familia) y allí pudimos resolver algunas dudas. Dejar el coche gratis en los alrededores es imposible, así que lo metimos en un parking.

No sólo nos habíamos desplazado hasta allí para obtener información, pues el primer día queríamos visitar todo lo que no estaba en la zona céntrica y que por tanto requería coger el coche. El tráfico en Granada es insoportable, por lo que quisimos sufrirlo todo el primer día para no tener que volver a arrancar el coche hasta que nos fuésemos a casa.

Así, justo al lado del Centro Municipal de Recepción Turística está el Parque Federico García Lorca. Está abierto todo el día, es gratis y se trata de un auténtico pulmón verde orquestado entorno a la Huerta de San Vicente, unos terrenos que pertenecían a la familia de Federico García Lorca y en los cuales el poeta pasó varios veranos, incluyendo el del 36 (en el cual fue detenido y asesinado). Conociendo grandes parques como el Retiro de Madrid o el Herastrau de Bucarest no podemos decir que nos sorprendiera en cuanto a tamaño, pero desde luego es un sitio muy agradable para pasear y para escaparse de las altas temperaturas granadinas (que ya habían hecho acto de presencia).

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El parque cuenta además con el atractivo de albergar la Casa-Museo Federico García Lorca, la cual no sólo organiza constantemente todo tipo de actividades culturales sino que además puede ser visitada. La casa en cuestión fue la residencia de verano de la familia García Lorca entre 1926 y 1936, y en ella el poeta escribió obras como Bodas de Sangre.

Granada 06El recorrido por su interior sólo se puede hacer a través de visitas guiadas en horas concretas y previo pago. La verdad es que no nos gustó demasiado ni la exposición (que básicamente consiste en recrear el mobiliario original que tenía la familia) ni las explicaciones de la guía (borde donde las haya), pero merece la pena conocer el lugar.

Tras la visita volvimos al coche y pusimos rumbo a nuestro siguiente destino: el Parque de las Ciencias. Como ya eran las 13:00 quisimos comer antes, algo que no fue nada fácil. En los alrededores había muy pocos sitios para comer, y después de dar muchas vueltas acabamos en la Pizzería Boccalino. Todo un acierto, pues comimos dos pizzas y bebida por 14.90€ entre los dos.

Granada 07Ya con el estómago lleno fuimos al Parque de las Ciencias. Allí aprovechamos para comprar la Granada Card, un bono turístico con el cual visitar algunos de los principales monumentos de la ciudad. Cogimos el de 3 días (que además incluye 5 viajes de autobús) y nos dispusimos a visitar el… ¿Sitio? Es difícil definir el Parque de las Ciencias, ahora veréis por qué.

Estamos hablando de una de esas instituciones en las que todo es posible. Ciencia, Historia, Biología y casi cualquier disciplina tienen aquí cabida, todo presentado desde una perspectiva novedosa e interactiva. Es el típico museo enorme en el que se pueden pasar horas disfrutando y aprendiendo a partes iguales, se vaya con niños o con adultos.

Granada 08Lo primero que visitamos fue la Torre de Observación, dado que cerraba al poco tiempo y no volvería a abrir hasta dos horas después. Es recomendable subir en ascensor (en el vestíbulo hay una exposición sobre torres del mundo, entre las cuales vimos viejas amigas como la Torre Eiffel de París) y bajar andando (en las escaleras está la exposición “Tamaño y vida“, que compara la altura a la que se está con diversos seres vivos del planeta). Sus más de 50 metros de altura le convierten en uno de los principales atractivos del parque, y de hecho arriba había bastante gente.

El mirador está a 37 metros de altura, y en él se pueden encontrar varias cosas: prismáticos (gratis) orientados a distintas zonas de granada, medidores de viento, un GPS, un sismógrafo… Todo explicado a la perfección por el personal del parque, que en todo momento es encantador. Sin embargo, lo más interesante sin lugar a duda son las vistas: tanto de Granada como de Sierra Nevada. También hay una buena panorámica del parque en sí, que visto desde arriba recuerda a la Expo de Zaragoza 2008. En realidad, el planteamiento general del parque recuerda a ese evento por la cantidad y variedad de cosas que se pueden hacer.

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Granada 12De nuevo abajo, comenzamos a visitar las diferentes propuestas que ofrece la zona de exteriores. Fue muy divertido estar trasteando entre diferentes relojes solares, jugar con objetos que producían efectos visuales y escuchar nuestro eco a través de artilugios especiales. Todo venía acompañado por su correspondiente explicación científica.

Como era una hora de mucho calor, decidimos visitar el Edificio Péndulo de Foucault, un gran pabellón con distintas salas a cada cual más interesante. Cada una tenía una temática distinta: algunas centradas en la vida en el planeta, otras en la física, otras jugaban con los sentidos… Todo estaba presentado desde un punto de vista extremadamente interactivo, algo que nos recordó al Museo Cosmocaixa de Alcobendas.

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Granada 15Después de un buen rato disfrutando en el edificio que tiene por lema “prohibido no tocar”, salimos nuevamente a los exteriores. En ellos aún quedaba mucho por hacer y descubrir, y especialmente nos llamaron la atención dos cosas: los módulos sobre agua y energía (en los cuales pudimos generar nuestros propios remolinos) y el pabellón de gimnasia mental, con todo tipo de trucos. Hay que hablar de que a pesar del calor el parque cuenta con una gran cantidad de zonas verdes, fuentes y sombras, por lo que la visita no se hace nada incómoda.

Caminando de un lado a otro, casi sin darnos cuenta, llegamos al Mariposario. Éste nos recordó bastante al de Faunia tanto por lo bueno (gran cantidad de ejemplares y tremenda variedad de especies) como por lo malo (la sensación de agobio por la humedad necesaria para este ambiente). Precisamente porque era un poco cargante no estuvimos demasiado tiempo dentro del mariposario, aunque sí lo suficiente como para ver varias mariposas grandes y coloridas.

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A un paso de allí está el Pabellón Darwin, que es una especie de resumen de una parte de la exposición principal. Como no había nadie la chica que trabajaba allí nos estuvo contando cosas de lo más interesantes sobre el autor de El origen de las especies. De hecho, en el exterior del pabellón pudimos conocer al propio Darwin, con el cual estuvimos discutiendo un buen rato sobre fútbol y otros temas de interés.

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Granada 20El Parque de las Ciencias cuenta, junto con todas las exposiciones que os estamos describiendo, con una serie de actividades periódicas que se celebran en momentos concretos. Una de ellas es el vuelo de rapaces, el cual no pudimos presenciar (hasta las 18:00 no tocaba). Sin embargo, sus protagonistas estaban descansando al ladito nuestro.

Granada 21Poco a poco nos íbamos quedando sin tiempo y sin fuerzas, aunque todavía quedaban muchas cosas interesantes por ver. Así, fuimos al Pabellón de Exposiciones Temporales, el cual, como su propio nombre indica, va renovando su oferta periódicamente. Este tipo de propuestas nos recordaban horrores a la Expo de Zaragoza.

El caso es que cuando nosotros fuimos había dos exposiciones distintas. La primera se llamaba “Vivir en el espacio: desafío del siglo XXI“. Realmente nos encantó, pues en ella se muestra una panorámica de cómo es la vida en el espacio: trajes, alimentos, naves… Sencillamente genial. La segunda exposición era “Una autopista detrás del enchufe. La electricidad de la central a tu casa“, que si bien no nos gustó tanto también es interesante.

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Por último accedimos al Macroscopio, el edificio principal y de mayor tamaño del Parque de las Ciencias. Es relativamente nuevo, y eso se plasma en sus novedosas exposiciones. La primera que vimos fue “Animales de museo. El arte de la taxidermia“, que si bien está anunciada como temporal su éxito parece haberla convertido en parte de la exposición permanente. Las decenas y decenas de animales disecados impresionaban, en cualquier momento parecía que se iba a producir una tremenda estampida al más puro estilo Jumanji.

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Después de eso fuimos al Pabellón Viaje al Cuerpo Humano, en el cual se recorre la anatomía humana de dentro a fuera. Hay propuestas de todo tipo: desde una célula ampliada hasta un vídeo del parto real de un bebé, pasando por infinidad de objetos que nos han permitido conocer en profundidad (y nunca mejor dicho) cómo funcionamos por dentro. Muy interesante, y de hecho nos acordamos de una amiga que está estudiando medicina a la cual le hubiera encantado esta parte del parque.

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Granada 29La pequeña decepción vino con el Pabellón al-Ándalus y la Ciencia, del cual (por cuestiones obvias) esperábamos mucho. Al ser un museo tan novedoso e interactivo esperábamos una maravilla, y finalmente nos encontramos con una exposición buena pero que podríamos haber encontrado en cualquier otro lugar.

Granada 30Por último, con los pies ya echando humo, visitamos la exposición temporal “La evolución de Darwin“, algo así como la hermana mayor del pabellón que habíamos visto un rato antes. Ya no teníamos demasiado tiempo, estábamos decepcionados por la de al-Ándalus y también bastante cansados, por lo que nos gustó demasiado.

En cualquier caso, y tras esta paliza de varias horas, quedamos encantados con el Parque de las Ciencias. Ha sido de lo que más nos ha sorprendido en este viaje, y nuestro consejo es que si se dispone de tiempo éste se visite durante un día entero, trayendo bocadillos para comer en su interior y aprovechar más la visita. Al ser tan variado seguramente a otras personas les gustarán más otras cosas que a nosotros, o seguirán otro recorrido, pero en cualquier caso es una visita obligada si se pasa por Granada.

Granada 31Aunque estábamos cansadillos, como ya hemos dicho el primer día lo queríamos aprovechar para ver todo lo que requiriese coche, por lo que sin dudarlo fuimos al Monasterio de la Cartuja (también conocido como La Cartuja de Granada). Llegar fue una odisea, no tanto por el tráfico sino porque nos perdimos por lo mal señalizado que estaba todo.

Granada 32La visita, además, nos permitía seguir amortizando nuestra Granada Card, ya que la entrada está incluida en el bono turístico. ¿Qué decir del Monasterio de la Cartuja? Pues básicamente que se trata de un conjunto fundado por la orden de los cartujos en 1516 por iniciativa de Gonzalo Fernández de Córdoba. Como diría el Cigala, quizá ese nombre no os diga nada, pero si os decimos que estamos hablando del Gran Capitán la cosa cambia. El edificio tuvo monjes hasta 1835, y aunque se han perdido algunas estancias se conserva la mayoría del conjunto.

La visita está plenamente estructurada a partir del claustro, pues desde él se accede a las estancias visitables. Según nos dijeron en la entrada de muy malas maneras no está permitido hacer fotos, pero como no entendemos la prohibición de tomar fotos sin flash no hicimos ningún caso. Así, más o menos tres cuartos de hora visitamos el refectorio, la sala de San Pedro y San Pablo (con obras de Sánchez Cotán), la antigua capilla (con lienzos de Vicente Carducho), la sala capitular, la iglesia y demás estancias.

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Eso sí, a estas alturas estábamos cansadísimos. Eran las 19:00, nuestro día había empezado catorce horas antes y llevábamos a nuestras espaldas varias visitas. Por eso, volvimos al coche para dejarlo aparcado cerca del hotel (costó lo suyo por el tráfico y las obras), de dónde no se movería hasta el viernes. Para recuperar fuerzas estuvimos un buen rato disfrutando de la piscina del hotel, para después de una cenita irnos a dormir y coger fuerzas para el intenso itinerario que nos esperaba al día siguiente.

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