Faunia ’09 – Capítulo II: El Polo Norte y el Amazonas a un paso de Madrid

Faunia 01La visita a Faunia surgió porque se juntaron varios factores: cayó un cupón de descuento en nuestras manos, teníamos poco trabajo en la universidad, miramos el tiempo días antes y ponía que iba a hacer bueno… Vamos, que era muy difícil resistirse. Como en marzo el parque biológico abre a las 10:00 salimos pronto de casa, y en 15 minutos en coche desde Alcobendas nos plantamos allí.

De hecho, llegamos tan pronto que aparcamos en la misma puerta y nos dejaron pasar antes que todos los colegios que iban de excursión. Faunia es un parque relativamente pequeñito -el zoo de Madrid es más grande-, y aunque hay un recorrido marcado se puede ir por libre. Nosotros más o menos fuimos siguiendo el recorrido, aunque lo modificamos a veces para coincidir con algunos eventos. Además, una vez vimos todo volvimos a los sitios que más nos habían gustado, por lo que si hay algún animal que guste especialmente se puede visitar y revisitar.

A lo largo de todo el parque los perritos de la pradera hacen las veces de anfitriones, puesto que hay unos pequeños cuadrados de arena y césped en los que tienen sus madrigueras y que están repartidos a lo largo del parque.

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Faunia 04Aparte de que todo el mundo les diga “ay que monos” y les haga fotitos, los perritos de la pradera están acostumbrados a que los visitantes de Faunia les den de comer. Para determinados animales se vende comida específica en el parque, bien sea en bolsas en las tiendas (a 1.50€ la bolsa) o en pequeños puñados en máquinas del parque (a 0.50€ euros, ojo con poner las manos o una bolsa porque si no la máquina tira la comida al suelo). Nosotros les dimos de comer al final y la verdad es que es una experiencia divertida, pero ya lo veremos más adelante.

Faunia 05De ahí nos fuimos a La Granja, el primer “ecosistema” que visitamos. Aquí más que contemplar a los animales en su medio se pretende que se interactúe con ellos como si fuera una granja-escuela, dado que también se les puede dar de comer, acariciar, etcétera. Es un lugar recomendado especialmente para los más pequeños, pues no solo puedes verles desde detrás de la valla, sino que además hay algún que otro conjunto de animales -como las cobayas– en los que te puedes meter por debajo y sacar la cabeza en una especie de urna de cristal.

A nosotros los animales que más nos gustaron fueron los cerdos vietnamitas, las ovejas y las cabras. Los cerdos están gordos gordos, tanto que hay alguno que no se podía ni levantar. Además, éstos siempre dan la impresión de querer comerse cualquier cosa, por lo que les vimos desde detrás de la vaya para no convertirnos en un suculento desayuno. En cambio, las ovejas y las cabras parecían más dóciles, y había algunas crías que no medían ni medio metro de largo.

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Cuando ya nos cansamos de estos animales -son muy monos pero la verdad es que también son poco activos- volvimos al camino, desde donde vimos el Lago central, en el cual hay aves de todo tipo: desde flamencos hasta patos. Es una zona que no está del todo bien planteada desde el punto de vista de los más pequeños, porque no ven nada si no se les aúpa.

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Faunia 11Aunque Faunia es un lugar pequeño, todo el que vaya tiene que tener claro que se va a hinchar a andar. Por suerte todo está muy bien señalizado en carteles como los de la derecha, en los que se indican la dirección y el tiempo en minutos que hay caminando hacia el lugar que se quiera ir. De todos modos, para los que se cansen no hay ningún problema, pues otra cosa no, pero kioskos, restaurantes, máquinas de refrescos, bancos y baños hay en abundancia en el parque. Dependiendo del día, los sitios para comer no abren todos, pero eso se puede mirar en Internet.

El siguiente sitio que fuimos a ver es el Jardín del Edén. Bajo ese sugerente nombre se esconden dos ecosistemas distintos: la Casa de Mariposas y la Colmena. Respecto al primero, es un conjunto de plantas enmarcadas en un ambiente de humedad extrema (a veces agobia un poco) entre las cuales hay un montón de mariposas y otros insectos. Sin embargo, la segunda parte representa el interior de una colmena, y por unos tubos transparentes se puede ver -¡y sobretodo oír!- a las abejas en plena acción. Nos gustó tan poco que nos fuimos a toda prisa sin ni siquiera hacer una foto. ¡Vaya bichos!

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Faunia 14Sin embargo, una vez pasamos ese mal trago vino la parte y el momento en los que mejor nos lo pasamos ese día: el Bosque Africano. Casualidades de la vida, cuando fuimos no había nadie y para colmo los cuidadores estaban dando de comer a todos los animales del ecosistema, por lo que estaban todos a la vista y muy alterados. ¡Fue divertidísimo!

Algunos impacientes no podían esperar a que la veterinaria hiciera su trabajo y directamente asaltaban la montaña de comida, mientras que otros esperaban atentamente a que les llegara su ración. En cualquier caso se les veía a todos realmente inquietos, y lo pasamos genial viéndoles saltar de un lado a otro.

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El animal que más presencia tiene en el Bosque Africano es, sin lugar a dudas, el lémur. Recuerdan un poco al león de Madagascar, en el sentido de que cuando hay gente delante se crecen y, aunque parezca increíble, empiezan a hacer todo tipo de posturas como si quisieran captar nuestra atención: uno se puso a meditar, otro tumbado panza arriba, otro se acercaba hasta casi tocarte… Vamos, que los lémures no solo son los anfitriones, sino que también son los protagonistas.

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Faunia 20El Bosque Africano está conectado con La Jungla, por lo que siempre se ven los dos ecosistemas a la fuerza (en nuestro caso, hicimos el recorrido una vez en cada sentido, y da exactamente igual). El ecosistema de La Jungla es de los más completos y el que más tiempo requieren para su visita. La diversidad y el colorido son sencillamente increíbles.

Si se entra desde el Bosque Africano, se llega a la parte de arriba de La Jungla, y desde ahí se va descendiendo. Así, lo primero que vimos fue la recreación del ecosistema que hay en las copas de los árboles, con todo tipo de aves como loros o tucanes. Algunos de ellos están tan acostumbrados a las visitas de la gente que incluso se acercan y se posan entre los turistas.

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Desde allí se accede a una zona totalmente independiente, el Territorio Saimiri. Es una zona llena de saimiris, unos monos tropicales entre los que destaca el mono ardilla, y para acceder a ella hay que pasar por un conjunto de puertas con pesos que hacen que se cierren solas, para evitar que se escapen. Los monos son graciosísimos: se suben entre la gente, se meten en los bolsos, saltan de un sitio para otro… ¡Cuidado! Nada de hacer fotos con flash (lo pone a la entrada), porque se ponen nerviosos perdidos.

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Faunia 27Uno de los principales atractivos de La Jungla es que cada sesenta minutos, desde una hora después de abrir hasta una hora antes de cerrar, se recrea una tormenta tropical con su lluvia, su viento y sus truenos. Los animales parecen acostumbrados, y prácticamente ninguno se inmutaba al empaparse, pero lo cierto es que se notaba un gran aumento de la humedad que incluso llegaba a agobiar.

Faunia 28La última parada en La Jungla es aun más abajo de la tierra: ¡¡en Faunia te puedes sumergir debajo del río Amazonas!! Pues sí, y ahí se pueden ver todo tipo de animales, desde enormes pirañas hasta dos sirenas. Eso sí, que nadie se espere ver a Ariel de La Sirenita. En cualquier caso, un paseo único en el que se puede disfrutar literalmente del ecosistema amazónico de arriba a abajo.

Faunia 29Según se sale de ahí hay un momento de relax, y la verdad es que tras tantas sorpresas y tanto cambio de temperatura no está nada mal. Nos referimos al Bosque Templado, en el cual a través de un breve paseo se puede contemplar la flora típica de las zonas templadas europeas. Hay algún que otro sonido, pero ningún animal, y la verdad es que se agradece el ya citado momento de descanso.

Faunia 30Aunque aun quedaba media hora (empezaba a las 13:00) fuimos al Teatro Lago para coger sitio, pues dos veces al día hay una función en la que los actores son focas y osos marinos. Dicho evento es el Espectáculo de Kissy, cuyo nombre viene dado por la principal estrella de Faunia: un león marino que sabe hacer todo tipo de trucos, desde aplaudir hasta saltar por un trampolín.

El espectáculo dura una media hora, y en él Kissy y sus amigos hacen las delicias del público. Aunque se vea vacío, es mejor coger sitio antes, porque cuando faltaban diez minutos empezaron a llegar colegios y eso parecía el Bernabéu. En cualquier caso fue un rato divertidísimo en el que no paramos de reír con esos curiosos animales.

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Faunia 34A esta hora ya teníamos más hambre que Carpanta, y decidimos ir a comer. Como ya hemos dicho en el capítulo anterior, aunque no aparezca en ningún sitio sí se puede llevar comida a Faunia. De hecho, al lado del Kiosko Frailecillo (cerca del ecosistema de los polos) hay un merendero con sombrillas, bancos, mesas, papeleras (no hay que dejar caca por el suelo) y, por si fuera poco, al ladito de unos baños.

Una vez nos metimos entre pecho y espalda sendos bocadillos de filete empanado y tortilla española, deshicimos un poco el camino andado para ir al ecosistema de La Noche. En él se puede disfrutar de todo tipo de animales nocturnos en plena actividad, pues les han cambiado el horario y cuando es de día dejan todo oscuro para que crean que es de noche y luego hacen al revés. Vamos, que en vez de ver al armadillo hecho una pelota le vimos correteando de un lugar para otro: ¡¡que cosa más inquieta!!

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Faunia 35Volviendo a bajar por la calle que acabábamos de subir fuimos a parar al Territorio Suricata, un recinto con madrigueras, tierra y plantas pobladas por los suricatos, una especie cuyo representante más famoso es Timón de El Rey León. Si se puede, es recomendable ir a distintas horas, pues siempre están haciendo cosas distintas.

En nuestro caso, como se ve en la foto de arriba, pudimos verles a todos subidos en una roca. No digáis que no tienen cara de pena, porque parece que están deseando irse a dormir o que la gente deje de hacerles fotos.

Faunia 36Al ladito de ahí está la exposición del Jurásico, que evidentemente no cuenta con ningún ejemplar vivo pero que aun así merece la pena. ¡Ojo! No abre todo el día, por lo que hay que estar atentos al horario que se reparte a la entrada con todos los eventos del día. En esta parte de Faunia no pudimos evitar acordarnos del Museo del Jurásico de Asturias de Colunga o del Museum des Sciences Naturelles de Bélgica, y nos dimos cuenta de que ir a ver cosas relacionadas con los dinosaurios se está convirtiendo en una visita obligada allá donde vamos.

En el caso de la exposición de Faunia, se juega mucho con el imaginario popular de la gente, y constantemente se están contraponiendo dinosaurios o protodinosaurios del cine y la televisión, como Godzilla o los velociraptores de Parque Jurásico, con lo que en realidad existió. Hay recreaciones de los animales, esqueletos reales, huellas, huevos, maquetas… Merece la pena pasarse por aquí. Además, de vez en cuando hay un rugido de un dinosaurio y se ve a los niños pequeños corriendo asustados. No os preocupéis, se puede entrar sin miedo a que os coman.

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Faunia 39Justo enfrente del Jurásico está el Territorio Wallaby, en el cual hay todo tipo de animales propios de la sabana australiana, como los wallabies o los emúes. Es difícil verlos, porque no se acercan mucho a la valla, y al menos cuando fuimos nosotros estaban todos a la sombra. Una pena, pero no era cuestión de ponerse a hacer ruidos extraños para que se acercaran… como algunos hacían.

A continuación fuimos a disfrutar de nada menos que el milagro de la vida, o lo que es lo mismo, El Nido. En este pequeño edificio se puede ver unas cuarenta veces al día como un pollito rompe su cascarón y viene al mundo. Es un momento mágico en el que, si se está un ratito, se puede ver cómo el pollo en cuestión rompe el cascarón, sale empapado en sudor y al cabo del tiempo da sus primeros pasos. ¿Qué harán luego con tanto pollito? Por si acaso que nadie coma pollo asado dentro de Faunia.

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Faunia 43Faunia es un lugar de contrastes. Así, de la parte más cálida y tierna del parque botánico pasamos a la más oscura y exótica: Misterios Bajo Tierra. Se trata de un ecosistema que recrea la vida de aquellos animales que viven en cuevas o lugares subterráneos, aunque desde un punto de vista un poco peculiar, pues trata de vincularlo todo con las películas de Indiana Jones.

A lo largo de la atracción (es más eso que un ecosistema, pues hay sonido ambiental para crear emoción, puertas que se abren solas, pasajes en los que no se ve nada…) se pueden ver iguanas y otros animales que la gente no suele tener por mascota (aunque últimamente éstas se están volviendo muy populares). También hay algunos seres acuáticos de los que ni tan siquiera conocemos el nombre.

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Faunia 47El último gran ecosistema que nos quedaba por ver era el de Los Polos, en el cual se pasa algo de frío. De todos modos, merece la pena con tal de poder ver recreados algunos medios naturales de la Antártida y el Ártico. Por cierto, es un sitio en el que no solo los animales -como luego veremos- tienen el papel protagonista, sino que además hay mucha información sobre la vida en los lugares más fríos de la tierra. Así, hay zonas con mayores aglomeraciones de gente que otras, y mientras que donde están los animales no cabe ni un alfiler en las otras parece que hay telarañas.

Evidentemente, la estrella son los pingüinos, que tanto caminando a duras penas por el hielo como nadando como flechas en el agua hacen las delicias de todos los visitantes. Sin embargo, como dijimos anteriormente no solo de pingüinos vive el polo, y además hay fósiles de animales en riesgo de extinción -como un esqueleto bien conservado de beluga– e incluso un meteorito auténtico -el ALH84001– que cayó en la Antártida en 1984.

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Faunia 51Llegados a este punto ya no hay más ecosistemas, pero aun así quedan muchas cosas por hacer en Faunia. Nosotros optamos por repetir en los sitios que más nos habían gustado, pero también hicimos una parada en otros lugares. Por ejemplo, está Naturactiva, en el cual se puede ver un documental, pero preferíamos ir a ver animales, así que pasamos de largo.

Donde si fuimos fue a Evolución, un edificio en el cual se hace un repaso, desde el punto de vista divulgativo, de la evolución que ha llevado a los animales de ser formas unicelulares a ser organismos tan complejos como Rodolfo Chikilicuatre. Hay también una fantástica colección de insectos como escarabajos o bichos palo.

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Como ya hemos dicho, una vez vimos todo volvimos a las zonas que más nos gustaron. También nos dedicamos a dar de comer a los animales, comprando la comida que se vende en prácticamente cada esquina de Faunia. Por un lado fuimos a la Granja, donde hay animales dóciles como cabras y ovejas que gustosas recibían la comida. Además, se arremolinaban en torno a nosotros y era divertidísimo (aunque siempre hay alguna loca que trata de hacerse hueco por la fuerza).

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Por otro lado, fuimos con los anfitriones del parque, los perritos de la pradera, con los que pasamos más de una hora dándoles de comer y jugando con ellos. Éstos al principio son un poco huraños, porque están acostumbrados a que la gente grite al verlos, pero con paciencia nos ganamos su confianza y pudimos darle de comer en la mano.

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Fue un bonito punto y final para un día espléndido, en el que el tiempo nos acompañó para poder disfrutar de la compañía de todo tipo de animales. Totalmente recomendable para aquellos que quieran pasar un día sorprendente. ¡Viva Faunia!

Capítulo IVolver a Faunia ’09

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