Expo Zaragoza ’08 – Capítulo III: Agua Extrema y tropecientos pabellones (Día 2)

Después de un primer día en el que nuestra particular “estrategia” salió a pedir de boca, en el segundo decidimos seguir el mismo procedimiento, y esto provocó que otra vez tuviésemos problemas para llegar al recinto de Ranillas, pues los autobuses volvieron a llegar tarde y llenos. De hecho, en la televisión aragonesa sugirieron la posibilidad de una huelga encubierta, de esas que tan a menudo disfrutamos en los trenes de Cercanías madrileños. En cualquier caso, una vez llegamos allí la estrategia a seguir fue la siguiente: ir corriendo a ver si conseguíamos el Fast Pass de Agua Extrema, y luego ir a ver los pabellones europeos de la calle central, que antes de la cabalgata están vacíos y luego llenos de cola. Lo de conseguir el Fast Pass fue imposible, a las 9:50 estábamos en la fila y ya se habían agotado, por lo que lo cogimos para Egipto.

Ahora si, nos pusimos a ver de nuevo pabellones, y nos fuimos a los que estaban en la zona central, pues cuando pasaba la cabalgata se llenaban, pero a primera hora estaban vacíos. El primero que vimos fue Grecia, que nos gustó mucho por ofrecer una temática relacionada con la Historia, y eso evidentemente nos tocó la fibra de historiadores.

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Siguiendo con los pabellones de países europeos, visitamos Dinamarca, Holanda, Hungría… No estaban mal, pero ninguno se puede incluir en la lista de los mejores pabellones, y esto no tiene explicación, ya que seguramente faltos de presupuesto no iban. De entre todos quizá el más interesante fuese el de Holanda, en el cual te ponían un vídeo, aunque nada comparable a los grandes audiovisuales como el que vimos el día anterior en el pabellón de Japón.

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Algunos de estos pabellones no tenían que ver nada con el agua, aunque sí -de refilón- con el desarrollo sostenible. Y es de refilón porque estaban dedicados únicamente a ensalzar sus empresas y crear la imagen de que respetan el bueno ambiente, cosa que habría que poner en duda. En cualquier caso, la parte positiva de esto es que podías probar algunos productos, como unas meses y sillas hechas en papel reciclado o unas botas de la talla de los hermanos Gasol.

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El último país que vimos allí fue Francia, que no tenía nada interesante salvo que te ponían dos sellos en vez de uno. Una vez nos vimos toda la calle, nos fuimos a la zona de arriba, donde había más países europeos y de otros continentes. Esta zona era muy irregular, lo mismo te encontrabas un pabellón divertidísimo que otro que no tenía nada de nada. Entre los que nos gustaron se puede poner Lituania, en el cual el baloncesto ocupaba una parte fundamental -de hecho, en la parte exterior del pabellón podías tirar a canasta de una manera muy peculiar, subiendo una pelota con una polea y tirando a ver cuantos puntos obtenías-, o Corea, que tenía un vídeo en 3D precioso. Eso sí, también había algunos especialmente flojos, como el de Rumanía, del cual esperábamos mucho después de nuestro viaje allí.

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Expo 39Una vez vimos todo eso, llegó la hora de emplear el Fast Pass que nos habíamos sacado para Egipto. Una forma de describir este pabellón clara y concisa sería hablar de “lo que pudo ser y no fue”. El planteamiento era recrear un pequeño museo egipcio, y eso congregaba grandes filas de espera, pero si nos ponemos quisquillosos desde el punto de vista histórico todo se quedaba en agua de borrajas: todas las piezas estaban descontextualizadas, y no eran más que las sobras de cualquier museo egipcio esparcidas en una sala que ni siquiera tenía una iluminación y temperatura acordes a lo que esas piezas requerían. También es cierto que si no miras el pabellón desde los ojos de dos historiadores quizá fuese más interesante.

Una vez vimos el pabellón egipcio nos fuimos a ver algunos pabellones centroeuropeos, entre los que hay que destacar, evidentemente, a Austria y Suiza. Tan solo mes y medio después de haber ganado la Eurocopa, lo mínimo era ir a darle las gracias a cada austriaco y a cada suizo. Bromas aparte, no estaban mal los pabellones, y también experimentaban el fenómeno de las filas que aparecen tras la cabalgata.

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Expo 42Como parecía que obtener el Fast Pass para Agua Extrema era imposible, decidimos ponernos a hacer fila. Según decían, la media era tres horas, por lo que decidimos ir a la hora de comer allí, y así tomarnos los bocadillos mientras hacíamos cola (a la sombra, por cierto). Al final no era para tanto, y en 40 minutos pudimos entrar a uno de los pabellones de más éxito de la Expo, quizá por ser cercano a lo que se espera de un parque de atracciones. La temática gira en torno a catástrofes naturales como tsunamis, tornados o lluvias torrenciales, y el pabellón se divide en dos partes: una convencional, en la cual te explican esos fenómenos en sus contextos geográficos; y el simulador, que merece mención aparte. Nada más entrar te dan un chubasquero, y cuando pasabas a una especie de sala de cine mojada todo el mundo daba por hecho que se iba a mojar. Recreaban tres fenómenos concretos -el tsunami asiático de 2004, el huracán Katrina de 2005 y unas lluvias torrenciales en España-, con temblores, trombas de agua y toda suerte de efectos especiales. Merecía la pena.

Expo 43Al salir de ahí se nos ocurrió coger otro Fast Pass, y esta vez nos lo cogimos para el Pabellón Puente. Nos lo dieron casi instantáneamente, así que nos fuimos a ver la colosal obra de Zaha Hadid. La exposición que contenía ni fu ni fa, pecaba en exceso de minimalismo. Además, el sello era de los más feos de la muestra, pero aun con todo merecía la pena entrar a este edificio impresionante.

Evidentemente la construcción va a perdurar tras la Expo, pero no se sabe a ciencia cierta que albergará. Lo siguiente que hicimos fue ir a ver el Pabellón Estepas, Praderas y Sabanas, o lo que es lo mismo, el edificio que albergaba a buena parte de los países africanos. Sigue la misma línea que el de América Latina y el de la Comunidad Caribe -éste último lo veríamos al día siguiente-, es decir, una zona central para grandes espectáculos y luego distintas dependencias para cada país. Kenia, Níger, Tanzania… Tenían pinta de ser los pabellones con menos recursos, pero aun así eran interesantes y exóticos. Varias veces al día se celebraban conciertos en directo, y en nuestro caso vimos a la String Band, un grupo de música vocal bastante curioso.

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Expo 47¡Por cierto! En la expo cada día está dedicado a un país, una comunidad autónoma o una empresa, y en el caso de este segundo día era el de Sudáfrica. Eso nos permitió disfrutar de un particular desfile con ritmos africanos. Además, era curioso ver como, al final de toda la comitiva, iban todos los “peces gordos” trajeados disfrutando del espectáculo, y de paso desentonando lo máximo posible.

Otro país que tenía fila casi obligada era Alemania, y como el día había cundido bastante decidimos ir allí, a pesar de que era casi seguro que tendríamos que estar 2 ó 3 horas. Sin embargo, ese día la suerte parecía asegurada, y no hicimos cola más que media hora. Era raro que no hubiese Fast Pass para Alemania, pues era una de las estrellas de la Expo -de hecho en el día de la clausura fue galardonado como mejor pabellón de país-. La propuesta era más que interesante, pues te sentabas en una barquita y te iban mostrando diferentes aspectos relacionados con el agua, desde su uso en la ciudad hasta el proceso para potabilizarla. Al final te daban un vaso con agua alemana, aunque a nosotros el sabor nos pareció igual que el del agua española del grifo.

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Visto el pabellón teutón el cansancio empezaba a aflorar, pero aun vimos alguna cosilla más. Ahora ya la línea a seguir era ir viendo los pabellones que nos faltaban según íbamos viéndolos, y así nos topamos con Omán y Jordania. En este último había un hombre que hacía pequeños jarrones decorados con arenas de colores, los cuales llamaban mucho la atención del público. Eran preciosos -de hecho nosotros nos compramos uno- y ver como se hacían les dotaba de más valor, pues parecía casi imposible.

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Poco a poco el día se acababa, pero si queríamos ver todos los pabellones teníamos que exprimir al máximo cada segundo. Así, nos fuimos a ver otro de los pabellones estrella, este sin cola: el Pabellón de Aragón. El edificio representa una cesta de mimbre, y en él consiguieron representar, de manera magistral, lo mejor de la comunidad aragonesa: historia, naturaleza, cultura… todo ello relacionándolo con el agua. Y hablando de agua, el cielo cada vez estaba más negro.

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Para cerrar el día, nos vimos el resto de pabellones de comunidades autónomas que nos faltaban, a excepción de dos que tenían mucha fila y que dejamos para el final. De este modo pudimos ver Navarra -con la presencia de los kukuxumusu-, Cantabria -te hacían regalos rascando unos papeles-, Ceuta -el más alejado de todos-… Una vez visitamos todos ya nos íbamos, pero vimos algún que otro pabellón más abierto y nos metimos a pesar de que estaban cerrando, como en Filipinas o Indonesia.

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Una vez cerraron los pabellones, el mismo procedimiento que la noche anterior: nos fuimos a ver el ambientillo y cenamos. Intentamos ir a ver un espectáculo, pero había mucha cola y estábamos tan cansados que nos fuimos a dormir. La verdad es que teníamos los pies destrozados, pero pasase lo que pasase queríamos ver todos los pabellones.

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