Excursión al desierto desde Marrakech

Terminamos los relatos sobre nuestra cuarta visita a Marruecos con un larguísimo post. En él contamos como fue la excursión al desierto desde Marrakech, uno de los momentos álgidos del viaje. Durante dos días (y su correspondiente noche) tuvimos la oportunidad de descubrir una zona de Marruecos distinta a todo lo que habíamos visto hasta ahora, a veces rural y a veces excesivamente enfocada al turismo. Fue un itinerario muy variado, en el cual se incluía la visita a ciudades como Aït Benhaddou, espacios naturales como el Valle del Draa, unos estudios de cine, un trekking en camello hasta el desierto de Zagora y mucho más. Muchísimas cosas que, como siempre, vamos a enseñar con todo lujo de detalles.

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TIPOS DE EXCURSIONES AL DESIERTO DESDE MARRAKECH

Aunque se puede hacer por libre, nosotros optamos por contratarla mediante una agencia, pues íbamos con la familia y buscábamos ante todo la simpleza y la comodidad. Existen infinidad de webs que venden esta excursión por internet, aunque también te las venden en los hoteles y en agencias de viajes con un abanico de precios inmenso: desde los 50€ hasta los 150€ por persona. Nosotros nos hicimos con ella por 59.90€, aunque nos consta que se puede reservar algo más barato. Casi todos los tours son operados por Ando Voyages, y empresas como Gomoco (con la que reservamos nosotros) solo son subcontratas.

Para hacer una excursión al desierto desde Marrakech hay dos opciones:

  • Zagora: se suele hacer en dos días y una noche. Está más cerquita, es menos exigente físicamente y es más barata.
  • Merzouga: se suele hacer en tres días y dos noches. Está más lejos y es más cara, pero a cambio se ven más cosas y se va a un desierto más auténtico.

Nosotros fuimos a Zagora por cuestiones de tiempo. En cualquier caso, después de haber visto como funcionan las agencias de la zona, os recomendamos ir por libre. En excursión organizada todo son prisas, malos modos e incesantes intentos de sacarte más dinero.

De Ando Voyages y de Gomoco solo podemos decir cosas negativas, son unos chorizos de mucho cuidado. No dan lo que prometen, así de claro. El dicho español dice “prometer hasta meter, y una vez metido olvidar lo prometido”. Pues bien, aquí prometen hasta que pagas, y a partir de ahí alea jacta est.

CRUZAR EL ATLAS

Vayamos con la experiencia concreta, que como veréis en los próximos párrafos tuvo muchas luces pero también alguna sombra. A eso de las siete de la mañana vinieron a buscarnos al hotel, algo que estuvo muy bien ya que nos permitió apurar al máximo en la camita. Al parecer depende del número de personas que vayan a hacer la excursión ese día, pero a nosotros nos metieron en una enorme furgoneta con capacidad para 14 personas.

Primeros dos problemas: temperatura y seguridad. Teóricamente el recorrido se hace en un vehículo climatizado, pero teníamos que llevar las ventanas abiertas todo el rato para no derretirnos. No os imagináis lo incómodo que es eso a determinadas velocidades. Además, el conductor resultó ser un loco que se jugaba la vida en cada adelantamiento. Hemos estado varias veces en países con fama de malos conductores (Marruecos, Turquía, Grecia) y nunca hemos pasado tanto miedo al volante. Incluso al principio del viaje el conductor daba cabezadas, como si no hubiera dormido en toda la noche. Miedito.

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Al margen del pánico que pasamos en cada desplazamiento (algo que no nos abandonaría en toda la excursión), hay que decir que el primer tramo en carretera fue inolvidable. Atravesamos de norte a sur el Alto Atlas, la cordillera más espectacular del norte de África. Tiene el pico más alto de la región (Monte Toubkal, de 4167 metros) y un montón de ríos preciosos. La cordillera es una especie de barrera natural entre el templado clima Mediterráneo y el extremo clima Sáhara, entrando en contacto el uno con el otro casi a diario. Eso asegura cambios bruscos del tiempo, nieves durante buena parte del año y una frondosa vegetación.

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Pasamos unas cuatro horas en la furgoneta, superando carreteras de esas que no suelen gustar a la gente mayor: subidas, bajadas, curvas, barrancos, camiones en los momentos de mayor estrechez… Se hizo pesado, no lo vamos a negar, pero aun así guardamos muy buen recuerdo. Más o menos parábamos cada hora, visitando pequeños miradores con vistas increíbles. Lo que más nos gustó del Alto Atlas fue su diversidad, tenemos fotos tomadas con media hora de diferencia que parecen de planetas distintos.

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Un nuevo punto negativo de la excursión organizada: las paradas no se hacían por casualidad en determinados miradores. En todos, absolutamente en todos, el objetivo último era intentar vaciar nuestras carteras: venta de minerales, bares en los que vendían el agua a precio de oros, aseos que había que pagar por usar… Evidentemente no era obligatorio perder unas moneditas, pero es bastante incómodo disfrutar de las vistas o hacer una foto mientras tienes al lado a dos o tres personas con la cantinela habitual de “amico, amico, barato, todo bueno”.

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Aun así, tal y como acabamos de decir, nos gustó esta primera parte del viaje. Tuvo sus incomodidades, pues cuatro horas en una furgoneta atravesando una carretera de montaña dejan sus secuelas, pero disfrutamos de imágenes difíciles de olvidar. Posiblemente gente mayor o que se maree en el coche odiará este tramo, pero de aquí en adelante todo mejora.

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AÏT BENHADDOU

La primera parada como tal fue en Aït Benhaddou (también conocida como Ait Ben Hadu, Ath Benhadu o آيت بن حدّو), una pequeña ciudad fortificada con más de 1000 años de antigüedad. En 1987 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, un galardón que merece sobradamente. Responde al arquetipo que todos tenemos en la cabeza de fortaleza en medio del desierto: adobe muy rojo, pequeñas ventanas, inquietante silencio…

Seguramente muchas personas tengan literalmente en la cabeza esa imagen mental, pues ha sido escenario de innumerables superproducciones de cine. Algunos ejemplos de esa larga lista son clásicos como Lawrence de Arabia o La Joya del Nilo, las típicas películas de Semana Santa como Jesús de Nazareth (1977) o La Última Tentación de Cristo o taquillazos más recientes como La Momia, Gladiator o Alejandro Magno.

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En los mapas veréis que la ciudad está a orillas del río Ounila. Eso es así técnicamente, pues por allí discurre el río, pero solo lo hace durante los tres meses en los que llueve un poquito. Además de dejar la ciudad casi aislada, su agua no es potable, ya que el terreno hace que sea excesivamente salada.

Durante el resto del año, no se puede hablar de río sino de wadi: el Wadi El Mellah. Así es como llaman los marroquíes a la enorme avenida de tierra y piedras que hay que atravesar para llegar a Aït Benhaddou.

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Un aviso respecto a la ciudad: no es oro todo lo que reluce. A pesar de ser una auténtica joya en el corazón de Marruecos, hoy en día es más bien un parque temático para los turistas. Apenas viven allí diez o doce personas, a las cuales seguramente no veréis ni asomarse a las ventanas de su casa. Toda la gente que pulula por allí (guías, camelleros, vendedores ambulantes) en realidad vive en otros lugares y lo único que hace en ese sitio es trabajar.

Y ya que estamos con las advertencias, intentad que no os den gato por liebre. Aunque la inmensa mayoría de los edificios son originales, hay algunos añadidos que fueron realizados como decorados durante el rodaje de alguna película y luego se dejaron allí. Quizá el caso más evidente son dos torres, prácticamente integradas en la muralla, que fueron construidas para la mítica Lawrence de Arabia.

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Los guías no le hacen ascos a esa situación, hasta el punto de que se esfuerzan en resaltar el gran patrimonio cinematográfico de Aït Benhaddou. Por ejemplo, justo antes de entrar a la ciudad, a mano derecha, veréis un círculo de tierra algo más oscuro de lo normal. ¿Sabéis lo que es? La huella que dejó el coliseo romano que montaron allí para rodar algunas de las escenas de Gladiator.

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La ciudad por dentro es exactamente como esperábamos. Calles de adobes que se agolpan entre sí, aprovechando hasta el último centímetro de tierra y generando estrechas calles en las que refugiarse del calor. Pese a que es un auténtico circo turístico, nosotros hicimos lo posible por ir al principio o al final de nuestro grupo, para disfrutar de breves (pero reconfortantes) momentos de silencio y de calles vacías.

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Aprovechamos las calles estrechas y las cuestas de Aït Benhaddou para hacer una recomendación respecto al vestuario: ¡nada de ropa de marca ni glamour! En esta excursión lo mejor es ropa deportiva, que no dé mucho calor y que transpire al máximo. Vais a sudar como pollos, pero al menos hay que ir medianamente cómodos. Eso sí, llevad una mochila con algo de abrigo, pues las noches en el desierto son muy frías.

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El guía nos hizo un recorrido general por la ciudad, contando alguna que otra anécdota (todas relacionadas con el cine, ninguna con la historia del lugar). No es por ser malos, pero en los rincones con encanto se daba mucha prisa, mientras que en las tiendas (donde seguramente iba a comisión) hacía paradas mucho más cómodas.

Hacía mucho calor, por lo que dio la opción de descansar un rato a la sombra o subir a la parte alta de la ciudad. Algunos optaron por refugiarse del calor, pero nosotros dos (acompañados del padre de Edu, que subió como un campeón) decidimos llegar hasta la cumbre.

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Recomendamos subir solo a la gente que, como nosotros, disfruta de los lugares altos y de las panorámicas de las ciudades. Eso sí, somos conscientes de que las vistas no son gran cosa: la parte moderna de Aît Benhaddou en un lado, un secarral al otro y poquito más que ver.

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Aunque el 90% de la visita estuvo genial y recordamos la ciudad con todo el cariño, el final fue un poco turbio. Tuvimos que pagar al guía 25 dírhams por persona, cuando teóricamente estaba incluido en el precio de la excursión. Seguramente poniéndonos firmes no hubiéramos tenido que pagar, pero acababa de empezar la excursión y todavía estábamos de buen humor. Sin embargo, nuestra paciencia empezó a agotarse cuando para comer solo nos dieron una opción: el Restaurant Labaraka, un sitio cutre, rancio y caro. La comida era malísima y los precios oscilaban entre 80 y 120 dírhams por persona. Con lo bien que se come en Marruecos, todavía no nos entra en la cabeza que nos lleven a un pufo como este.

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OUARZAZATE

Nosotros somos de los que vemos el mundo diferente con el estómago lleno, por lo que rápidamente se nos pasó el enfado. Sin embargo, el mal humor no tardó en llegar cuando llegó el momento de hacer la segunda parada del día: Ouarzazate (también llamada Uarzazate, Warzāzāt y ورزازات). Teníamos muchísimas ganas de hacer esta visita, sobretodo por sus famosos estudios de cine. La ciudad ha sido el epicentro de la mayoría de los rodajes que se han realizado en la zona, albergando hoy en día numerosos estudios de grabación como ECLA StudiosAtlas Studios. En el programa estaba previsto visitar estos últimos, con la promesa de ir a ver las localizaciones de Juego de Tronos (muchas escenas de la Khaleesi han sido grabadas aquí).

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También teníamos ganas de visitar Ouarzazate porque, por lo visto, es una ciudad con mucho encanto, un reflejo de Aït Benhaddou aplicado a una arquitectura más moderna. Sin embargo, ni cine, ni ciudad, ni nada: el supuesto tour guiado que prometía la excursión se convirtió en una parada en un aparcamiento para hacer una foto de la muralla. ¡Arrrrrgh! Aquí nuestra ira ya tocó techo, y le exigimos al conductor ir a ver al menos los estudios de cine. Su respuesta nos enfadó más aún, pues se hizo el ofendido y dijo que ya no había tiempo, que en todo caso a la vuelta. Le tomábamos la palabra.

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En Aït Benhaddou nos había tocado pagar por algo que estaba incluido, pero nos dio igual porque al fin y al cabo lo vimos. Sin embargo, lo de Ouarzazate nos dolió en el alma. Ir a una ciudad tan bonita, a la que llevábamos años queriendo ir y solo parar 5 minutos en un triste aparcamiento nos enfadó muchísimo. Quizá fuera porque estamos acostumbrados a viajar por libre y no en visitas programadas, pero desde luego no lo perdonamos.

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ZAGORA

Pensábamos que la estafa de no visitar Ouarzazate iba a ser la última del día, pero aún teníamos mucho más. Teóricamente íbamos a ver el valle del Draa, lo cual nuevamente se convirtió en parar en un aparcamiento y hacer una foto. Otro duro golpe a nuestra moral viajera, pues no dábamos crédito a lo que estaba pasando: ¿cómo podíamos estar frente a esa maravilla de la naturaleza y ni siquiera poner un pie en ella? Si no nos hubiésemos hecho a la idea de ir quizá no nos hubiera dolido tanto, pero estando incluida en el programa nos escocía enormemente.

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Con Zagora pasó exactamente lo mismo. El “once we arrive at Zagora, we have time to explore“, que como todo hijo de vecino habíamos entendido como “una vez que lleguemos a Zagora tendremos tiempo para explorar”, se convirtió en atravesar la parte moderna de la ciudad en autobús. Eso, sin paños calientes, nos pareció una vil y burda estafa. Sentíamos que alguien con las uñas muy largas y dientes afilados había organizado la excursión, y ahora estaba en su cueva escondido acariciando una bola de cristal y riéndose de nuestro triste destino.

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Bueno, mejor rectificamos. En Zagora hubo tiempo de “explorar” un supermercado, pues la bebida no estaba incluida por la noche y nos pararon en un sitio a comprar botellas de agua. ¡Por un momento nos sentimos como si fuésemos Indiana Jones! ¡Yuju! ¡Cuantísimas emociones!

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TREKKING EN CAMELLO POR EL DESIERTO DE ZAGORA

Una vez dijimos adiós a casi diez euros entre botellas de agua, galletitas y algo de picoteo, nos llevaron al punto de partida de nuestro trekking en camello. El plato fuerte de la jornada era atravesar un desierto para dormir en una jaima, y eso es lo que pensábamos que íbamos a hacer.

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Respecto a la experiencia de montar en camello, no tenemos ninguna queja. Únicamente lo habíamos hecho una vez, justo dos años antes en la playa de Essaouira, por lo que nos apetecía mucho. Nos gustó por lo exótico y lo divertido que era vernos unos a otros con esas pintas, pero la verdad es que acabamos destrozados: ingles irritadas, la joroba del camello se clavaba en el culo y había que agarrarse bien para no caerse.

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Sin embargo, de desierto allí había más bien poco. Esperábamos dunas con fina arena, y en su lugar atravesamos un descampado con matojos, tendido eléctrico y tapas de yogur tiradas por el suelo. Vamos, en el descampado de detrás de nuestra casa tenía lo mismo de desierto que aquello. ¡Toda la vida viviendo a las puertas del Sáhara y nosotros sin saberlo! ¡Otra nueva sorpresa!

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Pese al sarcasmo y la ironía, no queremos dejar de destacar las cosas positivas. En este caso, el fantástico atardecer del que pudimos disfrutar a lomos de los camellos. Quizá el entorno no fuese el paradisíaco desierto que habíamos imaginado, pero ver el sol retirarse tras las montañas del Atlas nos encantó. Además, nos sorprendió muchísimo la velocidad a la que se puso, algo de lo que hablamos con otros viajeros.

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Y, ya que estamos, aquí va nuestro homenaje a la madre de Edu. Sufrió mucho, incluso tuvo que hacer un descanso de cinco minutos caminando, pero aguantó todo el trekking en camello como una campeona. Tuvo agujetas hasta seis meses después, pero sobrevivió y ahora puede presumir de ser una auténtica bereber.

Por cierto, nuevo timo: el trekking en teoría duraba 120 minutos a la ida y 120 minutos a la vuelta, pero al final se convirtió en 90 y 30 respectivamente. Nos robaron la mitad de nuestro tiempo montados en una joroba, pero lo pasamos tan mal que en este caso agradecimos el pufo.

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DORMIR EN UNA JAIMA EN EL DESIERTO DE ZAGORA

Cuando llegamos a las jaimas en medio del desierto ya era noche cerrada. Son para 5/6 personas, así que nos dieron una para nuestra familia y nadie más. Era una tienda modesta, pero suficiente para pasar una noche. Se puede dormir dentro, pero la mayor parte de la gente sacó los colchones y durmió en la arena, disfrutando de las estrellas. Ojito con los bichos, pues escarabajos y escorpiones son más que frecuentes.

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De esta parte de la excursión no tenemos queja, la verdad. Los chicos que llevaban el campamento (que fueron los mismos que guiaban a los camellos) eran muy amables y disfrutaban con su trabajo, algo que siempre transmite alegría. Una vez hicimos toma de posesión de la jaima, nos sentamos en unas alfombras a tomar un té con frutos secos. Un aperitivo perfecto para relajarse tras la paliza en camello y para disfrutar del entorno: silencio, fresquito y  estrellas.

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La cena estuvo bien: harira, un tajine de pollo recién hecho y melón. No es que fuera la mejor comida del mundo, pero al menos era comestible. Os recomendamos hacer como nosotros y comprar algunas cosas en el supermercado de Zagora (galletas, latas o algo así), porque si no os gusta la comida os podéis olvidar de cenar esa noche.

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Al terminar de cenar, montaron una hoguera, empezaron a tocar música y a bailar alrededor del fuego. La verdad es que se agradeció, pues entre las estrellas y el musicote se respiraba muy buen rollo. Eso sí, muchos estábamos cansados de todo el día y optamos por quedarnos tumbaditos en la otra zona de alfombras, disfrutando del ambiente pero también relajándonos y hablando entre nosotros.

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Y a dormir…

AMANECER EN MEDIO DEL DESIERTO

…durante cuatro horas. La gente se empezó a ir a dormir a la una, que es cuando dejaron de tocar música, aunque muchos (estando en su derecho) siguieron de juerga mucho más tiempo. Unos y otros fueron despertados a las cinco para ver la puesta de sol. Teóricamente era algo opcional, y de hecho nosotros nos íbamos a levantar, pero uno de los organizadores se pasó jaima a jaima dándole golpes a una cacerola. Puro amor.

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¡Mirad esta foto hecha a traición a nuestra familia, que seguramente empezará a mandarnos guasaps con insultos en cuanto la vean! Es la mejor muestra de que se podía dormir al raso, aunque nosotros optamos por la tienda. Ellos estaban más fresquitos, pero nosotros vimos como mataban un escorpión antes de ir a dormir y no nos hacía gracia la posibilidad de que un bicho de esos nos despertase con su aguijón. Por supuesto, no supieron nada de eso hasta que se levantaron.

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El amanecer nos encantó. Tampoco se podía decir que estuviéramos en el desierto, pero la zona de los campamentos tenía mucha más arena que el resto del trekking. Nuevamente nos sorprendió la gran velocidad a la que salía el sol, hemos visto muchos amaneceres pero ninguno tan rápido.

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¿Y qué es lo mejor para empezar el día? ¡Un nuevo pufo! En el programa decían que estaba incluido un “desayuno típico bereber”, y en su lugar nos pusieron el pan que había sobrado la noche anterior, mermelada/mantequilla y té. ¡Claro, los bereberes llevan siglos desayunando mermelada en medio del desierto! Si nos hubieran dicho “desayuno a secas” nos hubiera dado igual, pues todo estaba bueno, pero nos quedamos con ganas de probar algo más auténtico.

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Nada más desayunar abandonamos el campamento, aunque antes nos escapamos para hacernos unas cuantas fotitos. Mirad que pinta tenía Eri, se integró a las mil maravillas en la vida en el desierto.

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Para llegar a la furgoneta y empezar la vuelta hacia Marrakech, todavía teníamos que sufrir un nuevo trekking en camello. Teóricamente duraba dos horas, pero fueron por un camino más corto y tardamos solo media. Nuestros escocidos culetes lo agradecieron, pues estábamos ya un poco hartos de tanta joroba.

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CRUZAR EL ATLAS DE NUEVO

De la vuelta a casa tenemos que destacar dos cosas. La primera fue positiva, pues aunque volvimos por la misma ruta hicimos paradas en sitios distintos. Simplemente eran miradores o restaurantes en los que beber algo frío, pero se agradece que fuera en otros lugares y así no se hiciera tan monótono todo.

Sin embargo, la segunda cosa a destacar es negativa: la velocidad. Se notaba que ese día el conductor quería llegar cuanto antes, pues al volver a Marrakech terminaba su jornada, y fue como un auténtico loco. No es una forma de hablar: estuvimos a punto de empotrarnos de frente con varios camiones, pues se dedicaba a hacer adelantamientos en zonas sin visibilidad y con doble línea continua. No sabremos que habrá sido de él, pero desde luego esperemos que el día en que tenga un accidente vaya lo menos acompañado posible.

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VISITA A ATLAS STUDIOS

Cuando llegamos a Ouarzazate, le recordamos al conductor que había prometido que a la vuelta visitaríamos los Atlas Studios. No le hizo ninguna gracia, pues eso suponía fastidiarle el plan de recortar tiempo y llegar antes a casa, pero no pudo negarse. Eso sí, intentó robarnos en nuestra propia cara: nos dijo que había que pagar 50 dírhams de entrada. Sabíamos que no estaba incluida (esto si que lo ponía claramente en el programa), pero ponía que eran 30 dírhams. Se lo dijimos, se puso ENFADADÍSIMO y no quiso decirnos ni donde se compraban.

Al final descubrimos que la visita guiada sale de la recepción del Oscar Hotel, un pequeño establecimiento ubicado dentro de los propios estudios. Allí vimos que la entrada general son 50 dírhams y la de grupo 35. Vamos, que el muy ladrón del conductor nos había querido robar 15 por persona, ya que su intención era que le pagásemos directamente para que él retirase las entradas.  ¡Chorizo, más que chorizo!

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Esperamos a que empezase la visita comprobando que el hotel ese tenía muy buena pinta. De hecho, tenía un restaurante con buenos precios, así que le dijimos a nuestro amigo, el conductor-ladrón, que preferíamos comer allí en lugar de en un sitio como el del día anterior. Se enfadó mucho, pues aquí no se llevaba comisión, pero al final no comimos allí por no liarla más.

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La visita guiada a los estudios nos encantó. Solo se hacía en inglés y en francés, pero todo se entendía y los nombres de las películas son fáciles de identificar aunque no se sepa el idioma. Empezamos viendo réplicas de coches y aviones. Algunas estaban muy logradas y parecían de verdad, pero otras eran del cartón piedra de la peor calidad. Por ejemplo, el coche rojo de la foto de abajo está muy poco logrado. ¿Por qué? Pues porque modelos así son los que utilizan para explosiones y escenas de destrucción.

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A nosotros nos encanta el cine, de hecho preferimos mil veces un plan de palomitas y peli en casa antes que ir a una discoteca. Por eso, nos encantó visitar un gran estudio como éste por primera vez y descubrir la famosa “magia del cine”. Todo lo que parecía esplendoroso y rimbombante en realidad era cartón piedra y madera, pero aun así tenía muchísimo encanto.

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Lo malo de la visita guiada es que no enseñan todos los estudios, ya que son inmensos. Eso hizo que nos perdiésemos localizaciones de pelis que nos hubieran gustado ver, como las de El Reino de los Cielos (en la foto de abajo). Tampoco vimos ningún set de rodaje de Juego de Tronos, y eso sí que nos dolió ya que estamos enganchadísimos a los libros y a la serie.

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Por suerte, nos sacamos la espinita con los decorados de una de nuestras películas favoritas: La Momia. Todos hicimos la misma gracia de gritar “IM-HO-TEP! IM-HO-TEP!”. Otras pelis que se han rodado en Atlas Corporation Studios son Gladiator, Asterix & Obelix: Misión Cleopatra, Lawrence de Arabia, 007: Alta Tensión (cuando Timothy Dalton era James Bond) o Babel.

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Repetimos: nos encantó. Hubo que insistir al conductor, pero al final conseguimos ir y fue una experiencia fascinante. Nos consta que no todas las excursiones a Zagora paran aquí, así que poneos plasta con el guía que os lleve y no dejéis que os time con el precio de la entrada.

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Realmente esa fue la última parada, ya que todos los españoles del grupo (12 de 14 personas) nos negamos a comer donde nos obligaban a hacerlo. Era caro y malo, pero el tío iba tan deprisa que seguro que llegábamos pronto a Marrakech. Por comer un día a las 16:00 tampoco pasaba nada, y así evitábamos que nos robasen una vez más en esa excursión.

VUELTA A MARRAKECH Y BALANCE FINAL

¿Qué podemos decir? No acabamos nada contentos con la excursión, pues tanto las empresas que la organizan (Ando Voyages y Gomoco) como el conductor no cumplieron con lo prometido. Nos cobraron cosas que estaban incluidas, eliminaron muchas del programa y solo parecían preocupados en que nos dejásemos la pasta poco a poco. Vamos, que no lo recomendamos en absoluto.

Sin embargo, la experiencia es inolvidable: Aït Benhaddou, dormir en el desierto o los Atlas Studios bien merecen la pena todo el sufrimiento. Recomendamos hacer la excursión por libre, ya que con un coche de alquiler se podría hacer sin ningún problema. Y si la vais a hacer con agencia, tened mucha paciencia.

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Este es el último artículo sobre nuestro cuarto viaje a Marruecos. Pasarán unos añitos hasta que volvamos a Marruecos, ya que tenemos ganas de explorar otras zonas del mundo, pero algún día volveremos. Es uno de nuestros países favoritos, forma parte de nosotros y nunca olvidaremos los buenos momentos que hemos pasado allí.

Capítulo X – Volver a Marruecos: sol y playa ’13

13 pensamientos en “Excursión al desierto desde Marrakech

  1. ¡Menuda experiencia! Con sus luces y sus muchas sombras sí, pero la excursión al desierto desde Marrakech es uno de mis sueños viajeros que espero pronto poder cumplir. Un saludo

    • La verdad es que ahora prevalecen más los buenos recuerdos que los “malos”, pero estamos seguros de que repetiremos por nuestra cuenta y estaremos más días explorando todo aquello. ¡Un besote!

  2. Pues de lo más chula la excursión, me ha gustado Aït Benhaddou y en especial las fotos donde sale Eri, que bien preparada iba jaja

    No os digo nada más por hoy… abril huele de maravilla 🙂

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  6. Hola,
    estoy organizando un viaje a Marrakech con excursión al desierto, y buscando buscando, me he topado con vosotros. La excursión que describís es la que he estado mirando, aunque me gustaría hacer la de tres días a Merzouga.
    En fin, que al final veo que recomendáis hacerla por libre, cosa que yo prefiero, pero me gustaría saber si yendo por libre tendría acceso sin problemas a todos los lugares y demás, y sobretodo, qué pasa con la noche en el desierto? podría hacerlo?
    Bueno, gracias de antemano y bonitas fotos, se ve que lo pasasteis bien. Espero que mi experiencia también sea buena.
    Un saludo, Teresa

    • ¡Hola Teresa! Sentimos no serte de gran ayuda, pues nosotros como íbamos con la familia y lo hicimos por agencia, realmente no sabemos cómo va. Esperamos que te lo pases genial, es un viaje muy chulo. ¡Saludos!

  7. Estoy en Marrakech y me están ayudando mucho tus apuntes, muy claros y concisos, comentas las cosas importantes, lo que necesita cualquier viajero?
    Mil gracias por compartirlo

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