Excursión a Tiout y Taroudant desde Agadir

Aunque fuimos a Agadir con la intención de que estar tirados en una hamaca en la playa fuera nuestra actividad principal, teníamos claro que queríamos aprovechar el viaje para movernos un poco por la zona. Desde la ciudad existen varias posibilidades para hacer una excursión de un día: cascadas, pequeños pueblos de origen bereber, trekkings por las montañas y mucho más. Después de informarnos un poco sobre ellas, decidimos hacer la excursión a Tiout y Taroudant, por ser la más diversa y la que más se ajustaba a nuestros intereses.

En internet hay mucha gente que trata de venderte esta excursión, pero en pocos sitios hay información real sobre ella. Aquí os dejamos nuestra experiencia al detalle, para que sepáis en qué consiste y si realmente os apetece hacerla.

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TIOUT

A las nueve de la mañana nos recogió Hassan, nuestro simpático taxista, en la puerta del hotel. Le habíamos conocido el día anterior y nos había parecido majo, por lo que decidimos proponerle hacer la excursión con él. Fue todo un acierto: simpático, se esforzaba por que lo pasáramos bien, no nos metía prisa…

Tardamos una hora y media en llegar a Tiout, la primera para del día. Se trata de un pequeñísimo pueblo rural de poco más de 2500 habitantes, el cual se ha convertido en un importante foco de atracción turística gracias al palmeral que lo rodea. Aun así, hay que decir que el pueblo en sí también merece la pena, pues supone la posibilidad de conocer de primera mano el Marruecos profundo: casas de adobe, agricultura, gente que utiliza el burro como medio de transporte…

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Precisamente los burros también han pasado a ser una de las principales herramientas de Tiout. Al igual que los famosos taxis de cuatro patas de Mijas, son muchos los turistas que acuden hasta este pequeño pueblo marroquí para darse un paseo en burro. Nosotros no lo hicimos porque unos días después teníamos reservada una excursión que incluía dos horas en camello, pero aun así nos hizo gracia encontrarnos con uno o varios burros casi en cada calle.

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Fuimos con el taxi directamente a la Kasbah de Tiout. Aunque normalmente una kasbah es sinónimo de fortaleza o de ciudad antigua, en este caso simplemente es un centro de recepción de turistas a la marroquí. Es decir: algo de arquitectura moderna con reminiscencias árabes, guías por todas partes que te ofrecen sus servicios para dar una vuelta por el palmeral y un pequeño restaurante en el que comer tajines.

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La Kasbah en sí no es que sea gran cosa, pero estando allí es obligatorio verla. Lo dicho: llama mucho la atención si es la primera vez que se está en un edificio moderno marroquí, pero tampoco es que aporte gran cosa  en cuanto has ido a un hotel o algo así. Digamos que su principal punto a favor son los servicios que ofrece, como comer o usar el lavabo.

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Lo que sí nos pareció todo un detalle es que solo por ir hasta allí te ofrecen un delicioso té a la menta. Pensábamos que había que pagar por él o al menos dar una propina, pero no nos dejaron: simplemente es algo que ofrecen a todos los viajeros. ¡Genial! Era bastante pronto y ya hacía muchísimo calor, por lo que fue muy agradable sentarse a la sombrita y disfrutar de las vistas del palmeral.

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La Kasbah de Tiout está ubicada sobre un pequeño monte desde el cual hay una panorámica perfecta de todo el valle. Al margen del enorme palmeral (infinitamente más auténtico y bonito que el famoso palmeral de la Menara de Marrakech), a lo largo del valle hay diseminados siete pequeños pueblos. Con una cierta dosis de orgullo, una de las personas que andaban por allí nos contaba que cada pueblo puede presumir de tener su propia mezquita, su propia iglesia y su propio “médico”. Las comillas las hemos puesto porque más que a un doctor nos describieron a un chamán, por dónde estaba ubicada su consulta y lo que había que hacer para que te recibiesen.

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Y bueno, ya que estábamos allí, pues nos decidimos a hacer la visita por el palmeral. Aunque por allí andaban muchos guías, la confianza plena que teníamos en el taxista nos llevó a elegir el que él nos recomendó. Fue otro nuevo acierto, pues hicimos la visita con Hamit: un chico joven, bilingüe (inglés/francés) y que se esforzó por hacer un recorrido distinto. Estuvimos una horita caminando por el palmeral y, aparte del recorrido típico que hacen los grupos organizados, también nos metió por zonas menos usuales y mucho más auténticas.

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El recorrido es básicamente un círculo en el que nunca se pierde de vista la Kasbah, con lo cual suponemos que es relativamente fácil de hacer sin guía. En cualquier caso, repetimos que merece la pena, ya que nos enseñó un montón de detalles interesantes: el funcionamiento de las acequias, los distintos cultivos (alfalfa, hierbabuena, dátiles), anécdotas con los turistas…

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Aunque el calor era extremo, pues pasábamos sobradamente de los 40 grados centígrados, en el palmeral la temperatura era buenísima. No sabemos si será por las palmeras o por todo el sistema de acequias y su correspondiente humedad, pero el caso es que se estaba genial. Fue todo un alivio, pues el tema del calor nos preocupaba especialmente por los padres de Edu, pero finalmente aguantaron todo el día sin ninguna complicación reseñable.

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Posiblemente a ojos de los habitantes de Tiout sea una tontería hacer este paseo, pero a nosotros nos pareció una experiencia inolvidable. Nunca habíamos visitado un palmeral así de auténtico, en el cual se mantienen costumbres como el sistema de apertura y cierre de acequias desde hace varios siglos. No esperábamos que estando de vacaciones en Agadir pudiéramos tener esa toma de contacto con el Marruecos rural.

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Una vez termina la visita, te llevan a una zona en la que se refuerza la perspectiva rural de la visita: hornos, molinos, más acequias… Hay que decir que este área está también destinada a intentar sacarte la pasta, a través de venta de souvenirs y bebidas a precio de oro, pero no te ponen mala cara si no compras nada.

Por cierto, ya que hablamos de dinero, los guías no te piden una cantidad fija: dicen que primero se hace la visita y que pagues lo que consideres justo al final de la misma. Teniendo en cuenta que estuvimos una hora y que íbamos cinco personas (el padre de Edu prefirió quedarse a la sombra en lo alto de la Kasbah), le dimos al chico 100 dírhams en total (unos 10€). No sabemos lo que la gente le suele dar, pero eso nos pareció lo correcto y Hamit pareció estar de acuerdo.

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Y eso es a grandes rasgos lo que se hace en Tiout: pasar un par de horitas entre la Kasbah, tomar algo y pasear por el palmeral También existe la posibilidad de comer, pero al parecer el restaurante no es el mejor del mundo. Total, que pusimos rumbo a Taroudant y decidimos comer allí.

De camino nos encontramos con un montón de escenas relacionadas con la producción de aceite de Argán: cooperativas de mujeres, cabras devorando los frutos de los árboles, gente intentando venderte aceite en cada parada que hacíamos… Pensábamos que Essaouira y sus alrededores era la mejor zona para comprar este producto, pero resulta que esa es la que está dedicada al turismo. El aceite de Argán bueno, el que consumen los marroquíes, se produce en Agadir.

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TAROUDANT

Tardamos poquito en llegar de Tiout a Taroudant, Esta es una ciudad bastante más grande, con unos 65.000 habitantes. Se la conoce como la “pequeña Marrakech” o la “abuela de Marrakech” por su parecido superficial con la ciudad de la Koutoubia: las murallas, los zocos, su carácter turístico… Sin embargo, hay que decir que poco o nada tiene que ver con Marrakech, al menos a nosotros nos supuso una gran decepción. Esperábamos un “Marrakech en pequeñito” y encontramos una ciudad fea, sucia y en la que todo parece montado para sacarle la pasta al turista.

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Vale, las murallas son impresionantes. Tienen más de seis kilómetros, nueve puertas y aglutinan la práctica totalidad el casco antiguo de la ciudad dentro del perímetro. Su estado de conservación es excelente, se podría decir que seguramente sean las que mejor se conservan de Marruecos. Sin embargo, nos parece poca cosa en comparación al esfuerzo (de tiempo y de dinero) que hay que hacer para llegar hasta allí. Ciudades con murallas famosas, como Ávila o Lugo, tienen además del perímetro un casco histórico excepcional, algo que aquí no encontramos.

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Nos estamos cebando un poquito con Taroudant, pero es que no nos gustó nada. Desde el primer momento nos dio mala impresión: inseguridad, hostilidad, suciedad… Nada más aparcar el coche, una especie de mafioso se acercó a nuestro conductor y le dijo que “teníamos” que ir con él, a un bar para tomar algo. Hassan nos lo dijo bien claro: tenemos que ir porque si no nos va a dejar en paz, pero tomamos una bebida y nos vamos de allí. Una vez en el bar nos insistieron en que comiésemos, incluso siendo muy bordes, pero dijimos que no queríamos.

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La verdad es que fue una suerte ir con este taxista. Otro detalle negativo respecto a la ciudad y positivo respecto a él fue cuando nos abordó otro pesado, que en este caso insistía en ir a una tienda. Hassan le dijo que no éramos simples clientes, sino amigos suyos de la universidad (no lo hemos dicho hasta ahora, pero resulta que estudió Física), y que no nos podían hacer los típicos timos que a otros turistas. Fue decir eso y nos dejaron en paz.

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Malas sensaciones con la gente, muchísimo calor y encima un casco histórico feo. La combinación no podía ser más decepcionante. Hay que reconocer una cosa buena de Taroudant, y es que es una ciudad muy fácil de ver: pequeñita, calles anchas, muchos sitios para comprar/comer… Vamos, eso explica porque las agencias ve viaje tienen tanta fijación con ir a este destino.

taroudant-05Este es el bar en cuestión al que nos “obligaron” a ir. No sabemos exactamente donde está, pero la verdad es que tampoco nos interesa. Solo deciros que al lado nuestra había un tipo comiendo (el cual no dejaba de mirarnos), le fue a dar un trozo de comida a los gatos hambrientos que pululaban por ahí y ni ellos lo quisieron. Si os intentan llevar hasta allí, lo mejor que podéis hacer es iros sin probar bocado.

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Junto a las murallas, el otro gran atractivo de Taroudant es el zoco o mercado municipal (Marche Municipal en francés o Jnan Ejjamaa en árabe). No es que esté mal, posiblemente sea mejor que cualquier lugar de Agadir en lo que a compra de souvenirs se refiere, pero tampoco resultó ser lo que esperábamos. Nos imaginábamos un zoco auténtico, tradicional, cercano al modo de vida marroquí, y nos topamos con una turistada de primer nivel. Vendedores pesados, precios altos y la misma mercancía que se puede encontrar en un mercadillo de playa cualquiera.

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Lo único bueno de todo este tinglado fue que la mayor parte estaba cubierto, así que nos libramos del calorazo durante unos minutos. No conviene comprar aquí nada, vimos algunos precios y todos eran el doble o el triple que en Agadir. Si al menos hubiéramos visto alguna cosa especial quizá la hubiésemos comprado, pero todo eran baratijas e imitaciones de escasa calidad.

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Posiblemente la parte que más nos gustó fue la que menos acostumbrada está a recibir viajeros. Callejeando un poco llegamos a una zoca dedicada a la venta de animales, con sus correspondientes productos complementarios (jaulas y comida principalmente). Aquí sí que percibimos ligeros matices de esa autenticidad que buscábamos.

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Una vez vimos la ciudad, fuimos a comer. No teníamos ni idea de donde ir, así que Hassan nos llevó al Restaurant Jnane Soussia. Es un pequeño establecimiento en las afueras de Taroudant, justo pegado a la muralla, que además de ser tranquilo tiene piscina. No es que tengan demasiada variedad de platos, pero las brochetas estaban muy ricas y el precio era moderado. Una vez comimos volvimos a Agadir, pues nos separaba más de hora y media hasta llegar de vuelta al hotel.

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En definitiva: Tiout, bien; Taroudant, mal. No sabemos si la excursión al primer pueblo se puede complementar con alguna otra alternativa, pero desde luego nos pareció una pareja muy descompensada. Mientras que Tiout es un pueblecito encantador y muy interesante de ver, Taroudant es el mejor representante de un sitio al que no volveríamos ni locos.

INFORMACIÓN PRÁCTICA

¿Dónde contratar la excursión? Una excursión como esta se puede contratar en agencias de viajes, por internet o en el propio hotel, pero nosotros optamos por la vía más barata: hacerla directamente con un taxista. Muchos te lo ofrecen argumentando que con ellos es más barato, pero solo recomendamos hacerla con un taxista de confianza. Hemos leído en internet experiencias negativas de varias personas (prisas, malos modos, paradas obligatorias en tiendas en las que el sujeto se lleva comisión). Sin embargo, nosotros tuvimos la suerte de conocer a Hassan, un tipo encantador y con el que no tuvimos ningún problema.

¿Cuánto cuesta? El precio es negociable, así que hay que tener un poco de pericia. Por ejemplo, en una agencia vimos que por esta excursión pedían 440 dírhams por persona, por lo que en un grupo como el nuestro (seis persona) la broma habría salido por 2640 dírhams. Sin embargo, haciéndola en un grand taxi (en el que cabíamos todos) el precio final fue de 700 dírhams (comida a parte), unos 116 dírhams por persona. Para contactar con él, os dejamos nuestro artículo sobre el taxista de Agadir con el que hicimos la excursión.

¿Cuánto dura? Depende de la agencia o de lo que hayáis pactado con el conductor, pero en cualquier caso siempre se refieren a ella como “una excursión de un día”. Lo normal es que os vayan a buscar al hotel entre las 8 y 9 de la mañana, y que os dejen de vuelta en el mismo sitio entre las 5 y las 6 de la tarde.

Capítulo VIII – Volver a Marruecos: sol y playa ’13 – Capítulo X

2 pensamientos en “Excursión a Tiout y Taroudant desde Agadir

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