Estambul ’12 – Capítulo VII: San Salvador en Chora, Eyüp y parte asiática (día 6)

En los viajes de una semana suele haber un día destinado para “lo que está lejos”, y más en lugares como Estambul. Una ciudad tan grande tiene un extrarradio lleno de atractivos, con lo que organizar una jornada para ver varias cosas de los alrededores tiene mucho sentido. Quizá no tengan nada que ver unas con las otras, pero, utilizando como nexo la lejanía del casco histórico, puede quedar una etapa muy interesante.

EstambulEso fue precisamente lo que hicimos en el penúltimo día de este viaje. Seleccionamos lo que más nos gustaba del área metropolitana de Estambul (verlo todo es imposible) y nos preparamos para pasar tanto la mañana como la tarde de un sitio para otro. Y es que en este tipo de jornadas coger decenas de veces el transporte público está asegurado.

Dividimos el día en tres tramos: la muralla de la ciudad, Eyüp y la parte asiática de la ciudad. No sabíamos si nos daría tiempo a verlo todo, pero por intentarlo no iba a quedar.

Empezamos por el área que rodea a las murallas de Estambul. Tiene varias cosas interesantes para ver, pero sobretodo destacan la Fortaleza de Yedikule, la iglesia bizantina de San Salvador en Chora y el propio entramado defensivo. Llegar hasta allí desde el centro de la ciudad lleva bastante rato, por lo menos tres cuartos de hora. Primero hay que ir en tranvía hasta la parada de Aksaray, desde donde hay que andar un rato hasta la estación de Metro con el mismo nombre.

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En Metro solo son un par de paradas, hasta la estación de Ulubatlı – Topkapı. Dicho sea de paso, fue la primera vez que utilizamos el Metro de Estambul. No podemos sacar grandes conclusiones sobre este suburbano, ya que apenas lo usamos durante el viaje, pero no tenía mala pinta. Además, están proyectando nuevas líneas -incluyendo una que unirá la parte europea con la asiática-, por lo que en el futuro quizá sea mucho más útil para moverse por la ciudad. De momento, el tranvía es el jefe.

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EstambulTras el tranvía y el Metro ya estábamos a los pies de la muralla, de la que más adelante hablaremos. Más que nada, porque no nos paramos a contemplarla como se merece, puesto que aun quedaba algo más. La estación de Ulubatlı – Topkapı deja bastante lejos de la Fortaleza de Yedikule, por lo que aun tuvimos que coger un medio de transporte más: el dolmuş.

EstambulDescribir a los dolmuşes puede ser hasta gracioso, aunque también desalentador. Se trata de una especie de taxis compartidos, muy típicos en Turquía, que cubren rutas cerradas (normalmente indicadas en un cartel en el propio vehículo) y que salen cuando el conductor considera que están suficientemente llenos.

Hay dolmuşes en forma de coche, furgoneta y minibus, pero en todos los casos el patrón es el mismo: no hay horarios fijos, la conducción es caótica, te recogen y te dejan bajar en cualquier parte, la tarifa es variable, los vehículos suelen estar destartalados… Una aventura. Aun así tiene mucho encanto, por ser algo totalmente alejado de lo que normalmente encontramos en nuestra vida cotidiana.

EstambulDe hecho, aun no sabemos lo que cuesta un trayecto en dolmuş. A veces nos cobraron 3 liras por persona, otras 2.5, otras 3.3… Siempre es barato, así que nos limitábamos a soltar un billete algo más grande (10 liras, por ejemplo) y confiar en la buena fe del conductor. Nunca nos pegaron el estacazo, así que os podéis fiar.

EstambulNo sabemos muy bien como llegamos de un sitio a otro, lo mejor es tratar de hablar con la gente y que te indiquen donde se coge el dolmuş que te llevará a tu destino (son muy amables, de eso no hay duda). Por ejemplo, desde el Metro hasta Yedikule cogimos el dolmuş en un cruce de carretera, por indicación de un señor que también estaba esperando.

El mismo señor nos dijo donde teníamos que bajarnos, e incluso nos acompañó a hacer el transbordo a otro dolmuş que, por fin, nos dejó a las puertas de Yedikule. Lo dicho, no podemos dar unas instrucciones del tipo “primero id aquí, luego acá”, porque no sabemos como lo hicimos. El caso es que pudimos llegar, así que id con los ojos bien abiertos y confiad en la simpatía de la gente de Estambul.

EstambulY… ¡Por fin! Por fin llegamos a las puertas de la Fortaleza de Yedikule (también conocida como Heptapyrgion por sus siete torres), en la parte sur de las Murallas de Teodosio. Fue un enclave fundamental para la defensa de la ciudad tanto en época bizantina como otomana, por lo que conserva rasgos arquitectónicos de ambos periodos.

Hoy en día sobrevive como puede, en forma de Museo de Yedikule (Yedikule Müzesi). Cuesta 10 liras por persona entrar, y si lo pedís os darán un folleto con una especie de mapa y algo d información. La primera sensación que nos dio, nada más entrar, fue desoladora. La fortaleza está en un estado ruinoso, con muchas zonas deteriorándose a marchas forzadas. Seguramente, si el monumento estuviera algo más cuidado sería uno de los más visitados del país, pero tal y como se encuentra queda reducido únicamente a la visita de los que nos gustan la Historia o la Arqueología.

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El recorrido se hace totalmente por libre, lo que permite caminar tranquilamente por el patio, por los torreones y por encima de la propia muralla. Eso si, antes de nada vamos a hacer una pequeña introducción histórica. La fortaleza siempre gozó de importancia por sus vistas hacia el Mar de Mármara y por estar perfectamente integrada en la muralla. Era un símbolo de la inexpugnabilidad de la ciudad, y como tal en ella se celebraron muchos desfiles y procesiones. También hay cabida para episodios un poco más siniestros, como la muerte de Osmán II a manos de sus propios jenízaros. Al parecer estaban hartos de que el sultán se divirtiese usando a sus sirvientes como blanco en las prácticas de tiro con arco.

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EstambulAntaño, su elemento más característico era la Puerta Dorada (Altınkapı). Hoy en día se encuentra tapiada, lo que representa a las mil maravillas su ruinoso estado de conservación. Con una simple panorámica general se pone de manifiesto lo que estamos diciendo: el potencial de la Fortaleza de Yedikule es enorme, pero está desaprovechadísimo.

Por si eso fuera poco, en todo lo que respecta a las alturas hay una notable falta de seguridad. Subir a las torres, recorrer el paseo de ronda o bajar desde la muralla hasta el patio tiene unos riesgos más que evidentes: escaleras sin barandilla, pasarelas oxidadas propias de una película de Indiana Jones, caídas de varios metros sin ninguna protección… No es que uno se juegue la vida por subir, pero desde luego no es el sitio más recomendable para ir con niños o personas mayores.

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EstambulPese a todo, merece la pena subir a lo alto de la fortaleza. Desde allí hay unas excepcionales vistas del Mar de Mármara, el pequeño mar interior que une el Mar Negro con el Mar Egeo. Es muy chiquitito -más o menos 200 kilómetros de largo por 75 de ancho-, pero aun así es un punto clave para el comercio internacional. No hay más que ver la cantidad de barcos cargueros que van de un lado a otro.

Yedikule es también conocida como la Fortaleza de las Siete Torres, un nombre muy llamativo del que poco esplendor queda. En cualquier caso, nos pareció una visita más que recomendable, y no solo para frikis de la Historia como nosotros. Seguramente guste más a personas curiosas, de esas a las que les gusta meterse de un sitio a otro e investigar hasta el último rincón de un edificio.

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EstambulPor cierto, una curiosidad para los amantes del baloncesto. Al lado de la fortaleza está el Abdi İpekçi Arena: estadio en el que habitualmente juegan el Efes Pilsen S.K. y el Fenerbahçe Ülkerspor. También estará en sus retinas por haber sido una de las sedes del Mundial de Baloncesto de 2010. No fuimos a ver el estadio por dentro, y realmente no sabemos si se podrá.

Aparte de no gustarnos el baloncesto, no podíamos perder tiempo si queríamos ver todo lo que habíamos previsto. Una vez terminamos en la Fortaleza de Yedikule volvimos a quebrarnos la cabeza con los dolmuşes. Aunque muchos salen desde la entrada, tuvimos que andar hasta el cruce y que nos recogieran en mitad de la carretera, y luego hacer otro trasbordo. Lo dicho: no sabríamos explicar como nos movimos, pero el caso es que se acaba llegando.

Volvimos junto a la estación de Ulubatlı – Topkapı de Metro, desde donde fuimos andando hacia Salvador en Chora. En este caso si que fuimos bordeando las murallas, por lo que pudimos disfrutar de ellas en su máximo esplendor. Es un muro doble -fosos interiores incluidos- de 6.5 kilómetros, con más de 10 puertas y 90 torres. Algunos tramos están mejor conservados que otros, pero prestando atención se pueden ver sectores en buen estado. Otros han sido restaurados con materiales modernos, por lo que han perdido todo su interés.

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EstambulLa caída de esta muralla supuso la conquista de la ciudad en 1453, por lo que es todo un símbolo. De hecho, casi en cada lugar hay una inscripción recordando eventos relacionados con la hazaña de Mehmet el Conquistador. Por ejemplo, en una de las puertas vimos esta placa en la que se incluye hasta el día en el que Bizancio cayó para siempre.

EstambulNada más cruzar la puerta nos topamos con la Mezquita de Mihrimah (Mihrimah Sultan Cami), que se encontraba en restauración. Es muy significativa la cantidad de mezquitas, monumentos y edificios oficiales que encontramos en obras a lo largo del viaje. Da la sensación de que Estambul quiere seguir creciendo como destino turístico.

Que estuviese en obras por fuera no significa que el interior se encontrase lleno de andamios. Todo lo contrario, estaba en perfecto estado. Además, la decoración es bastante nueva, lo que sumado a la gran luminosidad de la mezquita -quizá fue la que vimos con más ventanas en todo el viaje- le daba un aspecto precioso.

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EstambulDe todos modos, lo que nos había llevado hasta allí no había sido la mezquita, sino la Iglesia de San Salvador en Chora (Kariye Kilisesi). Pese a que es un edificio destacadísimo -en muchas guías de viaje lo señalan como imprescindible- no es fácil encontrarlo. Hay que ir con ojo y buscar los carteles que llevan a Kariye Müzesi, su nombre en turco.

EstambulEn las inmediaciones si que vimos más movimiento, con la típica parafernalia turística: tiendas en las que venden porcelana, restaurantes diez veces más caros de lo normal, autobuses de los que descienden guiris indefinidamente… Lo que más nos sorprendió fue ver bastantes hoteles por la zona, puesto que está muy alejada del centro.

Entrar cuesta 15 liras turcas por persona, lo cual se hace por un extremo. Tras pasar por caja hay un baño, cosa muy interesante ya que por los alrededores no vimos ninguno. Además hay que bordear un pequeño jardincito, que pese a no ser gran cosa ofrece una buena perspectiva de la parte trasera del edificio.

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Tampoco es que la Iglesia de San Salvador en Chora sea gran cosa por fuera, pero por dentro la cosa cambia. El edificio data del siglo XI y, pese a que tras la caída de Constantinopla fue convertido en mezquita, posee unos mosaicos excepcionalmente conservados. Fueron tapados con yeso por cuestiones religiosas, pero precisamente esa capa sirvió como protección para el paso del tiempo. Al final, tras saqueos, conquistas y terremotos, han llegado a nosotros una serie de mosaicos preciosos, con temas ampliamente representados: la infancia de Cristo, su Genealogía, la vida de la Virgen…

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Lo malo es que se trata de un recinto muy pequeño y sumamente masificado, por lo que es difícil disfrutar un poco de los mosaicos. Las hordas de guiris hacen ruido, empujan y siempre están en medio, por lo que no es la manera más espiritual de hacer un viaje a la Edad Media. En cualquier caso, merece la pena acercarse hasta San Salvador en Chora.

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EstambulEntre todo lo que habíamos visto y los desplazamientos de un sitio a otro, se nos había hecho la hora de comer. ¡Menudo hambre teníamos! Al lado de San Salvador en Chora es imposible comer a un precio razonable, pero en los alrededores de la Mezquita de Mihrimah habíamos visto varios restaurantes pequeñitos. Ojeamos un poquito y encontramos con uno que nos dio muy buena sensación: Balikçim. Es el que se ve en la foto, con unas mesitas fuera, aunque nosotros comimos en el interior ya que estaban todas ocupadas.

EstambulLa cosa es que fue una elección totalmente acertada, pues nos topamos con un sitio como el de la noche anterior: barato, comida casera y lleno de gente de la tierra. Total, que por tan solo 10 liras turcas en total (bebida incluida) probamos un par de guisos de carne con patata tan ricos como abundantes. ¡Nos pusimos hasta arriba!

EstambulAhora, que teníamos el estómago lleno, tocaba afrontar un cambio total. Queríamos ir a ver Eyüp y sus alrededores, lo que suponía desplazarse unos pocos kilómetros al norte. Era una distancia muy larga para hacerla caminando, pero de unos pocos minutos en un dolmuş. Lo cogimos al lado del Metro de Ulubatlı – Topkapı y nos dejó al lado.

Estambul¿Al lado de dónde? De la Mezquita de Eyüp Sultan (Eyüp Sultan Camii), un sitio transitadísimo por ser lugar de peregrinación: en el templo descansan los restos de Abu Ayyub al-Ansari (Eyüp Sultan, en turco), adalid de Mahoma. Es el principal foco de interés de la zona, aunque como más adelante veremos hay otras cosas interesantes.

Antes de nada, hay que decir que el interior de la mezquita estaba lleno hasta la bandera. Era una ceremonia, eso está claro, pero no sabríamos decir cual. Y hablando de ceremonias, en esta mezquita se invistió a los sultanes con la espada de Osmán, desde tiempos de Mehmet el Conquistador. Aunque había mucha gente pudimos hacernos un hueco y sentarnos para curiosear un poco entre los cánticos de un chico joven y las miradas furtivas de las mujeres, que presenciaban el acto desde la parte reservada para ellas. No hay que olvidar que en el islam sigue habiendo una distinción espacial entre hombres y mujeres a la hora de rezar.

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No nos entretuvimos demasiado en el interior de la mezquita, pues aun siendo bonita ya habíamos visto muchas a lo largo del viaje. Nos interesaba más recorrer los alrededores, pues Eyüp es una zona muy transitada y llena de atractivos. Lo más típico es subir a lo alto de la colina que está al lado de la mezquita, disfrutar de las vistas y bajar poco a poco.

EstambulLa subida se puede hacer andando, pero lo más adecuado es subir a la colina utilizando el Teleférico. Está integrado en la red de transportes de Estambul, por lo que no solo es barato sino que además se puede utilizar la Istanbulkart. Encontrarlo es bastante sencillo, pues en los alrededores de la mezquita hay un montón de carteles.

El teleférico tiene mucho encanto. En unos pocos minutos bordea la carretera, sortea varios cementerios y lleva a lo alto de una colina en la que hay unas vistas impresionantes. Nos tocó compartir cabina con cuatro turcos muy jóvenes que no paraban de hablar… ¿Estarían comentando nuestras caras de miedo? Es un medio seguro, sí, pero aun así se movía un poquito.

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Para que os hagáis una idea, la subida fue algo tal que así. Perdonad que el cristal no estuviese muy limpio, pero ante eso no pudimos hacer nada.

 

EstambulEl sufrimiento tuvo su recompensa y nada más poner los pies en el suelo pudimos disfrutar de unas vistas preciosas (podéis verlas en la imagen de la derecha). La panorámica que se tiene de todo el Cuerno de Oro es excepcional, pues hay una cierta distancia y la posición es privilegiada. Además, ya podíamos reconocer algunos edificios: la Mezquita Azul, Santa Sofía, el Palacio de Topkapi

EstambulPor si eso fuera poco, entre la sombra está el famoso Café de Pierre Loti (Piyer Loti Kahvesi).No se trata de un simple sitio para tomar un té con buenas vistas -que también-, sino que además tiene mucha historia. Lleva el nombre del autor de Aziyade, una famosa novela sobre la ciudad. Loti acudía al lugar a fines del siglo XIX para inspirarse.

No lo teníamos pensado, pero vimos que se quedó libre una mesita en primera fila y no pudimos resistirnos. Por 5 liras turcas en total hicimos un alto en el camino y, sorbito a sorbito, disfrutamos de un delicioso té turco mientras nos deleitábamos con las vistas. El Café de Pierre Loti es encantador: el mobiliario del siglo XIX, los camareros con el atuendo de época, el Cuerno de Oro al fondo… El tiempo se detuvo por un rato para dejar paso a la típica felicidad viajera. Nuestros días en Estambul no tuvieron el típico ritmo frenético de otras escapadas, y al recordar momentos de relax como este solo nos viene a la mente una idea: lo bien que lo pasamos en cada momento.

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Por desgracia, cuando uno se lo está pasando bien las agujas del reloj se aceleran. Estuvimos bastante rato con el té, pero por mucho que nos quisiéramos aferrar a él, el vaso no era eterno. Vamos, que nos levantamos con mucha pena. ¿Por qué los sitios chulos están tan lejos de casa?

La vuelta a la realidad no fue un problema, pues aun nos quedaba descender por la colina. Se hace en unos veinte minutos, caminando tranquilamente entre los distintos cementerios que pueblan la montaña. Los más destacados son el Conjunto Funerario de Mihrişah (Mihrisah Valide Sultan Külliyesi) y el Mausoleo Sokollu Mehmet Paşa (Sokollu Mehmet Paşa Türebesi), aunque la verdad es que no exploramos ninguno a fondo. Nos limitamos a contemplar aquellas lápidas que se veían desde el camino, ya que la tarde avanzaba y aún nos quedaba mucho por hacer.

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Y es que no teníamos poca cosa por delante, pues para lo que quedaba del día teníamos planeado cambiar de continente, ni más ni menos. Como todo el mundo sabe, Estambul se asienta entre Europa y Asia, y aunque en la primera zona están la mayoría de los atractivos turísticos, fue imposible no dejarse caer por la parte asiática.

EstambulPara ir a el lado asiático lo mejor es coger un ferry desde los Muelles de Eminönü (los que están al lado de la Torre Gálata, más o menos enfrente de la Mezquita Nueva). Llegamos hasta la zona, como no podía ser de otro modo, utilizando un dolmuş. Es increíble que, con lo mucho que se usan en la ciudad, no los hubiésemos cogido hasta ese día.

En Eminönü hay varios muelles. En el caso de querer ir a la parte asiática de Estambul, los destinos más frecuentes son Üsküdar y Kadiköy. Nosotros optamos por el primero, ya que es el que concentra más atractivos en sus alrededores sin necesidad de coger otro medio de transporte. Solo teníamos unas horas de la tarde, así que no podíamos entretenernos demasiado. Entre las notas que llevábamos y un poquito de intuición encontramos el muelle correspondiente, podéis verlo en las fotos de abajo. Hay que buscar el que tenga Üsküdar Vapur Iskelesi en el letrero. Más o menos sale uno cada media hora, desde muy temprano hasta las 22:00 (mejor consultad horarios antes de planificar vuestro viaje, por si hubiera cambiado la cosa).

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Para la gente que estaba por allí, coger el barco parecía cotidiano e incluso tedioso, pues hay mucha gente que vive en una parte de la ciudad y trabaja en la otra. Sin embargo, para nosotros estaba siendo toda una aventura y no perdimos la sonrisa en ningún momento. Ya no era solo la experiencia de surcar el mar unos minutos, sino también poner rumbo, por primera vez en nuestra vida, a Asia. Apenas eran unos kilómetros y quizá únicamente pasaríamos unas horas allí, pero para nosotros era un paso muy importante. Por si eso fuera poco, esta línea de ferry forma parte del transporte de la ciudad y el trayecto vale poco más de 3 liras turcas.

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EstambulAl final… ¡Asia! Con esto de tener una página web hemos hecho muchos amigos viajeros, gente para la que ir a Asia puede ser algo hasta normal tras decenas de viajes. Sin embargo, para nosotros poner un pie por primera vez en el continente, aunque siguiésemos estando en Estambul, ha sido una gran experiencia viajera.

Lo primero que hicimos fue merendar, pues con el meneíto del barco se nos había despertado el hambre. Dimos un par de vueltas y encontramos el sitio perfecto: una bollería con una tienda de zumos al lado. Por 5 liras turcas en total nos hicimos con dos bollos riquísimos y con dos zumos recién exprimidos.

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La verdad es que no hicimos nada en concreto, simplemente nos dedicamos a pasear y a hacernos una idea general de esta parte de la ciudad. Se podría decir que vimos de todo: mezquitas, mercados, calles de todo tipo… En lo referente a edificios religiosos, cerquita del Puerto de Üsküdar hay tres o cuatro no muy grandes pero sí bastante bonitos. Estamos hablando de la Selmanağa Camii o la Valide-i Cedid Camii, de las cuales no hemos ni encontrado su nombre en castellano. Pequeñas mezquitas por las que nos dejamos caer y por las que os recomendamos pasar si estáis por la zona.  

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Otro sitio imprescindible para pasear es una especie de paseo marítimo que sale desde el mismo puerto. Hay zonas muy estrechas, otras cortadas por obras y otras con el aspecto de un paseo de playa occidental, pero en cualquier caso merece la pena dar una vuelta. Había gente muy variada, desde hombres pescando hasta parejitas de la mano, por lo que parece una de las zonas más recomendables para caminar sin rumbo.

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También nos apetecía curiosear entre tiendas y mercados. No esperábamos ver nada especialmente exótico, pues, pese a estar en Asia, seguíamos en la misma ciudad, pero aun así siempre nos ha gustado husmear en este tipo de sitio. No es una zona muy turística, pero aun así vimos bastante variedad: algunas galerías comerciales en las que comprar recuerdos, mercados de comida e incluso tiendas de antigüedades surgían casi en cada calle.

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Lo que más nos gustó, con mucha diferencia, fue mezclarnos en la vida cotidiana. Estambul tiene barrios dedicados 100% al turismo, pero otros ofrecen una cara muy distinta. La parte asiática no es que sea, precisamente, la Turquía profunda, pero aun así no tiene nada que ver con Beyoğlu o con los aledaños del Puente Gálata.

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Todo lo que habéis visto hasta ahora es más o menos un resumen de lo que hicimos durante buena parte de la tarde. No teníamos rumbo, y por tanto no sabemos ni cuanto tardamos ni por dónde fuimos exactamente. Eso si, habíamos reservado la última hora del día para una actividad que nos apetecía mucho: ver atardecer. Cuando se fue aproximando el momento volvimos al paseo marítimo, en una zona a medio camino entre Üsküdar y el Puerto de Harem, y buscamos un huequecito para sentarnos y ver como el sol se ponía en el Cuerno de Oro.

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Al final nos hicimos con un sitio perfecto entre las rocas, desde donde veíamos absolutamente todo: desde la Plaza de Sultanhamet hasta la Torre de Leandro (Kiz Kulesi). Desde el primer momento fuimos conscientes de que no habría manera de captar algo tan bonito como lo que estaba desfilando por nuestros ojos, pero aun así hicimos muchas fotos. Fruto de todas ellas ha quedado esta sucesión de panorámicas, con la que tratamos de trasmitiros lo que significa un atardecer en el Cuerno de Oro.

19:16 (hora local)

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19:32 (hora local)

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19:36 (hora local)

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19:42 (hora local)

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Al final, como todo todo en esta vida, el atardecer llegó a su fin. Eso sí, únicamente en Estambul, porque en nuestra mente nunca dejará de ponerse el sol. Disculpad la ñoñería, pero lo que vimos ese día no lo olvidaremos en la vida. Además, por si eso fuera poco, el barco de vuelta a casa fue increíblemente bello. Aun no se había hecho de noche del todo, por lo que la ciudad estaba iluminada pero todavía había luz. De aquí no tenemos tantas fotos -el barco se movía- pero tampoco nos olvidaremos del trayecto.

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La vuelta a casa siguió la rutina habitual: cruzamos el Puente Gálata, tomamos el funicular subterráneo y recorrimos la İstiklâl Caddesi. Dicho así parece rápido, pero en la práctica es un proceso bastante lento. Es difícil caminar por Estambul de manera eficiente, pues a cada paso es necesario pararse para contemplar un detalle nuevo. “¿Has visto que chula está la Torre Gálata esta noche?” o “Te prometo que ya no me paro a hacer más fotos” son frases que dijimos cada noche.

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La cena fue muy cerquita del hostel, en la calle Sadri Alisik Sokak (sale desde İstiklâl Caddesi), en un sitio al que le teníamos echado el ojo desde varios días atrás. Se llama Dürümce, y desde la puerta solo se veían productos deliciosos. Finalmente optamos por un platazo enorme compuesto por brochetas de berenjena y carne picada, alitas de pollo a la brasa, ensalada, maíz frito, tomate, pimiento y una salsa que nos encantó. Fue un poco más cara de lo normal (21 liras turcas en total), pero no hace falta decir que nos pusimos hasta arriba. ¡Riquísimo!

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Cansados es poco. El viaje ya iba pesando en nuestros cuerpos, y encima había sido una jornada agotadora. Lo pasamos genial, seguramente fue de los mejores días, pero aun así comprimimos demasiado algunas cosas. Por ejemplo, nos hubiera gustado estar más tiempo en Eyüp. Queda apuntado para la próxima, porque a Estambul volveremos alguna vez.

Capítulo VIVolver a Estambul ’12Capítulo VIII

3 pensamientos en “Estambul ’12 – Capítulo VII: San Salvador en Chora, Eyüp y parte asiática (día 6)

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