Estambul ’12 – Capítulo III: Beyoğlu (día 2)

Hay cosas que se repiten en todos nuestros diarios de viaje. Por ejemplo, siempre que hablamos del primer día completo en un sitio decimos lo mismo: las sensaciones son inmejorables. Las ganas de conocer la ciudad son enormes, no hay cansancio y tantos meses preparando la aventura están a punto de florecer.

Precisamente por eso, una vez desayunamos y salimos del hostel íbamos con los ojos bien abiertos. Íbamos a empezar por los sitios que ya habíamos visto a la noche, pero ahora tocaba verlos como auténticos viajeros y no como mulas de carga tirando de unas enormes maletas.

EstambulLo primero que hicimos fue ir a la İstiklâl Caddesi, más o menos desde la mitad en dirección a la Plaza Taksim. Allí nos sorprendió el Tranvía Nostálgico, una pequeña línea que recorre toda la calle con vehículos anteriores a 1966. Son los originales, e incluso el conductor va vestido con traje de época. No es una línea demasiado útil, aunque sí muy interesante y añeja.

EstambulPero bueno, vamos a poner los puntos sobre las íes: ¿Qué es la İstiklâl Caddesi? ¿Por qué nos ha fascinado tanto y nos ha parecido uno de los sitios más llamativos de Estambul? Desde un punto de vista histórico, el lugar tiene su interés: es la típica avenida del siglo XIX, llena de palacios y embajadas. Parecida a la Gran Vía de Madrid, por ejemplo.

EstambulA eso se le suma la gran oferta de ocio que hoy por hoy ofrece. Tiendas modernas de ropa conviven con cafés, restaurantes, cines, museos y puestos ambulantes. Total, que se ha convertido en el epicentro de la vida cultural de Estambul. Sus calles están llenas de gente a cualquier hora, y cualquier paseo asegura ver cosas sorprendentes.

Es difícil trasmitir lo que significa dar un paseo por esta calle, pero aun así os queremos enseñar un vídeo en el que se ven las tiendas, el ajetreo de la gente y el famoso tranvía nostálgico:

 

EstambulEn definitiva, es un sitio 100% recomendable para pasear y dejarse llevar por las sensaciones de la versión más cosmopolita de Turquía. Sonidos, aromas y sabores en los que tan fácil es encontrar músicos callejeros como restaurantes de lujo. De verdad, merece la pena tanto como la Mezquita Azul o el Palacio de Topkapi.

EstambulDicho sea de paso, en la propia İstiklâl Caddesi hay varias casas de cambio con tasas muy favorables, por lo que aprovechamos para aprovisionarnos de liras turcas. Cuando hicimos el viaje, el cambio era más o menos el siguiente: 1€ = 2,33 TL. Un consejo: cambiar de liras a euros es ventajoso, con lo que conviene ajustar lo que se cambia para que no nos sobren muchas liras.

Hacia el norte, la İstiklâl Caddesi va a parar a la Plaza Taksim (Taksim Meydanı). Su nombre significa “centro de distribución de agua”, porque en ella han estado desde el siglo XVIII los depósitos que suministraban a buena parte de la ciudad. Se conservan en la actualidad, compartiendo protagonismo con otros puntos de interés como el Monumento de la República (Cumhuriyet Anıtı), construido en 1928 -un año después de la constitución de la República de Turquía- siguiendo los diseños del italiano Pietro Canonica.

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En nuestro primer día completo en Estambul teníamos pensado explorar a fondo Beyoğlu, el barrio situado al norte del Cuerno de Oro. Por eso trazamos una ruta circular que tenía como origen y final la İstiklâl Caddesi, pasando por la propia Plaza Taksim y por todas las cosas que os vamos a enseñar a continuación. No sabemos si es la mejor o la peor propuesta, pero desde luego se ve lo más interesante del barrio.

EstambulAsí, bajamos por la İnönü Caddesi en dirección hacia la costa. Para nosotros, que vivimos en una ciudad de interior, es una maravilla caminar en dirección al mar después de unos cuantos meses sin verlo. El ruido de los coches o la contaminación pasan totalmente desapercibidos, aunque el mar se vea a lo lejos entre edificios no muy bonitos.

EstambulEn seguida llegamos al Estadio BJK İnönü (BJK İnönü Stadyumu), el campo en el que el mítico Beşiktaş juega de local. Tiene capacidad para 16.000 espectadores y es el típico campo turco de manual: pequeñito, con la gente muy cerca del césped, integrado en la ciudad… Vamos, la típica caldera que suele intimidar a equipos visitantes.

El Besiktas es un equipo clásico de las competiciones europeas, de hecho esta misma temporada el Atlético de Madrid jugó aquí en eliminatoria de la Europa League. Además, el actual seleccionador de España, Vicente del Bosque, fue entrenador de este club hace algunos añitos. En cualquier caso, un estado precioso. Después de la experiencia de ver en directo al Hertha Berlín, nos hubiera gustado ver algún partido en vivo, pero se estaban jugando la liga y los precios no eran especialmente baratos.

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EstambulDesde el estadio seguimos bajando hacia el mar. El camino que habíamos empezado en Taksim nos había demostrado una cosa sobre Estambul: que la ciudad está llena de zonas verdes. Es un sitio muy contaminado, caótico y con exceso de población, pero a cada paso hay un pequeño parque en el que huir del ajetreo urbanita.

EstambulEl destino final era el Palacio de Dolmabahçe, pero antes de hablar de él hay que decir que a su lado está la Mezquita Dolmabahçe (Dolmabahçe Camii). Se construyó en el siglo XIX, a la vez que el palacio, y tiene unas dimensiones considerables. Se puede visitar todos los días, aunque nosotros no entramos por falta de tiempo.

EstambulY es, aunque era prontito, teníamos mucho que ver. El Palacio de Dolmabahçe (Dolmabahçe Sarayı) amenazaba con ocuparnos el resto de la mañana, por lo que no podíamos distraernos con cosas no previstas. Además, por la zona no dejaban de aparecer autobuses de los que bajaban decenas de personas. La cosa parecía un poco masificada.

De hecho, la entrada al palacio es bastante lenta. En primer lugar hay que pasar un control policial, lo que supuso perder más de un cuarto de hora. Como no podía ser de otro modo, la gente que revisaba las mochilas era de todo menos simpática.

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EstambulUna vez dentro… ¡Sorpresa! La cola era enorme. Tanto que tuvimos que esperar una hora para comprar las entradas (5 liras por persona en tarifa de estudiante). MUCHO OJO: al terminar la fila hay gente con niños que te piden que les compres las entradas. No lo hagáis, pues luego las revenden a los que están al inicio. Ayudándoles hacéis que la cola dure el doble y que esta gentuza gane pasta.

El caso es que al final pudimos hacernos con los tíckets. Simplemente con franquear la puerta ya queda claro que el Palacio de Dolmabahçe es un lugar muy opulento. Fue construido por el sultán Abd-ul-Mejid I a mediados del siglo XIX, utilizando varias toneladas de oro para su decoración. La visita que se hace es mixta: los jardines se ven por libre, pero para el interior del palacio y del harén hay que ir en tour guiado. Salen cada 15 minutos en turco y en inglés, de español ni hablar.

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El acceso a los edificios principales se hace a través de un pequeño jardín protagonizado por la Fuente de los Cisnes. Es bastante más antiguo que el palacio, pues se ajardinó el área en el siglo XVI. De hecho, es el que da nombre a todo el complejo, pues Dolmabahçe significa “jardín lleno”.

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Adentrarse en el primer jardín del Palacio de Dolmabahçe es hacerlo en un lugar sacado de un cuento de hadas. Aquí está la prueba en vídeo:

 

En esa misma zona hay otros dos elementos interesantes. Por un lado está la Puerta Imperial (foto de abajo a la izquierda), que era la que utilizaban el sultán y sus ministros para acceder al palacio. Por otro, justo enfrente está una de las muchas puertas que dan al mar. En este caso, se ve el tramo del Bósforo más al sur, con su incesante ir y venir de barcos cargueros.

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EstambulEl principal atractivo de la visita es el palacio propiamente dicho. El recorrido dura más o menos una hora y abarca sus estancias más importantes, y aunque no entendimos nada del guía la riqueza de cada sala habló por si sola. Dos advertencias: hay que ponerse unos plásticos en las zapatillas para no manchar, y no dejan hacer fotos.

Por tanto, el material que veis aquí debajo está sacado de Wikipedia. Hay dos cosas que nos llamaron mucho la atención. Lo primero fue la Escalera de Cristal, una escalinata impresionante hecha con cristal de Baccarat, bronce y caoba. La segunda, la lámpara de araña más grande del mundo, regalada por la Reina Victoria. Aun así, cualquier habitación de las muchas que vimos tenía cosas destacables: relojes, cuadros, mármoles…

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Hay otra zona del palacio que se visita mediante visita guiada: el Harén. Aparte de todo lo relacionado con el sexo que se presupone en un sitio como este, hay que decir que también albergaba las habitaciones de la familia del sultán. Por tanto, también hay sitio para cocinas, baños o cunas de bebés. La estancia más destacada, con diferencia, es la Habitación de Atatürk. En ella falleció el fundador de la Turquía moderna, el 10 de noviembre de 1938 a las 9:05 de la mañana. Varios relojes del palacio marcan esa hora en señal de duelo, pues Mustafa Kemal Atatürk es una figura respetadísima en el país.

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Un espacio sorprendente y que apenas aparece en la guía es el cercano al Palacio de Cristal. Se trata de una especie de jardín en el que distintos animales (gallinas, perdices, pavos reales) campan a sus anchas mientras los gatos andan al acecho. Es sorprendente que a tan solo unos metros de un espacio tan lujoso y opulento haya una pequeña granja.

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EstambulPasamos mucho tiempo viendo el palacio, pero cada minuto fue un regalo para los sentidos. En absoluto nos importó que al salir fuese casi la hora de comer. El reloj y el hambre estaban incordiando un poco, pero aun así nos quedamos un buen rato embobados mirando hacia el mar. Hacía un día espléndido y Estambul empezaba a embrujarnos.

Nuestros siguientes pasos consistieron, básicamente, en bordear la costa en dirección al Puente Gálata. Gracias a ese paseo pudimos mezclarnos entre la gente de la ciudad, más allá de los típicos turistas. Disfrutamos de imágenes tan interesantes desde el punto de vista viajero como la visita a un gran monumento. Por ejemplo, una improvisada tetería mirando al mar con gente charlando animadamente.

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La antigua Constantinopla sorprende en cada rincón. Lo que más nos ha gustado de la ciudad es su versatilidad, pues tan pronto te encuentras un museo (en este caso con el Museo de Arte Moderno de Estambul, conocido como Istanbul Modern), una fuente monumental o una mezquita. En este último apartado hay que destacar tres bellos templos: la Mezquita de Nusretiye, la Mezquita de Kılıç Ali Pasha y la Mezquita de Yeraltı.

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EstambulAl final, llegamos al Puente Gálata (Galata Köprüsü), uno de los lugares que más nos han gustado de Estambul. Lo ponemos al mismo nivel que la İstiklâl Caddesi: la gente no suele hablar de ellos pero a nosotros nos han parecido fascinantes. Es bastante moderno, pues terminó de construirse en 1994, pero aun así es toda una referencia.

Cruza el cuerno de Oro de lado a lado, y su encanto reside en que tiene tantas caras ocultas como un juego de muñecas rusas. La parte central pertenece a los coches, pues el tráfico es constante a cualquier hora del día. Sin embargo, los laterales parecen un oasis de tranquilidad, pues a ambos lados se dan cita pescadores que prueban suerte de manera perenne. Da igual el momento (incluso de madrugada), siempre vimos decenas de personas sacando pececillos de poco más de un palmo. Por último, la parte inferior constituye una de las mejores zonas de restauración de la ciudad.

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Como lo leéis, debajo del Puente Gálata está lleno de restaurantes de todo tipo: informales, lujosos, para guiris… Pasar por allí supone ser asediado por distintas personas, pues casi cada establecimiento tiene en la puerta a un simpático y dicharachero señor que te venderá las bondades de su cocina. En nuestro viajes el presupuesto en alojamiento y comida siempre es low cost, pero en este caso decidimos darnos un homenaje el primer día.

Después de un rato de regateo nos quedamos en el Symbol Balik, donde por 20 liras por persona cada uno disfrutó de un menú compuesto por pescado (lubina Edu y dorada Eri), ensalada, aperitivos, pan y té. Estaba todo riquísimo, en cierta manera nos recordó al pescado fresco de Essaouira, aunque no tan auténtico. Al parecer 40 liras en total fue un gran precio, tanto por lo que hemos leído después en Internet como por lo que nos dijo la gente por allí.

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Rematamos la comida comprando un bollo en uno de los muchos puestos que hay repartidos por la ciudad (a una lira la unidad). Los venden por todas partes, hay de distintas clases y todos están riquísimos. También aprovechamos un kiosko cercano para hacernos con la Istanbulkart, una especie de tarjeta monedero para utilizar todos los medios de transporte público de la ciudad. La pueden utilizar varias personas, y aunque ofrece varios descuentos no es tarifa plana: hay que ir recargándola según se gasta el saldo.

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Después de una buena comida lo mejor es hacer algo de ejercicio, y eso fue lo que hicimos. Estambul es una ciudad que le se ha hecho ganando palmo a palmo a un terreno muy escarpado, y por eso las cuestas son más que frecuentes. De hecho, es un problema para los mapas turísticos, porque lo que parece un paseíto de cinco minutos puede resultar una infernal sucesión de calles empinadísimas.

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Algo así nos pasó de camino a la Torre Gálata. No es que fuera la peor cuesta de nuestra vida, pero desde luego costó lo suyo. Y eso que el camino es bastante chulo, pues discurre entre mezquitas y puestos de souvenirs. En cualquier caso no tiene pérdida, lo único que hay que hacer es seguir los letreros marrones en los que pone “Galata Kulesi”.

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Así, de cartel en cartel, llegamos a la Torre Gálata (Galata Kulesi). Es un edificio muy característico de la ciudad, pues sus 60 metros de altura hacen que se vea desde muchos puntos del Cuerno de Oro. Está considerada una de las torres más antiguas de Europa, ya que desde el siglo VI hubo una atalaya para vigilar el tráfico marítimo. El edificio actual -restauración mediante- ha tenido muchos usos: fortaleza defensiva, cárcel, torre para vigilar los incendios… Hoy en día combina la faceta turística (se puede subir a lo alto por 10 liras/persona) con la gastronómica, puesto que en lo alto hay un restaurante chic que también funciona como bar de copas. Lo único malo es el acceso: es una torre estrecha y aunque no haya mucha gente siempre hay que esperar un poco.

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No fue demasiado, y en menos de media hora ya estábamos en el ascensor que nos llevaría a lo alto de la Torre Gálata. Desde arriba las vistas, como os podéis imaginar, son impresionantes: las mejores que se puede tener de Estambul. Además, lo bueno es que se hace un recorrido circular, por lo que la panorámica es de 360º.

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Por si eso fuera poco, subimos a una hora perfecta. Es cierto que a lo lejos se avecinaban unas nubes bastante complicadas (por la noche estuvo lloviendo) pero en ese momento sobre la ciudad pegaba el sol, por lo que se veía en todo su esplendor. Nos quedamos, sobretodo, con los detalles: los barquitos por el Bósforo, el tráfico en la ciudad, los edificios reconocibles…

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Quizá la imagen que más nos gustó es la que se ve justo debajo, la que da hacia la parte más turística: el Puente Gálata, el Palacio Topkapi, Santa Sofia… Aunque cada vez nos gusta más la fotografía no somos ningunos espertos, pero en este caso estamos muy contentos de la foto.

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Lo que nos alegra especialmente es ver la cara de felicidad que teníamos en ese momento. En la rutina la vida es complicada, pues conceptos como “hipoteca” o “trabajo” están muy presentes en nuestras mentes. Sin embargo, de viaje todo eso pasa a un plano muy secundario y solo hay sitio para la aventura de conocer el mundo.

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EstambulEn definitiva, ir a Estambul y no subir a la Torre Gálata es como no haber visitado la ciudad. Vale que hay que esperar y que arriba hay muchas estrecheces, pero aun así es un sitio imprescindible. Las vistas han quedado grabadas para siempre en nuestra memoria, hasta tal punto que hemos llegado a soñar a veces que estamos ahí arriba.

Aprovechamos que estábamos por la zona para recorrer sus empinadas callejuelas, de nuevo en dirección hacia el mar. No fue un paseo demasiado fructífero: algunas cosas estaban cerradas (como la Iglesia de San Pedro y San Pablo) y otras ni siquiera las encontramos. Aun así, fue reparador alejarnos por un momento del bullicio y caminar tranquilamente por estas sosegadas calles.

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Habíamos ido hacia abajo, cuando en realidad queríamos ir de nuevo a la parte alta. No es que nos hubiésemos vuelto locos, simplemente queríamos tomar el funicular subterráneo (tünel) que conecta Karaköy (cerca del Puente Gálata) con el inicio de la İstiklâl Caddesi. Se trata de la segunda línea ferroviaria subterránea más antigua del mundo, superada únicamente por el Metro de Londres. Fue inaugurada en 1875, y en unos pocos minutos recorre medio kilómetro que salva un desnivel de 60 metros. Cuesta 1,75 liras turcas (usando Istanbulkart, si no vale 3) y la utilizamos varias veces en el viaje: es un recorrido perfecto para evitar las cuestas de la ciudad.

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EstambulDe nuevo en İstiklâl Caddesi, ahora tocaba recorrerla desde el inicio hasta nuestro hotel, más o menos a mitad de calle. Quizá hubiera sido interesante recorrerla de principio a fin (cosa que hicimos alguna tarde, paseando tranquilamente), pero en cualquier caso aquí os contaremos las cosas más chulas que vimos en su primer tramo.

En realidad, simplemente destacaremos algunos, ya que la cantidad de atractivos turísticos en la calle y en sus alrededores es desproporcionada. Empecemos por el Hotel Pera Palace, construido para albergar a los viajeros del Orient Express. Ilustres personalidades se han alojado en sus habitaciones, desde Greta Garbo hasta Agatha Christie. También son llamativos algunos edificios diplomáticos, como el Consulado de Países Bajos, el de Rusia o el de Suecia. Por último, hay un templo precioso: la Iglesia de Santa María Draperis. Un edificio de fines del XVIII erigido por los franciscanos, con un interior fascinante.

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No obstante, al margen del patrimonio, lo más interesante de İstiklâl Caddesi y alrededores es su actividad comercial. Mercados tradicionales de fruta o pescado dejan unos olores y unos colores maravillosos: da gusto mezclarse entre la gente e ir con los ojos bien abiertos. También hay muchas tiendecitas para comprar recuerdos, libros o cualquier cosa que se os ocurra.

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EstambulQue la calle nos gustó no es una afirmación gratuita: estuvimos paseando hasta que se nos hizo de noche. Y no ocurrió una vez, pues todos los días acabaron de la misma manera. İstiklâl Caddesi se convirtió en este viaje en “nuestra calle”, y al pensar en Estambul es la primera imagen que nos viene a la mente. No os la perdáis, pues os sorprenderá.

EstambulTerminamos el día de la manera más tranquila: duchita, cena (en este caso unos dürüm de pollo y, para rematar, una montaña de patatas fritas) y paseíto entre la multitud. No habíamos ido a visitar todavía lo “gordo”, lo que sale en todas las guías de viaje, pero aun así las primeras horas en Estambul nos habían parecido fascinantes.

Vemos las imágenes y nos parece increíble lo rápido que pasó el viaje. De hecho, es increíble que haya pasado tanto tiempo desde que volvimos de Estambul. Como dirían Los Suaves, parece que aún fue ayer…

Capítulo IIVolver a Estambul ’12Capítulo IV

Un pensamiento en “Estambul ’12 – Capítulo III: Beyoğlu (día 2)

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