Estambul ’12 – Capítulo II: Llegada a Estambul (día 1)

Pocas cosas hay tan placenteras como la sensación de salir de trabajar, ir al aeropuerto y cenar a cientos de kilómetros de la rutina. Los que no están locos por los viajes no lo entienden, dicen que es una paliza y te miran con cara rara. Sin embargo, nosotros hemos disfrutado de esa experiencia muchas veces y en cada ocasión nos ha sabido mejor que en la anterior.

EstambulEn este caso, Edu salía de trabajar a las 15:15 y a las 17:50 salía nuestro vuelo a Estambul. En esta aventura volábamos con Iberia, pues fue la compañía con la que encontramos los billetes más baratos: 245,55€ por persona. No es para nada un viaje low cost, pero es que la ciudad más popular de Turquía está a casi 3000 kilómetros de Madrid.

EstambulComo ya es costumbre, al aeropuerto vinieron a despedirnos nuestros respectivos padres y suegros. Además, en este caso vinieron también los abuelos de Eri. Estuvieron con nosotros en los momentos de nervios pre-vuelo: encontrarnos en el aeropuerto, facturar las maletas y despedirnos una vez pasados los controles. Momentos graciosos e inolvidables.

EstambulEl vuelo IBE 3762 salía desde la T4 Satélite, con lo que tardamos una media hora entre el trenecito famoso y los paseos. En esa misma terminal cambiamos nuestras primeras liras, puesto que el avión llegaba casi a las 00:00 a Estambul y nos daba cosa que ya no se pudiera cambiar en el aeropuerto. El tipo de cambio fue vergonzoso, cercano al robo.

EstambulTras disfrutar de la usura de la casa de cambio de la T4 (1.9 liras por euro, cuando estaba a 2.35 en el resto del planeta), cumplimos con otra tradición: comprarnos la Quo para leerla en los ratos libres del viaje. Hace mucho que nos acompaña y ya no nos imaginamos recorrer el mundo sin ella. Todo fue con mucha puntualidad, así que embarcamos a la hora prevista con una sonrisa de oreja a oreja.

El vuelo fue bastante tranquilo, salvo dos problemas iniciales. Por una tormenta el aeropuerto estuvo cerrado cinco minutos, con lo que se acumuló mucho retraso y estuvimos un buen rato parados en pista. Además, fruto de esa tormenta dimos muchas vueltas al despegar, con lo que se movió bastante. Sin embargo, olvidándonos de eso fue un trayecto de lo más cómodo, incluyendo la típica cena de avión. Acostumbrados a Ryanair e Easyjet, que no te dan ni las gracias, una cena que it’s free sabe a gloria.

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La cuestión es que, más o menos a las 23:00 hora local (+1 respecto a España), llegamos a Estambul. En concreto, al Aeropuerto Internacional Atatürk (en turco, Atatürk Uluslararası Havalimanı). Está entre los 40 aeropuertos con más tráfico del mundo, creciendo año tras año más de un 5%. Aun así, pese a su tamaño es fácil orientarse.

Lo primero que hay que hacer al llegar a Turquía es hacerse con el visado. Se adquiere en el propio aeropuerto, donde pagando 15€ te ponen un sello en el pasaporte válido para 90 días. A continuación hay que pasar el típico control fronterizo, en el que un policía te mira mal y, a cambio, valida tu entrada en el país. Hay bastante cola y mucha desorganización, así que paciencia. Por último, hay que recoger las maletas en caso de haberlas facturado. Todo el proceso lleva casi una hora en el mejor de los casos. No tenemos fotos porque en los aeropuertos no dejan hacerlas, pero ni falta que hace: no tiene pérdida.

Pasados todos los controles y con el equipaje en nuestro poder, aun nos quedaba un último trámite: ir al centro de la ciudad. El Aeropuerto de Atatürk está bien comunicado con distintas partes de Estambul por metro y autobús. Para los que van a la zona de Sultanahamet o del bazar lo mejor es la primera opción, pero para los que se alojen en Beyoğlu lo adecuado es la segunda: cada media hora salen buses de distintas compañías que conectan el aeropuerto con la Plaza Taksim en sesenta minutos (muchos menos o muchos más en función del tráfico).

Llegar al andén desde el que salen los autobuses no es difícil, está indicado por todo el aeropuerto. Una vez allí hay una parada para cada compañía, son dos o tres. Nosotros fuimos con Havataş, que es de las principales. Cuesta 10 liras por persona, incluyendo el equipaje, y la verdad es que no tenemos ninguna pega: puntualidad, comodidad, conducción tranquila y un vehículo bastante nuevo.

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Además, como cogimos el bus de las 00:30 no había casi tráfico, y en poco más de media hora llegamos a la Plaza Taksim (Taksim Meydanı). Se trata de uno de los puntos calientes de la ciudad, en el que siempre hay gente pasando de un lado a otro. El bullicio está asegurado a cualquier hora, y para muchos viajeros (como nosotros) supone tanto la primera como la última imagen de la ciudad. La enorme bandera de Turquía da la bienvenida junto con los cláxones de los coches.

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Lo primero era encontrar el hostel en el que los alojaríamos las siguientes seis noches. Para ello tuvimos que cruzar İstiklâl Caddesi (significa Avenida de la Independencia, pero todo el mundo se refiere a ella por su nombre en turco). Se trata de la principal avenida de la ciudad, por la que pasan al día decenas de miles de personas. En cualquier momento está abarrotada, por lo que imaginaos un viernes por la noche. Con nuestros maletones nos hicimos paso entre la multitud y al final llegamos al Taksim Sofa Hostel. Costó encontrarlo el primer día, pero la gente fue amable y nos ayudaron a llegar a él. A diferencia de lo que suele ocurrir en sitios como Marrakech, nadie nos pidió dinero por indicarnos el camino.

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Aunque nos habían dado de cenar en el avión, era muy tarde y nos picaba un poco el gusanillo del hambre. Por eso, una vez hicimos el check in volvimos a la ajetreada İstiklâl Caddesi, nos metimos en el primer sitio que vimos y por 3 liras nos hicimos con un tavuk doner. Después fuimos a comprar una botella de agua (hay que pedir dogal kaynak suyu, o simplemente suyu, para que sea sin gas).

No hicimos mucho más, pues estábamos cansadísimos del viaje. Teníamos por delante una semana para conocer a fondo Estambul, por lo que nos fuimos a dormir para afrontar con fuerzas el día siguiente. ¡Que ganas teníamos de empezar a patearnos la ciudad!

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