Monfragüe y Plasencia '10
Capítulo IV: Plasencia
Tras pasar la mañana recorriendo el Parque Nacional de Monfragüe, a la tarde decidimos acercarnos a Plasencia. Ambos lugares están separados únicamente por media hora de coche (unos 25 kilómetros más o menos), por lo que se complementan a la perfección para un día de excursión. Aparcar en un lugar céntrico y gratuito de Plasencia es casi un imposible, por lo que dejamos el coche por la Avenida del Valle.
Dicha
avenida, pese a no ser del todo céntrica, es un buen punto de partida
para una ruta a pie por los principales atractivos de la ciudad. Lo
primero que vimos fue la estatua ecuestre de Alfonso VIII,
de 1995, que además de ser uno de los monarcas más influyentes de la
Historia de Castilla es célebre en Plasencia por haber sido el fundador
de la ciudad. Es una pena que la base de la estatua estuviese bastante
descuidada, puesto que las pintadas con spray no dejaban ver bien la
inscripción. Seguro que dos días antes de las elecciones el ayuntamiento
se encarga de limpiarla.
En cualquier caso, a un sólo paso de la estatua tuvimos nuestro primer contacto con la muralla de Plasencia, a través de uno de sus puntos más conocidos: la Puerta del Sol. El lienzo se empezó a construir en 1178, y hasta 1197 no se terminó. Se trata de un conjunto amurallado bastante similar (en cuanto a aspecto y conservación) al de Ávila, aunque mucho menos famoso dado que algunos de sus tramos han sido engullidos por el posterior desarrollo urbano.
Nuestros
primeros pasos por Plasencia consistieron en bordear la muralla, siempre
yendo hacia la derecha según se la mira. Quisimos ir por ahí porque así
llegaríamos a la Torre Lucía, un punto clave en el
recinto por varios motivos: es Oficina de Turismo,
Centro de Interpretación de la Ciudad Medieval de Plasencia
(abre todos los días) y por él se accede al paseo de ronda
(es decir, la parte superior de la muralla). Vamos, que era una visita
obligada y allí fuimos. Por si todo lo que hemos dicho os parece poco,
encima la entrada es gratuita, por lo que no hay excusas.
El Centro de Interpretación no es el mejor que hayamos visitado, pero aún así es muy interesante para comprender la evolución de la ciudad desde su fundación hasta nuestros días. Está dividido por plantas, y quizá la principal sea la superior por contar con un interesante audiovisual y por dar acceso al paseo de ronda, que pudimos recorrer un rato. Tampoco estuvimos demasiado tiempo, porque Monfragüe nos había entretenido más de lo previsto y si no nos dábamos prisa no podríamos entrar a ver las catedrales.
A
partir de aquí se empezó a torcer el día, pues de lo que parecían
"cuatro gotas tontas" pasamos al diluvio universal. Por eso decidimos
poner rumbo a marchas forzadas hacia las catedrales, donde estaríamos
resguardados. De camino pasamos por la Plaza Mayor, un
auténtico collage de edificios de todo tipo. El más destacado, la
Casa Consistorial.
Caminando pasamos por una calle con dos edificios interesantes que están pegados pared con pared. El primero de ellos es la Casa del Doctor, también conocido como Casa del Arcediano de Trujillo o Palacio de Justicia, que data del siglo XV. Sin embargo, su aspecto responde a una restauración posterior que no tuvo mucho respeto por la construcción original. Al lado está la Casa del Deán, del siglo XVII, que tradicionalmente ha pertenecido a la familia Paniagua (una de las más presentes en la Historia plasentina). Lo más característico de su fachada es el balcón en esquina, un elemento que no es demasiado común.
Y así llegamos a la Plaza de la Catedral, lugar de acceso a las catedrales... ¿Catedrales? Sí, Plasencia tiene un genuino 2 en 1 gracias a su condición de sede episcopal. En la práctica se trata de un solo edificio, aunque hay dos claramente diferenciados: la Catedral Vieja (o de Santa María), a caballo entre el románico y el gótico; y la Catedral Nueva (o de Santa María de la Asunción), entre gótica, renacentista y barroca. Ninguna de las dos está totalmente terminada, pero desde luego ver dos "catedrales siamesas" es una curiosidad que nosotros no recordamos haber visto en otro lugar.
Antes de entrar estuvimos dado una vuelta por los alrededores. La plaza nos pareció un lugar precioso gracias a la Fuente del Cabildo (restaurada a mediados del siglo XX) y a los numerosos naranjos que la pueblan. Por otro lado, en uno de los laterales está el Complejo Cultural Santa María, en el cual se suelen realizar diferentes actividades culturales.
Otro
aspecto interesante de las catedrales es la riqueza de sus fachadas. Uno
de los elementos que más nos llamó la atención fue la representación de
la muerte, algo bastante habitual en Latinoamérica pero
que nunca habíamos visto en España. Seguramente esté relacionado con
algún plasentino que se fue a hacer las américas y luego volvió.
En
cuanto al interior de las catedrales, la visita está divida en dos
partes. En primer lugar vimos la Catedral Nueva, de entrada es gratuita.
Su elemento más destacado es su enorme Retablo Mayor,
del siglo XVII, en cuyo tabernáculo se venera una talla de
Nuestra Señora del Sagrario del siglo XII. Otro aspecto
interesante es el coro, cuya sillería de estilo gótico flamígero
pertenecía a la Catedral Vieja. Como seguía diluviando, todos los
turistas que ese día nos habíamos acercado a dar una vuelta por
Plasencia estábamos allí concentrados, lo cual era bastante agobiante.
La segunda parte de la visita es de pago (1.5€ por persona) y consiste en la Catedral Vieja, el Claustro y la Capilla de San Pablo. Es curioso que en las zonas gratuitas todo esté lleno de carteles de "prohibido hacer fotos" y en cambio donde se paga no hay ninguna restricción. Sea como fuere, merece la pena pagar y visitar esa parte del edificio: el claustro es precioso, la capilla merece la pena y viendo la unión entre ambas catedrales se ve perfectamente como todo se quedó a medio hacer.
Como
parecía que dejaba de llover aprovechamos y pusimos rumbo al
Museo Etnográfico Textil Provincial "Pérez Enciso", que pese a
tener un nombre tan rimbombante estaba cerrado (los lunes suele abrir,
pero en Semana Santa tiene un horario bastante restringido). No sólo nos
quedamos con las ganas, sino que de camino empezó a diluviar de tal
manera que tuvimos que entrar en la primera tienda que vimos a comprar
dos chubasqueros de plástico. El dueño, un simpático señor de origen
árabe, nos ayudó a ponérnoslos y además nos dio una bolsa de plástico
para la cámara.
Estábamos tan empapados que decidimos dar por terminada la visita. De camino al coche, en pleno diluvio, pasamos por la judería, en la cual cada edificio está señalizado con el nombre de la familia judía que allí vivía. Poco a poco la lluvia remitió, pero estábamos tan calados que no nos quedó otra que volver al coche y regresar a nuestro camping.
Al llegar allí... ¡La destrucción! Pero esa es una historia que os contaremos en el siguiente capítulo.
CAPÍTULO III - Volver a Monfragüe y Plasencia '10 - CAPÍTULO V


























