Alcalá de Henares '10
Capítulo II: Alcalá de Henares a fondo
Al igual que cuatro años antes, la visita a Alcalá de Henares vino motivada por una excursión de la universidad. Sin embargo, muchas cosas han cambiado desde entonces: hemos terminado la carrera, estamos haciendo un máster, tenemos carnet de conducir... En especial esto último hizo que la visita a la ciudad fuera mucho más provechosa que entonces, ya que tuvimos mucha más libertad para movernos por la ciudad de Cervantes.
De hecho, antes de ir al casco histórico hicimos una parada en la Casa de Hippolytus, el primer yacimiento arqueológico visitable de la Comunidad de Madrid. Este pequeño enclave es solo la primera pieza de un puzzle que se completará con el tiempo, cuando se vayan abriendo al público nuevas zonas de la ciudad romana de Complutum (de la cual esta casa forma parte). La entrada, aunque en internet ponía que era gratis, nos costó un euro, el cual pagamos encantados ya que era una visita que queríamos hacer desde hace mucho tiempo.
La Casa de Hippolytus era, en realidad, el Colegio de Jóvenes de Complutum, un centro de estudio para los jóvenes de la élite complutense. El nombre actual viene dado por el Mosaico de Hippolytus, una escena de pesca pintada firmada por Hippolytus. La visita al edificio se hace desde una plataforma que bordea toda la zona excavada, muy similar a la forma en la que se puso en valor el yacimiento romano de Carranque. A lo largo de toda la pasarela de madera hay paneles informativos enfocados de una manera muy didáctica a colegios y público no especializado que se complementen con algunas (pocas, para nuestro gusto) vitrinas con piezas aparecidas durante las campañas de excavación.
A lo largo del recorrido se pueden ver muchos elementos representativos de la arquitectura romana, como mosaicos (los cuales, como ya hemos dicho, dan nombre a la casa), unas termas o una sala de culto que está dedicada a Diana, la diosa de la caza. También están los restos de un jardín que contaba con ocho exedras y en el cual ha aparecido una inusitada variedad de especies vegetales. La visita es preciosa, se hace como en unos tres cuartos de hora (ojito que hace más frío en el yacimiento que en la calle) y otra vez volvimos a decir que merece la pena. Además, paseamos solitos por el yacimiento, aunque a última hora llegó el típico colegio alborotador.
Con las mismas volvimos al coche para ir, ahora sí que sí, al casco histórico de Alcalá de Henares. Dejamos el coche en un barrio cerquita de la Puerta de Madrid, el principal acceso a la ciudad. Esta gran puerta, casi rehecha por completo en tiempos de Carlos III, comunica con la famosa Puerta de Alcalá que está en Madrid. Antes de franquear la puerta estuvimos dando una vuelta por los alrededores del recinto amurallado, que si bien no es tan impresionante como el de Ávila también merece la pena.
La ciudad, como todo el mundo sabe, es Patrimonio de la Humanidad. En la UNESCO está incluida exactamente como "Universidad y recinto histórico de Alcalá de Henares" desde el 2 de diciembre de 1998, y un monumento conmemorativo es lo primero que se ve al cruzar la Puerta de Madrid y llegar a la Plaza de la Cebada. Junto a él también nos dio la bienvenida uno de los muchos nidos de cigüeña que hay apostados por toda la ciudad. Iglesias, conventos y teatros están coronados por estos conglomerados de ramas que, al menos donde nosotros vivimos, son toda una rareza.
Otra
de las cosas que dan la bienvenida a la ciudad es la Universidad, pues
está distribuida por la ciudad a lo largo de diferentes edificios. En
este caso, lo primero que vimos fue el antiguo edificio de la
Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Por cierto,
este también está presidido por un bonito nido de cigüeña. El carácter
universitario de Alcalá de Henares es fundamental para entender la
configuración de la ciudad, la gran presencia de gente joven y el hecho
de que sea uno de los puntos culturales (junto por otros motivos) de
España.
Aprovechando que estaba muy cerquita nos acercamos a visitar la Santa e Insigne Catedral-Magistral de los Santos Justo y Pastor, un edificio interesantísimo y cargado de historia. De entrada hay que decir que solo hay dos templos en el mundo que sean Iglesia Magistral, la Iglesia de San Pedro de Lovaina (en Bélgica) y ésta. Esto significa que todos los canónigos del edificio deben ser doctores en teología. Por otro lado, está consagrada a los Santos Justo y Pastor (también llamados los Santos Niños), los cuales son considerados por el cristianismo mártires por haber sido ejecutados, con 7 y 9 años de edad, por negarse a abjurar del cristianismo en el año 304. Aunque fuera de la ciudad no son especialmente "seguidos", son los patrones de Alcalá de Henares y aquí se les rinde un fervoroso culto.
Al margen de datos históricos, la catedral es preciosa. Pertenece a una variedad del gótico que algunos llaman hispano-flamenco y otros estilo Reyes Católicos. En cualquier caso, eso da igual para apreciar la belleza del templo. El exterior es bastante sobrio, aunque destaca la portada de la fachada occidental (por donde se accede), la cual es muy interesante. Dentro las cosas han cambiado mucho desde 1514, año en el que fue construida, pero aún así cuenta con unas bonitas bóvedas de crucería, algún retablo de interés y capillas que merecen la pena visitar. Por ejemplo, la capilla de los Santos Justo y Pastor, consagrada a los niños y en la cual un impresionante arca de plata con sus reliquias. También se puede visitar, aunque previo pago, un Centro de Interpretación sobre el edificio.
Justo
al lado de la Catedral Magistral está la Ermita de Santa Lucía,
del siglo XVII. Es un edificio pequeñito pero con mucho encanto, cuya
facha principal tiene un arco de medio punto. Hay gente que habla del
edificio como el primer Ayuntamiento de Alcalá de Henares, pues en él se
celebró en 1515 una reunión del Concejo.
De
todos modos, teníamos algo de prisa puesto que como hemos dicho habíamos
quedado con la gente de la universidad. Eso si, de camino pasamos por la
Casa de la Entrevista y el Colegio Cardenal Cisneros.
Ambos formaban parte del antiguo monasterio de San Juan de la Penitencia
(fundado por el propio Cardenal Cisneros).
Otro
edificio con mucha Historia y que también pillaba de camino fue la
Fortaleza-Palacio Arzobispal. En ella se celebraron las
Cortes de Castilla de 1348, la primera entrevista entre Colón e Isabel
la Católica y los nacimientos de Catalina de Aragón y de Fernando de
Austria. A pesar de tanto trote y de datar del siglo XIII el edificio
está en perfecto estado.
Al final, aunque entreteniéndonos algo más de la cuenta, llegamos a la Plaza de las Bernardas, donde habíamos quedado con nuestra profesora y nuestros compañeros. En ella está, y de ahí viene el nombre, el Monasterio Cisterciense de San Bernardo, fundado en el siglo XVI. Aunque por fuera quizá no dice mucho, por dentro cuenta con una tremenda planta oval poco frecuente en España. A su vera está el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, en un edificio de esos que han sido utilizados para mil cosas: desde uso religioso (era el Convento de la Madre de Dios) hasta cárcel, pasando por juzgados o cuartel de la caballería. Dentro del museo pasamos casi tres horas, aunque era una visita científica. Yendo en plan turista con una horita larga se hace un recorrido perfectamente por toda la Historia de la comunidad madrileña.
Una vez visitado el museo, nos despedimos del grupo y continuamos viendo Alcalá. Por la estrecha calle de la Imagen fuimos a parar al Convento de las Carmelitas Descalzas de la Concepción, el cual recuerda la presencia de Santa Teresa de Jesús con una placa en la entrada. Esta es una calle curiosa, pues la edificio contiguo al monasterio es la Casa Natal de Manuel Azaña, el mítico presidente de la Segunda República. Seguro que ambos vecinos no se pedían sal.
A
través de esta calle fuimos a parar a la Calle Mayor,
una auténtica joya. Esta zona es la antigua judería, y
por eso se han conservado las típicas casas de judíos con viviendas
intercomunicadas en la parte alta y tienda en la parte baja. Son más de
400 metros porticados que a pesar de la expulsión de los judíos en 1492
han llegado hasta nuestros días.
En esa misma calle se encuentra el Museo Casa Natal de Cervantes, nombre que es un poco engañoso. En realidad, se trata de una recreación de una residencia castellana típica del siglo XVI erigida en un solar en el que se encontraba (o pudo encontrarse) la casa en la que nació Miguel de Cervantes Saavedra. De todos modos es una visita interesantísima, gratuita y en la cual pudimos disfrutar de una gran colecciones de ediciones del Quijote en todos los idiomas. Por cierto, ya que hemos hablado del libro, hay que decir que al lado de la casa de Cervantes están Don Quijote y Sancho Panza sentados en un banco. Todo turista que pasaba se hacía una foto con ellos (nosotros no, pues ya teníamos una foto similar en otra visita a Alcalá de Henares).
Pero en la Calle Mayor no sólo está la Casa Natal de Cervantes. De hecho, a unos pocos metros está el Hospital de Antezana (también conocido como Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia o simplemente como El Hospitalillo). Es una institución con una gran solera, pues desde 1483 atiende a enfermos (aunque siempre con un máximo de 12). Por su personal han pasado personajes ilustres como Rodrigo de Cervantes (padre del escritor) o Ignacio de Loyola (fundador de la Compañía de Jesús y cuyos pasos ya pudimos seguir entre Azpeitia y Azkoitia hace un año y pico). Éste último estuvo entre 1526 y 1527 como enfermero y cocinero, suceso que se recuerda con una inscripción a la entrada de la cocina. Dejando al margen las cuestiones históricas, se trata de un edificio precioso, muy parecido a otro hospital que hay en Getafe y que merece la pena visitar en silencio.
Tras recorrer un poco más la Calle Mayor nos desviamos por la Calle Cervantes para seguir con la visita. En esta misma vía se encuentra el Teatro Salón Cervantes, que cuenta con la peculiaridad de haber sido construido durante tan sólo 29 días. Corría el año 1888, y la Sociedad de Condueños promovió esta construcción de corte modernista que durante su trayectoria ha sido utilizada como cine, como bingo y como teatro. En la adyacente Calle de Santiago se encuentra la Iglesia de San Juan de la Penitencia, que ha sido restaurada hace relativamente poco. No es el edificio más bonito de Alcalá de Henares precisamente, y desde luego los cables que cuelgan enfrente de la fachada no ayudan nada.
Desde ahí salimos a la calle Libreros, de la cual recorrimos el último tramo. En é pudimos ver varias cosas de Interés, como el Convento de Clarisas de San Diego o el Colegio del Rey (actual Instituto Cervantes). Sin embargo, lo que más nos llamó la atención fue la Parroquia de Santa María la Mayor, la iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús. El edificio, del siglo XVI, es de lo más monumental de la ciudad. Además, es como una ventana abierta a Italia, pues por su diseño podría estar en cualquier población de la Península Itálica.
Al
final de la calle se llega a su vez al término del antiguo recinto
amurallado. Guiados por el mapa bajamos hasta lo que hoy se conoce como
Puerta de Aguadores, lugar en el que antaño estaba la
Puerta de Tenerías. Sin embargo, su nombre moderno hace
alusión a ese oficio tradicional, gracias en parte a la estatua de
Pepe Noja.
Desde la fuente volvimos a la zona que antiguamente estaba amurallada, pues aún quedaba mucha tela que cortar. Lo primero con lo que nos topamos fue el Convento del Corpus Christi, una institución de clausura de carmelitas que data del siglo XVI. Fue construido (en teoría) por el arquitecto fray Alberto de la Madre de Dios y es uno de los mejores representantes del barroco madrileño. En la misma plaza hay una estatua dedicada a los ejercitantes.
El edificio que está inmediatamente al lado es la Ermita de los Doctrinos. Ésta data del siglo XVII, aunque sus orígenes son anteriores: en el siglo XVI se fundó un seminario de enseñanza, y tres siglos antes ya había una ermita en el mismo lugar. En esta pequeña construcción pudimos entrar para conocer un lugar de culto muy pequeño y muy sobrio, que en nada se parece a las grandes iglesias llenas de oro que se distribuyen por el Vaticano.
La
verdad es que la zona es un auténtico pozo sin fondo en el cual hay
varios edificios de interés, como el Archivo del Movimiento
Obrero (antiguo colegio-convento de
Trinitarios Calzados), el Convento de San Basilio Magno
(en la acera de enfrente), el Colegio Convento de Santo
Tomás de Aquino (en la foto, actualmente Parador
Nacional de Alcalá de Henares) o la Hostería del
Estudiante (también perteneciente en la actualidad al Parador).
Aunque siguiendo hacia adelante llegábamos a un sitio que también
queríamos visitar, lo dejamos para un rato después y optamos por subir
la calle San Pedro y San Pablo para ir a visitar el
auténtico símbolo de la ciudad.
Éste
no es otro que el Colegio Mayor de San Ildefonso, en la
Plaza de San Diego, el
origen y epicentro de la Universidad de Alcalá de Henares. Fue fundado
en 1499 por el Cardenal Cisneros y es una de las obras
más destacadas, estudiadas y enigmáticas del renacimiento en España. La
fachada es obra de Rodrigo Gil de Hontañón.
Os aseguramos que es imposible no estar un rato contemplando el edificio y reflexionando sobre la cantidad de personas que han franqueado su puerta a lo largo de más de cinco siglos. Esta sensación se acrecienta al entrar al edificio y ver el texto que nos recuerda donde estamos. Por establecer un símil futbolístico, se podría decir que es como el "This is Anfield" de la Universidad. Bromas aparte, el ambiente que se respira en el patio es maravilloso y triste a la par, pues aunque por un lado estás disfrutando de su increíble arquitectura por otro te da pena no haber estudiado allí.
Aunque es evidente que el Colegio de San Ildefonso es el protagonista indiscutible de la plaza no es el único atractivo con el que ésta cuenta. Según se mira, a la izquierda está el Colegio de San Pedro y San Pablo y a la derecha la Capilla de San Ildefonso. Además, hay una estatua del Cardenal Cisneros y un monumento de la Fundación Camino de la Lengua Castellana. La verdad es que Alcalá de Henares es un lugar en el que todos y cada uno de sus rincones están llenos de sorpresas, y por eso tiene bien merecida la pertenencia a la lista de Patrimonio de la Humanidad.
Y andando hacia la derecha llegamos a otro de los lugares claves de la ciudad: la Plaza de Cervantes, antiguamente conocida como Plaza del Mercado. Como indica su nombre, éste era el punto en el que semanalmente se celebraba un mercado, aunque en fiestas también fue utilizado como plaza de toros. Hoy en día es el lugar de reunión para mucha gente, uno de esos cruces de caminos como la Puerta del Sol en Madrid o la Plaza Mayor en Cuenca. En la plaza destaca un monumento a Miguel de Cervantes y el Templete de la Música, ambos de fines del siglo XIX.
Eso sí, en sus alrededores hay un buen número de edificios interesantes. Uno de ellos es el Corral de Comedias (foto de la izquierda) uno de los teatros más antiguos (se le suele comparar con el de Almagro, en Ciudad Real). Data del siglo XVII, y en la actualidad es un gran foco de interés tanto por sus actos culturales como por sus visitas guiadas. Por cierto, nosotros quisimos entrar a ver el edificio, estuvimos una hora esperando y cuando llegó el momento de pasar pusieron un cartel de que ese día no se hacían visitas. Una pena, la verdad. Cambiando de tercio, al lado del Corral de Comedias está el Ayuntamiento de Alcalá de Henares.
Avanzando un poco más, pero todavía en la Plaza de Cervantes, se llega a una zona interesantísimo. Lo primero que vemos son los restos de la parroquia de Santa María la Mayor, formados por una enorme torre (a la cual se puede subir, previa visita) y por la capilla del Oidor. El templo original se destruyó durante la Guerra Civil, y aunque hubo pérdidas irreparables (sobretodo algunas pinturas) no todo desapareció. Al lado está el Colegio de Málaga, hoy Facultad de Filosofía y Letras, un impresionante edificio que data del siglo XVII.
De
todos modos, Alcalá de Henares no acaba aquí. Por eso, dejamos la plaza
y fuimos a parar al antiguo convento de los Trinitarios
Descalzos. Fue fundado por Juan Bautista de la
Concepción, y aunque desde la desamortización del siglo XIX
hasta finales del siglo XX tuvo un uso militar no ha perdido ni un ápice
de su carácter monumental. En la actualidad es una dependencia más de la
universidad, la biblioteca. Es uno de los edificios
barrocos más destacados de la ciudad, aunque paradójicamente también es
uno de los grandes desconocidos.
Desde ahí, siguiendo por la calle Trinidad, llegamos al Colegio-Convento de San José de Caracciolos. Su fachada barroca no se queda atrás respecto al edificio anterior, con una hermosa portada decorada con una estatua de San José. El edificio fue muy restaurado a mediados del siglo XX por un incendio que hizo peligrar la existencia del edificio. En la actualidad, como tantos otros edificios eclesiásticos de la ciudad, es un edificio de la Universidad.
La calle ofrece muchas más cosas, puesto que aunque cambie de nombre (calle Trinidad, calle de la Cárcel Vieja, calle de Santa Catalina) no hay más que seguir andando para llegar a otros edificios de interés. El primero con al que llegamos fue el Convento de Nuestra Señora de la Esperanza, fundado en 1481. Es un edificio muy interesante de fachada bastante austera. Un poco más adelante está el Convento de Santa Catalina de Siena, de fachada plateresca. Lo más interesante según hemos leído es el claustro interior, pero no es visitable ya que todavía alberga monjas de clausura.
Ya estábamos un poco cansados, pero como este año no vamos a tener ocasión de viajar demasiado decidimos apurar y ver hasta el último detalle de Alcalá. Por eso deshicimos un poco el camino andado para subir por la calle de Santa María la Rica, donde se encuentra el Seminario Diocesano Santos Justo y Pastor (un edificio sin demasiado interés, la verdad) y el antiguo hospital de Santa María la Rica.
De todos modos, por más que tuviéramos ganas de seguir viendo cosas ya no quedaba mucho más que hacer. Fuimos a la Plaza de los Irlandeses, donde está el Colegio de los Irlandeses (el cual luce un aspecto impecable gracias a la reforma de los años noventa). Al poco dejamos la plaza y fuimos a ver los dos últimos edificios del día: el Convento de Agustinas y el Convento de Santa Úrsula. Con eso poníamos prácticamente el punto y final a nuestra visita a Alcalá de Henares.
Y
eso fue a pesar nuestro, ya que como hemos dicho antes estuvimos
esperando un buen rato junto al Corral de Comedias para intentar ver el
edificio. No fue posible, pero aún así pudimos disfrutar de un agradable
rato al solecito (este invierno ha sido más duro de lo habitual, y se
agradece) acompañados de las omnipresentes cigüeñas alcalaínas.
Eso fue todo. Nos quedan pendientes algunas cosas para una futura visita, como el Corral de Comedias o el yacimiento de Complutum, que sigue expandiéndose. Sin embargo, fue un día muy bien aprovechado en el que pudimos conocer a fondo la bonita Alcalá de Henares.























































