Barcelona '09
Capítulo II: Un día en Barcelona
¡Qué sueño! La verdad es que empezamos el día con mucha ilusión, pero eso de tener que coger un AVE en la Estación de Atocha a las 5:45 de la mañana, y encima el día anterior haber tenido una reunión de trabajo hasta la 1:00... Vamos, que íbamos con sueño. Para colmo, salimos con el tiempo justo de casa, y los padres de Erika, que nos acercaban, fueron jugándose los puntos del carnet para que pudiéramos llegar a tiempo. Al final cogimos el tren sin problemas, y hay que decir que la experiencia de la alta velocidad fue muy agradable: a pesar de ir en clase turista los asientos eran cómodos, había espacio de sobra y nos pusieron una peli tanto a la ida -Una pareja de tres- como a la vuelta -París, París-. En poco más de tres horas nos plantamos en la Estación de Barcelona-Sants, la estación de ferrocarril más importante de Cataluña y una de las que más tráfico tienen de España. Por fin estábamos en Barcelona, y además perfectamente comunicados: en esa misma estación se puede coger el Metro de Barcelona. En concreto, cogimos la línea 3 (verde) desde Sants hasta la Estación de Drassanes.
Nos
bajamos en esa estación porque queríamos empezar nuestra visita en uno
de los lugares más emblemáticos de la Ciudad Condal: Las Ramblas.
No fue más que una primera toma de contacto, pues la recorreríamos más
adelante -cuando hubiese más ambientillo-. Antes de eso fuimos en
dirección al mar, para conocer también esa zona de la ciudad.
La
visita al médico no era hasta por la tarde, así que fuimos sin prisa
-aunque sin pausa, pues no teníamos mucho tiempo-. Así, tras unos pocos
pasos nos topamos con el Monumento a Colón, que une las
Ramblas con el Paseo de Colón, que luego recorreríamos. El monumento se
construyó por la Expo de 1888, y desde entonces es uno
de los símbolos de la ciudad. Se puede subir, pero no entraba en
nuestros planes este día. De sus 60 metros de alto hay que destacar
varias cosas: la escultura de Colón, la impresionante base con varias
estatuas, la columna corintia... En definitiva, un monumento como para
estar un buen rato con los ojos bien abiertos.
Muy
cerquita (casi parece que Colón está señalando el camino), está el
Edificio de la Aduana. Aunque en la actualidad las
aduanas están perdiendo su sentido, muchos de estos edificios fueron
planteados como joyas arquitectónicas de primer orden. No hay más que
ver la foto: es una construcción preciosa, impresionante y que da
carácter a la ciudad.
Nuestro plan era coger el popular Paseo de Colón y recorrerlo bordeando el Puerto, ya que nos llevaría a otros lugares que queríamos ver. Nada más coger esta especie de paseo marítimo está el Edificio del Puerto. De aquí nos llamaron la atención varias cosas: el enorme número de bicicletas -siendo de Madrid cuando ves más de una ya te parecen muchas-, la cantidad de barcos que había amarrados, y también que empezaba a hacer calorcillo, lo cual nos aseguraba un día más agradable de lo esperado.
El Paseo de Colón tiene dos partes, la alta y la baja. La alta es una zona de paseo más cercana a la ciudad, paralela a la carretera y siguiendo la interminable hilera de palmeras. La zona baja está pegada al mar, es por donde circulan más bicicletas y además es una especie de museo escultórico al aire libre: cada dos pasos hay una escultura o un pequeño monumento. Estos primeros pasos por Barcelona los dedicamos a descubrir ese tipo de sorpresas que ofrece la ciudad, y aunque algunas esculturas nos gustaron más que otras siempre es agradable ver como el arte se echa a las calles.
De
hecho, nuestra última parada en el paseo fue otra escultura, la de mayor
entidad y uno de los símbolos barceloneses: la Barcelona's Head
(también conocida como La Cabeza de Barcelona o
La Cara de Barcelona). Es una escultura de Roy Lichtenstein en
estilo pop-art que el escultor Diego Delgado Rajado desarrolló entre
1991 y 1992. Mide 15 metros de alto, y a nosotros al menos nos dio la
sensación de que Barcelona es una ciudad moderna, volcada al arte y
proyectada hacia el exterior. No decimos que en nuestra ciudad, Madrid,
no sea así, pero sí es cierto que en BCN llevan unos cuantos pasos de
ventaja.
La escultura está junto al Edificio de Correos. Es bastante similar al Edificio de Correos de Madrid -hasta tiene unos enormes buzones muy parecidos-, lo cual nos hizo pensar que a pesar del tradicional pique que hay entre ambas ciudades éstas son más parecidas de lo que parece. Dejando a un lado ese tema, en la plaza adyacente al monumental edificio está una escultura de Antonio López y López, el primer marqués de Comillas. Podríamos escribir muchas líneas sobre él, ya que es un personaje interesantísimo, pero mejor lo haremos cuando vayamos a Comillas (Cantabria) y hagamos su respectivo diario de viaje.
Si fuimos por el Paseo de Colón fue porque desde ahí, a un paso, está uno de los edificios que más ganas teníamos de ver: la Catedral de Santa María del Mar. El edificio, especialmente de moda desde la novela La Catedral del Mar de Ildefonso Falconés, es un monumental templo gótico construido en el siglo XIV. Lamentablemente, la catedral estaba en obras, algo muy frecuente en nuestros viajes... ¿Quién nos habrá echado el mal de ojo? De todos modos, el exterior del edificio tampoco impresiona mucho, porque es de esas construcciones que no gozan de un entorno adecuado para contemplarlas con perspectiva.
La bonito de la Catedral del Mar está en el interior, sin duda. Es de estilo gótico, sí, pero con algunas particularidades: el interior es especialmente diáfano, en forma de espacio único. La pena, como en algún otro edificio que visitamos a lo largo del día, es que estaba especialmente masificado, y casi a cada paso había que apartar a un japonés haciendo fotos para poder avanzar. Aunque el ambiente no es el más agradable, lo cierto es que es un edificio impresionante y que merece la pena ser visitado siempre que se vaya a Barcelona.
El Barrio Gótico está a unos pasos, y aunque dimos una vuelta por ahí no fue una incursión especialmente profunda. Evidentemente, yendo un único día hay que descartar cosas, y esta no la vimos no porque no fuese una de nuestras prioridades, sino porque preferimos reservarla para una ocasión en la que tuviésemos más tiempo de disfrutar de la zona.
Así,
nuestra idea era desandar los pasos que nos habían llevado hasta aquí
para volver al punto de partida, Las Ramblas. De camino pasamos por la
puerta del Palacio de Capitanía General, uno de
los edificios más emblemáticos de las Fuerzas Armadas. Además, se notaba
que ya no era tan pronto, pues el tráfico se estaba poniendo feo.
Lo
dicho, volvimos a Las Ramblas, hora que ya tenían
ambiente, para recorrerlas y conocer quizá el lugar más turístico de
toda España. A todo esto... ¿Qué son Las Ramblas? La respuesta parece
sencilla. En teoría, es el paseo más importante de Barcelona, transcurre
entre el antiguo puerto y la Plaza de Cataluña y está dividido en varios
tramos: Rambla de Mar, Rambla de Santa Mònica,
Rambla dels Caputxins, Rambla de Sant Josep,
Rambla dels Estudis y Rambla de Canaletes.
En la práctica, Las Ramblas son una especie de saco sin fondo en el que
cabe todo: gente procedente de todo el mundo, artistas callejeros,
carteristas, tiendas, museos, edificios emblemáticos... Es un auténtico
mundo aparte en el que cada paso te ofrece una sorpresa y en el que
merece la pena pasar un buen rato, siempre -como ya hemos dicho- con
cuidado, pues es una de las zonas de España que más carteristas por
metro cuadrado tiene.
Desde la Estación de Drassanes, a donde había vuelto, se llega en sólo unos pasos al Museo de Cera de Barcelona. Abre todos los días, es más o menos caro -eso es algo que parece propio de este tipo de instituciones, pues el Museo de Cera de Madrid también cuesta un ojo de la cara- y no pudimos entrar a verlo, pues no teníamos tiempo. Eso sí, queda apuntado como visita casi obligada para un futuro viaje a BCN.
Más
o menos a esa altura, pero al otro lado de la calle, está el
Centro de Arte Santa Mónica, otro museo de primer orden. Esta
sala de exposiciones es un edificio nuevo, aunque ocupa el sitio del
antiguo Convento de San Agustín (del siglo XVII). En su
interior nos ofrece una importante colección de arte contemporáneo,
omnipresente en la ciudad.
Aparte de edificios, monumentos y museos, Las Ramblas ofrecen atractivos menos tangibles pero igualmente interesantes: obras de teatro, terrazas en las que hacer un alto en el camino, mimos, pintores que ofrecen su obra al mejor postor, tiendas de todo tipo -flores, souvenirs, animales-, hordas de japoneses haciendo fotos... Vamos, que es uno de esos sitios en los que merece la pena meterse y dejarse llevar por la corriente.
Las Ramblas, como ya hemos dicho, están llenas de atractivos. Sin embargo, también hay que tener en cuenta la cantidad de posibilidades que ofrecen sus alrededores: plazas, calles, mercados... Seguid leyendo y veréis que hay muchas cosas que hacer en las zonas anejas al paseo.
Por
ejemlo, a través de una bocacalle se llega a la Plaza Real
(o Plaça Reial, en catalán), que es parte del Barrio Gótico. La
plaza tiene un toque colonial, quizá por la arquitectura que la rodea y
las palmeras reales que la adornan -de hecho, está hermanada con la
Plaza Garibaldi de Ciudad de México-. En el centro está la
Fuente de las Tres Gracias.
Otro punto de interés en los alrededores de Las Ramblas es el Palacio Güell, obra del mítico Antonio Gaudí -principal exponente del modernismo catalán-. Este peculiar palacio fue construido a finales del siglo XIX, combinando elementos propios de las casas señoriales tradicionales de Cataluña con otros muy diversos como árabes o bizantinos. Lo que más impresiona son las figuras en hierro forjado, ya que, por desgracia, el edificio no cuenta con la suficiente perspectiva para ser admirado en su totalidad. Había cola para entrar, pero la visita del interior la dejamos para otro viaje.
Volviendo por un momento a Las Ramblas, hay que hacer referencia a dos edificios interesantes. El primero es el Gran Teatro del Liceu, el Liceu para los amigos. Un edificio que ha sobrepasado los límites del mundo teatral y ha conseguido reflejar la historia reciente de la ciudad. El otro es la Casa Quadros, otro gran representante del modernismo catalán. Lo construyó Josep Vilaseca, y la fachada es digna de estudio: un dragón, un candelabro, paraguas... Éstos últimos dan cuenta de la antigua paragüería que albergó el edificio hace un tiempo. Por cierto, en la foto de la Casa Quadrós se nos coló un taxi barcelonés, distinto en diseño a los de Madrid.
Pero bueno, volvamos a los alrededores de Las Ramblas. Ahora es el turno de enseñaros la visita que más nos sorprendió de todo el viaje: el Mercado de la Boquería. ¡Qué maravilla! También conocido como Mercat o Mercado de San José, es otro de los principales enclaves turísticos de Barcelona. Es un mercado tan antiguo que su origen es una incógnita, aunque parece haber precedentes en la Edad Media. En la actualidad, encontramos un mercado precioso, colorido y con una oferta variadísima: carne, fruta, chucherías, pescado, zumos... A nosotros nos encantan los mercados -por ejemplo, en Bolonia vimos un mercado pequeño y encantador a partes iguales-, pero La Boquería superó cualquier expectativa.
El mercado está abarrotado de turistas, y todos, como nosotros, hacen fotos a unos puestos tan coloridos que es imposible resistirse a comprar algo. Evidentemente, para pasar el día no vas a comprar carne o pescado, pero hay muchos productos que sí merecen la pena: fruta cortada que se vende en pequeños envases de plástico, zumo frío recién exprimido, chucherías... Nosotros nos inclinamos por el zumo, y aparte de estar buenísimo no fue caro ni mucho menos -sólo 1.5€-.
Zumo
en mano volvimos a Las Ramblas, para seguir andando. Nos topamos con
algunos edificios reseñables, como la Casa de Cultura de
Barcelona, pero a esta hora el bullicio era lo más destacable.
De hecho, había demasiada gente para nuestro gusto, así que empezamos a
plantearnos abandonar el popular paseo barcelonés.
Antes de hacerlo, nos pasamos por la Iglesia de Belén -cuyo nombre completo es Iglesia de la Madre de Dios de Belén, en catalán Església de la Mare de Déu de Betlem-. Es un edificio construido entre el siglo XVII y el XVIII, que perteneció a los jesuitas hasta que fueron expulsados de España. Aunque no es especialmente vistoso, fue declarado Bien de Interés Cultural en 1997. Su interior está totalmente reconstruido, pues en 1936 sufrió un incendio que casi acaba con todo el edificio.
Como ya hemos dicho, estábamos deseando abandonar Las Ramblas, y eso fue lo que hicimos. Después de andar un poco, fuimos a ver una zona quizá poco promocionada en comparación con otras pero igualmente importante: la que recoge los restos romanos de Barcelona. La antigua Barcino tuvo en su momento unas importantes murallas, de las cuales se conservan algunos tramos, y también un acueducto -no sólo Segovia tiene acueductos en España-. Tanto los muros como el sistema de aprovechamiento de agua son poco espectaculares, pero están relativamente bien conservados -al menos, mucho mejor que las murallas de Madrid-.
Siguiendo con el relato, lo siguiente que fuimos a ver fue la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia de Barcelona, una impresionante mole de estilo gótico que impresiona se mire desde donde se mire. Hay que decir que primero visitamos su claustro y desde ahí pasamos al templo, pero para hacer este diario más sencillo os lo contamos cambiando el orden. El edificio fue construido entre los siglos XIII y XV, y si ya de por si el exterior impresiona no digamos el interior. Antes de pasar, os diremos dos cosas: la primera, que es gratis entrar -ya podían tomar ejemplo otras catedrales, como la de Cuenca-; la segunda, que justo al lado está el Museo Diocesano, que tiene una colección enorme que abarca desde los orígenes de la ciudad hasta nuestros días.
Tal y como os hemos dicho, nosotros pasamos por el claustro. Este es, sin lugar a dudas, el más original que hemos visto nunca. Desde el punto de vista arquitectónico es increíble, se nota que fue construido por varios de los mejores arquitectos bajomedievales. Sin embargo, la decoración del claustro se aleja de lo convencional: palmeras, fuentes enrevesadas, animales... Es digno de ver. Por cierto, quizá porque la hora avanzaba o porque estábamos cansados -más bien las dos cosas- estando en el claustro nos acordamos de que estábamos cerquita del mar, pues la humedad era bastante grande y nos encontrábamos bastante "pegajosos".
Las
estrellas del claustro de Barcelona son, sin lugar a duda, las
trece ocas blancas que viven en él. Son trece y no otro número
porque la leyenda dice que Santa Eulalia (patrona de Barcelona) tenía
esa edad cuando fue asesinada. Es fácil saber donde están las aves: no
hay más que escuchar los gritos de los niños o buscar aglomeraciones de
gente.
El exterior es impresionante, el claustro exótico... ¿Qué decir del interior? Después de años viajando junto hemos visitado muchas catedrales e iglesias, pero la de Barcelona es simple y llanamente fuera de lo común. ¡No hay palabras para definir esta preciosidad! Es una pena que siempre esté hasta arriba de gente y que algunas partes estén reservadas solo para visitas guiadas (previo pago, eso sí), pero aún con eso es uno de los edificios más sobrecogedores que hay en España. Desde las columnas hasta las pinturas de las paredes, pasando por el coro: merece la pena entrar, sin duda.
Después
de la visita a la catedral, salimos para dar una vuelta por los
alrededores. No hacía excesivo calor, pero como ya hemos dicho había
bastante humedad y no se estaba del todo a gusto. De todos modos, la
zona es de una belleza impresionante y el paseo fue de lo más
gratificante. Si se hace un pequeño ejercicio de abstracción, y en vez
de turistas con cámaras digitales te imaginas estar paseando entre gente
del medievo el recorrido es más agradable. Por la zona de los
alrededores de la catedral hay que ir con los ojos bien abiertos, pues
hay detalles en cada fachada.
Nuestros pasos nos llevaron a la Plaza Sant Jaume, el auténtico epicentro político de Barcelona. En dicha plaza no solo está el Ayuntamiento de Barcelona, sino que además está el Palau de la Generalitat o Palacio de la Generalidad, la sede de la Presidencia del gobierno catalán. Este edificio, a pesar de la fachada renacentista, lleva siendo sede de gobierno desde la Edad Media. Es curioso, pues a pesar de ser dos edificios importantes había bastante menos gente que en otras zonas de la ciudad.
Muy cerquita de ahí está la Casa de l'Ardiaca o Casa del Arcediano. Este pequeño edificio es una preciosidad -en especial su el patio y la fuente que lo preside-, una joya que muchas veces pasa desapercibida y que no debería ser así. En ella, como su propio nombre indica, residían diversos eclesiásticos, aunque tuvo diversos usos: desde sede del Colegio de Abogados hasta rozar el estado de abandono. Sin embargo, desde inicios del siglo XX y en la actualidad es la sede del Arxiu Municipal d'Història, es decir, el Archivo Municipal de Historia.
Las
horas pasaban volando y decidimos abandonar esa zona para ir a una parte
más moderna de la ciudad. En este cambio de ubicación lo primero que nos
encontramos fue el Mercat Santa Caterina, un mercado
inaugurado a mediados del siglo XIX a pesar de su colorido aspecto. Éste
se debe a las obras de remodelación de 1997, en las que el matrimonio
Enric Miralles y Benedetta Tagliabue
se atrevieron con una cubierta muy colorida y que evidentemente rompe
con la estética del edificio. A pesar de algunas polémicas, con el paso
del tiempo se ha convertido en uno de los muchos símbolos de la Ciudad
Condal.
Como
ya hemos dicho, habíamos emprendido el rumbo hacia una zona algo más
moderna. Uno de los ejes que tuvimos que recorrer fue la Via
Laietana, que comunica directamente con la zona del
Ensanche. Es una calle de origen polémico, pues se construyó a
inicios del siglo XX de la peor manera posible: tirando todo lo que
había y expropiando a los que vivían allí.
Y
por fin llegamos al edificio favorito de Érika en Barcelona: el
Palau de la Música Catalana. Obra del arquitecto Lluís
Domènech i Montaner, la construcción es especialmente
representativa del modernismo catalán. Es uno de los más visitados de la
ciudad, no sólo por su belleza intrínseca sino porque desde 1997 es
Patrimonio de la Humanidad.
El Palau también se puede ver por dentro, pero nosotros seguimos nuestro camino. Cerca, aunque hay que atravesar un par de calles, está la Plaza de Cataluña (Plaça de Catalunya, en catalán). Es una de las plazas más céntricas de la ciudad, y en vista del ambiente que había debe ser uno de los epicentros de la ciudad: un montón de turistas y autóctonos se mezclaban entre cientos de palomas en una plaza de lo más particular. Hay algún edificio importante que la rodea, como el del Banco de España, pero hay que destacar por encima de todo a la plaza. En cierto sentido el lugar recuerda a la Plaza de España de Madrid, por el césped y las fuentes.
Y ya desde la plaza fuimos al Paseo de Gracia o Passeig de Gràcia, una de las avenidas más importantes del mundo. Desde el punto de vista artístico, es un destino obligado en la visita a la ciudad, puesto que es un auténtico museo al aire libre del arte modernista -Gaudí y compañía dejaron su sello de la mejor manera posible-. Desde el punto de vista comercial, hay infinidad de tiendas de todo tipo (fundamentalmente de ropa), y de hecho es la segunda calle de España más cara en cuanto a precio de alquiler del suelo, solo superada por Preciados en Madrid.
Aunque el paseo tiene infinidad de atractivos, hay dos edificios que destacan por encima del resto. El primero con el que nos topamos fue la Casa Batlló, de Gaudí, el principal exponente del modernismo catalán. El edificio en sí es una remodelación hecha por Gaudí de un edificio preexistente, en el cual el artista hizo auténticas virguerías en la fachada. Con todas esas curvas imposibles parece un edificio hecho de plastilina. Por cierto, a pesar de ser un jueves laborable de octubre había cola para entrar, lo cual da cuenta del gran potencial turístico de la ciudad. El otro gran símbolo del Paseo de Gracia es la Casa Milà, conocida coloquialmente como La Pedrera. Está en la acera de enfrente, también es obra de Gaudí y las curvas también son su seña de identidad. Forma parte, junto a otras obras de Gaudí, de la lista de enclaves Patrimonio de la Humanidad.
Ahora
queremos enseñaros un lugar con el que estamos extrañamente
relacionados. Está también en el Paseo de Gracia, pero no sabemos como
se llama. El caso es que en nuestras dos visitas médicas a Barcelona (la
de 2009 y la de 2007) nos ha pillado de paso, hemos entrado de
casualidad y luego todo nos ha ido bien. ¿Será que el parque nos da
suerte?
El Paseo de Gracia está atravesado por la Avenida Diagonal (Avinguda Diagonal), la cual cogimos hacia la derecha según subíamos. Tras unos pocos pasos nos topamos con el Palau del Baró de Quadras, de Josep Puig i Cadafalch. Este edificio, aunque menos ilustre que los anteriores, también es un perfecto representante del modernismo catalán. Y, muy cerca de ahí, está la Casa de les Punxes (conocida también como Casa Terrades). Obra del mismo arquitecto, es Monumento Histórico Nacional, pero es propiedad privada y no se puede visitar el interior.
El motivo por el que fuimos por la Avenida Diagonal es muy sencillo: queríamos ir a la Sagrada Familia. Su nombre completo es Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, y este es, sin lugar a dudas, el primer símbolo de Barcelona. Es la principal obra de Gaudi: la más monumental, la más innovadora, la más impactante. Dedicó más de 40 años de su vida (muchos de ellos en exclusiva) a la construcción del templo, por lo que la única manera de catalogar su estilo es "gaudiano". Lleva más de 120 años en construcción, y solo se puede definir con palabras como indefinible, increíble o inverosímil. ¿Cuándo terminarán las obras de la Sagrada Familia? Es difícil de decir, pero al menos se estima que podrían durar hasta 2025 ó 2030.
Lo malo es que llegados a este punto había dos cosas que se nos habían echado encima: el hambre y el tiempo. Teníamos que darnos prisa y recorrer la Diagonal, deshaciendo nuestros pasos, para ir a la clínica que nos había hecho ir a BCN. De camino, como podéis ver aquí debajo, no sólo comimos, sino que aprovechamos para hacer algunas fotillos. Estuvimos como un par de horas en la consulta, donde todo fue perfectamente y además aprovechamos para descansar un poco los pies.
Cuando salimos de la consulta eran las seis y algo, así que aún teníamos bastante tiempo para recorrer la ciudad. Para la tarde habíamos pensado ir a una zona distinta a la de la mañana, así que cogimos el Metro y fuimos a parar a la Plaza de España o Plaça d'Espanya, desde donde tendríamos fácil acceso a Montjuic. Eso sí, antes de llegar hay que hablar de varias cosas. La primera cosa a destacar es la propia plaza, que fue construida con motivo de la Expo de 1929 por Josep Puig i Cadafalch, del que ya hemos hablado en este diario de viaje. En el centro hay una fuente hecha por Josep Maria Jujol hecha por el mismo motivo. Por cierto, en la misma plaza está la Plaça de Toros Les Arenes. Cuando fuimos estaba siendo remodelada para construir un enorme centro comercial. Su estilo neomudéjar recuerda a la Plaza de Toros de Las Ventas.
El camino hacia Montjuic no tiene pérdida: no hay más que seguir la calle que empieza en las populares Torres Venecianas. ¿Adivináis cuando fueron construidas? Exacto, también con motivo de la Exposición Internacional de 1929. Son obra del arquitecto Ramón Reventés y miden nada menos que 45 metros. Al poco de andar ya hay una visión espectacular de Montjuic, destacando al fondo el Palau Nacional, sede del Museo Nacional de Arte de Cataluña (Museu Nacional d'Art de Catalunya), que alberga una de las mejores colecciones de arte románico del mundo. Lo malo es que estaba en obras... ¡Todo en obras! La situación nos recordó un poco a cuando fuimos a ver Malinas, en Bélgica.
Siguiendo la Avinguda de la Reina Maria Cristina nos dimos cuenta de que las fuerzas cada vez eran escasas, y los pies estaban a punto decir basta. Menos mal que ya quedaba poquito por ver. En esta avenida hay que destacar la Fira de Barcelona -cuyos pabellones albergan diferentes eventos durante todo el año- y el Palau de Congressos de Catalunya, que también celebra actos de todo tipo.
Al final de la avenida está la célebre Fuente mágica de Montjuic o Font màgica de Montjuïc, una impresionante fuente -también "hija" de la Expo de 1929"- que a cualquier hora del día luce espectacular. Sus chorros de agua crean juegos y combinaciones imposibles, y por la noche la iluminación parece ser impresionante -nosotros no pudimos comprobarlo, pero queda pendiente-. Estuvimos un rato descansando por la zona, aprovechando que había una banda alemana de música tocando.
Si
había reservado la tarde a Montjuic no era para recorrer la zona, ya que
no teníamos tiempo, sino para llevarnos una panorámica de
Barcelona que nos dejase con más ganas aun de volver a la
ciudad. La verdad es que nos llevamos una buena alegría al ver que la
subida se podía realizar de manera gratuita a través de escaleras
mecánicas, algo que nuestros maltrechos pies agradecerán eternamente.
Una de las mejores vistas se obtiene desde un lateral -el izquierdo,
según se sube-, así que subimos por allí ya que tenía pinta que desde
ese lugar se podría ver la ciudad.
Y no nos equivocamos. Mereció la pena subir, pues desde ahí tuvimos el epílogo perfecto a un día agotador: la Sagrada Familia, la Catedral de Barcelona, la Torre Agbar -esta queda pendiente para otra visita-... Las imágenes dan cuenta de que a veces los paisajes urbanos no tienen por qué ser desagradables. En este caso, nos llevábamos una buena impresión de Barcelona, ya que todo había salido a pedir de boca.
Desde el Palau Nacional las vistas son también impresionantes, aunque en este caso dan hacia la Sierra de Collserola y su famoso Monte Tibidabo. También hay una bonita panorámica del paseo por el que habíamos subido, y que ahora debíamos recorrer si no queríamos que se nos echara de nuevo el tiempo encima.
Ya
de noche llegamos al principio y al fin de nuestra breve -pero intensa-
incursión en Barcelona: la Estación de Sants. Allí aprovechamos para
cenar en el McDonald's de la estación y subirnos al tren en cuanto
pudimos, pues estábamos cansadísimos y necesitábamos acurrucarnos en
nuestro asiento. El tren salió puntual, y llegamos a Madrid a las 00:15.
Eso fue lo que dio de sí nuestra visita fugaz a la Ciudad Condal. Antes de ese día nos preguntábamos: ¿Qué se puede ver en Barcelona en un día? Después de este maratón, la respuesta es que se pueden ver muchas cosas.







































































