Provincia de Cuenca '09
Capítulo II: Valeria y sus Jornadas Romanas
El mismo día en que llegábamos a Cuenca para instalarnos en nuestro piso de alquiler, nos fijamos en que la ciudad entera estaba llena de unos carteles muy interesantes: en ellos se anunciaban las IX Jornadas Romanas de Valeria. El caso es que durante los dos meses que estuvimos viviendo en Cuenca todos los fines de semana nos volvíamos a Madrid, y en alguno de esos viajes de vuelta aprovechamos para ver alguna cosa de camino. La verdad es que este no es un buen ejemplo, ya que no pillaba muy de camino, pero a pesar de ser nuestra primera semana en Cuenca decidimos liarnos la manta a la cabeza y acercarnos a ver que se cocía en Valeria.

A unos 40 minutos en coche desde Cuenca está el Yacimiento Romano de Valeria, un magnífico enclave arqueológico en Las Valeras, un municipio formado por Valeria (donde está el yacimiento) y Valeria de Abajo. Como el evento tenía pinta de ser muy concurrido -y encima empezaba ese día- fuimos bastante pronto, acompañados por nuestra amiga conquense María Amor (que hizo las veces de guía). Llegamos a las cinco más o menos, una hora antes de que empezaran los actos, y la verdad es que fue un acierto, ya que pudimos llegar a una zona de aparcamiento a las afueras bastante tranquila y nada más pasar nosotros la policía cortó el centro del pueblo.
El punto de encuentro era la Plaza Mayor de Valeria, donde todo el pueblo, vestido de romano, había quedado para empezar las celebraciones. Mientras esperábamos estuvimos tomando algo en un bar que estaba en los bajos del Ayuntamiento, y también conociendo un poco los alrededores. Aparte de la Casa Consistorial, el edificio que más destaca de la plaza es la Iglesia de Nuestra Señora de la Sey (también conocida como Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción), un precioso edificio de estilo románico (siglo XII)
Aunque senadores, amantes del vino y centuriones llegaron puntuales, todo empezó con un poco de retraso porque CMT (Castilla-La Mancha Televisión), la cadena autonómica, quería hacer una conexión en directo y había que esperar a que les dieran paso. De todos modos la espera nos sirvió para comprobar que el pueblo entero se vuelca con sus fiestas romanas, ya que había decenas y decenas de personas con todo tipo de disfraces.
Una vez se hizo la foto de familia y la conexión con la televisión, comenzó lo bueno. Hubo un pequeño acto de apertura que nos emplazó a todos, romanos y habitantes del siglo XXI, a recorrer el camino que une el pueblo con el yacimiento. En esta especie de desfile pudimos conocer a las más diversas gentes del imperio: gladiadores, músicos, esclavos... A nosotros no nos gusta especialmente la fotografía, pero fue un gusto tener tantos personajes curiosos a los que retratar.
La peregrinación exprés hacia el yacimiento romano nos regaló unas vistas espectaculares del paraje en el que nos encontrábamos: la Manchuela conquense. Se conoce así a la zona de la Mancha regada por el río Júcar y el Cabriel, su afluente. En concreto pudimos deleitarnos con la Hoz del río Gritos, un impresionante desfiladero que luego atravesaríamos con el coche y que nos dejaría totalmente boquiabiertos.
Una
vez llegamos a las puertas del yacimiento arqueológico de Valeria, las
autoridades romanas dieron el alto y se marcaron un discurso de lo más
interesante: frases como "¡que empiece la orgía"! o "¡a beber, hijos
míos!" dieron el pistoletazo de salida a unas jornadas de lo más
festivas. Evidentemente, el pueblo llano se quedó satisfecho con esas
proclamas, y tras el discurso la gente se dispersó según sus ocupaciones
o sus gustos: los artesanos abrieron el mercado, los jinetes se fueron a
una explanada para luchar, los turistas nos fuimos a investigar un
poco...
Cuando
se dispersó la gente, decidimos ir a nuestro aire y dar una vuelta por
el yacimiento, que es enorme. De hecho, la primera vez que se mira a
Valeria uno se queda abrumado del tamaño del enclave. A nosotros, que
somos historiadores, nos resultó una auténtica maravilla, y más yendo
con María Amor que conocía perfectamente Valeria y nos hizo una ruta
turística por todo el lugar.
La verdad es que no era el mejor día para disfrutar del yacimiento, pues estaba llenísimo de gente y casi en cada rincón se había montado un evento, un pequeño tenderete o una reunión de amigos. Así, algunos lugares de importancia del yacimiento, como la Casa de los Adobes, estaban tomados por los participantes en estas jornadas romanas. De todos modos el ambiente festivo y las muchas sorpresas que se escondían a cada paso compensaban con creces el barullo, así que aunque no fue una visita especialmente histórica sí que mereció la pena.
Los primeros tramos de nuestro paseo por el yacimiento los hicimos por la zona del ninfeo y las tabernae. Entre éstas últimas había apostados diversos artesanos trenzando esparto, montando sus tenderetes o simplemente charlando entre ellos. Por un lado el ambiente festivo es muy positivo, y gracias a él hay mucha gente que se acerca a ver el yacimiento arqueológico. Sin embargo, en algunas ocasiones no parecía haber mucho respeto por las "piedras", ya que la gente se subía por ellas y no tenía cuidado. Por eso estuvimos debatiendo un buen rato, en una conversación que rozó los límites del frikismo más absoluto.
El yacimiento de Valeria es grandísimo, y aunque tiene unos restos romanos increíbles su entorno natural también es precioso. La Hoz del Río Gritos es muy bonita, y además representa a la perfección, como hemos dicho al principio, el paisaje de toda esa región conquense. Sus grandes moles de piedra erosionada y el pequeño cañón que se ha formado son atractivos turísticos en sí mismos, y suelen congregar a un buen número de escaladores y montañeros que disfrutan de sus escarpados perfiles.
Estando
en la zona alta de la ciudad nos topamos con un auténtico infiltrado en
la fiesta romana: Ideafix, el gracioso y simpático
perro de Axtérix y Obélix. Le preguntamos al dueño si
nos dejaba hacerle una foto, y el perro posó como un auténtico modelo.
Aunque pueda parecer una tontería, el hecho de que el can fuese
disfrazado da cuenta de que los habitantes de Valeria cuidan hasta el
último detalle en sus jornadas romanas. Es evidente que se toman muchas
licencias históricas, ya que si no sería un aburrimiento, pero saben
hacerlo con humor y simpatía.
Ya que estamos en la parte alta hay que decir que el yacimiento no solo es romano, ya que también presenta muestras de ocupación medievales y posteriores. El mejor ejemplo es la Ermita de Santa Catalina, de una sola nave. A pesar de eso, es bastante grande para tratarse de un ermita de corte rural. En las afueras del edificio hay, como era frecuente, una pequeña necrópolis con varios enterramientos excavados. Es una pena que no se potencie más las zona medieval. En muchos yacimientos, como en Recópolis, ocurre que se fomentan demasiado los restos de una época y no se hace mucho caso al resto.
Desde
la cumbre de Valeria se domina todo el yacimiento, y las vistas
confirman que se trata de un complejo arqueológico impresionante.
Además, en el rato que habíamos estado paseando había pasado más de una
hora, y cada vez venía más gente. Aunque nosotros no queríamos estar
hasta muy tarde -teníamos que volver a Madrid- la gente tenía pinta de
venir preparada para varias horas de fiesta.
Después de la visita general al yacimiento, decidimos mezclarnos entre la gente para disfrutar del ambiente "romano". En realidad, lo primero que hicimos fue sentarnos en una piedra a descansar, pero tuvimos tan buena suerte de estar al lado de un grupo de jinetes que estaba entrenándose con lanzas de guerra y una diana. Impresiona ponerse cerca y sentir las pisadas del caballo en el suelo cuando va a toda velocidad.
Lo
mejor de las Jornadas Romanas de Valeria, desde el punto de vista
histórico, es cómo saben conjugar una buena ambientación de la época
romana con el sentido del humor y las ganas de pasarlo bien. Por
cierto... ¿Qué pensarían estos tres solados romanos al ver a un montón
de gente viniendo en coches y vestidos con ropas modernas?
Pensándolo mejor, lo mejor de las Jornadas Romanas es, por encima de todas las cosas, la gente. Todo el mundo es muy simpático, no para de sonreír y de interpretar su papel: el centurión va con su casco a todas partes, los soldados se pasean vigilando el mercado -algo que los artesanos agradece-, hay grupos de esclavos... De hecho, otra cosa muy destacable es el precio de los esclavos: ¡Sólo un euro y quince piedras por cada grupo de tres! Ni los chiquiprecios tienen unas ofertas tan fabulosas.
Una de las actividades anunciadas a bombo y platillo era el Colegivm Gladiatorivm Hispaniensis, que representaba luchas de gladiadores a la vez que daba algunas nociones sobre la época. Desde el punto de vista histórico es impecable, aunque quizá demasiado. Tanto rigor y tantas referencias academicistas aburrieron un poco a la gente, en especial a los más pequeños, y aunque a nosotros nos gustó nos quedamos con la frase que dijo un niño después de más de media hora de espectáculo: "Mamá, ¿cuándo empiezan las luchas de gladiadores?".
No
nos pudimos quedar hasta el final de la lucha de gladiadores, ya que nos
teníamos que ir y no queríamos conducir demasiado tiempo de noche. Eso
no fue posible, ya que nos entretuvimos un poco en el mercado. Un rato
antes no habíamos podido ir porque estaba abarrotado, y ahora que la
mayoría de la gente estaba viendo los combates no podíamos dejar pasar
la oportunidad.
En
definitiva, las IX Jornadas Romanas de Valeria nos dieron, al menos
desde nuestro punto de vista, una de las tardes más divertidas de
nuestra estancia en Cuenca. De hecho, nos gustó tanto que hemos pensado
en volver otros años, aunque esta vez con amigos y disfrazados de
romanos. Hay que darle un diez al yacimiento, otro diez a la gente y
otro diez a que se celebren iniciativas como éstas, que acercan la
Historia a la gente de a pie. La pena fue que no teníamos piedras
sueltas para comprar esclavos, que si no nos hubiéramos traído dos o
tres.
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