A Mariña Lucense '09
Capítulo IX: Barreiros y Rinlo (día 10)
Después de un par de días de mal tiempo volvió el sol, y con él la playa. Por eso a partir de entonces, salvo un día, procuramos dedicar las mañanas a la playa y las tardes a hacer excursiones (o más playa). De hecho, hubo un día que estaba reservado para hacer turismo gastronómico, y como pillaba algo lejos de casa decidimos buscarnos una playa en los alrededores de nuestro destino, del que luego hablaremos.
Así,
fuimos a parar a la playa de Barreiros. Es quizá la más
grande de la Mariña, y seguramente la más frecuentada: a ella van muchos
gallegos del interior y siempre está abarrotada. Eso tiene cosas buenas
(como chiringuitos) pero también cosas malas (como suciedad, atascos o
pocos huecos para poner la toalla), y acostumbrados a playas casi para
nosotros solos no nos gustó demasiado.
En cualquier caso, el plato fuerte del día (y nunca mejor dicho) era Rinlo, una pequeña parroquia que pertenece a Ribadeo. ¿Por qué el interés de ir allí? Aparte de ser un sitio precioso (cosa que no sabíamos de antemano) el 25 de julio se celebraba la sexta edición de la Festa do Percebe, es decir, la Fiesta del Percebe. Llevábamos varios días viendo carteles, así que nos acercamos para degustar la gastronomía típica de la zona.
Como el evento ya es toda una celebridad, cuando fuimos había un parking habilitado expresamente en las afueras para los turistas. De todos modos, no tiene pinta de que sea muy difícil aparcar en un día normal. Una vez dejamos el coche, y siempre siguiendo las indicaciones hacia la Festa do Percebe, aprovechamos para ver un poco el precioso pueblo pesquero de Rinlo.
El principal lugar de culto en el pueblo es la Iglesia de San Pedro, en la Avenida de Ribadeo. Fue construida entre 1931 y 1933 en un estilo muy sobrio, y aunque no es especialmente bonita es todo un símbolo de la Historia del pueblo, ya que les costó muchísimo obtener la parroquialidad -el siglo XIX fue una pelea constante con el obispado de Mondoñedo-. No está en muy buen estado, pero se mantiene gracias a los vecinos del pueblo, lo cual tiene mucho mérito.
El
edificio que más nos gustó fue la Escuela Vieja. Data
de inicios del siglo XX y recoge el estilo de las escuelas rurales de
esa época. Estuvo funcionando más de medio siglo, y a pesar de haber
perdido su uso educativo en los años 60's del pasado siglo el pueblo
sigue atesorando este edificio con cariño. Aunque el estado de
conservación no es muy bueno, se han hecho varias reformas para
sanearlo. Atención al reloj de la fachada, de sistema canseco,
que lleva ya varios años sin que nadie le haya dado cuerda. El tiempo a
veces parece detenerse, aquí lo ha hecho.
Uno
de los elementos más claramente significativos de la arquitectura
popular del norte de España son los hórreos. Estos
pequeños almacenes en altura (para guardar la cosecha a salvo de las
alimañas) son a siempre objeto de deseo de nuestra cámara de fotos.
Algún día haremos una página web dedicada en exclusiva a los hórreos.
Sin lugar a dudas, lo más bonito de la parroquia es el conjunto en sí mismo. Hay, como habéis podido ver, muy pocos edificios, pero las modestas construcciones populares -y en especial las que están pegadas a la costa- crean un paisaje urbano precioso. El puerto de Rinlo es una joya, y eso que no pudimos disfrutar de él todo lo que hubiésemos querido ya que estaba hasta arriba de gente.
Pero bueno, entremos ya en lo gastronómico. La Fiesta del Percebe de Rinlo se concentra fundamentalmente en la zona del puerto, aunque todos los bares sacan su barra y mesas/sillas a la calle para ofrecer gastronomía típica. Evidentemente los percebes son los absolutos protagonistas de esta rica celebración, con raciones a 11€ (los precios son iguales en todos los locales) y de la más alta calidad. No en vano, esta fiesta se ha convertido en uno de los principales intereses turísticos de la región.
De todos modos, el percebe es un alimento generoso, y comparte su protagonismo con otros productos típicos de la gastronomía gallega, como el preñao -un bollo de pan que lleva chorizo dentro- o la empanada -de varios tipos: carne, atún...-. La comida era bastante barata, así que hicimos una merienda cena de lo más consistente. De hecho, algún trozo de empanada con el que no pudimos se vino a casa para servir de aperitivo al día siguiente.
Vamos,
que el plan salió a pedir de boca: Rinlo es un pueblecito encantador, y
su Fiesta del Percebe es un evento imprescindible si se está en la zona.
Como última instantánea del día nos llevamos una buena panorámica de la
costa, en la cual un paisano medio borracho nos hizo una auténtica
interpretación histórica y geográfica del lugar. Que tío más grande.









