A Mariña Lucense '09
Capítulo III: Foz, Ribadeo y la Playa de las Catedrales (día 2)
A pesar de que los primeros días de unas vacaciones familiares suelen ser para descansar, esta vez nos fuimos a hacer una excursión el segundo día entero... ¡Pero había un motivo! Eso sí, os lo contaremos más adelante. El caso es que cogimos el coche bien prontito y nos fuimos a recorrer la zona oriental de A Mariña Lucense, siempre sin perder de vista la costa.
Lo primero que hicimos fue ir al término municipal de Foz, uno de los sitios más turísticos de A Mariña -aunque cuando aquí se dice "turístico" que nadie piense en Benidorm ni nada parecido a eso- ya que son varias las cosas que se pueden ver allí.
Así, tras un ratillo en coche desde nuestra casa, llegamos al popular Castro de Fazouro. Este enclave arqueológico es uno de los mejores representantes de la cultura castreña marítima, aunque es algo peculiar ya que está enmarcado en un promontorio "en primera línea de playa". La visita es libre, sin horarios y gratuita, y aunque según los folletos turísticos parecía enorme es bastante pequeño: en media hora está más que visto. Hay varias plantas de pequeñas construcciones que están bien conservadas, y bastantes sitios en los que sentarse mirando al mar y disfrutar tanto del viento como de las preciosas vistas. Merece la pena.
Hagamos
un paréntesis. Aunque fuimos otro día -este no tocaba playa- hay que
hablar de la bonita Playa Areoura, la cual estaba un
poco antes del Castro viniendo desde Burela. Es una de las más
turísticas ya que está bastante bien: resguardada, la arena es muy fina
y en la parte alta hay un chiringuito. La pega es que es pequeña, por lo
que dar paseos no es recomendable si no te quieres marear.
Dicho esto, volvamos a la excursión que estábamos haciendo ese día. Nuestro siguiente destino era la Capilla del Obispo Santo (en gallego, Bispo Santo, a la cual siguiendo las indicaciones por unas carreteras tortuosas en medio de las montañas. El edificio estaba cerrado, pero no por ello deja de ser precioso... ¡Y además con leyenda propia!
Interesante, ¿verdad? Como ya decimos, el edificio estaba cerrado y no hubo manera de entrar. De todos modos seguimos nuestro camino, de nuevo por carreteras serpenteantes y alejadas de todo, hasta llegar a la Catedral de San Martiño. Este monumento nacional tiene la peculiaridad de que es la catedral más antigua de toda España de todas las que siguen en pie. La belleza del edificio no admite discusión, se observe desde un lado o desde otro. Merece la pena alejarse un poco del edificio por el parque que hay justo debajo para tener una buena perspectiva.
Si
se baja al parque que hemos dicho se puede contemplar la Fuente
de la Zapata, también relacionada con Gonzalo (el Obispo Santo
que conocimos un poco antes en la capilla). En este caso, se dice que la
fuente brotó por orden del prelado, y no solo eso: a su agua también se
le atribuyen beneficios y propiedades de todo tipo. Nosotros teníamos
sed y le dimos unos cuantos tragos, así que si es verdad eso mejor que
mejor. La fuente como tal tampoco es una nueva maravilla del mundo, pero
siempre que vamos a un sitio nos gusta ver hasta el último detalle, así
que hicimos la foto de rigor antes de entrar a la catedral.
La entrada a San Martiño es gratuita, aunque con lo bonito que es el interior no nos hubiera importado pagar. El interior de este edificio románico está decorado con pinturas murales de los siglos XIV-XVI que se conservan perfectamente. No suele haber mucha gente visitándola, aunque sí más que en otros lugares de la zona.
Como en tantos otros lugares, hay que ir con mucha atención a los detalles: techos, capiteles, imágenes... La decoración, pese a no estar excesivamente recargada, es riquísima y llena de matices. Es un edificio pequeño, pero se puede pasar dentro un buen rato si uno se fija en las cosas. Además, hay varios "guías" dentro, que si bien no te hacen una visita guiada sí están dispuestos a contestar cualquier pregunta o contarte la historia del lugar.
De hecho, hablando con una de las guías nos contó que en ese momento estaba en marcha una iniciativa para convertir la Catedral de San Martiño en Patrimonio de la Humanidad, para lo cual tenían un libro de firmas enorme. Evidentemente nos unimos a tal iniciativa, pues quedamos encantados con la catedral, su conservación y los alrededores.
Una vez vimos la catedral seguimos avanzando hacia el este, aunque ahora buscando un sitio para comer. Al final lo hicimos en Asturias, y la verdad es que nos pusimos hasta arriba. Para bajar la comida, nada como un paseo por nuestro siguiente destino, Ribadeo. Esta localidad de poco más de 10000 habitantes es la última de A Mariña antes de pasar a Asturias, y es uno de los núcleos más visitados de la zona.
Ribadeo
es, además, el lugar donde nació José María Alonso Trelles y
Jarén, más conocido como "El Viejo Pancho", un
escritor que vivió entre el siglo XIX y el XX. Emigró a Uruguay, donde
alcanzó una gran popularidad con sus poesías de temática rural. Tanto el
pueblo lucense como el país sudamericano están muy orgullosos del poeta,
y en 1957 -el centenario de su nacimiento- el Estado uruguayo regaló a
la localidad gallega un busto del poeta que está en la
Plaza de España, que no solo es el centro del pueblo
sino el mejor lugar para dejar el coche y empezar la visita.
Además, ahí está la Oficina de Turismo, donde pudimos conocer a la persona más antipática, borde y desagradable de toda Galicia: una guía de turismo amargada que combinaba a la perfección un carácter prepotente con una tremenda ineficacia a la hora de realizar su trabajo. De verdad, no merece la pena ir allí, pues en lugar de información para visitar la ciudad os llevaréis un buen cabreo y ganas de iros a otro sitio.
Hecho este inciso, volvamos al buen rollo y a nuestra visita a Ribadeo. En la Plaza de España hay varios edificios a tener en cuenta. El de más "renombre" es la Torre de los Moreno, un edificio cuyo elemento más destacado es la torre -y por eso se conoce el edificio entero como "torre"-. A pesar de haber sido construida a comienzos del siglo XX, esta casa de indianos de estilo ecléctico es el auténtico símbolo de la localidad. Justo a la derecha está el Ayuntamiento, que representa la arquitectura típica de estos edificios en la zona. Y por último, también a la derecha está el Edificio de la Aduana, del siglo XVIII, que nos recuerda que hace un tiempo Ribadeo era un núcleo económico de primer orden.
Hay algunas cosas más en la plaza, pero decidimos caminar un poquito. En este caso, lo que hicimos fue bajar hacia la zona del puerto y el paseo marítimo. Hay varias maneras de ir, ya sea por la Calle Ibález, la Calle Trinidad... el caso es llegar al mar. En la parte baja hay varios lugares en los que tomar algo, se puede pasear entre los barcos, dar un paseo y alguna cosilla más.
De todos modos, aún quedaban cosas por ver y no estuvimos mucho rato por allí, aunque algunos se quedaron abajo a la espera de que les buscásemos con el coche. Subiendo por la Calle Antonio Otero hay un par de cosas interesantes: la Capilla de San Francisco de Asís, del siglo XIX, y la Casa da Xuventude, muy bonita y con un jardín que también merece la pena. Lo malo es que las cuestas son matadoras, y aunque al bajar no se notaba mucho la subida se hizo muy pesada... ¡¡y más aún teniendo que volver a mitad de camino porque las llaves estaban abajo!!
Al final, en Ribadeo todo empieza y acaba en la Plaza de España. Allí, aparte de los edificios civiles que os hemos enseñado al principio, también está la Iglesia Parroquial y el Monasterio de Santa Clara. Pasamos a éste último con la intención de comprar dulces, pero no los hacían. Además, había que ir dejando el pueblo por una cuestión de tiempo, ya que si no nos dábamos prisa no podríamos ir a ver nuestro siguiente destino.
Al principio os hemos dicho que había un motivo para hacer la excursión tan pronto. Ese no era otro que las mareas, pues para hacer la siguiente visita hay que mirar cuando va a estar la marea baja (en la información práctica tenéis un enlace a ello) o de lo contrario no se podrá ver entero. Y es que para ver la famosa Playa de las Catedrales o Playa de As Catedrais hay que ir con marea baja, ahora veréis por qué.
Este Monumento Nacional, conocido antaño como Playa de Augas Santas, está en el término municipal de Ribadeo y es el principal polo turístico de la región. Se trata de una zona rocosa que ha sido modelada caprichosamente por el mar, dejando formas espectaculares que se han formado por la misma erosión que con el paso del tiempo las destruirá. Como ya hemos dicho, solo se puede visitar en bajamar -dos veces al día-, y para que nadie se preocupe hay gente de Protección Civil que indica a los turistas si el agua está subiendo o si queda poco tiempo.
Nosotros llegamos con todo el tiempo del mundo por delante, así nos pusimos a investigar: nos metimos en cuevas estrechas, vimos pequeñas lagunas donde el agua del mar queda estancada, nos quedamos alucinados con la cantidad de pequeños mejillones y percebes que hay pegados a las rocas... Eso sí, a pesar de ser una zona rocosa no está todo lo resguardada que cabría esperar, y el viento no deja de soplar con fuerza en ningún momento.
A mitad de playa hay que superar unos cuantos obstáculos, pero sin mayor problema. Que nadie se quede atrás por superar esta zona, ya que lo mejor está justos después. La visita es impresionante, aunque da un poco de pena: las cosas más bonitas son precisamente a las que menos tiempo les queda para derrumbarse. De todos modos es un lugar mágico, y a pesar de estar bastante masificado sigue sin ser comparable a la cantidad de gente que se podría encontrar en Andalucía o la Comunidad Valenciana.
A pesar del viento y de que algunas balsas de agua estaban muy frías por estar dentro de las cuevas, vimos a más de uno -y más de dos- aprovechando para darse un chapuzón. Para nosotros era el segundo día y aun no estábamos acostumbrados, pero cuando ya llevábamos 10 ó 12 días en A Mariña habíamos superado al clima y nos podríamos haber dado un baño sin problemas.
Aunque
llegar a la Playa de las Catedrales es un poco complicado -sí, está
señalizado cómo llegar, pero eso no quita algún que otro atasco,
problemas para aparcar y carreteras no muy buenas- salta a la vista que
es algo imprescindible si se está cerca de A Mariña Lucense. Además, a
pesar de que como ya hemos dicho lo más característico son los arcos,
hay muchas otras formaciones que son muy vistosas, aunque para ver
algunas haya que mojarse los pies. Aquí se puede ver a las hermanas de
Edu trabajando en equipo: una mojándose y otra dirigiendo.
Pues
eso, estamos ante una visita recomendada al 100%. A Mariña Lucense
oculta muchos encantos, y aunque este es el que menos se esconde
-incluso hay cadenas de emails con fotos del lugar- no por ello hay que
dejar de visitarlo. La imagen que veis a la derecha se corresponde con
el último tramo accesible a pie y sin jugarse la vida -al final hay
gente de Protección Civil que te impide el paso-, y a su vez es el más
espectacular: nada más y nada menos que tres arcos se alinean ofreciendo
una imagen increíble. Como se puede ver, no mentíamos al decir que
merecía la pena avanzar.
En
definitiva, aunque este día tuvimos que sacrificar la playa lo hicimos
en pos de conocer un montón de cosas preciosas. Los próximos días habría
bastante más relax, pero aún nos quedaban muchas cosas por ver en A
Mariña Lucense. Por cierto, hay otro tramo de la Playa de las Catedrales
justo en el otro sentido, pero ya estábamos cansados y la marea empezaba
a subir... ¡Ya lo veremos en otra ocasión!
































