Navarra '09
Capítulo V: Monasterio de Irache, Estella, Monasterio de Santa María de Eguiarte y Lerate (Día 4)
Después de un día tan largo y ajetreado como el anterior, dormimos como angelitos, y aunque seguía haciendo frío ya no era el de las primeras noches. Para recuperar fuerzas este día lo habíamos dejado "libre", es decir, sin excursiones y haciendo el vago en el camping. De todas maneras teníamos que ir a Estella a comprar, pues aunque llevábamos provisiones de Madrid hay cosas frescas como la fruta o el pescado que no se pueden traer, y ya que íbamos a coger el coche el espíritu aventurero nos pudo y fuimos a ver un par de cosillas.
La primera fue el Monasterio de Santa María la Real de Irache (el Monasterio de Iratxe para los amigos), un conjunto arquitectónico de lo más destacado del Camino de Santiago a tan solo 3 kilómetros de Estella. Es como una pequeña ciudad aparte con muchos atractivos, como la iglesia del siglo XII que cuenta con una torre de estilo herreriano -del cual hemos disfrutado en otras localidades como San Lorenzo de El Escorial-. Desde el siglo XIX el monasterio perdió su uso eclesiástico, y desde entonces el conjunto está dedicado a la producción de vino -con las Bodegas Irache, que tienen un Museo del Vino justo al lado-. Por lo visto quieren convertirlo en un Parador Nacional, aunque cuando fuimos no se veían obras.
Y es que el lugar requiere una pequeña remodelación. Es un sitio encantador -pasa el Camino de Santiago por allí, hay un parque en el centro del conjunto, una casa con un montón de blasones...- y sin embargo hay algunas construcciones en la más pura ruina. Está mal dar la idea y no hacerlo nosotros, pero el día en que a un empresario se le ocurra meter dinero ahí seguramente se hará de oro (y si lo ha hecho a raíz de leer esto ya nos podía dar una comisión).
Uno
de los grandes atractivos del lugar corre a cuenta de las Bodegas Irache,
que en un alarde de generosidad y gran estrategia comercial han
instalado una fuente de vino. Si, el sueño hecho
realidad de miles y miles de personas (no es nuestro caso precisamente)
y una parada obligatoria para los peregrinos del Camino de Santiago. La
fuente está señalizada mediante un cartel que parece poco creíble si no
se conoce la fuente de antemano, y que parte del mismo Monasterio de
Irache. Andando un minuto se llega al fantástico y utópico lugar.
La
fuente tiene horario comercial, más o menos entre las 8 y las 19:00 de
la tarde, aunque según la época del año. Aparte de que llama la atención
per se, uno de sus atractivos es que tiene una webcam desde la que se
puede ver a los que andan bebiendo por allí (aunque va con unos minutos
de retraso, ya que llamamos a nuestra casa y veían al tipo que había
estado justo antes de nosotros).
En definitiva, se trata de una fuente que ofrece gratuitamente vino al peregrino o al turista -aunque dejan bien claro que te ofrecen un vaso, nada de andar llenando botellas y botellas-. No entendemos mucho de vino, por lo que no sabemos si es bueno o malo, aunque seguramente sea de lo más normalito. El caso es que comprobamos que la fuente realmente daba vino, lo cual debe ser un alivio para los peregrinos cuando ya llevan varias jornadas de viaje.
Después de llenar un vaso y no bebérnoslo ni entre los dos (el vino no es lo nuestro) fuimos al Eroski a hacer la compra. Aprovechando que estábamos en Estella, fuimos a ver los dos edificios que nos quedaron por ver. La primera, en plena Plaza de los Fueros, es la Iglesia de San Juan, no muy bonita la verdad. Está hecha en el siglo XIII, pero ha sido tan reformada y tan maltratada -tiene construidos un montón de edificios alrededor- que poco o nada tiene que ver con sus orígenes. El segundo es la Estación de Autobuses, un edificio que también tiene mucho encanto y que es el mejor anfitrión de la ciudad posible en caso de venir en bus.
Esta nueva visita a Estella fue breve, pues ya habíamos visto la mayoría de las cosas y nos apetecía estar en el camping tirados a la bartola. De todas maneras, cuando íbamos de camino vimos en la carretera un cartel de esos morados, que normalmente indican lugares turísticos, y no pudimos evitar tomar el desvío. Éste nos llevó a la Iglesia de San María de Eguiarte, un edificio de origen medieval aunque muy reformado en los siglos XVII y XVIII. De todos modos la portada sigue conservando un estilo románico precioso, con un montón de capiteles muy bien conservados representando escenas religiosas como la Anunciación y la Adoración de los Reyes Magos. Fue una visita breve, pues el edificio estaba cerrado, pero mereció la pena pasar un ratillo curioseando los capiteles.
Después de comer como bestias y una larga siesta, decidimos dar un paseíto por los alrededores del camping. Como ya dijimos el primer día, nuestro centro de operaciones estaba al lado del Embalse de Alloz. Tanto es así que el camping está en la mismísima orilla, y hay una puerta que da acceso a una especie de playa. Está dividida en zonas para bañistas y zonas para gente que va a navegar, pero como el día se estaba torciendo -se veía tormenta al otro lado del pantano- no había ningún valiente. Nosotros estuvimos dando una vuelta, viendo peces enormes e investigando como si fuéramos niños pequeños, y no nos alejamos demasiado por si empezaba a llover.
Además, también queríamos ir a dar un paseo a Lerate - Guesálaz, el pueblo de al lado del camping (tan solo un minuto andando en dirección opuesta al embalse). Es un pueblecito de 20 habitantes, cuyo único edificio religioso es la Iglesia de San Pedro Apóstol, un edificio del siglo XIII que en su portada recuerda a uno de los hijos ilustres de la localidad, Estanislao de Begorri, un franciscano del siglo XIX que fue bautizado en ese mismo lugar.
El edificio tiene algunas casas señoriales importantes, muchas de ellas con enormes blasones. Además, tiene una perra que se llama Carla que no paraba de perseguirnos y ladrarnos -cuando ya pensábamos que nos iba a comer una señora en bata la pegó cuatro gritos desde su ventana y la perra nos dejó en paz-. Es un pueblo bonito, y siempre es agradable conocer las poblaciones tan pequeñas que, desgraciadamente, cada vez son menos frecuentes.
Cuando ya estábamos en el camping empezó a chispear, así que nos metimos debajo del toldo a jugar a las cartas. Es curioso que el día que teníamos pensado no visitar nada -a pesar de que al final si vimos cosas- fuese el día que hizo peor, y da muestras de que tuvimos muy buena suerte en el viaje con el tiempo.



















