Cuenca '08
Capítulo II: Cuenca de noche
Siempre que se pueda es recomendable visitar una ciudad en diferentes momentos. Ya sea en distintas épocas del año o en horas diferentes del día, hay lugares -como, en este caso, Cuenca- que por arte de magia parecen sitios totalmente distintos, en los que detalles que antes pasaban desapercibidos afloran y otros pasan a segundo plano. Por eso, cuando estuvimos viviendo en Cuenca decidimos pasarnos para hacer una visita nocturna y conocer esta preciosa ciudad desde un punto de vista distinto.
El
inicio del recorrido, más breve que el diario, fue la Catedral
de Santa María y San Julián. Por el día impresiona, pero por la
noche es mejor aún: no hay gente ni coches, la iluminación es perfecta,
el ruido brilla por su ausencia... Es toda una experiencia. Hay mucha
diferencia entre darse codazos con los guiris para ver algo y contemplar
el edificio a gusto.
La Plaza Mayor, sigue sin ser la más bonita de España, pero por la noche gana enteros. Ya hemos hablado de la ausencia de turistas y coches, por lo que no vamos a incidir en ello de nuevo. Lo que sí queremos remarcar es el tema de la iluminación, ya que tanto el Ayuntamiento como el Convento de San Pedro de las Justinianas tienen un aire totalmente diferente.
Desde
aquí subimos por la Calle de San Pedro, cuyo aspecto
nocturno la convierte en un lugar siniestro, oscuro y encantador a
partes iguales. Si por el día es una gymkana (obras, gente con maletas,
coches subidos en la acera) por la noche es como volver a la Edad Media.
Es increíble, parece que a la vuelta de cada esquina puede aparecer un
espadachín con su escudero. Lo mejor: el silencio.

Muy cerquita de aquí, en uno de los laterales de la Calle de San Pedro, está el Colegio de San José, del que ya os hablamos en la visita diurna. Es imprescindible ir por aquí, puesto que se subirá por calles estrechas y angostas propias de otro tiempo. A veces dan un poco de miedo, ya que hay zonas muy oscuras y con muchos recovecos, pero merece la pena.
Además,
yendo por estas calles hay muchos miradores, desde los
que se pueden ver las hoces de los ríos o algunos edificios importantes.
Por ejemplo, a mitad de camino está el
edificio de la Inquisición,
en el cual da un poco de miedo, pues es una construcción en la que ha
sido torturada gente desde la Edad Media (por la Inquisición) hasta el
siglo XX (por los franquistas).
La mejor experiencia es dejarse llevar y callejear entre los pasadizos, los túneles y cualquier lugar al que nos apetezca ir. Si bajamos volveremos a la Plaza Mayor, y si subimos llegaremos a la zona del Castillo, así que no hay posibilidad alguna de perderse. Durante el paseo comentamos más de una vez como la experiencia nos recordaba mucho a nuestro paseo nocturno por Sighişoara , en Rumanía.
En la zona de la Iglesia de San Pedro y del Antiguo Convento de las Carmelitas Descalzas se produce un poco la sensación de estar en una ratonera, como las antiguas ciudades medievales, ya que la calle está a una altura inferior que la calle principal y la mente se dispara: ¿Os imagináis una emboscada con arqueros en la Edad Media? ¿O un duelo a capa y espada? Nos gusta demasiado la Historia, lo reconocemos.
Llegados a un punto es necesario volver a la Calle de San Pedro, la principal, y desde ahí se pueden contemplar algunas partes del caminito que habíamos seguido. Aquí se pierde un poquito el ambiente, ya que hay elementos modernos como una parada de autobús o alguna casa más moderna que te traen de vuelta al siglo XXI.
Al
final de la subida se llega a la zona del barrio del Castillo
y la Calle del Trabuco, que nos ofrece los últimos
retazos de época. Es muy interesante seguir subiendo y pasar los
restos del Castillo, ya que desde la parte alta de la ciudad se
obtienen unas vistas increíbles de la zona vieja. Iluminada es incluso
más bonita que por el día.
Lo dicho, desde aquí hay una panorámica increíble: las Casas Colgadas, la Catedral, el Puente de San Pablo... Uno de los lemas de Cuenca es "Naturaleza y Cultura", y desde aquí hay un poco de ambas, ya que se tiene perspectiva tanto del casco antiguo como de las hoces de los ríos.
Es el broche perfecto para una visita a Cuenca y, también hay que decirlo, un paseo perfecto para enamorados. Siempre que se pueda, recomendamos totalmente una visita nocturna a la preciosa ciudad de Cuenca.























