Picos de Europa '08
Capítulo II: Altamira, El Castillo y El Pendo
Los
viajes universitarios tienen muchísimos aspectos positivos, como que vas
con gente que conoces o que son especialmente baratos, pero también
tienen un sinfín de inconvenientes, encabezados sin duda por el hecho de
que suelen contar con un ritmo frenético. En este caso, nos subimos en
el autobús en Madrid y nos bajamos -previa parada de 15 minutos- en el
Museo de Altamira, al lado de Santillana del
Mar, el cual ya
habíamos ido en otra ocasión. En este caso hicimos lo de siempre,
ver la popular Neocueva -una réplica de la cueva
original para que ésta no se visite y así evitar su deterioro- y
ver el Museo, aunque por ser un viaje enfocado desde el
punto de vista del arte prehistórico hicimos hincapié en aspectos en los
que otras veces no habíamos reparado.
Desde ahí, nuevamente subimos al autobús para hacer nuestra segunda parada del día: la visita al conjunto de las Cuevas del Monte Castillo. Se trata de una serie de cuevas ubicadas en el término municipal de Puente Viesgo, de entre las cuales destacan cuatro: El Castillo, Las Chimeneas, La Pasiega y Las Monedas. Otro de los puntos positivos de ir con la universidad es que son visitas personalizadas y con unas explicaciones mucho más científicas que cuando va el público general, y eso fue de agradecer.
Por cuestiones obvias no pudimos hacer fotos dentro de la cueva, pero por suerte hemos podido incluir dos representaciones de los grabados, un cérvido perteneciente a Las Chimeneas y un equino perteneciente a La Pasiega. De todos modos, el interior de las cuevas pertenece al grupo de cosas que por mucho que se cuenten se tienen que visitar para comprender su significado, pues estar dentro y sentir como cambia la temperatura ambiente, como se hace el silencio o como fluye el agua te transporta a una época más que lejana.
Todas las cuevas fueron descubiertas a lo largo del siglo XX, y en 2008 han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Eso tiene un parte positiva -que se destinarán más fondos a su mantenimiento- y una negativa -que tendrán más visitantes, y por tanto se deteriorarán más rápidamente-.
Desde
el punto en el que se adquiere la entrada para las cuevas hasta el lugar
donde se accede a una de ellas hay que andar al menos un kilómetro,
aunque el pequeño esfuerzo da una grata recompensa: unas vistas
inmejorables del valle
del Pas. Es un valle interesante desde el punto de vista
geográfico, por sus formaciones geológicas y por el transcurso del
río Pisueña, y desde el punto de vista histórico, pues en él se ejerció una
repoblación importante a través de monasterios como la Colegiata
de Santa Cruz de Castañeda.
La
última visita del día fue a la Cueva de El
Pendo, en Escobedo de Camargo,
que también pertenece al conjunto declarado Patrimonio
de la Humanidad. Al principio hemos hablado de un día frenético, y puede
parecer que no fue así si se mira la cantidad de cuevas que vimos, pero
en cada una de ellas pasamos como mínimo una hora, con todo tipo de
explicaciones. En el caso de El Pendo la visita también tiene una
caminata previa, pero sin duda merece la pena por los grabados que en
ella se conservan. Tiene un gran friso descubierto por casualidad a
fines de los 90 que es cuanto menos fantástico.Pues nada, tras ello subimos al autobús como una manada de zombies, fuimos a nuestro pequeñito hostal en Santander y a descansar, que el día siguiente también se presentaba duro.
















