Asturias '07
Capítulo VI: Vuelta al pasado reciente: Bulnes
Siguiendo con las excursiones, decidimos ir a Bulnes, el único pueblo de Asturias -y seguramente de los pocos de España- que no tiene acceso por carretera. Esta pequeña parroquia perteneciente al Concejo de Cabrales está entre las montañas, y para subir a conocer el lugar hay que tomar un funicular que no es nada barato, alrededor de 20€ ida y vuelta -los 25 habitantes del pueblo tienen acceso gratuito-. Sin embargo, merece la pena coger el denominado funicular de Bulnes, pues arriba sencillamente se hace un viaje al pasado.
Bulnes recuerda en muchos aspectos a Bárcena Mayor, un pueblecito de Cantabria. La visita se hace con un doble interés, dado que no solo el pueblo es maravilloso sino que la naturaleza que lo rodea no se queda atrás. De todos modos, después de unos días por Asturias quedamos tan impresionados con el pueblo que decidimos tomarnos la licencia de no ir a andar por los alrededores, y sumergirnos por completo en la vida de Bulnes.
El pueblo estaba lleno de animales, desde gatos hasta burros. La gente del lugar no se dedica ni mucho menos al turismo, sino que siguen con un ritmo de vida que seguramente no haya variado mucho en los últimos tres milenios. Nosotros, acostumbrados a la ciudad, nos quedábamos con la boca abierta al ver actividades tan cotidianas -para ellos- como cortar leña con un hacha o estar labrando la tierra.
De
entre los pocos "locales comerciales" que vimos en el pueblo, entramos
un pequeño bar a tomaros algo caliente, pues en Bulnes, enmarcado en el
corazón de los Picos de Europa, hace un frío que pela. Allí la dueña del
pequeño bar, que probablemente estaba cerca de cumplir un siglo, no solo
nos brindó su cariño, sino la posibilidad de recuperar del "cielo de las
mascotas" a uno de los grandes iconos patrios: ¡Naranjito! Pues eso,
resulta que los vasos del bar todavía recordaban el mítico Campeonato
Mundial de fútbol de 1982.
En definitiva, una experiencia única que nos permitió volver al pasado y
reflexionar sobre como el hombre ha modificado su modo de vida, desde
Bulnes hasta el Madrid del siglo XXI en el que nos ha tocado vivir.















