Zamora '06
Capítulo II: Toro, Moreruela y San Pedro de la Nave (Día 1)
Como es habitual en los viajes de la UAM, la salida era desde la calle Mateo Inurria esquina Plaza de Castilla, donde un autobús nos llevaría hasta la ciudad de Toro. Su historia se remonta a tiempos pasados, los celtíberos ya moraban por estas tierras bañadas por el Duero; pero no es hasta la Alta y Baja Edad Media cuando cobra una mayor importancia. Grandes acontecimientos tuvieron lugar en estos lares: la Batalla librada en esta villa en 1476, donde Juana la Beltraneja e Isabel la Católica se enfrentaron o la convocatoria de Cortes por Enrique III, Juan II o Fernando el Católico.
"Fue cuna de reyes, morada de nobles y asiento de judíos y moriscos, de órdenes militares y religiosas" y prueba de ello son los numerosos edificios de carácter histórico-turístico que forman la ciudad: la Colegiata de Santa María la Mayor, las murallas, las puertas, el Alcázar, San Lorenzo el Real, numerosas iglesias, conventos, palacios, el Ayuntamiento, el Hospital de la Cruz, el Teatro Latorre... De este modo, en 1963 fue declarada Conjunto Monumental-Artístico.
Nuestra visita a esta villa se redujo a la Colegiata de Santa María la Mayor, ya que no disponíamos de mucho tiempo. Inspirada en la catedral de Zamora, constituye uno de los ejemplos más claros del Románico de transición, ya que fue construida en varias fases a lo largo de los siglos XII y XIII. Es un templo de tres naves donde destacan el cimborrio, la portada septentrional -la que da acceso al recinto sagrado-, la Virgen embarazada y el Pórtico de la Majestad donde se narra la vida de la Virgen, Cristo y el Juicio Final, todo ello amenizado con 18 músicos. Lo más característico de éste es que se conserva perfectamente la policromía que, en un principio, inundaba toda la iglesia. Lo cierto es que así es como estarían decorados los templos y obras de arte de la Antigüedad, sean religiosas o no, porque lo que pretendían mostrar era la realidad, y la realidad está llena de color.
La siguiente parada era el Monasterio de Santa María de Moreruela -en realidad son las ruinas del mismo ya desde el siglo XIX se encuentra deshabitado-. Su fundación tiene mucho que ver con la instalación en la Península de la orden del Císter. En el año 1075 se produce una reforma religiosa de la mano de Roberto, Alberico y Esteban, los cuales están en desacuerdo a la vida de la orden de Cluny, y se marchan con la idea de fundar un monasterio con rigor que se atenga a la regla benedictina. En un principio se asentaron en Molesme, lugar solitario y pobre, por lo que fue necesario acondicionar el lugar para poder vivir, combinando oración y trabajo. Pero de voluntad y pobreza no sólo se vive y tanta pobreza casi arruina al monasterio por lo que tuvieron que pedir ayuda al obispo. Tras varias diferencias entre los que allí ingresaron y los fundadores, de nuevo Roberto, Alberico y Esteban se marcharon. Esta vez se asentaron en Cîteaux (que significa zarza) hacia 1098, lugar en el que construyeron uno de los primeros monasterios de la orden del Císter y donde se aplicaba la regla de San Benito estrictamente.
Es así como a finales del siglo XII, esta orden llega a la Península, creando este primer monasterio cisterciense, cumpliendo con las características propias de la misma: construcción en un lugar alejado de las gentes aunque cerca de un río, simplicidad, sobriedad y pobreza, descentralización de los demás monasterios de la orden, admisión de conversos...
Lo más importante de este lugar es que permite ver a la perfección los diferentes lugares de los que se compone un monasterio:
-
Iglesia: de tres naves con una organización jerárquica que representa a la sociedad medieval: los monjes están delante, después los conversos y por último el pueblo.
-
Claustro: fundamental. Cerca de la iglesia, ya que es allí donde se realizan tanto la meditación como la Lectio Divina. Existía otro paralelo perteneciente a los conversos.
-
Sala capitular: no muy grande. Se comunica con el claustro, y en ella se realiza la reunión diaria para distribuir el trabajo a realizar, además de la confesión / acusación de los pecados de los monjes en comunidad.
-
Refectorio: es la sala más amplia, donde el lugar principal es para el abad y los ancianos. Las mesas son toscas, de madera, y suele haber pan y escudilla. No se podía hace ruido al comer, y se ingerían los alimentos que cultivaban en las huertas pertenecientes al monasterio y en general poca carne.
-
Dormitorio: estaba ubicado siempre en la planta superior y lo consideran un lugar en el que caer en las tentaciones. Es por ello que las camas están separadas, duermen vestidos, incluso algunos con capuchas para tener sensación de estar en una sepultura. Es habitual que los más ancianos se queden como vigías, y también en las letrinas van acompañados para no ser tentados.
-
La enfermería: a los enfermos se les aleja de la comunidad porque era considerado algo pecaminoso. En este lugar se seguía una dieta completamente distinta, pues se comía carne.
-
Hospedería: al frente se encontraba el hospedero, el único que tenía contacto con el exterior. Cuando los monasterios eran ricos la hospedería era para gente noble (mansión de misericordia), pero en los de la orden cisterciense la hospedería era para pobres.
-
Otros: lavatorum, cocina, calefactorium, cementerio…
Actualmente se están realizando labores de
acondicionamiento y restauración, especialmente en los dormitorios. Es
muy recomendable, antes de visitarlo ir primero al Centro de
Interpretación del Císter, en la Granja de Moreruela, de
difícil acceso pero realmente merece la pena, porque de este modo se
entenderá muchísimo mejor la visita del conjunto religioso al no haber
visitas guiadas.
Nuestro primer día iba camino de su fin, aunque antes de anochecer pudimos ver una de las joyas del arte visigodo: San Pedro de la Nave, declarada Monumento Nacional en 1912. Construida entre los siglos VII-VIII, tuvo que ser trasladada, con motivo de la construcción del embalse de Ricobayo, desde su ubicación original a orillas del Esla hasta el emplazamiento actual, en Campillo.
Es un templo de planta de cruz entre griega y basilical, de una sola nave más alta de ábside rectangular que las capillas laterales y con escasas aberturas al exterior. En el interior, los arcos son de medio punto o de herradura visigótica, resaltando las que forman el crucero ya que se apoyan en dos columnas adosadas a los pilares cuyos capiteles representan una decoración visigótica espectacular. En ellos se narran historias bíblicas, un modo común de enseñanza en las Sagradas Escrituras ya que la gran mayoría de la población era analfabeta.
Tras esta última visita, nos dirigimos hacia Zamora, donde pasaríamos la noche en el Hostal Trefacio, muy recomendable: económico, sencillo, limpio, buena comida y muy buen servicio. Para concluir, cena en el Parador, junto al río Duero, y un breve paseo por la ciudad a pesar del frío.





























