Toledo '06
Capítulo II: Respirar historia en cada rincón
En Atocha cogimos el tren que nos llevaría en tan sólo media hora a la ciudad castellano-manchega. Llegamos enseguida a la estación, que por cierto era una preciosidad de estilo mudéjar. A continuación nos dirigimos a hacer la ruta planeada. Primero nos acercamos hasta el Alcázar, lugar donde se vivió una de las batallas más importantes de la Guerra Civil Española, pero estaba cerrado por un tiempo debido a las obras de restauración que están acometiendo, así que no tuvimos la oportunidad de visitarlo. Como la Catedral está cercana a éste, nos dirigimos hacia allá. Se trata de una construcción del Gótico español, con influencias extranjeras, de tres naves y de peregrinación. La pena fue que no pudimos tampoco pasar adentro, pues es bellísima, muy alta, con unas bóvedas de crucero impresionantes y, sobre todo, en la cabecera alberga el llamado “Transparente”, obra escultórica realizado por Narciso Tomé.
Siguiendo la calle llegamos hasta la Iglesia
de Santo Tomé, el edificio donde se expone el
cuadro del "Entierro del Conde Orgaz", una de las obras maestras de
El
Greco. Como ya era mediodía estuvimos buscando un sitio para comer, y lo
encontramos en un sencillo restaurante donde nos atendió nuestro el gran
Billy (un camarero muy simpático). Pero lo mejor de todo fue que por
casualidad, en ese mismo restaurante, encontramos un folleto, que
entregándolo en la iglesia de San Clemente te hacían un descuentito para
subir a las dos torres y tener una vista panorámica de la ciudad. Así
que después de comer, hacia allí nos dirigimos y, la verdad, mereció la
pena.
Tras la visita, nuestro destino estaba en dos de las sinagogas más importantes de Toledo, la suerte no nos acompañó demasiado pues una de ellas, la del Tránsito estaba cerrada, aún así pudimos ver la belleza de Santa María la Blanca, nombre muy ilustrativo pues toda ella está cubierta de este color. Lo más curioso de todo fue que nada más entrar en el edificio hay un cartelito que dice expresamente no tirar fotos, pero tanto el grupo de turistas que ya había como nosotros no hicimos caso (nosotros sólo lo vimos a la salida).
Una vez salimos, nos encaminamos hacia el monasterio de San Juan de los Reyes, otra de las joyas arquitectónicas de Toledo. El edificio es de estilo gótico isabelino y fue construido para la orden franciscana por encargo de los Reyes Católicos al arquitecto Juan Guas (uno de los máximos exponentes de este estilo en España), como conmemoración de su victoria en la Batalla de Toro (1476). Por ello, el templo alberga muchísimos símbolos referentes a los monarcas castellano-aragoneses. Pero claro, donde más nos recreamos fue en el claustro del monasterio, un conjunto precioso.
Seguidamente, decidimos, al tener el tiempo suficiente, aunque con un calor insoportable, visitar las ruinas del Circo Romano de Toledo, algo que desconocíamos. Tras la laaargaaaa caminata que hicimos, cuál fue nuestra sorpresa al ver unos restos arqueológicos tratados sin ningún tipo de cubrición o mantenimiento, incluso algunos de los arcos estaban pintados con grafitis, incrustados chicles, con telas de araña y otro tipo de bichos que acaso fueran los menos importantes. Fue una gran decepción, al igual que otro de los edificios recomendables de visitar según una profesora de Arte de Eri que también estaba cerrado: el Hospital de Tavera. Para terminar nuestro recorrido subimos por una de las cuestas más “terribles” existentes en Toledo, pero pudimos ver dos de las puertas que daban acceso al interior del recinto amurallado de la antigua ciudad medieval: la puerta de Bisagra y la del Sol.
Descansamos, repusimos fuerzas con unos dulces
toledanos y tomamos el autobús que nos llevaría hasta la estación de
tren. Teníamos que regresar a casa.






















