Diez consejos para conducir en Grecia

El coche fue el principal medio de transporte del viaje a Grecia del año pasado. Durante ocho días recorrimos el país de arriba a abajo y, a falta de las islas, se podría decir que conocimos a fondo sus carreteras. En la guía práctica para preparar un viaje como el nuestro ya dimos unas cuantas pinceladas al respecto, pero hoy profundizamos un poquito más con estos diez consejos para conducir en Grecia. Pequeñas recomendaciones que os harán la vida más fácil si os toca conducir por tierras helenas, planteadas con un poquito de humor y con ganas de que os sean de utilidad.

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El coche de alquiler, la mejor opción: si estáis pensando en hacer una ruta con vuestro coche por Europa en la que Grecia sea el destino principal, quizá deberíais plantearos dejar las carreteras helenas para otra ocasión. El país tiene la mayor tasa europea de choques por vehículo, por lo que nuestra primera recomendación es que recorráis las carreteras de Grecia con un vehículo de alquiler. Hay infinitas compañías que prestan buen servicio, son baratas e incluyen un seguro para que no tengáis que pagar nada en caso de accidente.

Mucho ojo con la velocidad: los griegos tienen fama de conducir como locos y de no respetar las señales de tráfico. Si bien es cierto que pueden tener unas costumbres más agresivas que en otros países europeos, también hay que destacar que no iban especialmente rápidos. Los límites de velocidad se respetan porque los radares han brotado como setas en los últimos años, pues el gobierno está con serios apuros económicos y poner multas es una gran fuente de financiación. Como extranjeros en el país, hay que pagar las multas al momento y casi siempre en efectivo. ¡Que no os pillen yendo más rápido de lo debido!

El GPS es imprescindible (y mejor con puntos de interés): aunque la gran mayoría de las indicaciones están en alfabeto griego y alfabeto latino, el GPS nos pareció indispensable. Especialmente interesante sería que contase con puntos de interés cargados, pues a veces no se visitan ciudades sino yacimientos arqueológicos o espacios naturales. Y eso, yendo con un mapa en papel de toda la vida, puede ser un auténtico suplicio.

¿Quién dijo miedo? Aunque el tópico dice que los griegos conducen fatal y que un par de horas al volante allí pueden ser muy estresantes, la cosa no es tan mala como la pintan. No vamos a negar que eran un poco agresivos, que nos tocó hacer algún adelantamiento con riesgo y que vimos más de una maniobra que en España supondría la retirada del carnet, pero también podemos afirmar que nos sentimos seguros en todo momento. Para conducir hay que ir con confianza en uno mismo, sabiendo que yendo dentro de los límites hay muy pocas probabilidades de que nos pase nada. El miedo no es una opción.

El arcén es tu amigo: la mayor parte de las carreteras griegas son las típicas de dos carriles, cada uno de un sentido. Aunque teóricamente no es legal, en el 100% de nuestros desplazamientos comprobamos que tienen la costumbre de circular por el arcén, de tal manera que se genera en el medio una especie de carril gigante que la gente utiliza para adelantar. Es importante que os adaptéis rápidamente a esta tradición, pues de lo contrario os pitarán y os tocará ir mucho tiempo detrás de camiones y vehículos lentos. Suelen dar el intermitente derecho para que les adelantes.

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¿Me pitas? ¡Para pito el mío! El claxon será un útil aliado durante cualquier ruta en coche por Grecia. Allí tienen la costumbre de pitar prácticamente por todo, por muy bien que conduzcáis os darán más de un bocinazo. Tranquilidad: lo hacen por sistema, y no quiere decir que busquen pelea ni que seas un inútil al volante. Esta es otra costumbre que convendría interiorizar cuanto antes, para no dejarse asustar y pitar cuando veas que no te están respetando.

Cuidado al aparcar: no nos referimos a seguridad, pues Grecia no es un país inseguro para el turista. Nos referimos más bien a las poquitas zonas que hay habilitadas para dejar el vehículo, especialmente en las grandes ciudades. Nada de utilizar huecos milagrosos, dejad los coches únicamente en sitios en los que se pueda aparcar nítidamente u os arriesgáis a cuantiosas multas. Si puede ser, reservad hoteles que cuenten con aparcamiento privado.

El extraño mundo de las gasolineras griegas: un aspecto a tener en cuenta. Conviene no apurar mucho el depósito, pues a la hora de repostar nos enfrentamos a una auténtica lotería. Las gasolineras en Grecia tienen grandes disparidades de precios (llegamos a ver diferencias de hasta 50 céntimos el litro en estaciones de servicio a pocos kilómetros entre sí). Además, muchas están abandonadas o desabastecidas, por lo que conviene hablar con el vendedor antes de meter la manguera en el depósito.

El caos en las grandes ciudades: el mejor ejemplo es Atenas, donde la conducción (en especial en zonas muy concurridas, como el ensanche de camino al puerto de El Pireo) es caótica a más no poder. Es un buen momento para aplicar otros consejos, como respetar la velocidad o no dejar que os intimiden con el claxon. No queremos exagerar, pero es bueno mentalizaros de que en las grandes ciudades encontraréis un tráfico de lo más agobiante.

La legendaria hospitalidad griega: pese al anuncio de los yogures en los que una señora decía “joroña joroña”, los griegos son en general muy amables. Posiblemente al volante nadie parezca un tierno cordero, pero nadie os negará ayuda en caso de necesitarla. Si os perdéis o si tenéis cualquier problema con el coche, no dudéis en pedir que os echen una mano. Nosotros por ejemplo llevamos el coche hasta un barranco, no salía de allí y entre una señora y su marido nos ayudaron a salir de allí.

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