Berlín ’12 – Capítulo VIII: El campo de concentración de Sachsenhausen, un partido de la Bundesliga y la Larga Noche de los Museos (día 7)

Lo advertimos de antemano: este ha sido uno de los días más felices de nuestra vida viajera, así que nadie se debe extrañar al ver constantemente escritas palabras como maravilloso, magnífico o excepcional. Y más cuando la ruta incluía un lugar tan impactante como el campo de concentración de Sachsenhausen, un partido tan emocionante como el Hertha de Berlín contra el Hamburgo de la Bundesliga y un evento tan especial como la Larga Noche de los Museos. Nunca unos vuelos baratos habían dado para tanto.

En Berlín hay una excursión teóricamente obligatoria, Potsdam. Sin embargo, en un viaje de 7-10 días hay muchas más opciones. Nosotros nos decantamos por visitar un campo de concentración, ya que nunca habíamos estado en uno y, aunque dura, es una experiencia que no queríamos dejar pasar. El mejor posicionado para una excursión desde Berlín es el de Sachsenhausen en Oranienburg, uno de los más destacados del horror nazi.

Berlin 363Está muy a mano, pues en poco más de una hora desde el centro se llega a la estación de Oranienburg, perteneciente a la línea S1 (color rosa). El viaje, aunque cómodo, fue algo tenso, pues estábamos mentalizándonos para pasar una mañana dura y emotiva, pues habíamos leído que la visita era realmente impresionante.

Desde la estación hasta el campo de concentración hay que caminar aproximadamente 20 minutos, pero no tiene ninguna pérdida. En todo momento hay indicaciones en las señales de tráfico, y además todos los turistas se encamina hacia allá. Oranienburg tiene otros atractivos, pero la mayoría de los viajeros van a la ciudad con el mismo objetivo que teníamos nosotros esa mañana.

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Berlin 367Y el objetivo no era otro que visitar el campo de concentración de Sachsenhausen, al cual llegamos justo cuando acababan de abrirlo. Solo con estar cerca de allí, el corazón se encoge por momentos: todo está en silencio, la ciudad se vuelve gris, no hay nadie por los alrededores… Sin duda un anticipo de lo que estaba por llegar.

Berlin 368El acceso al campo de concentración es gratuito, aunque merece la pena hacer con el pack mapa + audioguía por tres euros. Ambos están en español y son imprescindibles para recorrer todo el recinto, pues apenas hay cartelería. Con una audioguía es suficiente para dos personas, ya que es una especie de altavoz que se puede compartir perfectamente.

Berlin 369La audioguía se alquila en el centro de recepción de visitantes que está en la foto de arriba, en el cual también hay algunas vitrinas, aseos y una pequeña tienda. Justo al lado de ese edificio hay una maqueta que asusta un poco, pues en ella se aprecian las enormes dimensiones -y la exhaustiva planificación- del campo de concentración.

Y antes de seguir, varios consejos para la visita. El primero es que merece la pena ir pronto, pues hay muchas visitas guiadas y en las horas centrales del día es incómodo moverse por algunos espacios. En segundo lugar, se trata de un sitio lleno de obras y excavaciones, por lo que está cambiando constantemente. Por último, al ser un sitio enorme hay que ir con paciencia y calzado cómodo: tres o cuatro horas es el mínimo para explorar Sachsenhausen a fondo.

Dicho esto, nuestros primeros pasos nos llevaron por la Lagerstrasse (Calle Principal), por la cual entraban los prisioneros. Además, servía como separación entre el área de reclusos y la de las tropas de las SS. Un sitio adecuado para dar unas breves pinceladas históricas sobre el lugar. Sachsenhausen fue uno de los primeros campos de concentración de la Alemania nazi, pues se construyó en 1936. Su diseño responde a una exhaustiva planificación, en la que cada espacio está pensado al milímetro y nada queda al azar. El carácter modélico de Sachsenhausen -sirvió de guía para la construcción de otros muchos campos de concentración- y su temprano establecimiento indican que, desde el primer momento, el régimen nacionalsocialista tenía claro lo que quería hacer en este tipo de espacios.

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Berlin 372Rápidamente llegamos al acceso a la Comandancia y a la zona de prisioneros, el lugar en el que las autoridades nazis recibían a los nuevos reclusos. En ese mismo patio se produjeron todo tipo de crímenes que van desde las palizas a las violaciones. La audioguía describió todo tipo de detalles con los que tener pesadillas noche tras noche.

La Comandancia era el espacio entre las viviendas de las SS y el área para prisioneros. En ella se encontraban oficinas, alojamientos y un bar para la plana mayor de Sachsenhausen. El edificio más destacado era la Casa de los Comandantes, donde se gestionaba el campo de concentración. Justo enfrente se ha creado recientemente el Museo Nuevo, en el cual hay una exposición permanente sobre todo lo ocurrido en el lugar.

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Uno de los elementos más representativos del campo de concentración es la Torre A, la cual daba acceso a la zona de prisioneros. Desde ella se vigilaba todo el campamento -incluyendo una ametralladora de enormes dimensiones apuntando constantemente hacia las personas confinadas en el recinto. En el futuro albergará un pequeño museo, aunque cuando nosotros fuimos aun estaba cerrada. Aun así, resultó igual de impactante franquear la torre y encontrarnos con la simbólica expresión “ARBEIT MACHT FREI”. La frase, que viene a significar “EL TRABAJO OS HARÁ LIBRES”, estaba ubicada en el acceso de la mayoría de los grandes campos de concentración.

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Tras entrar, un simple vistazo sirvió para comprobar que estábamos en un auténtico infierno. Las cifras hablan por sí solas, pues más de 30.000 murieron a manos de los nazis en este campo de concentración: fusilados, torturados, muertos por inanición o enfermedad… En los bordes de todo el recinto había una zona de piedras más oscuras, conocida como la Franja de la Muerte, en la cual los soldados tenían autorización (e incluso recompensa) para disparar a los prisioneros que entrasen allí. Pues bien, las condiciones eran tan angustiosas que muchos de los confinados en Sachsenhausen optaban por correr hacia allí y recibir una bala que acabase con su agonía.

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Berlin 381Los prisioneros eran sometidos a diversos trabajos forzados, que iban desde la construcción de los habitáculos en los que malvivían hasta la elaboración de ropas. Una de las zonas más crueles era una pista para probar zapatos, en la cual se obligaba a los prisioneros a andar durante horas en condiciones extremas para probar las suelas de los zapatos fabricados para el ejército. Lamentable.

Una de las zonas más reconocibles es el Campo Pequeño, el nombre que se utiliza para denominar al conjunto de barracones en el que estuvieron apartados los prisioneros judíos hasta que a finales de 1942 fueron trasladados a Auschwitz. Hay varios edificios visitables, a cada cual más terrible que el anterior.

Berlin 382El primero al que entramos fue el Barracón 38, una reconstrucción del original ya que éste fue quemado en 1992 por un grupo de neonazis. Aun así, se ha vuelto a levantar reproduciendo las mismas condiciones de vida que tuvieron que soportar los miles de prisioneros judíos que tuvieron la desgracia de ser recluidos en el campo de concentración.

Las interminables filas de literas, los inoperativos aseos o el frío únicamente eran el punto de partida, pues derivado de la enorme cantidad de presos que albergó Sachsenhausen todo era aún peor. Hasta cinco o seis presos se agolpaban en cada cama, mientras que lo contrario al concepto de higiene moderno era la norma habitual. Si a ese se le suma la escasez de agua y comida no es de extrañar que las enfermedades estuviesen a la orden del día. Eso por no hablar de las palizas.

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En el Barracón 39 las estancias de los presos conviven con un museo que reconstruye la vida en el campamento a partir de objetos, documentos y vídeos en los que se recogen los testimonios de algunos supervivientes. Especialmente llamativo es el caso de la Operación Bernhard (en algunos casos se la llama Operación Krüger), un plan que los nazis tenían para desestabilizar la moneda británica -también la de EEUU, aunque más adelante- a través de millones de falsificaciones. Un grupo de 140 prisioneros judíos, especialmente seleccionados, llevó a cabo tal cometido en Sachsenhausen, recogido con muchísimo acierto en la película “Los Falsificadores” de Stefan Ruzowitzky.

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Otra construcción bastante fuerte es el Edificio de Celdas de Castigo, que sirvió como cárcel del campo de concentración y de la Gestapo. En él se realizaron las torturas más crueles, además de albergar a los prisioneros de mayor importancia. En su interior, se conservar una celda con el mobiliario original y se exponen documentos y objetos que permiten comprender mejor la dureza del lugar.

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De todos modos, no hace falta comprender demasiado: no hay más que salir al patio y contemplar algunos objetos de tortura que todavía se exponen por allí. Quizá el más reconocible sea el potro, aunque los postes de madera con pinchos también son bastante explícitos.

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Berlin 392Dejamos atrás el Campo Pequeño y fuimos a la parte central del campo de prisioneros, cuyas enormes dimensiones dan cuenta de las casi 150.000 personas que pasaron por este infierno durante el dominio de los nazis en Alemania. Las barracas estaban dispuestas en varias hileras, sumando un total de hasta 68 de las que sólo quedan vagos vestigios.

No obstante, hay dos edificios en el centro que son claves para entender la vida cotidiana: la lavandería, en la cual actualmente hay un cine, un salón de actos y una sala de exposiciones; y la cocina, en la cual se ha montado un museo que recoge los principales eventos ocurridos en Sachsenhausen. En el sótano del segundo se conservan pinturas realizadas por los propios reclusos. El tono infantil puede deberse a que fueran hechas con el fin de hacer algo menos dura la vida de los niños hacinados en el campo.

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Berlin 396Justo detrás de ambos edificios hay un obelisco de 40 metros de altura, el Monumento Nacional de Recuerdo y Conmemoración. Entre otras muchas cosas, también sirve para recordar que tras la caída de los nazis el campo de concentración siguió siendo usado. Y es que las tropas soviéticas lo emplearon hasta 1950 como recinto de reclusión para presos políticos, militares y demás “enemigos” de la URSS.

Hasta 60.000 prisioneros pasaron por aquí en ese periodo, dejando una cifra superior a los 10.000 muertos y que no hace sino recrudecer la dura historia de Sachsenhausen. Son infinitos los casos que se podrían contar, y precisamente por eso en cada lugar se ha montado una pequeña exposición. Por ejemplo, en el muro que sirve para separar la zona principal del campo de concentración y la Estación Z -de la que ahora hablaremos- hay varios paneles con historias muy duras.

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Cruzando el muro del que acabamos de hablar llegamos a una de las zonas más crudas: fosa de fusilamiento, cementerio, posibles cámaras de gas… Nuevamente queda patente la minuciosa planificación con la que fue construida cada zona del campo de concentración, lo cual deja sin ningún argumento cualquier intento de negacionismo.

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Berlin 402La Estación Z era la principal zona de ejecución del campo. Se llamaba así con cierta ironía, puesto que los prisioneros entraban por la Torre A y salían por la Estación Z. Salir no es más que un cruel eufemismo con el que los nazis se referían a los miles de asesinatos que cometieron en este punto, utilizando técnicas muy variadas.

El recinto fue prácticamente destruido durante la liberación del campo y los años posteriores, pero el significado de esta parte ha hecho que en él se haya instalado el principal lugar de recuerdo de Sachsenhausen, en el que año tras año se reúnen víctimas y descendientes de las mismas. Eso sí, durante algunas excavaciones han salido a la luz objetos que señalan casi con total certeza la existencia de cámaras de gas.

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La zona más al norte está dominada por la Torre E (en la cual hay una exposición que recoge la relación entre Sachsenhausen y la ciudad de Oranienburg), por un centro de documentación y por barracones de piedra instalados en época de dominio soviético. En las casas encontramos televisores en las que supervivientes contaban sus experiencias.

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Berlin 408Alrededor de la zona septentrional está un enorme cementerio en el que los restos de las víctimas -en forma de tumbas, fosas o monumentos de memoria- son recordados a diario. No quisimos entrar ya que es un área muy íntima e implicaba salir del campo de concentración, en el cual teníamos todavía un par de cosas por ver.

Ambas están relacionadas con los terribles experimentos médicos que realizaron los nazis en el campo de concentración de Sachsenhausen. Por un lado, en las barracas de enfermería se muestra la exposición “Medicina y crímenes”: no hace falta decir nada más. Por otro lado, hay varios edificios cercanos muy explícitos: crematorios, salas de autopsias, fosas comunes…

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Berlin 412Nos fuimos echando un último vistazo a la Franja de la Muerte, de la que hemos hablado al principio. Un lugar propicio para reflexionar sobra la locura del ser humano, la necesidad de que la Historia pueda escribirse sin impedimentos para que nunca haya olvido y la obligación moral de reparar adecuadamente la memoria de las víctimas.

Hasta aquí se prolongó la parte más dura del viaje. La visita a Sachsenhausen fue muy cruda, todo lo difícil que puede ser un contacto directo con la locura más salvaje e irracional del ser humano. Quedamos bastante impactados, más bien sobrecogidos ante sucesos históricos difíciles de explicar. Precisamente por eso habíamos querido juntar en el mismo día algo tan complicado con el evento más divertido de todo el viaje: un partido de la primera división de fútbol de Alemania. Sólo dando cuatro gritos podríamos quitar una cara de pena como pocas veces hemos tenido viajando.

Hagamos algunas precisiones: ir a ver un partido de la Bundesliga en Berlín es sencillo por varios motivos. En primer lugar, el equipo de la ciudad es un histórico del fútbol germano, pues el Hertha Berlín tiene más de 100 años. Además, los precios del balompié en Alemania son infinitamente más baratos que en España: mientras que aquí un Getafe – Osasuna puede costar fácilmente 60€ por cabeza, en la Bundesliga es fácil encontrar muchas entradas entre 15€ y 20€.

Pero antes de hablar de eso, os diremos que fuimos con el tiempo algo justo. Los partidos allí son a las 15:30, y desde Sachsenhausen hasta el Estadio Olímpico de Berlín (Berliner Olympiastadion) teníamos casi una hora. Se puede llegar en metro (línea U2) o en tren (líneas S3 y S75), nosotros lo hicimos en el segundo medio de transporte. Según nos íbamos acercando al estadio, poco a poco se fueron subiendo hinchas engalanados con banderas, bufandas y trajes del equipo.

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Según llegamos al lugar, fuimos a por unos perritos calientes para camuflarnos entre una multitud que no paraba de comer salchichas y beber mares de cerveza. También tuvimos que recoger las entradas del encuentro, que habíamos comprado un mes antes en la web oficial del equipo. El servicio funciona perfectamente y se recogen en una taquilla sin apenas esperar cola.

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El ambiente en los aledaños era impresionante, con gente que no dejaba de cantar y la ilusión que sólo puede generar el fútbol en las caras de todos los que estábamos allí. Eso sí, antes de hablar del mejor deporte del mundo es necesario hacer unas precisiones históricas, pues el Estadio Olímpico de Berlín es un recinto cargado de Historia. Fue construido con motivo de los Juegos Olímpicos de 1936, celebrados bajo dominio nazi. En ellos el gran Jesse Owens se llevó las medallas de atletismo más relevantes, dejando a Hitler contrariado por refutar en la pista las teorías de la supuesta superioridad aria frente a los atletas negros. Aun así, fue un baño de masas nazi y que se asoció durante muchos años al estadio, imagen que ya se ha borrado tras ser sede de los mundiales de fútbol de 1974 y 2006.

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Y ahora si, vamos a contaros todo lo que disfrutamos en el partido Hertha Berlín – Hamburgo. Los dos equipos están yendo muy mal en la temporada 2011/2012, por lo que era un duelo directo por salir de las posiciones de descenso. Pese a estar en la zona baja de la clasificación, la afición berlinesa es muy calurosa y no paró de cantar desde mucho antes que empezara el partido. Sinceramente, quedamos boquiabiertos cuando empezaron a sonar los acordes del himno del equipo (la canción se llama Nur nach Hause) y toda la grada se puso a cantar. Aquí os dejamos un vídeo con el final de los cánticos, en el que se demuestra la emoción que había en los prolegómenos del partido:

 

En el vídeo hay muchas cabezas, porque todo el mundo estaba en pie y nos encontrábamos en el sector ultra, rodeado de alemanotes de dos metros. Sin embargo, con esta panorámica tomada un minuto antes podéis ver el impresionante aspecto del Olympiastadion.

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La verdad es que lo pasamos en grande. A nuestro lado había un alemán de dos metros de alto y más de 100 kilos de peso que no paraba de gritar, e incluso nos daba palmaditas en la espalda para que animásemos. Sin embargo, el partido del Hertha Berlín fue bastante flojo y nos fuimos al descanso perdiendo 0-2. Eso no impedía que los cánticos fuesen eternos, lo cual venía a confirmar las buenas palabras que habíamos oído en programas de radio como Tiempo de Juego acerca de los estadios alemanes: mucho más ambiente que en los españoles.

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Berlin 422Además, todo está muy bien montado. Fuera del estadio, aunque a tan sólo un minuto andando de nuestro asiento, se encontraban decenas de puestos en los que era posible comer de todo: perritos calientes, bocadillos de arenques, chocolate caliente… Por supuesto, en el descanso fuimos a mezclarnos con las masas y comprobar que los precios no eran nada desorbitados.

En la segunda parte el equipo se estiró un poco, e incluso marcó el 1-2. Parecía que iban a empatar, pero… ¡Robo! ¡Robo! El árbitro tomó algunas decisiones polémicas (incluyendo un penalti en el área del Hamburgo que hubiera sido clave para nuestros intereses berlineses) y la grada se empezó a encender. Los cánticos no cesaban, pero tenían toda la pinta de que ya no eran para animar al equipo sino para acordarse del colegiado y sus familiares. Nosotros exportamos la expresión “árbitro ciervo” para que los alemanes supieran como metemos presión en España.

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Al final no pudimos empatar, con el consiguiente mosqueo de la parroquia. Las jarras de dos litros de cerveza empezaron a volar por los aires, y alguna pasó encima de nuestras cabezas. Nuestro amigo alemán se sintió indignado con otro penalti que nos robaron, y empezó a destruir su asiento con unos puñetazos dignos de Son Goku. Para completar el cuadro, los hinchas del Hamburgo encendieron un par de bengalas para celebrar su triunfo.

Berlin 425Como conclusión, aquí dejamos esta fotografía, en la que un enfervorizado fan del Hertha no da crédito al robo que estaba viviendo su equipo. Nos encanta el fútbol, y haber ido a ver un partido en Alemania ha sido una experiencia que no olvidaremos en la vida. Os lo recomendamos a todos, pues la pasión que vimos allí no la hemos encontrado en ningún campo de España (y conocemos unos cuantos).

Berlin 426Lo que más nos gustó, sin lugar a dudas, fue la mezcla entre pasión, locura y deportividad. Hemos hablado de jarras de cerveza volando y de un señor de dos metros aporreando su asiento, pero en cuanto el árbitro pitó el final sólo se veían sonrisas en las caras de la gente. Y eso que el Hertha llevaba cinco o seis partidos seguidos perdiendos.

La adrenalina del partido nos había ayudado a superar lo mal que lo habíamos pasado en el campo de concentración, pues había sido una experiencia durísima. Eso sí, aún teníamos cuerda para rato, pues apenas eran las 17:30 cuando terminó el partido y teníamos por delante uno de los principales eventos culturales de Europa.

Estamos hablando de la Larga Noche de los Museos (Lange Nacht der Museen), una noche mágica en la que museos y otras instituciones culturales de Berlín abren sus puertas hasta altas horas de la madrugada. Con un ticket único de 15€ por persona (10€ para estudiantes) se puede entrar en todos los sitios. Se celebró por primera vez en 1997 y desde entonces ha sido un éxito edición tras edición (se hacen dos al año). En Madrid hemos hecho cosas parecidas con la Noche en Blanco, pero tras dos o tres años los políticos del PP la cancelaron. Es mucho más útil para la sociedad gastar el dinero en llevar a la mujer de Aznar a la peluquería en coche oficial que en cultura, por supuesto.

Habíamos preparado la Larga Noche minuciosamente, recogiendo en nuestro mapa varios sitios a los que no habíamos podido ir a lo largo del viaje. Para el primero nos desplazamos en Metro hasta la estación de Weberwiese, a una media hora del estadio. Al salir a la superficie vino la primera sorpresa… ¡Estaba nevando! Y no de cualquier manera, era una nevada considerable que en pocos minutos iba a dar un color blanco a Berlín con el que llevábamos soñando desde que habíamos llegado a la ciudad.

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Berlin 429Fuimos haciendo esquí de fondo hasta el fantástico Museo de los Videojuegos de Berlín (Computerspielemuseum Berlin), un lugar del que nada habíamos leído hasta llegar a la capital de Alemania. Sin embargo, unos carteles publicitarios nos llamaron la atención, investigamos y nos gustó tanto la idea que decidimos acercarnos.

Berlin 430Se trata de la primera colección permanente sobre videojuegos que hay en el mundo. En él se hace un completo repaso a la evolución histórica del sector, desde clásicos míticos como el Pong o el Space Invaders hasta joyas más recientes como World of Warcraft o Starcraft II. Os podéis imaginar como lo pasó Edu, orgulloso jugador de videojuegos.

El enfoque que se ha dado a la exposición es sensacional. Hay varias zonas, aunque básicamente nos dio la impresión de que se tratan dos temas concretos: el mundo de los videojuegos y todo lo que conlleva, sin esquivar algunos temas polémicos como la adicción o la violencia; y el tributo a obras clásicas, de esas con las que muchos hemos pasado miles de horas en nuestra vida. Clásicos como The Legend of Zelda, Pokémon, Super Mario Bros, Tetris, Gran Turismo, Metal Gear Solid, Age of Empires… la lista es interminable, y todos tienen representación en el museo.

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Además de una zona teórica, en la que a través de vídeos y documentos se ilustra al visitante sobre la Historia de los videojuegos, también hay áreas en las que dejarse llevar por la práctica. Hay máquinas recreativas originales con juegos clásicos como el Donkey Kong, inventos graciosos como un joystick gigante con el que se controla el Pac Man (comecocos de toda la vida) y muchas opciones más. Lo pasamos en grande y, aunque el museo es pequeñito, estuvimos más de dos horas dejándonos llevar por esta manifestación artística cada vez más aceptada como tal.

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Berlin 436El que quizá se dejó llevar demasiado por las emociones fue Edu, que plantó este comentario en el libro de visitas del museo. Para él fue importante haber encontrado un sitio así, pues cuando era adolescente jugar a videojuegos estaba visto como algo oscuro y obligatoriamente friki. Hoy por hoy, decir que tu chamán orco acaba de subir de nivel es cada día más frecuente. Ejem.

Berlin 437Habíamos empezado por el Museo de los Videojuegos porque era lo más alejado, ya que la mayoría de las cosas que queríamos ver estaban en los alrededores de la Alexanderplatz. Por eso, una vez terminó el baño de bits que nos dimos en el Computer Spiele Museum, fuimos hacia el epicentro de la ciudad. Allí estaba todo nevadito, una imagen preciosa.

A unos pasos de la plaza está el Berliner DDR Motorrad Museum, dedicado en exclusiva a motocicletas fabricadas en la República Democrática Alemana. El tema no es de nuestros favoritos, pero estaba cerquita y la buena impresión que nos dejó el Autoworld de Bruselas era un buen precedente. Lo catalogaríamos como una visita chula, sin más: imprescindible para fans del mundo del motor pero no gran cosa para público general. Además, teníamos muchas ganas de hacer pipí y el museo no tenía baño. Falta grave.

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Berlin 452Entre unas cosas y otras ya nos había dado la hora de cenar. Como teníamos muchos objetivos esa noche no queríamos perder demasiado tiempo, así que nos hicimos con un par de noodle box de verduras y pollo de la cadena Asia Gourmet (4€ por persona, más 2€ por una botella de coca cola) y fuimos comiendo a la que caminábamos.

Berlin 440Así, entre la Alexanderplatz (que fue donde compramos los noodles) y la Iglesia de Santa María o St. Marien-Kirche fuimos cenando y combatiendo el frío. Si hacemos memoria, unos días atrás nos habíamos quedado con ganas de entrar a ver este templo de origen medieval. No estaba en nuestros planes, puesto que no sabíamos que estaría abierta esa noche, pero al ver la jugada no lo pensamos dos veces. Y es que pocos edificios del siglo XIII quedan en Berlín, ya que pese a haber sido muy restaurada tras la II Guerra Mundial aún queda parte de su esencia del medievo.

Su interior es sencillamente precioso. Además, con motivo de la Larga Noche de los Museos, varios niños disfrazados explicaban distintas partes del edificio: el coro, los bancos, el órgano… Evidentemente no entendíamos nada, pero aun así nos gustó mucho la iglesia.

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Berlin 443Su principal orgullo es un mosaico de la Danza de la Muerte (Totentanz), que con 22 metros de largo y dos de alto da la bienvenida al templo. Sin embargo, la humedad y la falta de cuidados han hecho que llegue a nuestros días en muy mal estado, y actualmente está en marcha una campaña para recaudar fondos y restaurarlo.

Berlin 444Desde la iglesia fuimos al Ayuntamiento Rojo o Rotes Rathaus, el cual no habíamos podido visitar en su momento porque había un acto oficial. En este caso era un objetivo imprescindible, pues tenía varios actos programados para esa noche: puertas abiertas, conciertos, exposiciones de pintura… Vamos, que no nos lo íbamos a perder.

Las expectativas se cumplieron con creces. No sólo recorrimos varias estancias interesantes (como el despacho del alcalde, por ejemplo), sino que además vimos dos conciertos distintos y varias exposiciones. Nuevamente el idioma supuso un problema, pero juraríamos que muchas de las personas que explicaban las estancias eran los políticos que día a día trabajan allí.

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Berlin 448Seguimos tachando cosas de la lista de visitas pendientes con un nuevo recorrido por el Nikolaiviertel, esta vez nevado de arriba a abajo. En este caso, lo que se había quedado en el tintero era la Iglesia de San Nicolás (Nikolaikirche), el templo más antiguo de Berlín. Fue probablemente erigido entre 1220 y 1230, y aunque la II Guerra Mundial -como no- castigó a sus dos torres con las bombas, en 1981 fue totalmente restaurada siguiendo los planos originales. Es la joya de la corona de un barrio con aroma medieval forzado, tal y como ya os contamos.

El interior de la iglesia estaba concurridísimo, pues se estaba celebrando el concierto de una coral. Nunca habíamos uno, así que nos hicimos un hueco entre la multitud y disfrutamos de algunas piezas. También aprovechamos para recorrer hasta el último rincón de la Nikolaikirche, lo cual fue una experiencia fascinante gracias a una música que no dejó de acompañarnos.

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Cambiamos de tercio y nos dirigimos hacia la zona de la Isla de los Museos, pues también teníamos cosas pendientes allí. Un buen momento para destacar que la Larga Noche de los Museos supuso la oportunidad de revisitar algunos edificios por la noche, haciendo que algunos que no nos habían llamado la atención (como la Humboldt Box) nos pareciesen preciosos, y que otros que ya nos habían encantado (como la Catedral) luciesen incluso más bonitos de lo que ya eran.

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Berlin 455El gran objetivo era el Museo Histórico Alemán (Deutsches Historisches Museum o DHM), ubicado en el Zeughaus (un antiguo arsenal que es la construcción más antigua de toda la Unter den Linden). En su momento habíamos tenido que dejarlo pasar, porque si no no teníamos tiempo para visitar los cinco grandes museos de la Isla, pero contábamos con la Larga Noche para sacarnos la espinita. Siento historiadores, un enorme museo como este no se podía quedar en el tintero, y más teniendo en cuenta las buenísimas referencias que teníamos sobre él.

A lo largo de sus decenas de salas se hace un exhaustivo repaso a la evolución histórica de Alemania, desde la Prehistoria hasta Ángela Merkel. El rigor y la objetividad son las principales características de un museo que ni se ensalza con momentos gloriosos -como la Edad Media- ni evita periodos sombríos -como el nazismo-. En cualquier caso, al margen de los contenidos, lo que más nos gustó fue cómo estaba expuesto todo: textos pequeños pero concisos, vídeos cortos pero ilustrativos, recursos audiovisuales sencillos pero eficaces… Vamos, la eficiencia alemana elevada a la máxima potencia. Un museo 100% recomendable, casi obligatorio.

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¿Lo malo? Que ya era la 1 de la mañana cuando terminamos. En un primer momento teníamos la intención de ir al Kulturforum, un enorme conjunto de museos cerca del Tiergarten. Era de lo poquito que nos quedaba por ver, pero estábamos cansadísimos. Lo pensamos unos minutos, pero al final decidimos irnos a dormir. Había sido un día larguísimo y las pilas no daban para más. Eso sí, queda marcado para una futura visita a Berlín.

Berlin 459En la Larga Noche de los Museos los transportes nocturnos se intensifican de verdad, y no como se hacía en la Noche en Blanco de Madrid. Por eso, en poco más de media hora estábamos en nuestro hostel. Había sido un día perfecto, lleno de cosas inolvidables y, en definitiva, uno de los que recordamos con más cariño de todos los viajes.

Eso sí, también suponía nuestra última noche en Berlín. Al día siguiente tocaba volver a la rutina en España, aunque aún tendríamos unas horitas para despedirnos de Alemania como es debido.

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