Berlín ’12 – Capítulo VI: De Unter den Linden hasta la Isla de los Museos (día 5)

Hay días destinados a cumplir sueños, y este era uno de ellos. El Busto de Nefertiti y el Altar de Pérgamo, dos iconos del arte universal, nos esperaban acompañados de otros puntos de interés como la cúpula del Reichstag o la Gendarmermarkt. Maravillas que llevaban mucho tiempo en nuestra mente y que por fin iban a aparecer delante de nuestros ojos. Con esta perspectiva es fácil empezar el día con una sonrisa y que esta no desaparezca hasta el anochecer.

Berlin 237Empezamos la ruta yendo de nuestro hostel hasta el barrio del Tiergarten, donde a primera hora teníamos cita para visitar la cúpula del edificio del Reichstag. En un momento hablaremos de eso, pero antes hay que decir que es muy fácil llegar gracias a una pequeña línea de Metro (la U55) que comunica el Bundestag con la Puerta de Brandeburgo.

Bundestag, Reichstag… ¡Qué lío! Aclaremos las cosas. Reichstag es como se conocía al parlamento alemán desde 1849 hasta la II Guerra Mundial. Tras la reunificación alemana, el órgano federal supremo legislativo pasó a llamarse Bundestag (que significa Parlamento Federal o Dieta Federal). Sin embargo, ambos nombres se entremezclan con facilidad ya que la cámara ejerce sus funciones en el Edificio del Reichstag histórico, el que sirvió de sede desde 1871 hasta 1942.

¿Nos hemos aclarado? Bien, pues ahora hay que decir que es posible visitar el edificio. A diferencia de las inoperantes, corruptas y opacas instituciones españolas, en Alemania la vida política funciona de manera más transparente. Lo único malo es que hay que reservar, pero hace un tiempo publicamos una guía sobre cómo visitar el Bundestag que os ayudará a hacer la reserva. Hay varias opciones: visita guiada por todo el edificio, asistir a un pleno de la cámara, recorrido por libre… Nosotros no supimos que había que reservar hasta la semana anterior al viaje (cuando lo leímos de casualidad en un foro), y aunque nos llevamos un pequeño susto pudimos elegir turno sin problemas. En cualquier caso, cuanto antes se envíe la solicitud mejor que mejor, en especial en veranos o fiestas señaladas.

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Berlin 240Nosotros optamos por hacer la visita por libre, ya que según leímos en internet en las demás se tardaba mucho tiempo. En el tour individual, lo que se recorre básicamente es la cúpula de Norman Forster, construida en 1993 y que simboliza la reunificación de Alemania tras el fin de la Guerra Fría. No es poca cosa, pues lleva hora y media verlo todo.

A eso hay que sumarle los férreos controles que hay que pasar, pues no se debe olvidar que se está visitando uno de los principales focos de la vida política de Alemania. Un caso práctico: el nuestro. Teníamos cita para las 9:00, pero en el documento indicaba que había que llegar quince minutos antes. Como somos precavidos llegamos a las 8:30, y nos tiramos más de media hora franqueando hasta cuatro controles distintos. Para ralentizar más las cosas, en uno de ellos se perdió el móvil de Edu, por lo que tuvimos que retroceder para recuperarlo.

Desde que se pasa el primer control, hasta que se sale del perímetro de seguridad, hay que llevar una tarjeta identificativa como la que se ve abajo a la izquierda. Por otro lado, la visita por libre es una clara muestra de eficiencia alemana, pues te entregan una audioguía en la que no hay que tocar nada: se van activando los audios según se va ascendiendo por la cúpula. Nos llevan años de ventaja.

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El recorrido por la cúpula del Reichstag es interesantísimo, tanto por lo que dice la audioguía como por las vistas que hay subiendo y bajando. La audioguía hace un repaso integral del edificio: construcción, evolución histórica, relación con los edificios de los alrededores… Un diez, la verdad. Y encima es gratis, igual que la visita a la propia cúpula, por lo que no se puede pedir más.

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El momento cumbre, como no podía ser de otro modo, es la parte superior. La cúpula está abierta, lo cual asegura una buena estampa: si hace bueno, porque se disfruta del cielo azul; y si llueve, porque el agua cae y va a un sistema de recogida y reutilización. Por otro lado, si se mira hacia abajo se puede ver la Sala de Plenos del Parlamento. Como fuimos prontito estaban en plena sesión, y pudimos ver a sus señorías (o como los llamen en Alemania) “trabajando” un poco.

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El balance de la visita al edificio del Reichstag / Bundestag no puede ser más positivo, y de hecho sería de lo primero que iríamos a ver si dispusiéramos de unas pocas horas en la capital alemana. A la salida devolvimos las acreditaciones (fue imposible quedarnos con una de recuerdo) y aprovechamos que había salido el sol para hacernos unas cuantas fotos frente a la fachada. Por cierto, en los alrededores hay otros edificios destacados del gobierno, entre ellos la Cancillería Federal o Bundeskanzleramt. Justo en los días en los que estábamos de viaje andaba por allí Mariano Rajoy reunido con Ángela Merkel. Quizá sólo a unos metros de nosotros estaban hablando de recortes y de cómo exprimir lo poco que nos queda a los españoles.

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Berlin 250Al ser una zona de máxima actividad política, es relativamente frecuente cruzarse con manifestaciones. Pueden ser muy numerosas o de cuatro gatos, como la que nos encontramos nosotros. De todos modos la apuntamos a la lista, pues hemos visto manifestaciones en sitios tan dispares como Bolonia o Bucarest.

Berlin 251A unos minutos (andando o en Metro) del Reichstag está la Puerta de Brandeburgo. Aunque ya habíamos pasado varias veces por ella… ¿Quién puede resistirse? Además no teníamos ninguna foto juntos, así que aprovechamos para inmortalizar una nueva visita a este icono de la cultura popular. Por cierto, no sería la última del viaje.

El caso es que la Brandenburger Tor pillaba de camino, puesto que nuestro plan era recorrer el enorme Unter den Linden, el bulevar berlinés por antonomasia. Su nombre significa Bajo los Tilos, y desde hace un par de siglos no ha dejado de ser una de las zonas más frecuentadas de la ciudad. Era temprano y hacía mucho frío -unos diez grados bajo cero, según el iPhone-, por lo que no había demasiada gente. Por eso queremos ceder todo el protagonismo al Ampelmann o Ampelmännchen (literalmente el hombrecillo del semáforo), la popular silueta para los semáforos de la antigua RDA. Cuando se reunificó el país se trató de crear un sistema estandarizado de señales de tráfico, pero numerosas campañas en favor del muñequito hicieron que se salvase. Hoy sobrevive en muchos semáforos y en prácticamente todas las tiendas de souvenirs, convertido en artículos tan dispares como cuadernos, mecheros o bragas.

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No disfrutamos demasiado de Unter den Linden. La falta de gente se podía solventar con la riqueza arquitectónica a ambos lados de la calle (mención especial a la sede del Museo Guggenheim de Berlín, que desaparecerá a finales de 2012), pero el frío… ¡¡¡QUÉ FRÍO!!! Encima nos pegaba el viento de cara, por lo que parecíamos dos pingüinos en medio de la Antártida.

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Berlin 257La que no nos decepcionó en absoluto fue la Gendarmenmarkt, y no solo porque en ella no pegaba el aire. En muchas guías se refieren a ella como la plaza más bonita de Berlín, y definitivamente somos partícipes de esa opinión. ¡Qué cosa más bonita! El único problema es que es difícil de fotografiar, pero por lo demás es perfecta.

Fundamentalmente hay tres edificios que protagonizan esta preciosa plaza: la Catedral Francesa (Französischer Dom) y la Catedral Alemana (Deutscher Dom), que son gemelas; y la Sala de Conciertos (Konzerthaus), sede de la Orquesta Sinfónica de Berlín (Konzerthausorchester Berlin). Aquí va una panorámica, no es la mejor que hayamos hecho pero ya hemos dicho que la plaza es difícil de fotografiar.

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El grueso de la plaza fue proyectado a fines del siglo XVII por Federico I de Prusia, en el marco de un barrio planeado por el monarca como muestra de su poder. Las iglesias fueron concedidas a la comunidad luterana y a la comunidad reformada francesa -inmigrantes hugonotes a los que Federico I había otorgado derechos ciudadanos en el Edicto de Potsdam de 1685-. Aunque son prácticamente contemporáneas a la plaza, las iglesias no tuvieron torre hasta 1785. Las iglesias gemelas son el principal sello de identidad la plaza, idea exportada directamente de la Piazza del Popolo de Roma por el arquitecto Carl von Gontard.

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En el centro está el precioso Konzerthaus Berlin, construdio entre 1818 y 1821 por Friedrich Schinkel. Es el principal punto de interés cultural de la ciudad, pues al año se representan más de 500 espectáculos en las tres estancias que tiene en su interior. También es destacable la fuente que hay justo enfrente. ¡Ah! Y si tenéis la suerte de ir a Berlín en navidad no dejéis de venir por aquí, puesto que en la plaza se pone uno de los mercados navideños más bonitos de Europa.

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Y de una plaza bonita fuimos a otra, pues la curiosa Bebelplatz (antes conocida como Opernplatz) estaba a tiro de piedra. Al estar llena de obras no lucía mucho, pero aun así no deja de ser un lugar célebre del terror nazi por haber albergado la quema de libros del 10 de mayo de 1933, cuando Goebbels y las Juventudes Hitlerianas destruyeron más de 40000 libros. Pese a eso, no todo es tragedia en la plaza, pues en ella está la Catedral de Santa Eduvigis (Sankt-Hedwigs-Kathedrale), que con su curiosa cúpula es el templo católico romano más antiguo de la ciudad. Nuevamente nos fastidiaron las obras, pues por ellas no pudimos entrar a verla.

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De la plaza volvimos a Unter den Linden, que poco a poco iba cogiendo colorcillo. El sol estaba ayudando a subir la temperatura y la hora hacía que ya se viese gente por la calle, con lo que el panorama cambiaba muchísimo. Además, estábamos en el tramo final y allí había varios edificios interesantes.

Queremos destacar dos: la Universidad Humboldt de Berlín (Humboldt-Universität zu Berlin), la más antigua de Berlín; y el Edificio de la Nueva Guardia de Berlín (Neue Wache), que tras muchos significados hoy se usa como memorial en recuerdo de las víctimas de guerras y dictaduras. En su interior está una escultura de Käthe Kollwitz conocida como Madre con hijo muerto o La Pietá Kollwitz. Que conste que estamos dejando de hablar de muchos edificios, pero en Unter den Linden hay tantos que no queda otra que seleccionar. Del que no nos queremos olvidar es del Museo Histórico Alemán, pero de él hablaremos en otro capítulo.

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Irremediablemente, nuestros pasos nos llevaron a la Isla de los Museos (Museumsinsel), el paraíso de los amantes de los museos. Con ese sugerente nombre es como se conoce a la mitad norte de la Spreeinsel, una de las muchas islas que tiene el río Spree. En ella hay nada más y nada menos que cinco museos de primer nivel internacional, cualquiera de los cuales justificaría por si solo un viaje a Berlín. Es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, dado que en sus colecciones hay obras tan relevantes como el Busto de Nefertiti o la Puerta de Istar. Por cierto, en uno de los puentes se está convirtiendo en costumbre dejar candados como muestra de amor, tal y como se hace en el Ponte Milvio de Roma.

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La Isla de los Museos es una referencia obligatoria en Berlín. Si te gustan los museos como a nosotros, no hace falta decir nada más. Sin embargo, si eres de los que no pisa uno ni aunque le paguen, tampoco debes dejar de pasarte por aquí. Es una de las zonas más ajetreadas de la ciudad, con sitios en los que sentarse a tomar el aire, a disfrutar del río o simplemente a ver gente de todo el mundo ir de un sitio para otro. Por cierto, la mejor vista de la Catedral de Berlín se obtiene desde el centro de la Isla de los Museos.

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A partir de aquí, nuestro único objetivo era ver los cinco museos de la isla: Museo Antiguo (Altes Museum), Museo Nuevo (Neues Museum), Galería Nacional Antigua (Alte Nationalgalerie), Museo Bode (Bode-Museum) y Museo de Pérgamo (Pergamonmuseum). Antes de contaros lo que vimos en cada uno de ellos, aquí van algunas precisiones:

– Hay algunas variaciones, pero en general abren todos de 10:00 a 18:00, salvo los jueves que el horario se prolonga hasta las 22:00. Los lunes cierran.
– Cada museo cuesta 8€ (4€ en estudiante). Hay tickets combinados para todos por 14€, pero por un poquito más merece la pena compra la Museum Pass Berlin.
– En todos se pueden hacer fotos y grabar vídeos.

Berlin 272Dicho esto, el primero que visitamos fue el Museo Antiguo o Altes Museum. El edificio en si ya es una obra de arte, de las mejores producciones de Schinkel -del cual ya habíamos visto varias construcciones ese día-. Es un ejemplo perfecto de neoclasicismo y está considerado uno de los primeros museos modernos: fue inaugurado en 1830.

Al margen de la carcasa, en el interior del Altes Museum se expone los fondos relacionados con la Antigüedad Clásica: Grecia y Roma fundamentalmente. Se trata de una de las colecciones más importantes del mundo, y, aunque mucho se podría debatir acerca de cómo se hicieron los alemanes con ella, está fuera de toda duda que con un paseo por sus salas se puede obtener una amplia panorámica de uno de los periodos más dorados de occidente.

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El mayor protagonismo es para la escultura, aunque también hay buenos ejemplos de cerámica, armas y toda clase de objetos cotidianos. No tenemos ninguna pega sobre el museo, pero aun así nos supo a poco. ¿Por qué? Pues porque dos meses antes andábamos de viaje por Roma, conociendo de primera mano los mejores museos a nivel mundial relacionados con la antigüedad romana. No queremos desmerecer las colecciones berlinesas, pero no hay nada como ver algo in situ.

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Berlin 278Lo que si queremos destacar es lo distinta que es la concepción del término “museo” en Alemania y en España. Allí nos encontramos de todo: colegios sentados en el suelo mientras el profesor explica una obra, señoras mayores dibujando, jóvenes debatiendo… ¡Perfecto! En España, mientras, nos conformamos con guardias de seguridad que parecen perros de presa y que no dejan hacer nada.

Berlin 279Cambiando de tercio, el segundo museo al que fuimos fue la Antigua Galería Nacional (Alte Nationalgalerie), en la cual se exponen los fondos de la Fundación Cultural de Herencia Prusiana. Fue el que menos nos gustó de los cinco con diferencia, puesto que estaba dedicado exclusivamente a pintura. Aun así, pasamos un rato en él.

Básicamente están representados el clasicismo, el romanticismo, el biedermeier, el impresionismo y un modernismo muy temprano, a través de la obra de artistas como Schinkel, Liebermann o Johann Gottfried Schadow. Sin embargo, aquí encontramos una concepción demasiado tradicional de lo que es un museo, por lo que nos aburrimos rápido y no le sacamos demasiado partido a la visita.

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Entre los dos museos y todo lo que llevábamos detrás -no hay que olvidar que el día había empezado muchas horas antes, en el Reichstag- teníamos un hambre de espanto. Por la Isla de los Museos no se veían demasiados sitios para comer, con lo que miramos en la guía que llevábamos… ¡Craso error! Os vamos a contar mediante un ejemplo práctico por qué no solemos hacer caso a las guías escritas.

Berlin 283Según ella, al lado de la Gendarmenmarkt había una Oficia de Empleo con una cantina en la que comer rápido, bien y a buen precio. Decidimos probar, lo cual fue un enorme error. No sólo andamos cuarenta minutos desde la plaza, sino que además el sitio era de lo más normalito tanto en calidad como en precio. Una pena, porque perdimos muchísimo tiempo.

Si esa información la hubiésemos leído en un foro o en un blog de viajes, justo debajo habría un centenar de comentarios diciendo que el sitio estaba lejos o que no merecía la pena, con lo que nos hubiéramos ahorrado el paseo. Sin embargo, confiamos en la guía escrita y nos comimos ese truño.

Berlin 284Lo bueno es que el mosqueo se nos pasó rápido, porque tras la comida nos esperaba uno de los platos fuertes del viaje: el Museo de Pérgamo (Pergamonmuseum), una institución dedicada a exponer hallazgos de arqueólogos alemanes por todo el mundo. Hay polémica entorno a si algunas piezas fueron transportadas a Berlín legítimamente o si fue un expolio y, por tanto, deberían ser devueltas.

Berlin 285Como nota curiosa, se empezó la casa por el tejado, pues en primer lugar se dispuso de una gran colección y entorno a ella se fue construyendo el edificio del museo. Por eso, algunos vestigios arqueológicos de dimensiones considerables son directamente las paredes que dividen unos espacios de otros. Muy curioso.

La pieza clave, que es la que da nombre al museo, es el Altar de Pérgamo, un monumento de época helenística comprado al Imperio Otomano y transportado pieza a pieza desde Turquía. Cada centímetro del altar deja boquiabierto: las decenas de escalones, la preciosa columnata, los impresionantes relieves… Hay más de 100 esculturas que representan la Gigantomaquia (lucha de dioses contra gigantes), en un friso que ha sido expuesto a lo largo de toda la sala. Es impresionante, pero todo tiene un toque de colonialismo (léase expolio) bastante desagradable. En cierto sentido nos recordó a las salas del British Museum de Londres dedicadas al Partenón. Mucho se podría debatir sobre si es justo o no que este tipo de hallazgos sigan aquí, pero no vamos a entrar en eso. Quien quiera hablar del tema que se invite a tomar algo, pues seguro que la conversación se prolonga hasta altas horas 🙂

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Aparte de polémicas, lo que más nos gustó del altar es que se podía interactuar con él. Subir sus escaleras fue fantástico, un auténtico viaje al pasado que nunca olvidaremos, igual que estar sentado justo enfrente o ver a la gente desde su último peldaño. Por cierto, traspasando la columnata se llega a una pequeña sala en la que se exponen fragmentos del altar.

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En cualquier caso, el Museo de Pérgamo es mucho más que el altar. Probablemente ninguna otra pieza pueda igualarse, pero hay otras de primerísima línea internacional que también se exponen en esta institución. A nosotros la que más nos impactó fue la Puerta de Ishtar, uno de los ocho acceso que tenía la muralla interior de Babilonia. Tiene más de 2500 años de antigüedad, y al estar construida en lapislázuli posee un color azul muy característico. Babilionia es una de esas ciudades míticas que todos conocemos, ya sea por la Biblia, por menciones en Los Simpsons o incluso por el temazo “Arde Babilonia” del grupo riojano Tierra Santa.

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Aparte de esto, casi cualquier civilización pretérita o presente tiene representación: el primer Islam, Roma, Grecia… ¡Incluso al-Andalus! Algunos fragmentos de La Alhambra de Granada acabaron en Berlín de manera más o menos dudosa, pero si antes no hemos entrado en debates no lo vamos a hacer ahora. Simplemente queremos terminar recomendando la visita a este museo, quizá el más interesante de los cinco que componen la Museumsinsel.

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Berlin 295A un así, esa afirmación depende un poco de gustos, pues nada tiene que enviar a Pérgamo el Museo Nuevo (Neues Museum). Construido originalmente por un discípulo de Schinkel, fue totalmente destruido durante la II Guerra Mundial. La recuperación fue lenta y laboriosa, tanto que hasta 2009 no se dieron por finalizados los trabajos.

Berlin 296Desde entonces, en el Neues Museum se exponen las colecciones relacionadas con el Antiguo Egipto y la Prehistoria, tal y como se hacía antes de la II Guerra Mundial. La pieza estrella es el busto de Nefertiti, que en los últimos años ha ido cambiando de sitio en sitio. Actualmente -y parece que de manera definitiva- se expone aquí, no lo busquéis en otro lado porque no estará.

Las piezas egipcias componen unas de las mejores exposiciones del mundo, con centenares de sarcófagos, papiros, vasos canopos y otros elementos propios del Antiguo Egipto. Un par de meses antes habíamos visto la colección egipcia de los Museos Vaticanos, que tal y como ya hemos contado nos decepcionó un poco. En este caso, las expectativas fueron cumplidas con creces, tanto a nivel particular como en cuanto a piezas concretas.

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Berlin 300Y es que contando con el Busto de Nefertiti, una de las obras maestras del arte egipcio, el museo es un valor seguro. Probablemente la primera imagen que viene a la mente de todos al pensar en Egipto sean las pirámides de Guiza, pero inmediatamente después aparece este bello, delicado y maravilloso busto tallado por el artesano Tutmose en el año 1330 a. C. Es imposible no pararse unos minutos frente a esta obra, en silencio, y admirar hasta el último de sus detalles. La iluminación y la temperatura de la sala, pese a estar marcadas por cuestiones de conservación, hacen que la experiencia sea aun más mística.

Berlin 301Con tanto Egipto, la gran olvidada es la colección prehistórica. Está bien, tiene muchas piezas originales y un montón de representaciones, pero juega en una situación muy desfavorable. De hecho, mientras que en las salas egipcias nos topamos con mucha gente, apenas nos cruzamos con dos o tres personas en la planta dedicada a la Prehistoria.

Berlin 302Tras el éxtasis de los dos últimos museos, en los que rozamos un ataque agudo de Síndrome de Stendhal, nos encaminamos al último objetivo de la noche: el Museo Bode (Bode-Museum). De entrada, se puede apreciar que su diseño neobarroco es bastante distinto al del resto de edificios de la isla. Al menos es curioso acceder por esa enorme estancia circular. En principio era el museo de los cinco que menos nos atraía, pero la simpatía del personal, la variedad de sus colecciones y algunas técnicas expositivas modernas nos hicieron cambiar rápidamente de opinión.

En principio hay dos grandes ejes: escultura, fruto de las cámaras artísticas de Brandenburgo y Prusia; y la numismática, pues su Gabinete de la Moneda (Münzkabinett ) es uno de los más grandes del planeta con más de 750.00 piezas. Sin embargo, en las salas del Museo Bode encontramos mucho más, pues la institución está dando mucha bola a las salas de estilo. Dicho de otro modo, en un espacio se integra todo lo que tiene que ver con un momento cronológico concreto: pinturas, muebles, objetos cotidianos… Una pasada.

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Como era jueves el museo abría hasta las 22:00, por lo que apuramos el tiempo al máximo. A la salida aprovechamos para comprar las entradas para la Larga Noche de los Museos, un evento fantástico del que os hablaremos dentro de dos capítulos.

Berlin 306Al final, teníamos los pies destrozados. Había sido un día largo, agotador pero muy interesante. ¿Se pueden ver todos los museos de la Isla de los Museos en un sólo día? Pues si, pero si es jueves y dedicas el 80% del día a ellos. Eso si, que conste que las ampollas, los calambres e incluso los callos están asegurados. ¡Pobrecitos nuestros pies!

Berlin 307Estábamos cansadísimos, por lo que no nos apetecía dar demasiadas vueltas para comer. Justo al lado del hostel habíamos visto una pizzería, muy frecuentada por gente que también se hospedaba en él. Total, que decidimos darnos un pequeño homenaje y cenar tranquilamente allí. También estaba bien cambiar un poco, que se nos estaba poniendo cara de alemán de comer tanto currywurst.

No fue una cena nada cara, pues por 21€ dimos cuenta de dos pizzas enormes (y riquísimas), una deliciosa ensalada y dos cocacolas. Si os quedáis en el Generator Hostel os recomendamos encarecidamente este sitio, pues además el dueño era simpatiquísimo y nos atendió a las mil maravillas.

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Aun así, estábamos tan cansados que parecíamos dos zombies. Nada más cenar fuimos a la habitación, nos dimos una duchita y nos fuimos a dormir. Había que reponer fuerzas, que aun quedaban tres días.

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