Berlín ’12 – Capítulo V: Mitte y alrededores (día 4)

Nuestro cuarto día en Berlín, al margen de la rutina propia del hostel -sufrir por lo pronto que nos levantamos, vestirnos y ponernos hasta arriba con el desayuno-, empezó como tantos otros: en la Alexanderplatz. Viendo las fotos pensareis que estamos locos, y la verdad es que objetivamente no es muy bonita, pero es uno de los sitios que más nos gustaron de todo el viaje.

Tras un comienzo de viaje algo dubitativo (el primer día hicimos una panorámica, el lunes estaba casi todo cerrado y el martes fuimos a Potsdam) por fin tocaba hincarle el diente de verdad a la ciudad, y este era el mejor punto de partida.

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Berlin 171Echamos a andar y rápidamente empezamos a ver cosas interesantes, como la Iglesia de Santa María (St. Marien-Kirche). Lamentablemente estaba cerrada, y, aunque ya pensábamos que no la veríamos en todo el viaje, unos días más adelante nos llevaríamos una bonita sorpresa. Pero no adelantemos acontecimientos y quedémonos con la foto de la derecha, que nos parece chulísimo ver el contraste entre el edificio de la iglesia y la enorme Torre de Televisión. Nos encantan este tipo de instantáneas en las que quedan patentes los enormes claroscuros de las ciudades.

Berlin 172Sea como fuere, el primer objetivo de la mañana establa claro: la Catedral de Berlín (Berliner Dom). Este templo, principal símbolo de la Iglesia Evangélica en Alemania, es además uno de los edificios más representativos de la ciudad. Abre casi todo el día, y aunque la entrada no es gratuita (7€ adultos, 4€ estudiantes) es imprescindible.

Viajar son sensaciones, y nunca se nos olvidará lo que sentimos al entrar por primera vez en la Catedral de Berlín. Su famoso órgano nos dio la bienvenida y nos hizo sentirnos muy pequeñitos. Disculpad la calidad del vídeo, sabemos que no es la mejor, pero aun así nos parece que recoge perfectamente lo que significa acceder al interior de la catedral:

 

¿Verdad que impresiona? Pues eso solo fue el comienzo. El edificio, pese a haber quedado muy tocado por los bombardeos de la II Guerra Mundial, fue reconstruido a finales del siglo XX y hoy luce un aspecto espectacular. Aparte de volver a destacar el Órgano de Sauer (Sauerorgel), también hay que decir lo bonita que es la catedral en sentido amplio: desde la cúpula hasta el suelo, pasando por esculturas, capiteles bellamente ornamentados y algunas obras de arte dispuestas por sus distintas capillas.

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Berlin 176La entrada incluye, además, la posibilidad de subir a la cúpula. Como no podía ser de otro modo, el ascenso fue algo durillo, aunque desde luego no resultó tan agobiante como la estrechísima cúpula de San Pedro del Vaticano. Hay que recordar que todo fue reconstruido hace pocos años, por lo que muchos tramos son comodísimos.

Arriba, en lo alto, pudimos disfrutar de unas vistas espectaculares de la ciudad de Berlín. Antes hemos dicho que nos gustan los contrastes, por lo que os podéis imaginar lo divertido que nos resultó contemplar como se entrelazaban cúpulas de iglesias renacentistas (mejor dicho: reconstrucciones de las mismas tras la II Guerra Mundial) con arquitectura totalmente vanguardista o humo de enormes fábricas.

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Berlín es, en líneas generales, una ciudad gris, aunque con unos tonos muy distintos a los de Londres. En la capital de Gran Bretaña todo huele a humo, a Revolución Industrial y a crecimiento desmedido. Aquí las sensaciones son totalmente distintas: dolor por una guerra brutal que devastó la ciudad, incredulidad ante la idea de empezar de cero y -esto es en común- muchas fábricas con chimeneas contaminando el aire.

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Hablando de todo un poco, queremos saltarnos la norma y hablar mal de las panorámicas. Aunque nos encanta subir a lo alto de cualquier edificio para disfrutar de unas buenas (o malas) vistas, esto tiene el riesgo de que algunos detalles pasen desapercibidos. Una escultura, un corazón dibujado en el césped o una cúpula en primer plano merecen tanto protagonismo como una interminable hilera de tejados. ¡Ahí queda eso!

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El recorrido por la catedral termina en la imperdible Cripta de los Hohenzollern (Hohenzollerngruft). En ella se encuentran enterrados más de noventa miembros de la popular dinastía bábara, en un recorrido que va desde el siglo XV al XIX. La gruta con todas las tumbas recuerda horrores a las Grutas Vaticanas, tanto por la belleza escultórica como por la frialdad del conjunto. De hecho, generalmente se suele considerar a la Catedral de Berlín como una de las respuestas protestantes más potentes contra la Basílica de San Pedro.

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La mañana había empezado muy bien, dándonos justo lo que esperábamos de Berlín. No es que lo hubiésemos pasado mal hasta entonces, pero ya hemos dicho en capítulos anteriores que las expectativas eran altísimas y que la realidad nos estaba dejando un poco fríos.

Berlin 185Sin embargo, para seguir con esta gloriosa mañana fuimos a visitar el DDR Museum. ¡Vaya maravilla! Probablemente el mejor museo en el que hemos estado nunca. Eso sí, antes de hablar sobre él aquí va un consejo importantísimo: hay que ir lo más pronto posible, porque es muy pequeño y siempre está lleno de gente.

Y es que la clave del DDR Museum está en su interactividad, pues a lo largo de distintas salas se puede interactuar con decenas de objetos para conocer de primera mano como era la vida cotidiana en la República Democrática Alemana. Esto implica subirse a un coche original, sacar un billete de metro, sentarse en un salón como el que sale en “Goodbye Lenin!“, probarse el traje de un minero o comprobar las comodidades de una cárcel para presos políticos. De verdad, más que un museo lo que se adquiere con la entrada (4€ por persona, dicho sea de paso) es un ticket para un viaje al pasado. Tendrán que pasar varios siglos para que en España encontremos algo similar relacionado con el franquismo.

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Berlin 189Después de la catedral y del museo nos apetecía un poco de aire fresco, cosa que encontramos en el Marx-Engels Forum, un parquecito justo enfrente de ambos edificios. No es sorprendente que fuera creado por las autoridades de la República Democrática Alemana, con el fin de homenajear a los autores del Manifiesto Comunista.

Las esculturas de Marx y Engels son muy fotografiadas, siendo prácticamente el único atractivo del parque. También es un sitio transitado porque es lugar de paso obligado para llegar al Nikolaiviertel, uno de los barrios con más encanto de Berlín.

Berlin 190Dicho sea de paso, lo primero que nos recibió en el barrio fue la genial estatua de Heinrich Zille, toda una institución en el Berlín de fines del XIX y principios del XX. Sus satíricos dibujos forman parte de la cultura popular berlinesa, y con esta obra el escultor T. Stegmann captó su cercanía con las clases bajas. Cada cual interpreta el arte como lo siente, y a nosotros este pequeño homenaje al dibujante y fotógrafo nos da bastante pena. Trasmite frío y soledad, aunque quizá sea mejor no decir demasiado ya que desconocemos la obra y no queremos meter la pata.

Hablando ya del Nikolaiviertel, hay que hacer dos precisiones. La primera es que se trata de un conjunto precioso, pero lamentablemente la segunda es que todo lo que tiene de bonito le falta de verdadero. En realidad se trata de una restauración hecha a finales del siglo XX, cuando se trajeron edificios de distintas zonas de la ciudad con la intención de generar un barrio con un cierto aroma medieval. La cosa ha quedado bien, pues edificios históricos como la Iglesia de San Nicolás (Nikolaikirche) o el Ephraim-Palais están ahora acompañados de un entramado muy curioso. Sin embargo, todo tenía un aroma a cartón-piedra que no nos terminó de gustar.

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Berlin 194Y no será por imágenes espectaculares: estatuas con temas célebres como un caballero matando a un dragón, posadas propias de El Señor de los Anillos, callejones por los que en cualquier momento podría aparecer un noble… Pero vamos, que ni aun así. Es un sitio chulo y recomendable, pero no llega al nivel de un barrio medieval original.

El caso es que no nos entretuvimos demasiado, pues casi todo estaba cerrado. De hecho, tampoco estaba abierta nuestra siguiente parada: el Ayuntamiento Rojo o Rotes Rathaus. Nos apetecía mucho visitar la sede oficial del Ayuntamiento de Berlín, pero había un acto oficial y no fue posible -por suerte, el penúltimo día del viaje podríamos entrar-. La fachada de ladrillos rojos es una imagen muy popular de la ciudad, y por eso no debe faltar en ningún tour berlinés que se precie.

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Por los alrededores no había mucho más que rascar -en realidad si, porque la Isla de los Museos estaba a un paso, pero la habíamos dejado para otro día y así poder visitarla sin prisas-, así que nos fuimos hacia una zona de la ciudad totalmente distinta. Tocó andar un rato, pero al final nos plantamos en la Rosenthaler Straße, una de las calles más célebres del Mitte, que a su vez es uno de los barrios más representativos de la ciudad.

Berlin 197No es especialmente bonita, pero tiene su encanto al responder a la típica imagen de capital europea de principios del siglo XX: edificios notables, coches por todas partes, líneas de tranvía que se entrecruzan… A partir de aquí empezamos a sentir el “nosequé”, eso que tienen algunas ciudades como Berlín o Londres y que hace que te encanten, sin saber exactamente por qué.

Y eso que lo siguiente que visitamos fue una auténtica decepción: los Hackesche Höfe, en el número 40 de la Rosenthaler Straße. Es un conjunto de patios interiores entrelazados que responden a la estructura típica de las casas judías-burguesas, con la zona superior reservada a la vivienda y la inferior al negocio. Esperábamos algo con mucho encanto, toparnos con una sorpresa en cada patio, y en lugar de eso nos encontramos con la típica restauración pija e insulsa, más o menos con lo que se está haciendo con algunos mercados típicos de Madrid, sustituyendo los puestos de alimentación de toda la vida por vinotecas para esnobs. ¡Leñe!

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Nuestro ánimo era inquebrantable, y, aunque allí no habíamos visto nada interesante, seguimos nuestro camino como si tal cosa. Básicamente porque la Oranienburger Straße prometía mucho. Tradicionalmente ha sido una de las calles con mayor presencia judía de la ciudad, por lo que también fue de las más castigadas por el horror nazi.

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Berlin 202En ella está la Nueva Sinagoga (Neue Synagoge), construida a mediados del siglo XIX para que fuera la sede de la comunidad judía berlinesa. Lo que queda hoy es una reconstrucción del diseño original, puesto que el edificio fue quemado durante la Noche de los Cristales Rotos. La policía y los bomberos no se emplearon muy a fondo, por lo que los daños fueron cuantiosos. También hay que sumarle los daños ocurridos durante la posterior II Guerra Mundial. Sin embargo, hoy en día la vigilancia es extrema y siempre hay policía en los alrededores.

Entrar nos costó 4€ por persona, gracias a unas tarjetas de descuento que había conseguido Eri. Mucho ojo con esto, pues en un montón de sitios (alojamientos, museos, restaurantes) hay unos carritos con tarjetitas variadas de descuentos. Investigad, porque se puede conseguir ahorrar unos buenos euros con ellas. Aparte del consejo, hay que decir que el interior no tiene mucho interés. Es una visita obligada por su significado, pero todo es muy nuevo y las estancias más importantes no están abiertas al público. Además, habiendo ido un par de días antes al Museo Judío de Berlín la Sinagoga nos supo a poco.

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Lo dicho, el sitio es impactante si previamente te has informado sobre el terror nazi. Nosotros, al haber estudiado Historia, teníamos presente los horrores de la persecución a los judíos y en concreto de lo que supuso la Noche de los Cristales Rotos. Las fotografías de la sinagoga ardiendo y su buen aspecto actual son un claro ejemplo de cómo Berlín mira al futuro.

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Cambiando radicalmente de tercio, en la propia Oranienburger Straße, aunque algo más adelante, está otro de los símbolos de Berlín: la Casa Tacheles (Kunsthaus Tacheles). Aunque es el epicentro de la versión más alternativa de Alemania, en la actualidad es un atractivo turístico de primer orden. Se trata de un enorme edificio que fue ocupado en 1990 por un grupo de artistas, y que desde entonces no ha dejado de ser transformado con grandes dosis de arte efímero y mucha ilusión. Formaron una especie de cooperativa que en su época dorada llegó a tener decenas de talleres, cine, bar y mil cosas más.

Berlin 207Sin embargo, hoy Tacheles no es más que una sombra de lo que fue. En 2008 el propietario del edificio quiso demolerlo, ahora pertenece a un banco, se financia con fondos anónimos que no dan para mantener el cine… Vamos, que el futuro es muy turbio y merece la pena ir aquí cuanto antes, pues tiene pinta de que en breve dejará de existir.

Nuestra experiencia en Tacheles fue muy interesante, puesto que no habíamos ido nunca a un sitio así. Al principio nos dio cosilla entrar, ya que no había muchos viajeros por la zona, pero al pasar tímidamente a una especie de tienda nos dimos cuenta de que los visitantes eran bien recibidos. Así las cosas, entramos por un montón de escaleras llenas de graffitis, salas con talleres, zonas oscuras un tanto siniestras… Solo nos cruzamos con dos o tres guiris, el resto era gente del lugar que, sin ser demasiado habladora, tampoco te hacía sentir un forastero.

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Berlin 211Parece que hay dos alas principales, y tras visitar la primera nos dimos cuenta de que había un cartel señalando hacia el Sculpture Park (Parque de las Esculturas). Es una parte muy importante de Tacheles, así que seguimos las indicaciones hacia él.  No es difícil de encontrar, pero hay que dar mucha vuelta y atravesar un aparcamiento lleno de barro.

En cualquier caso las esculturas son muy interesantes, especialmente llamativas si os gusta la obra de genios como Dalí. Nos llamaron dos cosas la atención. La primera fue el carácter interactivo del parque, puesto de relieve especialmente en unas zonas donde ponía “deja aquí tu basura y vuelve para ver cómo ha crecido”. Por otro lado, no nos gustó nada que en todo momento se buscara sacar el dinero del viajero: deja un euro por hacer fotos, deja un euro por sentarte aqui, deja un euro como entrada… Además, algunas obras estaban a la venta y no vimos ninguna que costase menos de una cantidad con tres cifras.

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Berlin 215Aunque el Sculpture Park está muy chulo, nos gustó más el ambiente indoor de Tacheles. Por eso volvimos a explorar las partes del edificio a las que no habíamos entrado, momento en el cual nos cruzamos con una especie de visita guiada. Lo dicho, es un entorno muy alternativo pero plenamente integrado en el circuito turístico de Berlín.

La segunda parte de Tacheles nos gustó mucho más, pues vimos varias tiendas (con precios muuuuuuy caros), estudios de artistas y algún taller que en ese momento estaba en marcha. Quizá lo más reconocible sean los interminables pasillos llenos de grafitis, pero en cualquier caso Tacheles ofrece mucho más y desde aquí queremos hacer un llamamiento a que se mantenga en pie el edificio. Nunca editamos un diario de viaje a posteriori (salvo errores gramaticales), pero lamentablemente tiene pinta de que un viajero de 2014 o 2015 encontrará algo muy distinto a la que vimos nosotros en 2012. Una parte tan importante de la memoria colectiva berlinesa no puede desaparecer por los intereses especulativos de un banco.

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Como colofón a la visita a Tacheles, queremos enseñaros un vídeo que sintetiza muy bien lo que supone dar un paseo por el interior del edificio. Edu quiere aprovechar para pedir perdón a sus suegros por meter a Eri en un sitio así, pero no se pudo resistir.

 

Estábamos ya en un momento propicio para comer, pues nuestros estómagos no paraban de rugir. Dimos una vuelta por la zona y al final nos decantamos por hacerlo en la Rosenthaler Platz, donde hay bastantes opciones. Por 14€ en total, incluyendo la bebida, nos metimos estas dos montañas entre pecho y espalda:

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Ya con el estómago lleno nos preparamos para encarar una tarde que prometía, pues no sólo íbamos a seguir viendo cosas sino que al final nos esperaba un Barcelona – Real Madrid correspondiente a la vuelta de los cuartos de la Copa del Rey. ¿Dónde podríamos verlo? No sabíamos, pero no nos íbamos a quedar sin animar a nuestro equipo.

La primera parada la hicimos en el Centro Ana Frank (Anne Frank Zentrum), una especie de delegación alemana de la Casa de Ana Frank de Ámsterdam. Fue abierto recientemente, y en él se muestra la exposición permanente Ana Frank, hoy y aquí (Anne Frank. hier und heute). Cuesta 5€ por persona, pero aprovechamos para comprar la Museum Pass Berlin, una tarjeta que dura tres días y que incluye el acceso a bastantes cosas. No da para toda la ciudad, pero están algunas cosas gordas como toda la Isla de los Museos.

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Esperábamos mucho más del Centro de Ana Frank, para qué negarlo. Toda la exposición se reduce a una serie de fotografías que van intercalando momentos de la vida de Ana con hitos de la Alemania nazi. También hay una zona dedicada a audiovisuales, en la que distintos jóvenes del siglo XXI comparan su vida con la que llevó la niña judía. Por supuesto, no íbamos en busca de carnaza, pero no nos impactó en absoluto lo que vimos.

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En nuestra ruta estaba previsto ir a ver el Memorial del Muro de Berlín, pero para llegar hasta él tuvimos que andar un rato bastante largo. Para colmo de males, el lugar no estaba muy bien indicado en el mapa y estuvimos dando vueltas por la zona mucho tiempo (los alemanes, aunque son muy majos, no siempre son precisos con sus indicaciones). Por suerte, el camino no fue nada desagradable y pasamos cerca de iglesias, cementerios, palacios y otros edificios interesantes.

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Berlin 225No sabemos muy bien de qué manera, pero acabamos llegando al Memorial del Muro de Berlín (Gedenkstätte Berliner Mauer). Tiene dos sedes separadas a unos metros de distancia, ambas en la Bernauer Straße, que comparten muchas cosas en común: son gratis, están adaptadas para viajeros en sillas de ruedas y abren casi todo el día. No teníamos muchas expectativas, ya que apenas habíamos leído cosas sobre el sitio antes de llegar a Berlín, pero nos pareció una parada interesante y decidimos darle un voto de confianza… ¡Qué acierto!

Berlin 226En primer lugar, la parte puramente museística ofrece un magnífico recorrido sobre la Historia del Muro de Berlín: su construcción, el impacto en la población, el proceso que llevó a su caída… La exposición se desarrolla a través de testimonios escritos, fotografía y vídeo, por lo que se nos ocurren pocos ejemplos mejores de un discurso objetivo y bien elaborado.

Aun habiéndonos gustado mucho el Museo, lo realmente top es el mirador que ofrece sobre un tramo de muro conservado tal y como era. En él se muestra absolutamente todo: el lado soviético, la parte occidental, iluminación, torres de vigilancia, la tierra de nadie entre ambas zonas… Andando apenas nos habíamos dado cuenta de que estábamos cruzando la antigua frontera entre dos mundos, pero desde arriba se pueden apreciar hasta diferencias arquitectónicas de un sitio y de otro.

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Con esa sensacional visita habíamos cubierto todo lo que pensábamos ver ese día, pero aún teníamos muchas horas por delante antes de irnos a dormir. Hicimos balance de lo que estaba más o menos cerca y al final nos decantamos por ir al Museo de Historia Natural (Museum für Naturkunde o HfN), conocido también como Museo de Humboldt (Humboldt Museum). Nos encantan este tipo de museos y encima está incluido en la Museum Pass Berlin, por lo que la elección fue sencilla.

Berlin 228El Museo de Historia Natural de Berlín alberga más de 30 millones de especímenes entre animales, restos arqueológicos y minerales, incluyendo más de diez mil tipos nomenclaturales (los que se han utilizado para describir una determinada especie). Fue inaugurado hace más de dos siglos, siendo una referencia a nivel mundial desde el primer día.

Algunos datos explican perfectamente por qué merece la pena ir hasta el museo: tiene el dinosaurio recreado más grande del mundo, un ejemplar del pájaro más antiguo que se conoce (el Archaeopteryx), una colección excelente de meteoritos, el 75% de los minerales del mundo, el fragmento de ámbar más grande del planeta… Y eso por no hablar de miles de ejemplares concretos que justificarían por sí solos un viaje.

Sin embargo, tal chorreo de datos no implica un museo inabarcable, pues en el Museum für Naturkunde han entendido perfectamente la museología moderna y ofrecen al público una exposición bien dimensionada. Un visitante común no quiere ver 234324328423 especímenes, sino una muestra representativa que le ayude a hacerse a la idea de los fondos del museo: justo lo que encontramos. La visita la dan los dinosaurios, que como en otros muchos casos (como en el Museo de Historia Natural de Bruselas o en el Museo de Historia Natural de Londres) son los que más llaman la atención.

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A partir de ahí cada una de las quince salas se centra en un tema concreto: aves, fósiles, evolución humana, minerales, insectos… Evidentemente depende mucho de los gustos personales de cada persona, pero a nosotros nos pareció excepcional la parte dedicada a grandes dioramas. En ella se muestran tres grandes ecosistemas construidos entre 1918 y 1925, realistas a más no poder.

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Berlin 234No obstante, lo que más nos impresionó con diferencia fueron las colecciones húmedas. En una sala especialmente acondicionada por cuestiones de conservación se muestran nada más y nada menos que un millón de animales, contenidos en 275000 recipientes de vidrio. Muy llamativo, aunque no está en la ruta principal y no recibe muchas visitas.

Berlin 235Tras el museo nos íbamos a ir a casa, cuando nos acordamos de que teníamos una cosilla pendiente. Por la mañana nos habíamos encontrado cerrado el Ephraim-Palais, puesto que los miércoles abre más tarde. La modificación del horario también afecta a la noche, pues ese día no cierra hasta las 20:00. Allí fuimos, y lo que vimos fue un truño de dimensiones considerables. Pocas veces nos ha gustado tan poco el interior de un palacio, por no hablar de su indescriptible exposición temporal. Un sitio al que no merece la pena ir, no hay ninguna duda.

Entre unas cosas y otras no llegamos al hostel hasta las 21:00, pero el día aún tenía que dar mucho que sí. Básicamente teníamos tres cosas pendientes: hacer la colada, cenar e intentar ver el Barça – Real Madrid.

Berlin 236bLo primero no fue un problema, pues en el Generator Hostel hay varias lavadoras y secadoras. Este ha sido el primer viaje en el que hemos optado por esta solución para llevar mucho más vacía la maleta: echamos poquita ropa y la lavamos en el ecuador del viaje. Es lo que tiene no poder facturar equipaje, que hay que sacar hueco de donde sea.

La cena y el partido fueron de la mano. Ni en el hostel ni en ninguno de los bares de los alrededores fue posible ver el partido, y eso que en los días previos habíamos preguntado. Pasamos mucho rato buscando una opción, pero al final parecía que nos íbamos a quedar con las ganas. Resignados, fuimos a un Burger King en busca de la cena, la cual pedimos para tomar directamente en el hostel y así no pasar frío…

Berlin 236…y entonces surgió el milagro. Un chico estaba viendo el partido en su PC, y entorno a él nos juntamos españoles, ingleses y argentinos para verlo. El Madrid lo dio todo, pero un nuevo escándalo nos impidió eliminar al Barça. Edu le estuvo explicando a un guiri que los culés y los árbitros se llevan muy bien, pero el tipo no entendió demasiado.

Fundamentalismos futboleros aparte, al final el balance no pudo ser más positivo. Habíamos disfrutado de un día magnífico, y aunque poco a poco el viaje se iba acercando a su final aún quedaba mucho por hacer. Al día siguiente íbamos a ir al Bundestag y a la Isla de los Museos, por lo que las expectativas eran altas.

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2 pensamientos en “Berlín ’12 – Capítulo V: Mitte y alrededores (día 4)

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