Berlín ’12 – Capítulo IV: Excursión a Potsdam (día 3)

El tercer día del viaje era de los que más prometían (íbamos a hacer una excursión a Potsdam) pero fue un poco decepcionante. ¿Por qué? No adelantemos acontecimientos, que antes hay muchas cosas que contar.

Berlin 102Empecemos por el principio: ¿Cómo ir de Berlín a Potsdam? No tiene ninguna complicación, pues tan sólo hay que coger la línea S7 de S-Bahn, un tren muy similar al Cercanías de España. Nosotros lo hicimos desde la parada de tren de Alexanderplatz, pero se puede tomar en muchos sitios ya que la línea atraviesa Berlín de este a oeste.

El trayecto dura más o menos una hora, aunque se hace muy ligero ya que son trenes modernos, cómodos y con una buena calefacción. En la propia estación a la que se llega (Potsdam Hauptbahnhof, generalmente la veréis escrita como Potsdam Hbf) hay una Oficina de Turismo, pero al igual que en la de Berlín los mapas te los venden a un euro.

Ir desde la estación hasta el casco histórico tampoco tiene mucha complicación. Básicamente hay que salir desde la estación a mano izquierda, y en el cruce girar a la derecha. En cualquier caso, a lo lejos se verá la cúpula de una iglesia, que puede servir como guía. Otra referencia es que hay que cruzar el río, que -dicho sea de paso- es precioso. Por último, siempre queda el recurso de preguntar, pues los alemanes son muy simpáticos pese a que el estereotipo diga lo contrario.

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Tras una pequeña caminata llegamos a la Alter Markt, una bonita plaza en la que se congregan los primeros edificios interesantes de la ciudad. Quizá el más destacado sea la Iglesia de San Nicolás, (St. Nikolaikirche), un templo evangélico construido en la primera mitad del siglo XIX, destruido totalmente en la II Guerra Mundial y reinaugurado en 1981. Junto a ella están el Antiguo Ayuntamiento (Altes Rathaus) y las obras del Nuevo Parlamento, que ya están muy avanzadas. Este último es un edificio muy importante para el Estado Federado de Brandeburgo, y en el centro de la plaza hay instalado -temporalmente- una especie de minimuseo sobre su construcción. Cuenta con una plataforma para subir a lo alto y ver la plaza desde una perspectiva más alta.

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Entramos a ver San Nicolás, que por dentro no es gran cosa. Para acceder se puede hacer un donativo de 2€, cosa que -por descontado- no hicimos. Bastante dinero tiene la iglesia, si quieren cobrar la entrada que lo hagan y en ese caso pagaremos, pero nosotros no vamos a hacer donaciones forzadas. Dicho sea de paso, a la cúpula se puede subir, pero ahí si es obligatorio pagar 5€ por cabeza. Habíamos leído en muchas guías que no merecía la pena, por lo que en este caso no subimos ya que nuestro presupuesto empezaba a estar algo tocado.

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Dejando atrás la Alter Markt, enfilamos la Breite Straße, una amplia y moderna avenida plagada de edificios interesantes. Por encima del resto destacan dos museos: el Filmmuseum Potsdam, algo así como el Museo del Cine de Potsdam; y el Naturkundemuseum, dedicado a la Historia Natural. En una visita de dos días a la ciudad hubiéramos entrado a los dos, pero no había demasiado tiempo y tuvimos que dejarlos de lado. Los museos dedicados al cine no nos gustan demasiado y en Berlín teníamos pensado visitar el de Historia Natural, por lo que no dolió demasiado.

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Callejeando un poco llegamos a un museo que no quisimos perdernos, el Haus der Brandenburgisch – Preußischen Geschichte (Casa de la Historia de Brandemburgo y Prusia). Conocido por sus siglas, HBPG, es una institución establecida en las vaquerizas del Palacio de Potsdam en la que se muestran los 900 años de Historia del Estado Federado. Sobre el papel era una parada imprescindible, pero en la práctica supuso una decepción enorme. ¡Todo estaba en alemán! Ni un solo panel en inglés, absolutamente ninguno. Total, que no entendimos nada y en poco más de media hora estábamos en la calle. Una pena, porque esperábamos mucho. Algo se debía oler la taquillera, que solo nos cobró una entrada…

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El caso es que la primera parte de Potsdam nos estaba dejando un poco fríos. Mucho palacio y mucha avenida amplia, pero nada del otro mundo. No es que esperásemos el típico pueblecito de cuento de hadas, puesto que sabíamos de antemano que era una ciudad muy monumental, pero sinceramente la Gran Vía de Madrid nada tiene que envidiar a la Breite Straße.

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Sin embargo, hubo un punto de inflexión clarísimo en el que empezamos a ver la ciudad con otros ojos. Fue al llegar a la Puerta de Brandenburgo o Brandenburger Tor (no confundir con la de Berlín). El monumento fue construido en 1770-71 por orden de Federico II de Prusia para conmemorar su victoria en la Guerra de los Siete Años. Al margen de que sea bonito o no, desde él sale la Brandenburger Straße, una calle preciosa. Al verla dijimos “¡Anda, que buena pinta tiene!”, pero hasta la hora de comer no podríamos visitarla o de lo contrario no tendríamos tiempo para ver el Palacio de Sansoucci, principal atractivo de la ciudad.

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Berlin 120Precisamente de camino al palacio nos topamos con una especie de desfile histórico-militar, con pequeña banda de música incluida. No sabemos quienes eran, que estaban conmemorando ni si es algo que se repita periódicamente, pero en cualquier caso parecía algo común ya que fuimos los únicos en pararnos a verlo y a hacer algunas fotos.

Berlin 121Sin mucho tardar nos plantamos en la entrada del Parque Sanssouci, donde se concentran los principales atractivos de Potsdam. Es un parque enorme, con un gran simbolismo histórico y con una belleza que justifica su visita al menos una vez en la vida. Sin embargo, es preferible recorrerlo en verano o puede ser algo decepcionante.

Y es que en invierno la cosa está muy parada. No solo porque la vegetación esté muy mustia, algo totalmente comprensible, sino porque todo funciona a medio gas. La mayoría de las estatuas están metidas en cajas de madera para protegerlas del frío, no hay mucha gente y varios palacios están cerrados. Especialmente duro fue perderse el Palacio de Galería de Pinturas (Bildergalerie). Sigue siendo un parque precioso y en invierno tiene un toque romántico-decadente más que interesante, pero aun así nos habíamos hecho a la idea de algo muy colorido.

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De todos modos, tanto en invierno como en verano hay que quitarse el sombrero ante el Palacio de Sanssouci (Schloss Sanssouci). La antigua residencia estival de Federico II de Prusia es considerada como una de las pocas capaces de hacer sombra a Versalles, con lo que no hace falta decir nada más.

Berlin 124La verdad es que es un palacio bastante raro, o al menos muy distinto de lo que habíamos visitado hasta la fecha. En lugar de una mole enorme sobre la que gira todo, Sanssouci es una especie de guinda en un pastel con forma de parque. No es muy grande, pero es visible desde cualquier punto y la tentación de subir es inevitable.

Antes de seguir, vamos a dar unas pinceladas históricas. Sanssouci significa “Sin preocupaciones”, muestra de que cuando se construyó -entre 1745 y 1747- la prioridad era crear una residencia privada y no un centro de poder. Por eso tiene sólo diez habitaciones principales, aunque su reducido tamaño o sus pretensiones ociosas no significan austeridad: todo el palacio fue diseñado al gusto de Federico II el Grande, en un rococó muy peculiar y bastante recargado. Todo esto explica que en 1990 palacio y jardines fueran declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siendo en la actualidad uno de los principales símbolos de Alemania.

Todos esos datos no impiden que la subida fuera algo pesada. Eran muchos escalones y hacía un frío considerable, pues tanto ese día como en otros del viaje nos mantuvimos a temperaturas bajo cero. Aun así, merece la pena el esfuerzo pues en lo alto está uno de los palacios más peculiares, bonitos y significativos de Europa.

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Berlin 128Para ver el palacio por dentro hay que ir a la fachada opuesta a las escaleras, donde se compran los tickets para unas visitas guiadas que salen aproximadamente cada cincuenta minutos. No es especialmente barato y encima no pudimos utilizar nuestras tarjetas de estudiante, así que la broma salió por más de diez euros.

Nos tocó esperar un rato hasta la visita, por lo que aprovechamos para dar un voltio por los alrededores. Destaca especialmente el Molino de Viento Histórico (Historische Mühle), reconstruido en 1993 siguiendo los patrones de finales del siglo XIX. Al fondo sobresale la figura de las ruinas artificiales que fueron construidas para agradar a los reyes prusianos, toda una oda al romanticismo mal entendido. Otra cosa llamativa es la tumba de Federico II, siempre abarrotada de patatas. Hay quien dice que se las ponen como agradecimiento por haberlas traído al país, pero otros afirman que se hace irónicamente por lo tacaño que era. Sea como fuere es un tema curioso.

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Cuando llegó la hora fuimos a la puerta, y en seguida vimos que la visita guiada no era tal: simplemente una chica iba abriendo y cerrando puertas mientras los guiris (en este caso nosotros y otros diez alemanotes) escuchábamos una audioguía incluida en la entrada. Por cierto, un consejo útil: no paguéis la tasa para poder hacer fotos en el interior del palacio. La trabajadora pasa de todo y no hay ningún problema en hacerla de gratis.

Al margen de cuestiones formales, sobra decir que Sanssouci es un impresionante y recargado edificio en estilo rococó. No es especialmente canónico, pues influyó mucho el gusto de Federico II, tanto que en determinados estudios se habla de rococó federiciano. Los amantes de lo kitsch lo pasarán en grande entre espejos enmarcados en oro, paredes llenas de filigranas y cúpulas ornamentadas de maneras imposibles.

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Berlin 136El broche de oro (nunca mejor dicho) a la visita lo pone un cuadro que no debe pasar desapercibido: la representación que hizo Andy Warhol de Federico II. Una visión contemporánea del emperador, muy alejada de las imágenes que habitualmente acompañan a su biografía. Mucha gente pasó de largo sin hacerle el más mínimo caso a esta pedazo de obra de arte.

Berlin 137A modo de despedida dimos un último paseo por los alrededores del Palacio de Sanssouci. No sabemos muy bien cuando volveremos, pues a Potsdam no se va todos los días, pero desde luego alguna vez regresaremos y sin duda será en verano, para poder disfrutar del parque y del palacio en todo su esplendor. ¡Hasta la próxima!

Con esa sensación de “aquí tenemos que volver en otra época” nos sentamos a planificar el resto del día. El Parque de Sanssouci es inabarcable a pie en una mañana, por lo que nos trasladamos a otro punto de interés en autobús. Hay varias líneas que comunican unas zonas con otras, en nuestro caso utilizamos la 695 para ir a parar a la zona universitaria…

…¿Universitaria? Eso es, en pleno parque está la Universidad de Potsdam. No solo está en un lugar privilegiado, sino que además muchas de sus facultades están en edificios históricos. El edificio más destacado es el Nuevo Palacio, cuyas Alas de Servicio o Communs están ocupadas actualmente por Filosofía y Letras.

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Berlin 140Se nos ocurrió que en las universidades siempre se come bien y barato, por lo que buscamos la cantina en busca de un chollo… ¡Craso error! Como mucho se podía tomar café y una bolsa de patatas fritas, por lo que nos fuimos de allí sin sacar nada en claro. Bueno, comprobamos la eficiencia alemana de primera mano: nadie estaba jugando al mus en la cafetería.

Las estancias principales del Nuevo Palacio de Potsdam (Neues Palais) constituyen un edificio impresionante que también forma parte del conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad. Lamentablemente, no pudimos visitarlo porque durante varios meses ha estado cerrado por la preparación de una ambiciosa exposición que servirá para conmemorar el tercer centenario del nacimiento de Federico el Grande. Pese a todo no nos vinimos abajo y estuvimos recorriendo los jardines de los alrededores, donde nos encontramos con dos templetes en muy buen estado.

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Con eso dimos por finalizada la visita a Sanssouci. Aunque en el momento nos quedamos algo fríos -sin duda esperábamos algo mucho más colorido- con el paso del tiempo nos ha quedado un recuerdo muy bueno, y actualmente está en la lista de objetivos pendientes para una escapada veraniega.

Berlin 144Del parque volvimos al centro en autobús, para retomar la ruta por el casco histórico donde la habíamos dejado: a las puertas de la Brandenburger Straße, una de las calles más bonitas de las que vimos en todo el viaje. Tenía muy buena pinta desde fuera, y con unos pocos pasos comprobamos que las apariencias eran ciertas.

Eso si, ya era tardecito y lo primero era comer. En una especie de cadena de comida rápida (Bistro XXL) probamos un delicioso currywurst, muy diferente a los que habíamos comido hasta ahora. Más que ketchup con curry espolvoreado, lo que tenía era una especie de salsa que cubría toda la salchicha y que estaba riquísima. Por supuesto, no faltaba la montaña de patatas como acompañamiento.

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Con el currywurst entre pecho y espalda nos dispusimos a recorrer la preciosa Brandenburger Straße, siempre con la iglesita al fondo. Realmente es una calle comercial como las que se pueden encontrar en muchas ciudades de España -nos recordó horrores a la popular Calle Madrid de Getafe-, aunque con un encanto especial. Los edificios, el pavimento y la gente nos recordaban a cada paso lo lejos que estábamos de casa. De verdad, 100% recomendable: pasear por esta calle es una delicia.

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Al final llegamos a la Iglesia de San Pedro y San Pablo (Peter-und-Paul-Kirche), un pequeño templo católico. No es especialmente llamativo como conjunto, pero en su interior alberga un enorme órgano de 1936 que es una maravilla. Además, en los alrededores había una especie de mercadillo en el que estuvimos curioseando un rato. No sabemos si se celebra a diario o una vez cada cierto tiempo, pero tampoco era gran cosa.

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Muy cerquita de la iglesia, pasando junto a unas casas muy chulas, está la Nauener Tor. Fue construida en 1755 y es uno de los primeros ejemplos de la corriente neogótica en el continente europeo. Junto a ella teóricamente estaba el Museo de Potsdam, pero no lo encontramos por ningún sitio. De hecho, preguntamos a una señora y aprendimos dos cosas: la primera, que el museo no estaba por allí; la segunda, lo amables que son los alemanes. Nos atendió con una sonrisa, y al no saber donde estaba lo que preguntábamos empezó a parar gente… Total, que al final estábamos en medio de una conversación de la que no entendíamos nada con cinco germanos. Una anécdota curiosa, pero nos quedamos sin museo. Lo que no nos perdimos fue el Ayuntamiento de Potsdam, que tiene un edificio bastante grande y que está a solo unos pasos de la Nauener Tor.

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Desde donde estábamos teníamos que caminar cinco minutos por la Kurfürstenstraße para llegar a nuestro último destino en la ciudad: el Jardín Nuevo o Neuer Garten. Antes de hablar de él, queremos decir que lo que más nos gusta de Potsdam es que con un rato andando te plantas del centro de la ciudad a un parque enorme, casi cercano a lo que se entiende en España por un bosque.

Dicho esto, lo primero que nos recibió en el parque fue la Biblioteca Gótica o Gotische Bibliothek, un pequeño templete de estilo neogótico que refleja la relación que tenía Federico el Grande con órdenes secretas como la francmasonería o la rosacruz. Son muchos los guiños que se hacen en estos jardines a todo este asunto.

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Sin embargo, lo que realmente merece la pena del Jardín Nuevo es el Lago Sagrado (Heiliger See). Tiene un área de 34 hectáreas y una profundidad máxima de 11 metros, aunque más allá de las cifras lo interesante son las sensaciones. Se trata del típico lago de cuento, en el que los cisnes se pasean a sus anchas y la vegetación surge por todas partes. Al fondo, como no podía ser de otro modo en esta postal, hay casitas propias de un cuento de hadas. Fue maravilloso pasear un buen rato por la orilla.

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Además del lago, el parque ofrece otros atractivos como el Palacio de Mármol (Marmorpalais) o el Invernadero (Orangerie), sitios por los que transitamos sin cruzarnos con nadie. Visitar estos sitios en silencio es importantísimo, quizá fue lo único positivo de ir a Potsdam en invierno en lugar de hacerlo en verano.

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Berlin 163Como ya hemos contado antes, el Neuer Garten fue lo último que hicimos en Potsdam. Casi se nos hizo de noche paseando y paseando, por lo que no hace falta volver a decir lo mucho que nos gustó. Eso si, nos quedó un regusto amargo ya que para Potsdam un día no es suficiente. Fueron muchos los parques, jardines y museos que quedaron en el tintero.

Berlin 164Justo antes de coger el tren de vuelta a Berlín, nos comimos unos bollos en la estación de Potsdam Hauptbahnhof. Puede parecer un detalle sin importancia, pero es perfecto para hablar de lo mucho que se puede encontrar en esa estación: sitios para comer o cenar, tiendas de souvenirs, una Oficina de Turismo…

Berlin 165Aunque el día estuvo protagonizado casi en su totalidad por Potsdam, cuando llegamos a Berlín nos dejamos llevar por el consumismo y fuimos de tiendas por los alrededores de la Alexanderplatz. Básicamente compramos en el Saturn y en el Media Markt, donde nos hicimos con un peluche de los Angry Birds y con dos vasos-termo de esos que tanto se ven en las capitales europeas.

Precisamente, a la salida del Media Markt nos encontramos con un vendedor de currywurst ambulante. Ya sabemos que fue una guarrería, pero se nos antojó y, por 1.20€ cada uno, no pudimos resistirnos. Entre los bollos y los perritos (ojo con ellos, pues aunque confundió colores el vendedor trató de hacernos la bandera de España) luego no nos quedaron muchas ganas de cenar, pero por un día entero comiendo podris nuestros organismos no van a dejar de funcionar. Aunque después de leer todo esto sea difícil de creer, en nuestra vida cotidiana platos como el puré de calabacín o las berenjenas rellenas son de nuestros favoritos.

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Para cerrar, queremos hacer una última reflexión sobre Potsdam. ¿Por qué hemos hablado de decepción? Pues porque en nuestra memoria estaba un día tan bonito como el que pasamos en Versalles unos años atrás. No es que esperásemos eso, pero desde luego esperábamos más colorido y no un frío invernal tan grisáceo. Pese a todo, con el tiempo el recuerdo ha mejorado y ahora solo hablamos maravillas de esta preciosa ciudad.

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17 pensamientos en “Berlín ’12 – Capítulo IV: Excursión a Potsdam (día 3)

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  2. Muchas gracias por la información. Acabamos de volver de Postdam. Realmente merece la pena la visita, aunque hoy estaba cortada la linea S7, y en ningun lugar lo anunciaban. Despues de dar 100.000 vueltas, hemos logrado llegar a las13:30. Al ser tan tarde, hemos cogido un autobus turistico (costaba 15 € pero nos han cobrado 12, quizá por la hora, pues acaban a las 17:00). Nos ha merecido la pena, ya que nos ha dado una idea de la ciudad y luego hemos ido andando a los lugares que mas nos han gustado. Por supuesto, se nos ha hecho de noche en sanssouci, que pena no tener otro dia mas alli.

    • Pues si, en Potsdam siempre hace falta un día más 😛 Somos muchos los que hacemos una excursión en el día, cuando lo cierto es que es un destino para fin de semana. ¡Un abrazo!

  3. Nos ha gustado mucho la excursión. Estamos preparando un viaje a final de mes a Berlin y vamos ha hacer esta escapada en un día. ¿Hay algún monumento en Potsdan en el que se obtenga algún descuento con la welcomecard? Y otra pregunta ¿El bus que puedes tomar en Potsdam entra dentro de la welcomecard ABC? Muchas gracias.

    • Hola Paqui! Gracias por tus palabras. Sentimos no poder ayudarte con este tema pues nosotros no utilizamos en el viaje la welcomecard 🙁 ¡Un saludo y disfrutad del viaje!

  4. Hola
    Cuántas horas les tomó hacer ese recorrido por su cuenta? Por lo que veo, no es necesario comprar el paquete de 17 euros desde Berlín.

    • Hola Susana! Pues estuvimos un día completo viendo Postdam. Es una ciudad bastante asequible, por lo que no tendrás problema en ir por tu cuenta. ¡Saludos!

    • Hola Marisol! Suponemos que te refieres al ticket que abarca las tres zonas, no? Si es así, os vale perfectamente, pues Postdam se encuentra en la zona C. ¡Saludos y buen viaje!

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