Berlín ’12 – Capítulo II: Llegada a Berlín y primera panorámica (día 1)

El viaje a Berlín ha tenido un comienzo mucho menos intempestivo que los últimos, pues pese a volar con Easyjet el vuelo salía a una hora no muy temprana. Por eso pudo venir toda la familia a despedirnos, en una estampa que nos encanta y que ha sido el punto de partida muchas aventuras.

Berlin 01En estos casos, los padres de Edu y los padres de Eri se reúnen en el aeropuerto, y se encargan de los últimos consejos de rigor: tened cuidado, no os olvidéis nada, llamad cuando estéis en el hotel… Luego vienen los besos, los abrazos y los achuchones, especialmente por parte de las madres. Por último, esperan pacientemente hasta que pasamos los controles -esta vez tardamos un montón, nos cachearon un par de veces y el personal del aeropuerto de Barajas no fue nada amable- para decirnos adiós con la mano. ¡Tres hurras por estos episodios familiares!

Ya que nos ponemos a hablar de tradiciones, aquí viene otra que nos acompañará toda la vida: el pánico que le da a Edu volar. Pasan los años y cada trayecto es un suplicio, aunque en este caso hemos añadido una innovación que hizo las cosas algo más tranquilas: los iPhones que nos dejaron los Reyes Magos. No sólo han sido útiles para el viaje -gracias a su cámara de fotos y a la conexión wifi-, sino que además hicieron el vuelo mucho más rápido gracias a los famosos Angry Birds. Fue todo muy tranquilo, salvo el dichoso aterrizaje. Sólo diremos tres palabras: viento racheado lateral. Gracias a eso el avión parecía una hojita de papel…

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El caso es que alrededor de las dos de la tarde aterrizamos en el Aeropuerto de Berlín-Schönefeld, al sureste de la capital de Alemania, que es a donde llegan la mayoría de los vuelos a Berlín low cost. Los primeros pasos por el país bávaro sirvieron para confirmar dos tópicos: lo dificilísimo que es el idioma y lo eficientes que son en comparación con nosotros. Pese a que los letreros parecían jeroglíficos, pudimos encontrar sin problemas el caminito hacia la estación de tren. No tiene mucha pérdida: según se sale de la terminal hay que ir hacia la izquierda y seguir a la gente.

Nada más entrar en la estación hay máquinas automáticas para comprar los tickets, pero es mejor avanzar un poquito porque en las primeras se forman largas colas y más adelante hay otras sin apenas gente. En nuestro caso, nos hicimos con un billete válido para todo el día y todos los medios de transporte (tren, bus, metro…), ya que teníamos pensado ver alguna cosilla por la tarde. Total: 6.80€ por persona.

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Berlin 07¡Muy importante! Como en otras ciudades europeas, en Berlín no basta con adquirir el billete. Si no se valida previamente es como si no tuvieras nada, y no te librarás del multón. Las máquinas están por todas partes, pero al no ser especialmente llamativas cabe la posibilidad de olvidarse. Lo dicho, mucho ojo con este tema porque los revisores no tienen compasión.

El aeropuerto de Berlín está muy bien comunicado mediante tren de cercanías, el cual funciona perfectamente: buenos trenes, amplias estaciones y puntualidad absoluta. Nosotros cogimos la línea S9 hasta la estación de Ostkreuz, donde, en el mismo andén en el que nos bajamos, tomamos la línea S8 hasta Landsberger Alle. Esta parada fue clave durante todo el viaje, ya que estaba a un par de minutos andando de nuestro alojamiento.

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De hecho, el Generator Hostel, que sería nuestro hogar durante toda la semana, se veía desde la propia estación. Total, que rápidamente hicimos el check in, dejamos las maletas en la habitación y nos pusimos en marcha. Antes de empezar a ver cosas tocaba la llamada de rigor a la familia. Aprovechando que llevábamos iPhone y que en el hostel había wifi gratis, utilizamos la app de Skype para hablar con nuestras madres sin gastar un solo centimo.

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Otro trámite imprescindible era comer. Entre unas cosas y otras eran ya más de las cuatro de la tarde, por lo que no hace falta decir como nos rugían las tripas. Estuvimos mirando por los alrededores del hostel y enseguida lo tuvimos claro: la mejor manera de empezar el viaje era probando nuestro primer currywurst. Esta sencilla receta consiste en una salchicha asada o cocida, condimentada con mucho ketchup y curry en polvo. También es imprescindible la consiguiente montaña de patatas. Si en Roma no paramos de comer pizza, aquí las salchichas cayeron prácticamente a diario. Y aunque tomamos este manjar de dioses varias veces, en cada sitio nos supo totalmente diferente.

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Aunque el Generator Hostel no es especialmente céntrico, lo elegimos por lo bien comunicado que está. Hay una estación de tranvía justo al lado del hostel que en diez minutos te lleva al corazón de Berlín, con una frecuencia muy alta. Volvemos a aprovechar para hablar bien de los medios de transporte alemanes, que, como en muchos otros aspectos de la vida, nos llevan años de ventaja. Hablando de todo un poco… ¿Cómo es posible que ganen tres veces más que nosotros y la gasolina cueste prácticamente igual?

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Y eso fue exactamente lo que hicimos: diez minutos de tranvía fueron suficientes para ir a parar a la célebre Alexanderplatz, un cruce de caminos que es inevitable visitar varias veces si se está en Berlín. Su aspecto actual se debe a que fue totalmente destruido durante la II Guerra Mundial, aunque ha tenido importancia desde hace varios siglos por su uso como mercado. En cualquier caso, las bombas no han impedido que en la actualidad se encuentren aquí varios de los principales símbolos de la ciudad, como la Torre de Televisión (Fernsehturm) o el Reloj Mundial (Weltzeituhr).

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Para la primera tarde en Berlín no teníamos nada previsto, únicamente improvisar e ir a donde nos apeteciese. Echamos un vistazo a nuestras notas y decidimos ir primero a la Kurfürstendamm -una de las avenidas más famosas de la ciudad-, sin saber que haríamos después. Precisamente el hecho de ir sin rumbo hizo que no nos detuviésemos demasiado en la Alexanderplatz, puesto que sabíamos que pasaríamos muchas más veces por ella a lo largo de la siguiente semana.

Sólo hicieron falta unos pocos minutos para ir de un sitio a otro, puesto que el Metro de Berlín es espectacular: fiable, puntual, limpio, cómodo… Ya conocemos los suburbanos de las grandes capitales europeas, y a excepción del Metro de Moscú -una maravilla muy por encima del resto- este es de los que más nos han gustado.

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La Kurfürstendamm es una de las avenidas más célebres de la ciudad, no sólo por su longitud -más de tres kilómetros- sino por su evolución. Aunque su aspecto actual se debe a una reforma de Otto von Bismarck a finales del siglo XIX, lo más relevante es que durante la división de Berlín se convirtió en el centro comercial de la parte occidental. Esa faceta ha perdurado, y hoy por hoy es uno de los sitios más frecuentados por berlineses y turistas para ir de compras.

Berlin 22Esperábamos encontrar un ambientazo, pero lo que hicimos fue llevarnos un chasco considerable. Ingenuos de nosotros, no habíamos reparado en que era domingo por la tarde y que por eso todo estaba cerrado. Total: ni gente, ni tiendas, ni nada de nada. En su lugar nos topamos con algo de lluvia y con poquito más.

Aún así, no nos supuso el más mínimo disgusto. El viaje no había hecho nada más que comenzar y preferimos recorrer un poco la Ku´Damm (como se la suele llamar) para ver sus edificios. Teníamos algunas cositas marcadas en nuestros apuntes y no nos las íbamos a perder.

Berlin 23El más llamativo quizá sea el cententario KaDeWe (abreviación Kaufhaus des Westens o Grandes Almacenes del Este), el centro comercial más grande de la Europa Continental con 60.000 metros cuadrados de superficie comercial. El edificio de los GUM de Moscú es más grande, pero buena parte es de uso privado.

También queríamos haber visitado la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm (Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche), o mejor dicho sus restos. Lo poco que queda de este templo luterano es fruto de los bombardeos de la II Guerra Mundial, y en la actualidad son un lugar de recuerdo y reflexión. Sin embargo, tuvimos la mala suerte de que la estaban restaurando y estaba tapada hasta arriba. Una pena, porque nos quedamos sin ver un edificio que en las fotos de internet parece espectacular.

Berlin 24Hay que decir que no hicimos gran cosa en la Kurfürstendamm, aunque fue una buena toma de contacto con la ciudad. No había mucho más que hacer, así que decidimos ir al intercambiador de autobuses del Zoo e ir a una zona de la ciudad algo más animada. En lo que andábamos en busca de la parada no dejó de llover, aunque el resto del viaje hizo buen tiempo.

Berlin 25De camino al autobús nos topamos con el curioso Museo Erótico de Berlín (Erotik Museum). Después de la visita al Museo Erótico de San Petersburgo, que hasta la fecha ha sido la experiencia más surrealista de nuestras vidas, no podíamos perdérnoslo. Curioseamos un rato, pero tampoco es nada del otro mundo.

Sigamos con el relato, y hablemos de cosas útiles. En Berlín hay dos autobuses urbanos diseñados especialmente para los turistas: la línea 100 y la 200. Ambas salen del intercambiador que hay al lado del Zoo y recorren los principales monumentos de la ciudad. Tienen una frecuencia asombrosa, funcionan desde media mañana y entran dentro del ticket de transporte normal, por lo que nosotros aprovechamos el que habíamos comprado en el aeropuerto dado que era válido por un día.

Berlin 26Como llovía y no había mucho que hacer por la zona, decidimos montarnos en el primero de esos buses turísticos que pasase e ir hacia la Alexanderplatz. La ruta en el autobús sería además un buen aperitivo de lo que íbamos a ver durante la semana siguiente, pues a través del cristal podríamos ver joyas como la Puerta de Brandeburgo o el Bundestag.

Nuevo error. Aunque el autobús estaba muy chulo (de dos plantas) y la ruta era preciosa (muy recomendable si se tiene poco tiempo en la ciudad)… ¡No vimos nada! Llovía y hacía frío, por lo que los cristales estaban entre empañados y congelados. Desde el bus vimos algunas cosas malamente, pero con la cámara no pudimos sacar nada decente. Aun así lo pasamos bien, pues estábamos muy cansados y se agradecía el rato sentados.

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Cuando por fin llegamos a la Alexanderplatz el tiempo había cambiado por completo. Ya no llovía y para colmo se estaba despejando, por lo que nos dio por pensar… ¿Por qué no subir a la Torre de Televisión? El Fernsehturm tiene un horario amplísimo (abre hasta las 00:00 todo el año), y era de lo poco que podíamos hacer un domingo a esa hora.

Berlin 30La verdad es que no lo habíamos planificado, de hecho ni sabíamos que se podía subir hasta que paseando por los alrededores vimos flashes que salían desde el mirador. Buscamos la entrada (que no está exactamente en la Alexanderplatz) y pasamos por caja para recibir el correspondiente estacazo: 11€ euros por persona. Era bastante caro, y aunque viajando ajustamos el presupuesto al máximo nunca renunciamos a nada que nos parece interesante. Las vistas prometían, así que no lo pensamos y nos hicimos con la entrada.

Aunque no tuvimos que esperar nada, los pasillos que llevaban al elevador estaban preparados para grandes aglomeraciones, por lo que si vais en fechas turísticas igual os toca esperar. A nosotros no, y en dos minutos estábamos esperando para subir. Y hablando de todo un poco, el ascensor nos pareció bestial. En unos pocos segundos sube los más de 200 metros que hay desde el suelo al mirador, con el consiguiente mareo que nos dejó un rato con dolor de cabeza.

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¿200 metros? En efecto, la Torre de Televisión de Berlín es de los edificios más altos de Europa. Aunque su mirador está a 204 metros, la altura total es de 368. Por tanto, os podéis imaginar lo preciosas que eran las vistas desde lo alto. El precio de la entrada permite estar todo el tiempo que se quiera, así que estuvimos bastante rato disfrutando de una panorámica difícil de olvidar. Hay paneles informativos sobre cada edificio, un bar y un (caro) restaurante, por lo que es posible cenar allí mismo si se quiere. Nuestro bolsillo ya había sufrido bastante con el precio de la entrada, pero aun así disfrutamos como enanos de los miles de lucecitas que estaban bajo nuestros pies.

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Berlin 37Antes de bajar, por supuesto, inmortalizamos el momento junto al letrero del ascensor: ¡203,78 metros! La foto nos la sacó el “conductor” del elevador, todo un súper héroe que pasa el día subiendo y bajando a toda velocidad. Salimos de la torre con una sonrisa, pues aunque había sido caro había merecido la pena.

Rematamos la noche curioseando más a fondo por la Alexanderplatz. Básicamente nos llamó la atención el Reloj Mundial, que con su curioso mecanismo marca la hora de todas las zonas horarias del mundo. Entre las ciudades representadas está Madrid, aunque vimos otras que nos trajeron buenos recuerdos como Casablanca, Roma o Bucarest. Ya desde esta primera noche nos dimos cuenta de que había algo en la Alexanderplatz y sus alrededores que engancha, pues aunque no es una plaza especialmente bonita nos ha quedado un recuerdo fantástico.

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Al ser el primer día no teníamos muchas fuerzas, ya que los viajes en avión nos cansan muchísimo. Por eso, volvimos prontito -tranvía mediante- a nuestro hostel. Antes paramos en el mismo sitio en el que habíamos comido, en el que unas sopitas y unos “kebabs en caja” (7.50€ en total) calmaron a nuestros estómagos. Pese al cansancio, la sensación de poder moverse por toda Europa gastando poco dinero es maravillosa. ¡Vivan los vuelos baratos!

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Teníamos ganas de ir al Generator Hostel, pues, en el poco tiempo que habíamos estado por la tarde, nos habíamos dado cuenta de lo grande que era. Por eso, aunque estábamos cansados no nos fuimos a dormir prontito, sino que curioseamos un poquillo (salas comunes y bar fundamentalmente) para comprobar el buen ambiente que hay en él cada noche. También aprovechamos su wifi gratis para hablar con la familia con el iPhone sin gastar un céntimo y compartir fotos mediante el facebook de Edu & Eri Viajes. ¡Muchas gracias a todos por los comentarios!

Al final, como no podía ser de otro modo, nos esperaba la camita. ¡Qué sueño! El primer día no había sido muy productivo, pero aun así lo recordamos con todo el cariño. Seguid leyendo, porque Berlín aún tenía mil cosas con las que sorprendernos.

Capítulo IVolver a Berlín ’12Capítulo III

5 pensamientos en “Berlín ’12 – Capítulo II: Llegada a Berlín y primera panorámica (día 1)

  1. Pingback: Berlín ’12 – Capítulo III: ¿Qué hacer un lunes en Berlín? (día 2) | www.eduyeriviajes.com

  2. Hola!
    Viajo a Berlín en Enero con mis compañeros de clase.
    Tengo alguna dudillas, a ver si me las podéis resolver:
    1. Hace mucho frío? jajajajaja A ver, ya sabemos que es invierno y hace frío, pero hasta que punto? Como para llevar camiseta y medias térmicas o es exagerar? Mis compañeros dicen que estoy loca, pero no quiero morirme de frío.
    2. Vamos 3 días completos y dos mitades (más o menos). Recomendariais ir a Postdam y al Campo de Concentracion de Sachsenhausen o mejor centrarnos únicamente en la ciudad?
    3. Hay vida nocturna en Berlín? No quiero decir fiesta, más bien gente por la calle más allá de las 6 de la tarde
    4. Tenemos el hostel en Alexander Platz, hay por allí sitios para comer y demás?

    Ahora mismo no tengo más dudas, aunque seguro que llegarán!
    Gracias de antemano 🙂

    • Hola María!

      Vamos con esas dudillas 🙂

      1. Posiblemente sea el sitio en el que más frío hemos pasado en nuestra vida XD Íbamos con ropa térmica y aun así notábamos como se nos congelaba la piel de la cara… Aunque bueno, hay que ser realistas: depende del tiempo que vaya a hacer. Míralo un par de días antes, pero si ves que hay previstas temperaturas bajas… ¡¡ABRÍGATE!! Y da igual que te llamen loca, ya les llamarás tú cualquier cosa cuando se estén congelando.
      2. Si vais 3 días y dos mitades, vais muy justitos para las excursiones. En realidad, depende de una cosa: ¿os gustan los museos? Si tenéis pensado ir a museos, no merece la pena moverse de Berlín. Nosotros en la Isla de los Museos pasamos un día entero y nos quedaron cosas por ver. Si no pensáis ver más que lo imprescindible, quizá si podáis hacer una escapada, aunque en todo caso de medio día. Os recomendamos Sachsenhausen más que Potsdam, es impresionante (es el campo de concentración que sale en la peli de Los Falsificadores).
      3. Berlín y vida nocturna… ummm… depende XD Las zonas más turísticas si que tienen gente, pero no esperéis nada parecido a España. De hecho, todo cierra bastante pronto. Otro tema es que hablásemos de fiesta, en ese caso si que tenéis para dar y tomar XD
      4. La Alexanderplatz es el centro del universo. Entre la plaza y la estación de tren que hay al lado, tenéis infinitas opciones. Aparte de las típicas de comida rápida (McDonalds, Kentucky, etc) también hay para comer currywurst (las salchichas esas que te ponen con ketchup, patatas y curry [buenísimas]). Si os mola la comida asiática, no os podéis ir sin comer unas cuantas noodle box: cajas en las que te ponen los típicos fideos japoneses con verduritas y pollo/carne. En la estación de tren hay una cadena muy famosa, Asia Gourmet, en la que se come por 4€ (bebida aparte). Es comida para llevar, pero está riquísima.

      Dos recomendaciones que no suele contemplar la gente. Si os gusta el fútbol, id a ver un partido del Hertha Berlín: las entradas cuestan desde 15€ y el ambiente es una pasada. Por otro lado, si os gustan los videojuegos tenéis el Computerspielemuseum (Museo de los Videojuegos). No es muy grande, pero a gente del mundillo siempre le encanta. Puedes jugar a una recreativa original del Donkey Kong de los 80 XD

      Para cualquier otra duda, ya sabes donde estamos 🙂

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