Benicàssim ’13 – Capítulo III: Desierto de las Palmas, Ruta de las Villas, clinic de Golf y un poquito de blues

Un desierto que no es desierto, una caminata con el mar a un lado y villas de la Belle Époque al otro, un clinic de golf  y conciertos de blues, entre otras muchas cosas, era lo que teníamos previsto para el segundo día del viaje. ¿A que no tenía mala pinta la cosa?

Aunque solo con el primer párrafo ya hemos demostrado que Benicàssim es mucho más que sol y playa, os recomendamos seguir leyendo. Si lo hacéis, descubriréis con todo detalle las infinitas localidades que tiene esta ciudad, a muy poquita distancia de Madrid y Barcelona.

Como teníamos previsto hacer un montón de cosas, era obligatorio darse un buen homenaje en el desayuno. Y, para eso, el buffet del Hotel Intur Orange es el lugar indicado. ¡Es gigantesco! Variedad, calidad y cantidad que hicieron que empezásemos el día de la mejor manera posible: Nesquick, zumo, huevos fritos, bacon, chorizo, embutidos, pan con tomate, rosquillas, bollos…

DESIERTO DE LAS PALMAS

Una vez llenamos el depósito con un montón de calorías, empezó una ajetreada y divertidísima jornada. La primera parada fue en el Parque Natural del Desierto de Las Palmas. Se llama así porque los carmelitas, asentados allí desde siglos atrás, denominaban Santos Desiertos a los lugares de retiro espiritual. Total, que no esperéis arena y sequía, sino un pulmón verde de más de 3000 hectáreas que incluye la flor y nata de la vegetación mediterránea: alcornoques, brezos, carrascos…

Hay que dar las gracias a los carmelitas, ya que son los principales responsables de que este espacio haya llegado a nuestros días. Y eso pese a que a finales del siglo XX un incendio arrasó buena parte del parque, aunque por suerte se está regenerando progresivamente. La mejor señal es que la fauna (desde jabalíes hasta perdices, pasando por sapos o águilas) también está creciendo.

Y dado que la orden mendicante tuvo mucho que ver en la conservación del bosque, lo propio era visitar el Monasterio de los Padres Carmelitas que está en el corazón del Desierto de Las Palmas. Es un conjunto muy interesante, que si se explora a fondo da para mucho: el Monasterio Nuevo, las ruinas del Monasterio Antiguo, el museo…

El Monasterio Nuevo fue construido entre 1784 y 1791, solo un año después de que un corrimiento de tierra arrasase al Monasterio Antiguo. Hay un dato curioso, y es que el nuevo proyecto fue el primero aprobado por la Real Academia de San Carlos de Valencia. Como lugar apartado del mundanal ruido que es, no se buscó una decoración alambicada ni nada fuera de lugar: simplemente querían sobriedad, líneas que facilitasen la meditación y el reposo. Por eso, el monasterio es sobrio a más no poder.

En compañía del padre Alfonso, uno de los siete religiosos que todavía viven en el complejo, aprendimos muchas cosas sobre el lugar y su historia. La primera de ellas es que técnicamente ya no es un monasterio, sino un convento, puesto que los que viven allí son religiosos y no monjes. También nos explicó perfectamente el desarrollo de los carmelitas en el Desierto de las Palmas, una historia muy interesante y llena de sucesos dignos de mención. Sin duda, es lo mejor de la visita al Monasterio Nuevo: hablar con el padre Alfonso y poder compartir su sabiduría.

 

La parte que más nos gustó fue la del Museo. Aunque los carmelitas y la Generalitat llevan tiempo discutiendo sobre la creación de un gran espacio en el que exponer los fondos del monasterio, de momento hay que conformarse con el actual. Es un museo a la antigua usanza, más parecido a un almacén que a otra cosa. Por suerte, las explicaciones del padre Alfonso y la riqueza de las piezas hacen que sea una visita de lo más interesante.

Aunque no las visitamos, en el Monasterio Nuevo están las antiguas destilerías en las que se empezó a elaborar el famoso Licor Carmelitano, una bebida innovadora que mezcla hierbas aromáticas, semillas y raíces del Desierto de las Palmas. También se elaboraron allí otras bebidas, como el Moscatel Carmelitano, Brandy o Ponche. Aunque la marca sigue existiendo, desde hace ya más de un siglo las destilerías se trasladaron a Benicàssim, pues la producción se amplió por la grandísima demanda que tenían.

Al margen de las dependencias del Monasterio Nuevo, lo que procedía era caminar un poco por el Desierto de las Palmas: naturaleza, aire puro, buenas vistas… Vamos, que no se podía pedir más. Nuevamente tendríamos al padre Alfonso como guía, que cogió un bastón y empezó a abrir camino por el monte. ¡Vaya ritmo! Pese a su edad, a más de uno le costó seguirle el ritmo.

Hicimos un paseo breve y poco exigente a nivel físico, pero en el Desierto de las Palmas hay nueve rutas para hacer senderismo acordes a distintos niveles. Son muy variadas, ya que el entorno tiene mucho que ofrecer. ¿Buscamos naturaleza? Pues la micro reserva floral de las Agujas de Santa Águeda. ¿Queremos patrimonio? Hay castillos, ermitas e incluso restos de una muralla. ¿Algún fotógrafo? Nada como subir al Bartolo o a la Mola del Morico, dos picos de unos 700 metros de altura con unas vistas estupendas. También veréis varios antros (pequeñas construcciones a las que los carmelitas se retiraban para meditar) a lo largo del camino, aunque la mayoría están en mal estado.

¡Ah! Y es inevitable hablar de las distintas residencias que tienen los carmelitas distribuidas por el desierto. Son pequeñas casas austeras y sin demasiadas comodidades, pero perfectas para tenerlas de base y hacer rutas de senderismo o sencillamente para meditar. Según nos contó el padre Alfonso, reciben muchas peticiones de gente que está haciendo una tesis o preparando una oposición y que necesita tranquilidad absoluta para el tramo final. Precios muy asequibles, entre 10€ y 40€ dependiendo del alojamiento que sea.

Las panorámicas del entorno nos encantaron. Quizá 700 metros no parezcan demasiados, pero hay que tener en cuenta que los picos están a escasos kilómetros del mar. Por eso, la sensación de altura es mayor y las vistas son inolvidables. En días claros (como el que tuvimos la suerte de disfrutar) incluso se pueden ver las Islas Columbretes, a casi 50 kilómetros de la costa.

Si se mira hacia el sur, hay una vista fantástica de Castellón de la Plana. La gran llanura que veis en la foto de abajo es la que le da parte del nombre a la ciudad, ya que plano o plana es sinónimo de territorio llano, sin demasiado relieve.

En nuestro paseo también vimos restos de una antigua muralla, la cual utilizaban los carmelitas para delimitar su territorio y controlar el acceso al Desierto de las Palmas. Es una pena que esté en tan mal estado, pues incluso parte de su trazado se ha desmoronado en fechas muy recientes. Ojalá las autoridades actúen pronto y las pongan en valor.

Para terminar este breve recorrido por el Desierto de las Palmas, una pequeña sugerencia. ¿Qué hacen esas antenas de televisión en lo alto del monte? Están al lado de una ermita, la cual pasa desapercibida, por no hablar de cómo estropean el paisaje y del riesgo que supone tener todos esos cacharros ahí. El paraje natural nos encantó, y ese es un pequeño detalle que no empaña la visita, pero es una pena que la naturaleza se vea invadida de esa manera.

Nos despedimos del padre Alfonso con un poco de pena, pues le habíamos cogido cariño al simpático prior tras la visita al Monasterio Nuevo, al Museo y el paseo por el monte. Incluso tuvo el detalle de regalarnos unos bolis y unos llaveros, diciéndonos que hablásemos bien del lugar. ¿Cómo no hacerlo? Es un sitio fantástico, una gran sorpresa que demuestra que Benicàssim tiene muchas posibilidades.

Además, todavía nos quedaban muchas cosas que hacer en el Desierto de las Palmas. Lo siguiente fue ir al Centro de Interpretación La Bartola, un lugar clave para cualquier paseo por el paraje natural y sus alrededores.

Tienen una maqueta enorme del Desierto de las Palmas y monitores que te ayudan a interpretarlo, por lo que una visita puede ser sumamente esclarecedora: flora, fauna, geología… Además, también funciona como una especie de oficina de turismo, pues desde aquí parten varias rutas de senderismo y el personal siempre está dispuesto a echar una mano al viajero.

Además, cuentan con un centro de recuperación de tortugas de gran prestigio. La historia en sí es un poco dramática. Cuando se pusieron de moda las tortugas en España como animal de compañía, inmediatamente se produjo un fenómeno paralelo: los abandonos de estos pobres reptiles. La típica tortuguita de orejas rojas, de origen americano, se adaptó al entorno castellonense como una plaga, depredando a las especies autóctonas y reproduciéndose masivamente.

En La Bartola dan hogar a esos pobres animales cuando sus familias ya no se quieren ocupar de ellas, y además se encargan de preservar el equilibrio en el Desierto de las Palmas. Una tarea loable y cuya importancia debe ser reconocida.

Para terminar esta bonita excursión mañanera, nos tomamos un piscolabis en el Restaurante Desierto de las Palmas. Es una institución en la zona, pues tiene unas vistas espectaculares y no está nada mal de precio, ya sea para comer o para un aperitivo tras caminar un poco.

La verdad es que estas pausas siempre se agradecen, pues hacía un día espléndido y nos apetecía un montón sentarnos a disfrutar de las vistas, del solecito y de la brisa marina. Además, los aperitivos (jamón, queso, patatas fritas y frutos secos) estaban buenísimos, por lo que no se podía pedir más.

Un lugar muy recomendable para hacer un alto en el camino tras visitar el Monasterio de los Padres Carmelitas, el Centro de Interpretación La Bartola o haber hecho una ruta. Y también un broche de oro perfecto, pues fue lo último que hicimos en el Desierto de las Palmas. Imposible llevarse mejor sabor de boca que este. 🙂

RUTA DE LAS VILLAS

De vuelta al casco histórico de Benicàssim, lo siguiente era una visita guiada por la famosa Ruta de las Villas. Se trata de un recorrido por el paseo marítimo de la ciudad, en el cual se realiza un itinerario por las villas que la burguesía construyó entre finales del siglo XIX y principios del XX. En esa tiempo, conocido como Belle Époque, Benicàssim se posicionó como uno de los grandes lugares de veraneo de toda Europa. No estaba quizá entre el top 3 o el top 5, pero sus grandes villas hacían que fuese conocida como el Biarritz valenciano o el pequeño San Sebastián.

El mejor punto de partida (que, de hecho, fue donde nos encontramos con el guía) es la Torre de San Vicente, una pequeña fortaleza del siglo XVI pensada para proteger a la zona de los corsarios y piratas. Toda la costa castellonense está plagada de torres vigía como ésta, que se comunicaban entre sí y se avisaban en caso de peligro. Es muy bonita y está en muy buen estado. Además existe un proyecto para que sea visitable por dentro.

La Ruta de las Villas hay que hacerla, guste o no la Historia. Y es que Benicàssim tiene uno de los paseos marítimos más bonitos de la costa castellonense, por lo que no hay que perdérselo. Aunque algunos edificios pertenecen a la época del desarrollismo y de los famosos apartamentos casposos en primera línea de playa, nada puede evitar que sea un lugar fantástico para pasear, tomarse un helado y disfrutar del ambiente.

Y eso por no hablar de las playas de Benicàssim, que son una auténtica pasada. Arena fina, agua limpia y suave pendiente son sus señas de identidad, aunque podríamos hablar de muchas más cosas: gastronomía de primer nivel, actividades programadas por el ayuntamiento, espacios para hacer deportes náuticos… ¡De todo! Hay que reconocer que en este viaje no pudimos explorar el turismo playero todo lo que nos hubiese gustado, pero ya habrá tiempo en una futura visita a la ciudad.

Tampoco hay que despreciar el lado ecológico y pedagógico de la playa. Algunas dunas han sido puestas en valor con vegetación autóctona, para que la gente pueda ver cómo son las plantas que se suelen encontrar en las playas vírgenes de esta parte del mar Mediterráneo. Echamos en falta algún panel explicativo, pero aun así es una iniciativa muy interesante y que enriquece mucho las playas de la ciudad.

Entrando ya en la Ruta de las Villas propiamente dicha, hay que destacar 51 edificios catalogados y 19 con señalización propia. Aunque la mayor parte pertenecían a familias castellonenses y valencianas, muchas también tenían dueños de otras partes del mundo. Por eso, es posible encontrar referencias arquitectónicas al País Vasco, al sur de Francia e incluso a lugares más lejanos.

El recorrido está dividido en dos partes partes: la corte celestial y el infierno, separadas por un parque al que comúnmente se le llama limbo. Esos nombres se deben a que existía una zona mucho más tranquila, fundamentalmente enfocada al turismo familiar y de relax (la corte celestial), y otra mucho más caótica (el infierno). En ésta última se celebraban fiestas a diario, contando con la participación de grandes e ilustres juerguistas como Hemingway.

El impacto de la Belle Epoque en Benicàssim no se limitó solo a las villas, sino que trajo riqueza, costumbres y gentes de todas clases a la ciudad. Los benicenses del siglo XXI están muy orgullos de ese pasado, hasta el punto de que en el año 2012 organizaron el festival La Belle Époque en Benicàssim, un fin de semana temático en el que se recrea esa época a través de actividades y un mercadillo temático.

VORAMAR

Una de las villas más emblemáticas de todo el recorrido es el Hotel Voramar, no solo por su tradición o su arquitectura (que también), sino porque sigue ofreciendo alojamiento y gastronomía de primer nivel durante todo el año. Aquí fue donde comimos, por lo que le hemos querido dedicar un espacio aparte.

Antes de hablar de la comida en sí, hay que decir que nos encantó el sitio. Su ubicación en el corazón de la playa Voramar es excelente, ya que permite comer viendo azul y disfrutando de la brisa marina. Además, su interior es amplísimo, por lo que se come con toda comodidad y sin el típico ruido de los restaurantes a pie de playa.

El menú que tuvimos la suerte de degustar en Voramar estuvo genial. Empezamos con un riquísimo salmorejo cordobés con langostino crujiente. Quizá no sea un plasto típico de la zona, pero lo que está bueno siempre gusta y este salmorejo era delicioso, suave y entraba prácticamente solo.

Después pusieron tres entrantes a compartir: ensalada tibia de pulpo roquero y mojama, más contundente que una ensalada normal aunque con muchísimo sabor; alcachofas salteadas con habitas y chipirones, que también era un plato delicioso; y boquerones frescos del Grao adobados en fritura, que fueron los que más gustaron. Era un conjunto de entrantes un poco pesado, pero con muchos matices y con un sabor a mar de escándalo.

  

No obstante, el plato principal era tirando a ligero, por lo que se entiende perfectamente la elección de los entrantes: filete de lubina a la plancha sobre salteado de verduras y su espalda. ¡Riquísimo! Las verduras y la lubina eran fresquísimas, por lo que todo estaba de rechupete. De los mejores platos de ese fin de semana.

Y para rematar esa deliciosa comida y esa inolvidable mañana, nada como un sorbete de hierbabuena y mojito. Estando frente al mar, con calorcito y después de una buena comilona, se agradeció enormemente un postre fresquito y ligero.


Además, justo después de comer íbamos a hacer algo de deporte, por lo que convenía que la digestión no fuese muy pesada. Para quemar calorías, dejamos momentáneamente atrás Benicàssim y fuimos hasta la vecina localidad de Borriol, muestra inequívoca de que la ciudad castellonense también tiene un enorme abanico de posibilidades en lo que a excursiones se refiere.

CLINIC DE GOLF EN BORRIOL

Allí nos esperaba el Club de Campo del Mediterráneo, una auténtica institución deportiva dentro de la Comunidad Valenciana. Fue fundado por más de cien aficionados al golf, que necesitaban un campo completo en la zona (hasta 1978, únicamente estaba disponible el Club de Golf Costa de Azahar, de tan solo nueve hoyos). Ahora, con más de tres décadas a sus espaldas, es un complejo deportivo de primer nivel: campo de golf de 18 hoyos, 8 pistas de tenis de tierra batida, dos campos de fútbol de césped natural, piscina climatizada, escuelas deportivas…

Todo eso y mucho más fue lo que nos enseñó Samuel Bautista, responsable del área comercial del club, en un híbrido entre visita guiada y masterclass de golf. Este tipo de presentaciones suelen ser un rollo (no es que te quieran vender algo, pero siempre se pasan con auto alabanzas), pero esta nos gustó mucho. Aprendimos conceptos de golf, hablamos sobre la Historia de Castellón y hubo muy buen rollo. Un diez.

Después de haber hecho una pequeña iniciación al golf en el Pitch & Putt La Figuerola, durante el TBM, teníamos muchas ganas de volver al Green y demostrar lo poco que habíamos aprendido. Hace unos años nos lo cuentan y no nos lo creemos, pero la verdad es que nos estamos acostumbrando al golf. Mirad la foto de más abajo: solo con estar en un entorno como este, ya es fácil sentirse bien. Naturaleza y deporte siempre son una buena combinación.

Al margen de conceptos teóricos, a todos nos apetecía darle un poco a la bolita. Y para eso vino Palomo, uno de los profesores del Club de Campo del Mediterráneo. Nos pareció el antitópico del jugador de golf: directo, sencillo, incluso un poco bestia, pero un auténtico crack. Sabía muchísimo, y a su lado aprendimos muchísimo.

Hay que decir que el club de campo ofrece sus clases en distintas modalidades: cursos de iniciación para dos o tres amigos, sesiones particulares de media hora, escuela de golf para niños y mucho más. De esta institución han salido grandes deportistas como Sergio García, el mejor golfista español desde Severiano Ballesteros, por lo que prestan mucha atención a la formación y al trabajo con futuros talentos.

Nos encantó el clinic, la verdad. Quizá nos hubiera gustado lanzar unas cuantas bolas más por nuestra cuenta, pero los diez minutos que empleó el profesor en cada alumno fueron sumamente productivos. Aprendimos todos los movimientos, mejoramos un montón e incluso Edu fue capaz de disparar un par de veces más allá de los cien metros. Quizá para un experto no sea gran cosa, pero para nosotros fue todo un logro.

 

También estuvimos un poquito practicando en el green, la zona del campo donde las grandes estrellas ganan dinero. Allí, la diferencia entre un golpe y dos puede suponer miles de dólares, por lo que se entiende la presión que tienen las grandes estrellas de este deporte. De hecho, nosotros hicimos un minitorneo, y en los momentos en los que uno podía ganar se notaba cierta tensión. Muy divertido, la verdad.

Para terminar la visita al Club de Campo Mediterráneo, fuimos en compañía de Samuel a conocer la cafetería (también llamada el hoyo 19, porque es aquí donde terminan las partidas). Como si de una sala de trofeos se tratara, nos enseñó un montón de fotografías firmadas por las grandes estrellas del circuito europeo y americano, además de varios cuadros de Sergio García. Un buen punto y aparte dentro de este bonito viaje.

Con eso, la tarde estaba más que echada. Volvimos a nuestro hotel, donde teníamos una horita libre antes de ir al centro de Benicàssim. Algunos valientes bajamos a darnos un baño a la piscina, desafiando al viento y al frío, pues el sol estaba ya poniéndose y se notaba menos temperatura. Nada que nos pueda derrotar. 😛

PASEO POR BENICÀSSIM Y CENA EN LA MANDUCA

Para completar este magnífico día en Benicàssim, nos quedaba una noche con tres actividades la mar de interesantes: un pequeño paseo por el casco histórico, una deliciosa cena en un restaurante-pizzería y buena música en el Festival de Blues. Pero vayamos por partes.

El casco histórico de Benicàssim no es especialmente grande, ni tampoco está lleno de grandes edificios, pero igualmente es muy agradable pasear por él. La mayor parte es peatonal, hay muchas plazas y está lleno de bares, por lo que siempre hay un ambientazo de cuidado.

Vamos, que no esperéis un pueblecito medieval ni nada que se le parezca. Además de todo lo que ya os hemos enseñado (Desierto de las Palmas y Ruta de las Villas), quizá la Iglesia de Santo Tomás de Villanueva es el edificio más destacado. Aunque buscando un poco se pueden encontrar rarezas dignas de mención como esta.

Precisamente, cenamos en el corazón del casco histórico, en el conocidísimo Restaurante La Manduca. Es un establecimiento especializado en los platos más conocidos de la cocina mediterránea: pizzas, pasta, productos de huerta… Tiene mucha fama en Benicàssim por su calidad-precio, por lo que es muy frecuentado por gente joven, aunque sus excelentes platos atraen a todo tipo de públicos.

Empezamos con dos entrantes compartidos. El primero de ellos (foto de abajo a la izquierda) fue cortes de foie de pato y manzana asada sobre cabrales, que le encantaron a Erika. Después nos pusieron una riquísima parrillada de champiñones, espárragos y pimientos rojos con bacalao inglés al pimentón. No se puede empezar una cena mejor.

 

Después, cada cual eligió su plato. Lo que más tirón tiene en La Manduca son sus pizzas artesanales, así que muchos optamos por ellas: barbacoa, mediterránea, cuatro quesos… Otros en cambio prefirieron la pasta, que también tenía una pinta estupenda. Precisamente, esa noche pusimos un tweet enseñando algunos platos, y la mayor parte opinó que la pasta era lo que mejor pinta tenía.

 

Para endulzar la cenita, terminamos con unos postres variados que incluían helados, tartas, nata y, sobretodo mucho chocolate. Nunca le diremos que no a un platazo lleno de tantos chocolates distintos.


FESTIVAL DE BLUES DE BENICÀSSIM

Aunque estábamos cansadísimos, todavía teníamos por delante una de las actividades que más nos apetecían de todo el fin de semana: poder ver algunos conciertos del II Benicàssim Blues Festival. Aunque no solemos escuchar grupos de blues, es uno de los estilos musicales que más divertidos son de ver en directo, pues los músicos suelen ser virtuosos y la improvisación es la principal seña de identidad. De hecho, entre el público se veía de todo: heavys, indies, padres con sus hijos…

Es increíble que grandes grupos de blues, como la Carvin Jones Band o Wax & Boogie, den conciertos gratuitos durante todo el fin de semana y en distintos puntos de la ciudad. Eso solo pasa en un lugar como Benicàssim, donde se lleva apostando muy fuerte por la música en directo desde hace décadas.

Lo pasamos genial. Nos hubiera gustado tener algo más de aguante y haber visto más conciertos, pero a eso de la 1 nos volvimos al hotel. Estábamos cansadísimos y al día siguiente teníamos muchas experiencias que disfrutar, por lo que no convenía quemar todas las naves esa noche. Eso sí, no nos fuimos de allí sin antes subirnos al escenario y hacer unas cuantas fotitos desde un lugar más que privilegiado.

¿Benicássim mola o no mola? Con todo lo que os hemos enseñado, ya merece la pena ir hasta allí. Pero es que aún queda mucho más, lo cual lo podéis leer en anteriores o posteriores capítulos. 🙂

BENICÀSSIM EN VÍDEO

Todo lo que ha salido en este capítulo, así como en el resto del diario de viaje a Benicàssim, lo puedes ver en movimiento en el siguiente vídeo. 🙂

Capítulo IIBenicàssim ’13Capítulo IV

7 pensamientos en “Benicàssim ’13 – Capítulo III: Desierto de las Palmas, Ruta de las Villas, clinic de Golf y un poquito de blues

  1. Pingback: Benicàssim ’13 – Capítulo II: Llegada a Benicàssim y cena en Hotel Intur Bonaire | www.eduyeriviajes.com

  2. Qué cantidad de comida!! Me alivia saber que no soy la única que saca fotos a todo lo que come, jaja. Un día muy completo, me quedo con los paisajes. Preciosos!

  3. Estuve en Benicássim hace 4 años, pero fue de forma improvisada y de pasada, así que me ha gustado ver que es mucho más que agua y arena. Además no conocía para nada todo lo que pueden ofrecer los alrededores. Me hubiese venido genial la residencia de los carmelitas para terminar mi tesis! 😉

    Por cierto, te he dejado una sorpresita en el blog a modo de nominación… 🙂

    Un abrazo!

    • Hola Anna!

      A mucha gente nos ha pasado eso: pensábamos en Benicàssim como un sitio para tostarse al sol y poco más, pero resulta que tiene mucho más. Si vuelves por allí échale un vistazo a las villas o al desierto, porque son una pasada 🙂

      ¡¡Y muchísimas gracias por la nominación!! ¡¡Cómo mola!! 😀

      Un abrazote! ^^

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