Bélgica ’08 – Capítulo VII: Brujas (Día 3)

Después de pasar un buen rato esperando al tren, por fin pasó uno que nos llevó a nuestro último destino del viaje: Brujas. La ciudad tiene canales, y por ello la llaman la “Venecia del norte”, aunque poco o nada tenga que ver con la ciudad italiana. En cualquier caso, el tren nos dejó en la Stationsplein, desde nos tocó dar un paseíto -aproximadamente un kilómetro, según una de las guías-, mientras nos rugía el estómago, hasta llegar al casco antiguo. De todos modos fue un paseo agradable en el que pasamos por un parque muy romántico (el Minnewater) y calles en las que ya se empezaban a ver turistas por todas partes.

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Para ir al centro nosotros fuimos por la Oostmeers, una calle con casitas pequeñas que no es la principal, hasta llegar a la Catedral de San Salvador o St. Salvatorskathedraal. Es la más antigua de la ciudad, dado que data del siglo XIII, y está realizada en estilo gótico. Entre los muchos atractivos del edificio lo que más nos llamó la atención fue el impresionante conjunto de cristaleras de vidrio. Como dato histórico hay que decir que en esta catedral el archiduque Maximiliano de Austria fue nombrado gran maestre de la orden del Toisón de Oro, pasando de la casa de los Habsburgo a la casa de Borgoña. Ahí queda.

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Lo siguiente que vimos está muy cerquita, y es otro templo cristiano: la Iglesia de Nuestra Señora o Onze Lieve Vrouwkerk. Bajo ese impronunciable nombre se esconde un edificio que tampoco es especialmente bonito y que fue construido entre los siglos XIII y XV. Lo que más destaca en el interior es la estatua de mármol de la Madonna de Miguel Ángel, la cual está en el altar. ¡Mucho ojo! La entrada es gratis, pero hay una zona de la iglesia -en la cual están enterrados Carlos el Temerario y María de Borgoña- en la que hay que pagar.

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A esta hora del día y con toda la caminata que llevábamos detrás, nuestros estómagos dijeron basta y tuvimos que ir a comer. La verdad es que no recordamos el lugar exacto en el que comimos, pero por una sencilla razón: todas las calles turísticas de la ciudad cuentan con varios puestos de comida rápida. Nosotros nos hicimos con un par de montañas de patatas fritas y otros tantos perritos calientes, aunque había todo tipo de posibilidades. Es una buena opción para comer rápido, rico y a buen precio.

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Con la comida en la mano fuimos al Grote Markt, el epicentro de la ciudad, donde colonizamos uno de los codiciados bancos para sentarnos y comer tranquilamente. Una vez devoramos la comida, nos encontramos con que en uno de los edificios de la plaza, el Hallen (el cual tiene, al igual que en gante, un Belfry o campanario desde el cual se ve toda la ciudad), se estaba celebrando… ¡El festival de la cerveza! Conocido aquí como Brugge Proeft, decidimos probar dado que uno de los elementos más típicos de la gastronomía belga es la cerveza. El mecanismo era el siguiente: en la entrada, tras hacer una pequeña cola, se compraba por dos euros un vaso de cristal y una ficha de plástico. Tras eso, en el interior del edificio había más de treinta puestos con maestros cerveceros venidos de todos los rincones del país, los cuales a cambio de la ficha te llenaban el vaso. Como no somos de beber solo cogimos una ficha y nos llevamos el vaso de recuerdo, pero había quien se compraba las fichas en puñados y echaba ahí el día.

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Cuando salimos de ahí vimos el resto de la plaza, en la cual destacan varios edificios, como el Craenenburg (donde estuvo prisionero nuestro amigo Maximiliano de Austria, hoy en día lleno de restaurantes) o el Landhuis (Palacio de la Provincia). Todos son edificios antiguos, de época medieval, y una de las esquinas de la plaza (la de la foto de abajo a la derecha) es uno de los lugares más emblemáticos de Bélgica, pues ese conjunto de edificios está en todas las tiendas de souvenirs en forma de imanes, tazas o camisetas. También, presidiendo la plaza en su centro, está el Monumento a Jan de Breydel y Pieter de Coninck, los principales instigadores de la revolución contra los franceses de 1302.

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Al lado del Grote Markt, a través de la calle Breidelstraat, llegamos a una segunda plaza: el Burg, en la cual está el Stadhuis o Ayuntamiento de la ciudad de Brujas. Es una plaza más pequeña que la anterior, y aunque hay un cantidad de gente similar da mucha más sensación de agobio. Aquí está la Iglesia de la Santa Sangre, la cual no pudimos visitar, célebre por guardar una reliquia en forma de gotas de la sangre de Cristo.

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Desde esta misma plaza se puede pasear por toda la zona de los canales. Es precioso simplemente sentarse y dejar pasar las horas, pero como no teníamos mucho tiempo decidimos hacer una pequeña ruta en barca por los canales. Estas rutas suelen durar aproximadamente una hora, y hay diferentes puntos donde coger la barca -cada uno operado por una empresa distinta-. Mucho ojo con esto, porque si se va directamente al primero habrá una gran cola que en otros no hay. Nosotros fuimos a la calle Huidenvettersplein, donde por 6.50€ pudimos hacer el ya mencionado paseo. Como consejo, que nadie se ponga en la zona del medio, pues es mucho más incómodo hacer fotos que en los laterales de la barca.

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El paseo estaba en varios idiomas y más o menos explicaba la historia de la ciudad, pero fuimos más atentos de los edificios y de hacer fotos que de otra cosa. Aquí va una pequeña muestra:

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Con la barquita llegamos hasta el Minnewater, también conocido como Lago del Amor, el parque del que hemos hablado al principio. Aunque en el pasado era uno de los puntos comerciales de referencia de la ciudad, en la actualidad ha sido tomado por un montón de patos y cisnes. Eso hace que la barca aminore su velocidad hasta casi pararse, para no atropellar a ninguno y que, de paso, puedas echar unas buenas fotos como las que hizo Érika.

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Belgica 160Sin embargo, hacer el paseo en barca tiene una pega: que el tiempo pasa volando. Por eso, una vez terminamos nos dimos cuenta de que la noche se nos iba echando encima poco a poco, y de que, por desgracia, no nos daría tiempo a ver el Museo del Chocolate o Choco Story. Fuimos corriendo pero aun así no nos dio tiempo. Teníamos tal cara de pena que el recepcionista nos regaló dos chocolatinas.

Belgica 161De todos modos, a estas alturas ya estábamos rendidos tras tres días de andar y más andar. La noche nos había ganado la batalla, pero a pesar de ello dimos un nuevo paseo por la  zona centro de la ciudad, para disfrutar de los edificios iluminados, como el Hallen. Fue una pena no poder quedarnos más tiempo en Brujas, pero el tren no esperaba.

Eso si, no quisimos irnos sin antes darnos una vuelta por una de las muchas tiendas de chocolate belgas. A pesar de que hay algunas que funcionan a modo de cadena, como Chocolate Leónidas, fuimos a una que estaba un poco más retirada del centro, y que por tanto era más barata. Un souvenir típico son las tetas de chocolate, pero son carísimas, por lo que optamos por hacernos con unos riquísimos gofres con los que poner punto y final a nuestra visita a Brujas.

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2 pensamientos en “Bélgica ’08 – Capítulo VII: Brujas (Día 3)

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