Bélgica ’08 – Capítulo VI: Gante (Día 3)

Con un poco de pena entramos en la segunda mitad del viaje, lo cual significaba que poco a poco se nos iba acabando la aventura en tierras belgas. El segundo día de excursiones lo empleamos en ir a la parte noroeste del país, en concreto fuimos a Gante, por la mañana, y Brujas, por la tarde. Así, nos pegamos el madrugón de rigor y fuimos a parar tras media hora de tren a la Gent-Sin-Pieters Station, en la parte sur de la ciudad. Está un poco más alejada de la zona centro que la otra estación, Gent-Dampoort Station, pero pasan más trenes por la primera. Por cierto, en las afueras de la estación pudimos comprobar que la fama que tienen los europeos de moverse en bici por la ciudad no es un tópico ni muchísimo menos, no hay más que ver la foto de abajo a la derecha.

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Para ir al centro histórico hay varias alternativas, pero destacamos tres: la primera, ir a patita (que fue lo que hicimos) subiendo las calles Koningin Elisabethlaan, la Kortrijksepoortstraat y la Nederkouter; la segunda, coger el tranvía número 1 que realiza el mismo recorrido; y la tercera, alquilar una bicicleta y pasar el día pedaleando. Nosotros, como ya hemos dicho, optamos por subir la calle andando, y tras cinco minutos lo primero que surgió fue un FNAC, en el que aprovechamos para comprar cómics a modo de souvenir (que por cierto, nos resultó más barato que hacerlo en tiendas de cómics al uso). Una vez hecho eso, cruzamos el puente Ketelbrug, y a mano izquierda nos encontramos con el Palacio de Justicia (Justitiepaleis). Nos gustó bastante, e hicimos fotos tanto de la parte trasera (foto de la izquierda) como de la parte delantera (foto de la derecha).

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A continuación subimos la calle Veldstraat, y llegamos al centro histórico propiamente dicho. Desde esta calle se pueden ver perfectamente de un vistazo los monumentos más destacados de la ciudad. Allí nos topamos con un español, el único en todo el viaje que nos hizo un par de fotos decentes sin enfocar al suelo o cortarnos la cabeza. De los edificios como tal hablaremos un poquillo más adelante, cuando pongamos la visita, pero es importante destacar este lugar como “mirador” de toda la ciudad.

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Yendo ya edificio por edificio, desde ese punto fuimos a la izquierda, cruzamos por el Puente de San Miguel -por cierto, la ciudad está llena de puentes porque está en la confluencia de dos ríos, el Lys y el Escalda-. Este paso se llama así porque allí mismo se encuentra la Iglesia de St. Michel, que la pobre, a pesar de lo bonita que es, nunca fue terminada. Al lado de la misma está el Antiguo Palacio de Correos (foto de la izquierda), que hoy alberga nada menos que un tienda Mango.

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Desde este puente se puede obtener además una fantástica vista de las dos zonas más bellas de la ciudad: el Graslei y el Korenlei, que son el muelle de las hierbas y el muelle del trigo respectivamente. Básicamente son dos zonas por las que pasear al lado del agua a la vez que disfrutas no solo de un ambiente romántico maravilloso sino también de la impresionante y elaborada arquitectura de todos y cada uno de los edificios, típica de la región. En este punto existe la posibilidad de montarse en un barco y hacer una visita guiada por los canales -entre marzo y noviembre-, pero no lo hicimos porque llevábamos la idea de hacerlo en Brujas.

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A muy pocos pasos de allí, y una vez paseamos y nos imbuimos del espíritu romántico de Gante, fuimos al Castillo de los Condes de Flandes, en castellano, o Gravensteen, en flamenco. Aunque fue construido en el siglo XII por Felipe de Alsacia con la intención de defender militarmente la ciudad ha tenido diferentes usos a lo largo de la Historia: desde tribunal de justicia hasta prisión, pasando por hilandería de algodón. En la actualidad está musealizado y es uno de los principales elementos turísticos de la ciudad. A pesar de que cuesta entrar 6€ merece la pena, pues está perfectamente adaptado como museo. De manera gratuita te entregan una “Movie Guide”, que es una especie de película de una hora de duración que te va contando la función de cada sala a través de diversas escenas. El castillo es enorme, de una hora -veas o no la película- la visita no baja, aunque merece la pena solo por las vistas que ofrece, pues se puede ver el “skyline” de Gante.

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En su interior alberga una importantísima colección de todo tipo de objetos medievales. Por un lado, armamento, desde armaduras completas hasta lanzas, espadas, mazas, dagas, o ballestas. La verdad es que nos trajo muy buenos recuerdos, pues nos hizo acordarnos del Museo Cívico Arqueológico de Bolonia.

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Por otro lado, no solo tiene armas y armaduras, sino que tiene una parte dedicada a instrumentos de tortura utilizados en la Edad Media y etapas posteriores, desde la guillotina hasta máscaras infamantes, utilizadas en ambos casos para represaliar, ya sea con un afeitado rápido o con lentas torturas, a los que criticaban al poder establecido o a los acusados de prácticas indignas, como la brujería. Te recorría un escalofrío por el cuerpo al ver tanto los instrumentos en sí como algunas representaciones, en ilustraciones de la época, de su funcionamiento.

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Belgica 120Tras esa visita nos fuimos a ver la antigua Lonja de la Carne o Grote Vlees-Huis, un edificio de arquitectura no tan agradable a la vista como otros de la ciudad pero igualmente recomendable. Data también de la Edad Media, y en la actualidad sigue siendo un punto de encuentro para los carniceros de la ciudad, donde se venden y degustan todo tipo de productos elaborados por este gremio.

El plato fuerte estaba todavía por llegar, pues nos esperaban tres de los edificios más bonitos que vimos en nuestro viaje a Bélgica. El primero de ellos es la Iglesia de San Nicolás o St. Niklaaskerk. La entrada era gratuita, fue construida sobre una antigua iglesia románica -de la cual no queda nada- y es de estilo gótico, como se puede ver en la imagen de la iglesia que tomamos desde el Campanario -del cual hablaremos ahora mismo-. Antes, hay que decir que la nota más característica de esta Iglesia de San Nicolás es su gran verticalidad, así como los grandes ventanales que iluminan su interior de manera considerable.

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Al lado está el Campanario o Belfry, una gran torre en comunión con los otros edificios y que data del siglo XIV. Cuesta entrar 2.5€, y a pesar de que es una construcción preciosa por fuera está claro que no estaba pensada para tener mucha gente dentro, pues es un lío. Los pasillos son estrechísimos, en especial las escaleras, de las cuales no hay prácticamente manera de librarse, dado que aunque hay un ascensor éste cuesta un Congo cogerlo, porque siempre está ocupado. Además, a pesar de que te dan un folleto en español que luego hay que devolver, todo está mal señalizado y no sabes por donde continuar la visita. Por cierto, las campanas son impresionantes, y más cuando puedes estar al lado de ellas.

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No obstante, pese a todo lo dicho en el párrafo anterior merece la pena subir, tanto por la experiencia en sí de estar arriba como por las vistas que tiene. Desde el Belfry se pueden ver otros edificios y tomar unas fotos fabulosas (como la que hemos puesto antes de San Nicolás o la que viene después de  San Bavón). Además, no todos los días uno puede estar subido en lo alto de un edificio que está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

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Como ya hemos dicho, lo siguiente que fuimos a ver fue la Catedral de San Bavón o St. Baafs, quizá el principal edificio eclesiástico de la ciudad. En algunas guías de viaje pone que el edificio no despierta mucho interés desde el exterior, pero a nosotros nos pareció precioso tanto visto desde el Belfry como a pie de calle. La catedral es de estilo gótico, y se puede apreciar genial desde abajo porque está en una espaciosa plaza. La entrada es gratuita, a no ser que quieras ver el tesoro catedralicio, pero no nos gusta mucho ver ese tipo de exposiciones, en la que lo más destacable suelen ser reliquias como una lámpara de oro o un trozo de la Vera Cruz -por cierto, dicen que si se reúne cada pedacito de la cruz de Cristo se construiría un barco-.

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Una de las últimas cosas que vimos en la ciudad fue el Castillo de Gerardo el Diablo o Geeraard de Duivelsteen, que en la actualidad es propiedad privada y por eso no puede visitarse su interior. No impresiona tanto como el Castillo de los Condes de Flandes, dado que se encuentra rodeado de edificios y no destaca por tamaño o disposición, pero a pesar de ello no se pierde nada por visitarlo. Al lado de él hay un bonito conjunto escultórico que también nos llevamos a casa en forma de foto.

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Belgica 132Llegados a este punto la cagamos. Como estábamos más cerca de la Gent-Dampoort Station que de la Gent-Sin-Pieters Station, fuimos a la primera, pasando primero por la Abadía de San Bavón. Ver este edificio fue lo único bueno, porque luego en esa estación tuvimos que estar esperando una hora al tren (apenas pasan) y para colmo un chico parecía querer atracarnos, aunque se fue al ver llegar gente.

En cualquier caso, cogimos el tren de camino a Brujas con muy buen sabor de boca. Gante es la ciudad que más nos ha gustado de este viaje.

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3 pensamientos en “Bélgica ’08 – Capítulo VI: Gante (Día 3)

  1. Pingback: Bélgica ’08 – Capítulo VII: Brujas (Día 3) | Edu & Eri Viajes

  2. Muy bueno y útil el relato.
    Una consulta, pues estoy por hacer casi el mismo recorrido que Uds., es por el tema del uso del tiket de tren.
    Compro un ticket Bruselas – Brujas, en un servicio determinado, ¿me siento en el asiento que me indican o en el que esté libre?, al bajar en Gante, y luego volver a la estación para tomar otro tren y seguir a Brujas, tomo el primero que venga?, en que numero de asiento me debo sentar?, quizás esto que consulto es una tontería, pero cuando estas en un lugar con problemas de idioma, me dan dudas.

    • ¡Hola Jose! Te puedes sentar en el asiento que quieras siempre y cuando sea de la clase que indique el billete, es decir, 1ª o 2ª. En cuanto al tren al que debes subirte, también es indiferente, pero fíjate bien que hace parada en el destino que quieras bajarte. ¡Saludos!

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