Bélgica ’08 – Capítulo IV: Amberes (Día 2)

Después de la paliza que nos pegamos el día anterior en Bruselas, dormimos como angelitos y recuperamos fuerzas, pues el día que nos esperaba no iba a ser menos cansado. Nuestro destino era Amberes, y después íbamos a ver Malinas, por lo que nos levantamos prontito para ir a la Gare Centrale – Centraal Station, empezar a utilizar nuestro Go Pass e ir a la ciudad donde nació Carlos V.

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La Gare Centrale de Amberes es una estación de esas que se pueden incluir en la visita a una ciudad. Es un edificio muy monumental, de inicios del siglo XX, a pesar de que las obras de restauración deslucían un poco. Está situada en una zona estratégica para empezar la visita a Amberes, puesto que al lado está el Zoo, que no fuimos por cuestión de tiempo, y el Museo del Diamante, el cual si pudimos visitar. Se trata del museo de diamantes más grande y moderno del mundo, y en él no solo se exponen numerosos diamantes excepcionales -como joyas utilizadas por reyes, jefes de estado y otros famosos-, sino que también se repasa la historia de esta piedra preciosa y su relación con la ciudad. En el marco de la visita también pudimos presenciar como se tallaba un pequeño diamante, aunque no pudimos hacer ni una foto, y mucho menos comprarlos. Al igual que el Museo del Cómic de Bruselas no estaba en castellano, pero también te prestaban un cuaderno con todos los paneles traducidos.

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A partir de aquí, para llegar al casco histórico de la ciudad, había que recorrer una calle larguísima llena de tiendas, bares y restaurantes, la De Keyser-Lei Straat. En ella también hay algunas cosillas de interés, como una estatua de Antoon van Dyck, un pintor flamenco del siglo XVII del cual hay varias piezas expuestas en el madrileño Museo del Prado.

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Siguiendo por esa avenida, a mano izquierda, está la Wapper Straat, en la cual está el Rubenhuis, también conocido como la Casa de Pedro Pablo Rubens. Por ser jóvenes la entrada nos costó un euro, y la verdad es que es una visita que merece la pena. Perfectamente musealizada, se ofrecía audio-guía de manera gratuita y para colmo en perfecto español. La casa fue reconstruida por Rubens en estilo barroco, y a lo largo de su visita se pueden ver piezas tanto suyas como de su colección, dado que era todo un acaparador de cultura.

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Rubens convirtió su casa en todo un cuartel general de su producción artística, y lo que más destaca es el pórtico construido en estilo barroco que da paso a un jardín de corte italiano diseñado por el propio Rubens en el siglo XVII. También se puede observar el taller donde el pintor llevó a cabo sus obras más famosas, en una visita que no durará nunca menos de una hora y media (advertencia para aquellos que no gusten de museos). Por último, pudimos firmar en el libro de visitas, como se puede ver en la imagen.

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A continuación nos dirigimos hacia la Onze Lieve Vrouw Kathedraal, también conocida como la Catedral de Nuestra Señora, la mayor iglesia gótica de los Países Bajos. Se tardó 169 años en construirla, pero no se quedaron a gusto y han hecho todo tipo de restauraciones que han distorsionado mucho el gótico original. Debido a la gran altura del edificio -la torre mide 123 metros- y a que está en una plaza no excesivamente grande es difícil fotografiar la catedral entera.

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Su exterior es sin duda impresionante, pero su interior no se queda atrás, ya que guarda en su interior la obra maestra de Rubens: Descendimiento de la Cruz. Las fotografías no estaban permitidas, así que no pudimos más que hacer un par de ellas a hurtadillas de la nave central y de una maqueta, en la cual quedaron reflejadas las obras de restauración.

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Al ladito de la catedral estaba la Grote Markt o Plaza Central de Amberes, en la cual nos encontramos con una pareja de españolas. Si bien no es tan impresionante como la de Bruselas, no se queda atrás y cuenta con un gran encanto. En primer lugar, en el centro de la plaza está la Fuente de Silvio Brabo, uno de los personajes fundamentales en la fundación mitológica de la ciudad. También se encuentra allí el edificio del Ayuntamiento o Stadhuis, de estilo renacentista, así como el Museo Etnográfico e infinidad de ejemplos de la típica arquitectura belga con tejados escalonados. La verdad es que todas las plazas tienen unas características similares, pero cada cual es única.

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Leyenda del nombre de Amberes
Se cuenta que en el estuario que recorre la ciudad, el Escalda, vivía un gigante llamado Druon Antigon. Éste obligaba a todos los marineros que querían pasar por allí a pagar un impuesto abusivo, y a los que no lo hacían les cortaba una mano. Enterado de esto, Silvio Brabo, un guerrero romano, se enfrentó al gigante y le cortó su mano como escarmiento, arrojándola al río. Por ello, dicen la leyenda que Amberes, en flamenco Antwerpen, significa “arrojar la mano”.

Belgica 80De la Plaza Central nos fuimos al Steen Plein, un precioso castillo que parecía sacado de un cuento de hadas. Aunque fue edificado en el siglo XIII ha sido muy reformado en el XIX, y actualmente alberga el Museo Nacional de la Marina, pero no entramos a verlo. Eso sí, para ir a verlo callejeamos por la ciudad y nos dimos una buena caminata, y nuestros pies ya empezaban a pedir un descansillo.

Ya con mucho hambre y con el tiempo pisándonos los talones, seguimos viendo cosas, pero ya avanzando hasta la estación de tren. En ese pequeño recorrido visitamos el Vleeshuis, el antiguo edificio del gremio de los carniceros. Data del siglo XIV, y es característico por cómo intercala el uso de ladrillos rojos y blancos. También es sede del Museo de Arqueología y Artes Aplicadas. Como curiosidad, al lado estaba la Suderman Straat, con el cartel perfectamente tuneado.

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El último edificio que vimos en Amberes fue la Iglesia de San Carlos Borromeo, un monumental templo cristiano construido por los jesuitas en el siglo XVII. Su fachada fue, además, diseñada por Pedro Pablo Rubens, del cual éramos a estas alturas amigos íntimos. Al ladito se puede parar uno a tomar algo en el Mamado, un pequeño bar de Amberes.

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Tras un buen paseo por la misma calle por la que habíamos llegado, pudimos descansar y comer en un sitio típicamente belga: un Mc Donald. Después de ir a uno en Bolonia, se está convirtiendo en toda una tradición. Eso sí, aquí había al menos dos cosas negativas: los 20 céntimos que te cobraban por cada bolsita de ketchup y los 40 céntimos por ir al baño. No hicimos ni una cosa ni la otra, nuestra mentalidad española salió a relucir con todo su poderío.

Belgica 85Como despedida, estuvimos viendo los prohibitivos precios de los diamantes expuestos en las muchas tiendas que vendían ese producto en torno a la ciudad. No en vano, el lugar es conocido como la zona de los diamantes, a pesar de que oficialmente sea el Barrio Norte. Sea como fuere, nuestra visita a Amberes había terminado, por lo que cogimos un tren a Malinas. Eso sí, esa es otra historia.

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