Barcelona ’13 – Capítulo III: Sagrada Familia, Parque Güell, Camp Nou, Ensanche y Las Ramblas

En un fin de semana en Barcelona conviene aprovechar mucho el tiempo, pues son muchas las cosas que hay que ver y hacer. Evidentemente no da tiempo a todo, pero con un poquito de planificación se puede hacer una ruta muy variada. El mejor ejemplo es este artículo, en el que os contamos todo lo que hicimos el sábado. Nos dio tiempo a visitar la Sagrada Familia, el Parque Güell y el Camp Nou, además de explorar a fondo dos zonas tan emblemáticas como el Ensanche y las Ramblas. Y eso que llovía, si no habríamos ido a ver más cosas. 😛

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Nuestro alojamiento estaba muy cerquita de la Sagrada Familia, incluso se veía desde las ventanas de los pisos superiores, así que decidimos ir andando. Eso nos llevó a atravesar algunas calles célebres de la ciudad, como Gran Vía o la calle Marina, y a toparnos con algunos edificios destacados. Quizá el más interesante fue la Plaza de Toros Monumental de Barcelona, un edificio neomudéjar de comienzos del siglo XX. Fue el último lugar de Cataluña en el que se celebraron corridas de toros, tras su prohibición en el año 2012.

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LA SAGRADA FAMILIA

En cualquier caso, el primer objetivo del día estaba claro: el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Todo lo que se diga sobre esta basílica de culto católico es poco, pues se trata de un edificio universal reconocido en el mundo entero. Es la obra maestra de Antoni Gaudí y del modernismo catalán, cuya construcción comenzó en 1882 y todavía no ha terminado, aunque se está trabajando a toda prisa para acabar en 2026 (coincidiendo con el primer centenario de la muerte de Gaudí).

Es el auténtico símbolo de toda Cataluña. Su sorprendente e innovador diseño, que al término de las obras contará con 18 torres, deja boquiabierto a todo el que lo contempla. Sus tres fachadas (la del Nacimiento, la de la Pasión y la de la Gloria) son totalmente inverosímiles. Cuesta creer que el edificio sea de verdad, parece un castillo hecho con barro en la playa… solo que por un genio.

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Es el monumento más visitado de España, recibiendo año tras año más de tres millones de visitantes, superando al Museo del Prado (2,9 millones) y a la Alhambra (2,3 millones). Esa cifra supone una media de más de 8.000 personas al día, por lo que las aglomeraciones están aseguradas. De hecho, conviene madrugar todo lo que se pueda. El templo abre a las 9, que fue cuando llegamos nosotros, y aun así nos tocó aguantar una cola de más de una hora bajo la lluvia.

Ya que estamos, un poquito de información práctica. La Sagrada Familia abre todos los días. De octubre a marzo el horario es de 9:00 a 18:00, mientras que de abril a septiembre el cierre se alarga hasta las 20:00. Hay que pagar por entrar (13,50€ por persona), ya que se trata de un templo expiatorio: únicamente se financia a partir de donativos y de la venta de entradas.

El caso es que después de esperar un rato mucho más largo y de haber pasado por caja, solo tardamos un segundo en darnos cuenta de que había merecido la pena. 🙂

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Podríamos hablar de ábsides, cimborrios, arquivoltas y demás elementos arquitectónicos con nombre de señor de pueblo, pero en este caso nos vamos a permitir el lujo de saltarnos todo eso y pasar directamente a las sensaciones. La experiencia de visitar la Sagrada Familia es inolvidable, trascendente: roza el misticismo. Ni siquiera el tremendo exceso de gente y sus negativas connotaciones (colas, empujones, ruido, calor, olores) es capaz de empañar lo que se siente recorriendo este espacio por dentro.

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Hay que recordar que las obras no comenzaron bajo la tutela de Gaudí y que el proyecto original era hacer una basílica claramente neogótica. Sin embargo, solo tardó un año en ponerse al frente de la construcción, cambiando el planteamiento por completo desde el minuto uno. Así, Gaudí se inspiró en las formas de la naturaleza para el diseño de esta catedral, tratando de evitar el típico esquema de un templo como el que se había proyectado al principio. Así, las columnas están diseñadas como si fueran troncos de árboles, asemejando el interior de la Sagrada Familia al de un bosque.

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Hasta el último detalle del templo se ha trabajado. Nos recordó en cierta manera, aunque salvando muchísimo las distancias, a la Catedral Metropolitana de Liverpool: un edificio moderno que ha adaptado los distintos elementos de liturgia a los nuevos tiempos. En la Sagrada Familia se ha hecho lo mismo, y nada es lo que parece. No esperéis encontrar un altar o una capilla como las que se verían en una catedral cualquiera, pues no tiene nada que ver.

De hecho, es ahí donde reside el encanto, en el conjunto. Esta basílica es una sucesión de genialidades perfectamente conjuntadas. Evidentemente no podría ser por sus enormes dimensiones, pero si nos dicen que todo ha sido construido bajo las órdenes del mismo arquitecto nos lo creeríamos a pies juntillas.

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Lo dicho, la Sagrada Familia es una obra universal y atemporal. Estamos deseando que terminen las obras para poder disfrutar de ella en todo su esplendor, aunque para eso todavía queda bastante tiempo.

No lo hemos dicho hasta ahora, pero para movernos en este viaje teníamos previsto utilizar el Barcelona Bus Turistic. Se trata del típico autobús que te lleva por los principales monumentos de la ciudad. Normalmente no lo solemos coger, pero en este caso los itinerarios (hay 3 rutas distintos) eran perfectos, así que es sin duda una de las mejores opciones para moverse por Barna. Cuesta 26€ un día y 34€ dos, por lo que es rentable teniendo en cuenta lo caro que está el transporte público en la ciudad. Además, te dan unos auriculares para ir escuchando información entre paradas y un libreto con más de 180€ en descuentos.

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EL PARQUE GÜELL

Utilizando el susodicho autobús llegamos hasta nuestra segunda parada del día, el Parque Güell. Otro de los grandes puntos de interés del modernismo catalán y de la obra de Antonio Gaudí, pues el arquitecto diseñó buena parte de los elementos decorativos del parque. Lleva el nombre de Eusebi Güell, industrial, político y empresario que ha pasado a la Historia por ser el principal mecenas de Gaudí.

De hecho, este parque era, en origen, el corazón de una urbanización residencial de lujo, para la cual contrató a Gaudí. Sin embargo, apenas se consiguieron vender casas, por lo que el proyecto fue abandonado y el parque, de 17 hectáreas, perduró como una entidad propia. Desde ese momento es una de las grandes zonas verdes de Barcelona.

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El Parque Güell es gratis de visitar, aunque lleva tiempo rumoreándose que quieren poner taquilla para cobrar entrada. Abre todos los días, con un horario que varía en función de la época del año:

De noviembre a febrero Marzo Abril De mayo a agosto Septiembre Octubre
10 a 18 10 a 19 10 a 20 10 a 21 10 a 20 10 a 19

No es que sea demasiado céntrico, pero igualmente es una visita obligada. Aunque recorrerlo todo entero puede llevar casi un día, es posible hacer una visita mucho más corta que se ciña a sus lugares más reconocibles. Sin ir más lejos, la entrada principal es uno de los rincones más fotografiados de Barcelona, gracias a su ondulada geometría y a sus singulares edificios.

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En la escalinata de la escalera principal está el elemento más icónico del Parque Güell: la escultura de la salamandra. Su espectacular composición cerámica hace que muchas veces se hable de ella como un dragón, e incluso algunos se atreven a identificarlo como Pitón (el que estaba en el templo de Delfos).

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Subiendo la escalera se llega a la Sala Hipóstila, también conocida como Sala de las Cien Columnas. Lo primero que hay que decir es que no hay 100, sino 86. Este gran porche fue concebido para ser el mercado de la urbanización de lujo original. Y aunque no conserva esa función, es más que frecuente encontrarse a vendedores ambulantes ofreciendo souvenirs de muy dudosa procedencia a un precio inferior que el de las tiendas de los alrededores. Tampoco es difícil ver músicos callejeros.

Esta sala es un perfecto ejemplo de desarrollo sostenible, pues las columnas en realidad son huecas. Esto se debe a que en realidad son canalones que filtran el agua de lluvia hacia un depósito que está en la parte inferior. De esta manera se pretendía asegurar el abastecimiento de las casas que se iban a construir.

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Justo encima de la Sala Hipóstila está la plaza, el auténtico corazón del parque: ocupa 3 de sus 17 hectáreas. Su principal seña de identidad es un banco de más de 110 metros de largo que bordea parte del perímetro, el cual está recubierto por cerámica y cristal de Josep María Jujol (uno de los grandes colaboradores de Gaudí).

Quizá los más jóvenes conozcan estos bancos por ser los que salían en la canción de Los Serrano, pero igualmente es innegable que se trata de un lugar perfecto para sentarse a charlar y disfrutar de las vistas… siempre que no esté lloviendo, claro.

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Una referencia obligada dentro del Parque Güell es la Casa Museo Gaudí. Originalmente iba a ser el piso piloto para enseñar las bondades de la urbanización, pero al final acabó sirivendo de residencia para Antoni Gaudi. Aquí vivió entre 1906 y 1925, en compañía de algunos familiares. El museo no es que sea gran cosa, pero se expone mobiliario diseñado por el propio arquitecto. Por tanto, la visita no es desagradable, aunque tampoco la octava maravilla.

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CAMP NOU EXPERIENCE

Aunque no nos quejamos del recorrido que hicimos, hay que reconocer que, si no hubiese estado lloviendo, lo hubiéramos explorado más a fondo. En cualquier caso, cuando terminamos volvimos a la parada del Barcelona Bus Turistic, el cual tomamos para ir a nuestro siguiente objetivo: el Camp Nou. Aunque somos más madridistas que Butragueño, nos apetecía un montón visitar el estadio del Barcelona y conocer a fondo la casa del eterno rival. Y eso que el precio echaba para atrás: 23€ por persona. Más caro que el Tour del Bernabéu (19€) y que el Museum & Stadium Tour de Old Trafford (16£).

A excepción de los días de partido, en los que siempre está cerrado, el estadio se puede visitar en los siguientes horarios:

  • Horario de invierno (noviembre-marzo): lunes a sábado, de 10:00 a 18:30; domingos y festivos, de 10:00 a 14:30.
  • Horario de verano (abril-octubre): lunes a sábado,  de 10:00 a 20:00; domingos y festivos, de 10:00 a 14:30.

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Después de decirle adiós para siempre a casi 50€, lo cual nos dolió en el alma, empezamos la famosa Camp Nou Experience. El pack incluye lo típico en estos casos: visita panorámica del exterior del estadio, acceso al campo desde distintos puntos de vista, túnel de vestuario, sala de prensa y alguna cosilla más. Si no te gusta este deporte, puedes saltarte varios párrafos ya que esto no te interesa. Por otro lado, si eres futbolero, este es un lugar imprescindible.

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Incluso madridistas acérrimos como nosotros reconocemos que, con sus grandes defectos y sus escasísimas virtudes, el Barça es uno de los grandes equipos del mundo. Bromas aparte, es innegable que sin el equipo blaugrana este deporte no sería lo mismo, en especial en los últimos años. De hecho, las vitrinas de su museo hacen especial hincapié en los éxitos recientes: las seis copas de Guardiola, los cuatro balones de oro de Messi, las últimas Champions League…

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No podemos decir que haya sido la sala de trofeos que más nos haya gustado. Lo vimos todo demasiado frío, como si quisieran darle una seriedad excesiva para algo tan divertido como el fútbol. Comparábamos con el campo del Manchester United y, la verdad, los ingleses están muy por delante de los catalanes en ese sentido. La propuesta era más o menos la misma, pero los primeros han sabido darle una emoción y un sentimiento que no apreciamos en el caso del Barça. Aunque también hay que reconocer que no nos cae nada bien el club culé, así que es posible que otro piense otra cosa.

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Después del museo se pasa, por primera vez, a ver el campo… ¡Qué pasada! Aquí no hay rivalidad posible: hay que reconocer que el Barcelona tiene un estadio precioso. Sus característicos colores blaugranas y su famoso Mes que un club son, quizá, las principales señas de identidad del coliseo. Nos había dolido mucho pagar 23€ por persona, pero desde luego mereció la pena por disfrutar de primera mano de una panorámica como esta.

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Una de las partess que más tirón tiene en este tipo de visitas, pese a que no sea para nada espectacular, es la relacionada con las entrevistas a los jugadores. Tanto la sala de prensa como la zona mixta son tramos en los que todo el mundo quiere hacerse una foto, emulando a sus jugadores favoritos.

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Una cosa que no nos gustó es que el recorrido incluye el acceso al vestuario del equipo visitante, pero no al del Fútbol Club Barcelona. Nos hubiera gustado ver las taquillas de Xavi, Iniesta y compañía. Un detalle muy interesante es que el vestuario está decorado con pantallas que muestran a los más ilustres futbolistas que han pisado esta caseta, incluyendo a algunos madridistas (como Fernando Hierro). Pedazo de central.

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De allí pasamos, como no podía ser de otro modo, al túnel de vestuarios. Solo podemos definirlo con una palabra: impresionante. No sabemos si las habrán puesto para meter el miedo al rival, pero desde luego impactan las imágenes de los futbolistas de la primera plantilla mirándote fijamente. El fútbol, pese a que algunos se empeñen en reducirlo a millonarios en calzoncillos, tiene un importante factor psicológico.

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Y, por fin, el gran plato fuerte: bajar a nivel de césped. Allí nos hicimos esta foto, la cual dedicamos a todos esos amigos culés que se cachondearon de nosotros por ir a ver el campo del Barça. Si ellos vinieran a ver el Santiago Bernabéu, seguro que también salían de allí encantados.

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Las cosas como son: el Camp Nou nos encantó. Conocemos bastantes estadios de fútbol, tanto españoles (Santiago Bernabéu, Vicente Calderón, Alfonso Pérez) como europeos (Old Trafford, Olímpico de Munich, BJK İnönü), y este nos pareció una pasada. Es enorme, si apretaran un poco las butacas seguro que podrían llegar a los 150.000 espectadores sin problemas.

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El recorrido terminaba, inevitablemente, en la Megastore. Allí vimos las típicas escenas que nunca faltan: niños intentando persuadir a sus padres para que les compren algo, maridos discutiendo con sus mujeres sobre el precio de la camiseta, japoneses vaciando sus carteras como si no hubiese mañana… Nosotros no compramos nada, que bastante pasta nos habían sacado ya. Además, según salimos del estadio volvimos a mirar a este equipo con el mismo desprecio que antes. Nada había cambiado. 😛

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PASEO DE GRACIA Y ALREDEDORES

Con el autobús turístico volvimos al centro, de donde ya no nos moveríamos en todo el día. Nos bajamos en la Plaza de Cataluña (Plaça de Catalunya). Sus más de 30.000 metros cuadrados la convierten en la tercera más grande de España, solo superada por la Plaza de España de Madrid (37.000) y de Barcelona (34.000).

Normalmente es un punto de encuentro, además de un lugar de paso obligado para moverse por el barrio del Ensanche (L’Eixample). Sin embargo, con el diluvio que estaba cayendo, lo único que hicimos fue echar un vistazo rápido y buscar un sitio para comer.

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La lluvia, el frío y nuestro exiguo presupuesto hicieron que nos metiésemos en el primer sitio barato que vimos. En este caso fue un McDonald’s, compañero infatigable de nuestros viajes. Casi siempre que viajamos nos zampamos una de sus hamburguesas, por lo que mentalmente ya vamos asociando la McRib a estar fuera de casa.

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La cuestión es que, una vez comimos, nos pusimos a explorar a tope el Paseo de Gracia (Passeig de Gràcia), una de las grandes avenidas del Ensanche. En ella no solo se agolpan las tiendas más caras y los hoteles de mayor prestigio, sino que además cuenta con algunos de los edificios modernistas más representativos de Cataluña. Se la suele comparar con los Campos Elíseos de París.

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La primera gran construcción que vimos fue la Casa Amatller, obra del arquitecto Josep Puig i Cadafalch. Fue construida entre 1898 y 1900 por orden de Antoni Amatller, un prestigioso maestro chocolatero. El proyecto mezcla algunos elementos propios del gótico catalán (no faltan los relieves sobre Sant Jordi y el dragón) con otros de la arquitectura flamenca (en ese sentido, el tejado escalonado es el mejor ejemplo).

Pese a que es un edificio protegido y alberga la sede del Instituto Amatller de Arte Hispánico, tan solo se puede visitar parte de la planta baja y en un horario ciertamente restringido. Por suerte, en el MNAC (el cual vimos al día siguiente) se expone parte del mobiliario original de la Casa Amatller.

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Justo a la derecha de ese edificio está la Casa Batlló. Ambos, junto a la Casa Lleó Morera, la Casa Bonet y la Casa Mulleras, forman la famosa Manzana de la Discordia, en referencia a la rivalidad profesional que existía entre los principales arquitectos de cada edificio: Domènech i Montaner, Puig i Cadafalch y Gaudí.

El caso es que la Casa Batlló, de Antoni Gaudí, sí que se puede visitar. Abre todos los días de 9 a 21, como si fuera un centro comercial. Únicamente hay que esperar un mínimo de una hora de cola y pasar por caja. Dicho sea de paso, el precio nos pareció indignante: 20,35€ por persona. ¡¡Menudo robo!!

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Merece la pena rascarse el bolsillo, pues es una de las grandes masterpieces de Gaudí. Aunque en conjunto es un edificio un poquito recargado, el arquitecto dio rienda suelta a su creatividad. La sala principal, el patio de luces o la azotea son atractivos suficientes para pagar la entrada, aunque eso no hace que sigamos pensando que es un auténtico abuso que cobren más de 20€ por verla.

Hay que decir que, realmente, la Casa Batlló no es un proyecto original del genio, sino una reforma integral de un edificio preexistente. Aun así, representa a las mil maravillas la etapa naturalista gaudiniana.

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Salvo en un par de estancias, el edificio sorprende mucho por la ausencia de líneas rectas. Da la sensación de que Gaudí fue improvisando, modelando cada habitación con sus propias manos. El genio en estado puro, exprimiendo al máximo su famosa etapa naturalista, en la cual se inspiraba en la vegetación, los animales o los ríos.

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Con la entrada te dan una audioguía, con la cual se puede hacer un recorrido por todas las salas de la Casa Batlló lleno de anécdotas y referencias a Gaudí. Aun así, consideramos que no es una visita de diez: muchas salas apenas tienen mobiliario, hay mucha gente, falta cartelería… ¿Imprescindible? Desde luego, aunque solo si se tiene tiempo y dinero. Una hora de cola y 20€ por el ticket son dos argumentos muy pesados en su contra.

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Cambiando de tercio, de la Casa Batlló fuimos al Museo Egipcio (Museu Egipci). Está en la Calle València 284, muy cerquita del Paseo de Gracia. Abre todos los días (lunes a sábado de 10 a 20, domingos de 10 a 14) y la entrada cuesta 11€ por persona (8€ en tarifa estudiante). No es que sea el museo más grande del mundo, pues en sus 2.000 metros cuadrados se exponen aproximadamente 1.000 piezas. Sin embargo, es el mejor ejemplo de que la calidad es mucho más importante que la cantidad.

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Es una referencia única en España en lo relativo a la egiptología. A lo largo de diez zonas temáticas se hace un recorrido en profundidad de esa enigmática civilización, aunque no cronológicamente (como suele ser habitual) sino a través de grandes temas: el arte, la muerte, los dioses…

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En Madrid tenemos el Templo de Debod, pero hay que reconocer que siempre hemos tenido envidia del Museo Egipcio de Barcelona. Es una institución moderna, que se renueva constantemente y que tiene una oferta cultural de primer nivel. Tenemos varios conocidos en Barcelona que han participado en sus talleres y todos coinciden en que son experiencias dignas de ver.

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Nosotros no pudimos participar en ninguna actividad, pues no había programado nada a esa hora, pero le sacamos mucho partido a la colección permanente. Vimos todo lo que se puede esperar en un museo sobre el Antiguo Egipto, desde vasos canopos hasta papiros, pasando por momias, collares o esculturas. El único inconveniente que le vimos al tema del tamaño es que coincidimos con una visita guiada, y en algunas zonas estábamos un pelín apretados. Aun así nos pareció espectacular.

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En definitiva, el Museo Egipcio es algo a tener en cuenta: céntrico, con una temática muy atractiva y muy bien montado. Hay que reconocer que un fanático de la egiptología disfrutará mucho más que aquel que solo ha visto las películas de La Momia, pero igualmente es un sitio fascinante.

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Después del museo, volvimos al Paseo de Gracia para apurar los últimos rayos de sol. Lamentablemente, llegamos justo después de que cerrasen la Casa Milá. También conocida como La Pedrera por su aspecto, es otra de las joyas que Gaudí tiene diseminadas por la ciudad. Entrar cuesta 16.50€ y en horario de verano abren hasta las 20:00 todos los días, pero llegamos a las 20:01. Vamos, que tendremos que verla en un futuro viaje, porque en este nos quedamos con las ganas.

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Volvimos a la Plaza de Cataluña. Ahora que había dejado de llover mostraba mucho mejor aspecto, con mucha gente y un montón de palomas. Sin embargo, no habíamos ido hasta allí para volver a verla. El objetivo era… ¡Ramblear! Si, para el final del día nos habíamos dejado la calle más emblemática de la ciudad.

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RAMBLEANDO HASTA EL ANOCHECER

Las Ramblas son una sucesión de calles que unen el puerto de Barcelona con la Plaza de Cataluña, a lo largo de más de un kilómetro con tiendas, restaurantes, monumentos y mucho ambiente. Aunque en la práctica todo parece una única calle, en realidad hay cinco distintas:

  • Rambla de Canaletas: el tramo que parte desde Plaza de Cataluña. Es uno de los más animados.
  • Rambla de los Estudios: se llama así porque en ella estaba la parte de la universidad de la ciudad.
  • Rambla de las Flores: un montón de puestos de flores son los encargados de darle el nombre a este tramo. No hace falta decir que los colores y los olores son una delicia para el viajero.
  • Rambla de los Capuchinos: la más pomposa y monumental, con edificios muy destacados que ahora mismo os enseñaremos.
  • Rambla de Santa Mónica: la que conecta la ciudad con el puerto. Sobretodo hay bares y restaurantes.

Además de estas cinco, en los últimos tiempos se habla de una sexta: la Rambla del Mar. Se refiere básicamente al puerto, pues el paseo continúa por él y da acceso a un montón de locales de ocio.

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Uno de los primeros elementos de interés que vimos en las Ramblas fue la Fuente de Canaletas (Font de Canaletes). Puede pasar desapercibida, ya que es una farola con unos grifos y poquito más. ¿Poquito más? En realidad, es todo un emblema de la ciudad, pues aquí es donde los aficionados del Barça celebran los títulos de su equipo. Todo tiene su explicación: en los años 30 aquí estaba la sede de un periódico deportivo, el cual colgaba los resultados del partido en una pizarra. Por aquel entonces era la única forma de enterarse, así que los aficionados venían aquí, veían el resultado y lo celebraban (si era el caso) en el primer sitio que tuvieran a mano.

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Un poquito más adelante está la Iglesia de Belén (Iglesia de la Madre de Dios de Belén o Església de la Mare de Déu de Betlem), un templo de origen jesuita. Por fuera no es gran cosa, si acaso destaca por las columnas salomónicas de la entrada. Por dentro pasa más o menos lo mismo, apenas tiene nada. ¿Y por qué tiene tanta fama? Se dice que era el templo con la decoración más recargada de Barcelona, hasta que en 1936 sufrió un incendio intencionado. Una pena.

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También muy cerca está la Palacio de la Virreina (Palau de la Virreina), uno de los ejemplos más destacados de arquitectura barroca civil de toda Cataluña. Por dentro funciona como una sala de exposiciones temporales, aunque cuando fuimos ya estaba cerrada. La fachada es impresionante: balcones de forja, jarrones en la cornisa, capiteles jónicos y mucho más.

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Pero el lujo y la pretensión barroca no pueden competir con uno de los lugares más animados, ajetreados y queridos de Barcelona: el Mercado de la Boquería. Así es como ose conoce popularmente al Mercado de San José (Mercat de Sant Josep), un enorme mercado municipal con más de 300 puestos distribuidos a lo largo de 2500 metros cuadrados.

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Abre de lunes a sábado y la entrada es gratuita, ya que sigue funcionando como un mercado de abasto. Aunque la mayor parte de sus visitantes son viajeros, La Boquería ha conservado su carácter tradicional. De hecho, los precios no están nada mal en comparación con lo que se encuentra en el resto de la ciudad.

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En el Mercado de la Boquería se puede encontrar de todo: carne, pescado, huevos, frutos secos, chucherías, chocolate, comida ya preparada… Eso si, si por algo destaca es por la fruta. ¡Qué variedad, qué cantidad y qué calidad! Seguro que un alto porcentaje de gente solo va hasta allí por sacar una foto de los puestos de fruta, pues son preciosos y tienen un colorido espectacular.

Los puestos están divididos por sectores: al principio están los de fruta y al fondo los de carne/pescado. Entre medias hay mucha variedad, aunque como ya decimos los que predominan son los de fruta.

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Las veces que hemos ido a Barcelona, no hemos podido evitar pasarnos por La Boquería para comprar dos cosas: fruta cortada (te la venden en unos tuppers desechables de plástico) y batidos de fruta. Son muy baratos, ya que cuestan entre 1€ y 3€ en función del producto, y están buenísimos. Si tenéis la suerte de pasar por aquí a última hora, conviene que echéis un vistazo al post que hicimos sobre ofertas de última hora en el Mercado de la Boquería.

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No lo hemos dicho hasta ahora, aunque parece más que evidente. Lo mejor de Las Ramblas no son los edificios ni los museos, pese a que tenga muchos. Lo que más mola es pasear y disfrutar del ambientazo que hay a cualquier hora. En Las Ramblas se ven cosas, lo mejor que se puede hacer es cogerse un batidito en La Boquería y disfrutar de lo que vaya surgiendo: puestos de flores, músicos callejeros, gente de todo el mundo… Lo más probable es que a la noche empiecen a verse cosas surrealistas. Nosotros nos encontramos con Superman, acompañado de Wally y de Mochilo, el plátano de Los Fruittis. No está mal, ¿eh?

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También hay sitio para el modernismo en Las Ramblas. Un ejemplo destacado es la Casa Bruno Cuadros, también conocida como Casa de los Paraguas por su característica fachada. El edificio es de mediados del XIX, pero fue ampliamente reformado en 1883 por Josep Vilaseca i Casanovas.

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A pocos metros está el Gran Teatro del Liceo de Barcelona (el Liceu), el teatro más antiguo de la ciudad. Aunque últimamente vive tiempos convulsos (ERE incluido), su edificio es una auténtica pasada. Además, es uno de los grandes ejes de las representaciones teatrales en la ciudad. Siempre se ha caracterizado por reservar un cierto número de butacas a precios populares, acercando el teatro a las clases menos favorecidas. Es posible encontrar tickets desde precios muy económicos.

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Y no podemos hablar de Las Ramblas sin hacer referencia a la Plaza Real (Plaça Reial), una de nuestras plazas favoritas de la ciudad. No está exactamente en el paseo principal, sino en uno de los laterales, pero es sin duda un lugar al que merece la pena acercarse. Es obra de Daniel Molina, que la diseñó en el siglo XIX con una clara inspiración neoclásica.

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Y al final de Las Ramblas, pegadito al puerto, está el Monumento a Colón. Fue inaugurado en 1888, como uno de los grandes iconos de la Expo de 1888. Está dedicado a la enigmática figura del descubridor de América, el cual podría ser catalán según estudios recientes. Se puede subir arriba y disfrutar del mirador, pero a esa hora ya estaba cerrado.

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Terminamos nuestro particular rambleo por la famosa Rambla del Mar. No nos adentramos hasta el final del puerto, pues era tarde y estábamos cansadísimos. Aun así, fue suficiente para darse cuenta de que es un sitio muy interesante para dar una vuelta.

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El cansancio (y la humedad, pues había estado todo el día lloviendo) era tan grande que cogimos un taxi para ir a nuestro alojamiento. Costó alrededor de 5€, los cuales los consideramos como uno de los mejores invertidos de nuestra vida. Nos ahorramos una buena caminata, y convenía reservar fuerzas: al día siguiente nos quedaban muchas cosas por ver y, encima, tocaba volver a Madrid en coche. ¡Ya os contaremos en el siguiente capítulo!

Capítulo IIVolver a Barcelona ’13Capítulo IV

3 pensamientos en “Barcelona ’13 – Capítulo III: Sagrada Familia, Parque Güell, Camp Nou, Ensanche y Las Ramblas

  1. Un día muy completo!!
    Sabes que no he vuelto a la Sagrada Familia desde el colegio? O.O tendré que regresar!!

    Que tiene delito vivir en BCN y no ir xD

    El museo egipcio es una pequeña joya qu etenemos 😉 a mi me gusta mucho.

    Saludos!

    • Jajajaja tiene un poco de delito XD Eso si, a todos nos pasa igual. Nosotros vivimos a 10 minutos de Madrid, y en nuestra lista de infamias hay cosas como que Edu no entró a la Catedral de la Almudena hasta los 23 años o que Erika no conoce todavía el Parque del Capricho 😛 Un besote!

  2. Pingback: Barcelona ’13 – Capítulo IV: Montjuïc y vuelta a casa | www.eduyeriviajes.com

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