Barcelona ’13 – Capítulo II: Palacio de la Música Catalana, Barrio Gótico, MHCAT y Parque de la Ciutadella

¡Cuatro años! Eso era lo que llevábamos sin ir a la Ciudad Condal, después de una visita exprés a finales de 2009. En aquella ocasión hicimos una especie de best of de la ciudad, pues solo tuvimos tiempo de estar unas horas en Barcelona. Sin embargo, en esta ocasión disponíamos de todo un fin de semana para conocer a tope uno de los lugares más interesantes de Europa. No os imagináis las ganas que teníamos de recorrer de nuevo Las Ramblas, de entrar a la Sagrada Familia o de visitar algunos de sus museos.

Empezamos con este primer día del viaje, en el cual nos pegamos un buen madrugón para aprovechar al máximo el viernes. El Barrio Gótico fue el gran protagonista, aunque cada minuto dio mucho de sí. 🙂

barcelona-01LLEGADA A BARCELONA Y PRIMEROS PASOS

Lo hemos dicho ya mil veces: no nos importa madrugar cuando se trata de hacer un viaje. En este caso era una escapada de fin de semana, pero con la suerte de que podíamos salir el viernes a primera hora y así sacarle todo el jugo a la tarde. Entre Madrid y Barcelona teníamos casi seis horas, así que nos tomamos eso de “a primera hora” al pie de la letra y salimos de casa antes de las cinco de la mañana. Hasta Zaragoza fuimos por la A-2, que es gratuita, y desde allí tomamos la AP-2. Solo podemos decir que es un auténtico atraco, pues nos cobraron casi 30€. ¡Los que dicen que los peajes en Europa son caros es porque no conocen esta carretera!

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El caso es que llegamos sin problemas, pues el trayecto se hizo bastante cómodo. Lo primero que hicimos fue ir a las oficinas de Barcelona Turisme, la organización oficial para la promoción turística de la ciudad. Allí habíamos quedado con Montse Planas, responsable de Comunicació i Estratègia, con la cual estuvimos hablando un buen rato acerca de Barcelona (nos supo responder hasta la última duda) y de viajes en general. Es una persona encantadora, así que acabamos hablando de temas mucho más amplios. Tras pegar el clásico atraco de planos y folletos, nos fuimos a empezar a conocer la ciudad.

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El siguiente paso fue ir hasta Melon District, nuestro alojamiento ese fin de semana, para hacer el checkin. No vamos a hablar demasiado sobre él en este artículo, ya que le dedicamos un post propio, pero sí queremos volver a decir que nos encantó. No es exactamente un hotel, sino una residencia de estudiantes que también ofrece estancias cortas. Al margen de las habitaciones (limpias, espaciosas y cómodas), hay que destacar los servicios del Melon District: piscina, cocina, salas de reuniones, lavandería… Un sitio 100% recomendable por calidad, ubicación y precio.

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De hecho, ya que estábamos, decidimos comer en el Meloncafe, el restaurante de Melon District. Por 6-7€ tienen varios combos para elegir, los cuales incluyen plato principal, patatas, bebida y postre. Edu optó por la Special Melon Burger y Eri por una focaccia rellena de pollo. Ambos platos estaban riquísimos.

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Mapas, checkin hecho, estómago lleno… ¡Ya estábamos listos para empezar a recorrer Barcelona! Nuestro objetivo era empezar por el Palacio de la Música Catalana, pero íbamos andando y de camino vimos algunas cositas. Por ejemplo, atravesamos el Parque de la Estación del Norte (Parc de l’Estació del Nord) y pasamos, como no podía ser de otro modo, frente a la Estación del Norte (Estació del Nord). Esta antigua estación ferroviaria del siglo XIX es, hoy en día, la principal estación de autobuses de Cataluña en cuanto a número de pasajeros se refiere.

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Muy cerquita está el Arco del Triunfo (Arc del Triomf), diseñado por Josep Vilaseca i Casanovas a modo de entrada para la Exposición Universal de 1888. Es difícil que un monumento así pase desapercibido, no solo por su característico estilo neomudejar, sino porque mide más de 30 metros de alto. Es uno de los poquitos arcos del triunfo europeos de significado 100% civil, ya que la mayor parte fue erigida para conmemorar campañas de corte militar.

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PALACIO DE LA MÚSICA CATALANA

Y así llegamos al Palacio de la Música Catalana (Palau de la Música Catalana), Patrimonio de la Humanidad y uno de los edificios más emblemáticos de Barcelona. Es una de las grandes obras del modernismo catalán y, posiblemente, la principal referencia del gran arquitecto Lluís Domènech i Montaner. Fue construido entre 1905 y 1908, y desde entonces es el epicentro de la música catalana.

No solo es la sede del Orfeón Catalán, sino que por su escenario han pasado genios como Manuel de Falla, Richard Strauss o Montserrat Caballé. También han actuado orquestas de fama internacional, desde la Orquesta Filarmónica de Viena hasta la Orquesta Sinfónica de Chicago. Por último, iconos de la cultura moderna como Woody Allen, Joan Manuel Serrat o incluso David Bisbal han hecho aquí presentaciones.

Para visitarlo, hay dos opciones. Por un lado, todos los días se hacen visitas guiadas en distintas idiomas: 17€ por persona (11€ tarifa reducida) de 10:00 a 15:30. Por otro, prácticamente todas las noches hay música en directo, por lo que adquirir un tícket puede ser una buena opción para conocerlo por dentro.

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Nosotros optamos por la visita guiada, y la verdad es que salimos encantados de ella. Se hacen en distintos idiomas por turnos, así que nosotros la hicimos en inglés porque era la que antes empezaba. Primero te ponen un vídeo introductorio sobre la historia del lugar, en el que aparecen grandes personalidades de la música. Y después entras a la sala de conciertos y te quedas sin palabras.

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¡Qué auténtica maravilla! ¿Una película? ¿Un videojuego? ¿Un dibujo? Nos daba la sensación de estar viendo algo que no era real.  Hasta el último detalle está calculado para generar esa sensación de fantasía: desde las vidrieras hasta los relieves que bordean el escenario. El proyecto nació con grandes pretensiones, y su éxito radica en que se engarzaron a la perfección el virtuosismo de Lluís Domenech con la excelencia de los artesanos locales.

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La visita guiada dura más o menos una hora, incluyendo la visita a algunos espacios más, tiempo para hacer fotitos y muchas anécdotas. El sistema está muy bien montado, pues cada grupo tiene un itinerario en distinto orden, lo que permite que varios grupos estén haciendo la visita simultáneamente. Aun así, no nos dio en absoluto la sensación de masificación o sobreexplotación que más tarde percibimos en otros monumentos, como la Sagrada Familia. Normalmente defendemos la visita libre respecto a la visita guiada obligatoria, pero desde luego en este caso el sistema está tan bien montado que no le ponemos ni una pega. En todo caso el precio, 17€ por persona nos parece excesivo.

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En definitiva: un diez para el Palacio de la Música Catalana. Una joya propia de un cuento de hadas que justificaría por sí sola un viaje a cualquier parte. Y lo mejor de todo es que esto solo había sido el principio, pues aún nos quedaba mucho que hacer.

EL BARRIO GÓTICO DE BARCELONA

Tras ese excelente punto de partida, nos dispusimos a explorar a fondo el Barrio Gótico (Barri Gòtic) de Barcelona. Su sinuoso trazado y el empedrado de sus calles dan buena cuenta del carácter medieval de esta parte de la ciudad, construido además sobre la antigua Barcino romana. Precisamente, su  entramado es el principal causante de una de las características del barrio: la convivencia entre calles abarrotadas de gente y otras totalmente solitarias. Merece la pena comprobar esto de primera mano, pues es muy impactante pasar del ajetreo y el bullicio a la paz más relajante con solo andar unos pocos metros.

Nuestro siguiente objetivo fue la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia (Catedral de la Santa Creu i Santa Eulàlia), también conocida como la Seo o, simplemente, la Catedral de Barcelona. Fue construida entre finales del siglo XIII y comienzos del XV, aprovechando los restos de la antigua catedral románica. Aunque lo tiene todo para ser considerado un edificio gótico, en realidad es neogótico, pues su fachada data del siglo XIX.

Atención a los que viajan con el presupuesto ajustado, pues el horario de visita a la catedral es importantísimo. Durante las horas centrales del día (13:00 a 17:00 de lunes a sábado / 14:00 a 17:00 domingos y festivos) hay que pagar entrada, ni más ni menos que 6€. Sin embargo, antes (de 8:00 a 12:45) y después (17:15 a 19:30) es gratis, así que conviene planificar la ruta para no pasar por caja. Eso sí, cuando la visita es gratuita te cobran por ver el coro (2,80€) y los terrados (3€), por lo que no es así del todo.

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Al final, todos acabamos dejándonos unos euritos de un modo o de otro. Aun así, no podemos decir ninguna cosa negativa sobre la Catedral de Barcelona. Es un edificio impresionante, de esos que te dejan a medio camino entre el asombro y la incredulidad. Sus tres naves tienen unas preciosas bóvedas de crucería, especialmente bonitas en el deambulatorio (foto de abajo a la derecha).

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No es que sea la catedral más grande del mundo, pero aun así sus dimensiones son considerables. Además, no es una cuestión de tamaño, pues en sus 90 metros de largo por 40 de ancho lo que destaca no es la grandiosidad, sino la calidad y la variedad. Desde las cinco puertas hasta las vidrieras, pasando por el altar mayor: todo en la Catedral de Barcelona está hecho con buen gusto.

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El edificio es, además, un cementerio en miniatura, pues en dentro de sus muros descansan los cuerpos de destacadas personalidades de la historia catalana. Quizá los más fáciles de ver sean los sepulcros de Ramón Berenguer I y Almodis de la Marca, “colgados” en una de las naves laterales. No obstante, no hay que olvidarse de Jaime I (conde de Urgel), de Petronila de Aragón (mujer de Ramón Berenguer IV), Constanza de Sicilia (mujer de Pedro el grande) y de tantos otros.

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Uno de los elementos más destacados, sin duda el favorito de los niños, es el Claustro. También es de origen medieval, pues fue construido entre los siglos XIV y XV, pero es famoso sobretodo por las trece ocas que viven allí. ¿Y que hacen en un claustro esos simpáticos animalitos? Son varias las leyendas que explican este hecho, aunque una de las más aceptadas dicen que el Capítulo Catedralicio las colocó allí para evitar robos. También se dice que son trece en honor de Santa Eulalia, pues es la edad que tenía cuando fue asesinada.

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Sea como fuere, la Catedral nos encantó. Una vez la visitamos, nos lanzamos a hincarle el diente al resto del Barrio Gótico. Al lado del templo está la Casa del Arcediano (Casa de l’Ardiaca), actual sede del Archivo Municipal de Historia (Arxiu Municipal d’Història). En él residían los altos cargos eclesiásticos en la Edad Media, un uso que fue perdiendo con el tiempo hasta que, en 1870, llegó a ser subastada. Desde 1920 es propiedad del Ayuntamiento, que se ha esforzado en darle el buen aspecto del que hoy puede presumir.

Se puede visitar el patio, con su característica palmera en el medio. También hay que hablar de la fuente, pues en ella hay un l’ou com balla (huevo que baila). Es una tradición catalana que consiste en colocar un huevo en el surtidor de la fuente, de tal manera que nunca deja de girar.

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Pero, tal y como hemos dicho, lo que más mola del Barrio Gótico es patearse sus calles y disfrutar de los contrastes que hay entre ellas. En las dos siguientes fotos os vamos a enseñar dos ejemplos de esta idea. En primer lugar, aquí tenéis esta estrecha calle en la que parece haberse detenido el tiempo.

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Por otro lado, hay una pasarela muy bonita que une dos edificios sobre la calle Bisbe (una de las laterales de la catedral). ¡Ahí no cabe ni un alma! Hacer una foto de la calle entera es imposible, solo saldrán cabezas de guiris y grupos de japoneses. Evidentemente merece la pena el esfuerzo, pues es un sitio inolvidable.

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Otro lugar especialmente concurrido es la Plaza Sant Jaume, donde están el Ayuntamiento de Barcelona (edificio de abajo a la izquierda) y el Palau de la Generalitat. Quizá antiguamente fueran dos edificios notables y dignos de visitar, pero con el cabreo que tenemos últimamente con los políticos, lo mejor es no acercarse mucho por allí. Básicamente por no cogerse un cabreo tonto, ya que mientras recortan en sanidad y educación, por la zona veréis coches oficiales, la máxima seguridad y hasta el último cristal impoluto.

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Y bueno, aunque el Barrio Gótico es uno de nuestros lugares favoritos de la ciudad, no hay que obviar la realidad. Desde hace un par de años, una gran polémica se cierne sobre la autenticidad del barrio. Al parecer, desde mediados del siglo XIX se llevó a cabo un proceso artificial para revitalizar el barrio y convertirlo en un foco de atracción turístico bestial. Eso conllevó restauraciones sin seguir el modelo original e incluso nuevos proyectos de estilo neogótico, que hoy en día se venden como góticos auténticos. El tema está en revisión, así que todavía no nos vamos a posicionar. Sin embargo, es algo que hemos visto en otras ciudades europeas (nos viene a la mente el Nikolaiviertel de Berlín).

¿Por qué contamos esto? Pues porque lo siguiente que hicimos fue visitar uno de los afectados por esta controversia. Nos referimos al edificio del Centro Excursionista de Cataluña. Su origen no está nada claro, aunque se sabe que fue restaurado bien entrado el siglo XX añadiéndole elementos de marcado carácter gótico que antes no estaban presentes en él.

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Lo que más sorprende es que en su interior está el Templo de Augusto, un templo romano del siglo I. Tres de las cuatro columnas que siguen en pie fueron descubiertas durante la construcción de dicho edificio, mientras que la cuarta estaba expuesta en Plaza del Rey y fue trasladada aquí tras el descubrimiento. Es uno de esos rincones secretos que siempre gustan descubrir, pues no es muy visitado y sin embargo es un lugar perfecto para sentarse y disfrutar de un poquito de relax, alejados del bullicio.

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Eso fue lo que hicimos, relajarnos antes de pasar un poquito de agobio. Y es que sabíamos que nuestra siguiente visita iba a ser un auténtico baño de masas. Solo así puede describirse la experiencia de entrar a la Basílica de Santa María del Mar, uno de los edificios más visitados de la ciudad gracias a obras como La Catedral del Mar (Ildefonso Falcones) o El Juego del Ángel (Carlos Ruiz Zafón). Por fuera no es especialmente bonito, pues da una cierta sensación de mazacote. Además está frente a una plaza pequeñita, por lo que la perspectiva no es la mejor del mundo.

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Sin embargo, por dentro es una de las iglesias más bonitas de toda España. Fue construida entre 1329 y 1383, por lo cual está bajo la órbita del arte gótico, aunque es bastante peculiar. Su gran altura y la delgadez de sus pilares transmiten una sensación de uniformidad, sin los típicos claroscuros que podrían esperarse en un templo así.

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A nosotros nos parece un edificio que dice muchas cosas. Por encima de todo, que se puede aspirar a la excelencia artística a través de la austeridad. Es un templo con muy escasa decoración, pero aun así es precioso. También hay destacar sus pilares con forma de prisma, especialmente visibles en la bóveda de la girola.

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MHCAT: EL MUSEO DE HISTORIA DE CATALUÑA

Tuvimos que dejarnos unas cuantas cosas del Barrio Gótico en el tintero (ya habría tiempo de sacarse la espinita el último día del viaje), pues a las cinco y media habíamos concertado una visita en el Museo de Historia de Cataluña (Museu d’Història de Catalunya), conocido también por sus siglas MHCATMHC. El museo fue impulsado en 1996 por la Generalitat, con la intención de concebir una gran institución que narrase la Historia de Cataluña y la evolución de la cultura en el país. Por eso, además de su interesantísima exposición permanente, el museo tiene una gran actividad cultural, organizando con frecuencia exposiciones temporales, ciclos de conferencias o congresos entre investigadores.

Abre de martes a sábado de 10:00 a 19:00 y los domingos de 10:00 a 14:30. Entrar cuesta 4€ por persona, aunque hay tarifa de estudiantes (3€) y el primer domingo de cada mes es gratis.

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Aunque el museo es una pasada, empezamos subiendo a su restaurante. Y no porque fuésemos a merendar en él (cosa que no hubiera estado mal, ya que tenía buena pinta), sino porque desde su terraza está una de las mejores panorámicas del puerto de Barcelona. Merece la pena subir, y encima es gratis.

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Y, hablando del museo propiamente dicho, lo primero que hay que decir es que se trata de una referencia a nivel europeo por su moderna museología. Nosotros somos de los que pensamos que, para que un museo guste, el tema muchas veces es lo de menos: si las cosas están bien hechas, el éxito está asegurado. Y en el caso del MHCAT, el recorrido que se propone por la Historia catalana va mucho más allá de arrastrar los pies por una sala tras otra. En él se puede cortar cuero con un útil de la prehistoria, reconstruir un arco gótico o estar en la proclamación de la II República en Barcelona.

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La exposición está dividida en siete etapas cronoculturales. No esperéis la típica división que se haría en un museo en cualquier otra parte de España, ya que esta es una institución centrada exclusivamente en Cataluña. Eso implica que se le da especial importancia a sucesos como la conquista de Cataluña Nova, a la abolición de las instituciones catalanas tras los Decretos de Nueva Planta o a la represión que sufrieron durante la dictadura de Franco.

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El museo nos encantó, nos pareció imprescindible pese a que hay otros en la ciudad con mucha más fama. Íbamos con las expectativas muy altas, ya que en la universidad siempre nos podían este museo como ejemplo a seguir, y encontramos mucho más de lo que esperamos. Está claro que el discurso que sigue no gustará nada a los españolistas más cerrados, pero a nosotros nos pareció una pasada.

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PARQUE DE LA CIUDADELA

Estuvimos en el museo hasta el cierre. Aunque aún quedaba una horita de sol, decidimos ir de vuelta a nuestro alojamiento, pues estábamos realmente cansados después del madrugón. Eso sí, nos desviamos un poquito para poder atravesar el Parque de la Ciudadela (Parc de la Ciutadella), una de las grandes zonas verdes de la ciudad.

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El estado actual del parque se debe en buena medida a su acondicionamiento para la Exposición de 1888. Hay muchas cosas que ver en él: un lago artificial, un mamut gigante, fuentes esculturales… Erika recordaba muchas cosas de lugar, pues pasó por aquí con su viaje de fin de curso del instituto. De hecho, al volver a casa estuvimos buscando fotos y vimos como la escultura del mamut había causado furor entre su grupo de amigos.

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Y eso es lo que dio de sí el día. A la noche nos dimos un bañito en la piscina de la azotea de nuestro Melon District, pero se puso a chispear. De hecho, no dejó de llover en todo el fin de semana. Por cierto, mirad que vistas de la Torre Agbar. 🙂

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Cenamos en el hotel, pues sabiendo que tenía cocina habíamos llevado comida. Y tras llenar el estómago, nos fuimos a la cama con un sueño de espanto. Había que recuperar fuerzas: al día siguiente nos esperaban muchas cosas. ¡Qué ganas de seguir redescubriendo Barcelona!

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5 pensamientos en “Barcelona ’13 – Capítulo II: Palacio de la Música Catalana, Barrio Gótico, MHCAT y Parque de la Ciutadella

    • Es preciosa, de los templos más bonitos que hemos visitado. Además, tiene una iluminación perfecta: hasta negados de la fotografía como nosotros somos capaces de sacar fotos bonitas jeje

      Besotes gordísimos! 🙂

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