Auschwitz: cuando la locura se convierte en una industria

Hay artículos que son muy difíciles de escribir. No es que sea muy habitual en un blog de viajes, pero cuando se visitan lugares como el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, se hace un nudo en la garganta y es muy complicado que salgan las palabras. Por eso, hemos tardado varias semanas en poder preparar este artículo, ya que por mucho que lo intentábamos no éramos capaces de sacarlo adelante.

A lo largo de las siguientes líneas os contaremos cómo es visitar Auschwitz, os daremos información útil para ir hasta allí y trataremos de transmitiros las sensaciones que nos produjo una excursión que sin duda nos ha cambiado la vida. Sabíamos que el ser humano es capaz de lo peor, pero nunca habíamos tenido contacto tan directo con una auténtica industria del terror.

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BREVE INTRODUCCIÓN HISTÓRICA

No queremos convertir este artículo en un monográfico sobre el horror nazi en la II Guerra Mundial, pero desde luego es imprescindible hacer una pequeña puesta en contexto. Lo que se conoce como el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau fue un conjunto de diferentes campos de concentración ubicados a algo más de 40 kilómetros al oeste de Cracovia. Los nazis tuvieron muchos enclaves como este repartidos por toda Europa, pero ninguno de esta brutal magnitud, pues se calcula que en Auschwitz pudieron morir más de un millón de personas entre 1940 y 1945.

Auschwitz es el nombre germano de Oświęcim, la pequeña localidad polaca entorno a la cual se montaron los campos de exterminio. Entre las personas que pasaron por aquí se incluyen figuras de la cultura europea tan reconocidas como Ana Frank o Primo Levi. Sea como fuere, pensamos sin lugar a dudas que es una visita que hay que hacer al menos una vez en la vida. Puede ser durísimo, pero unas horas allí son suficientes para ver el mundo de una manera totalmente distinta.

auschwitz-02AUSCHWITZ I

Antes de empezar a contar como nos fue, unas consideraciones. La primera es que llegar a Auschwitz lleva aproximadamente una hora y media en autobús desde Cracovia, con lo cual conviene madrugar un poco. Sobretodo porque la visita dura al menos tres horas, pero se puede ir fácilmente hasta las seis si vais en detalle: vamos, que es para echar el día entero. Por último, id preparados para que os cobren por todo: por dejar las mochilas en la taquilla, por hacer pipí, por la guía…

El punto de partida siempre es el centro de recepción de visitantes, donde se adquieren las entradas y desde donde salen las visitas guiadas. Nosotros formamos parte de un grupo en inglés por una cuestión de horarios, aunque hay también en castellano al menos una vez al día.

auschwitz-03Al poquito de empezar la visita se llega a uno de los elementos más representativos del campo de concentración: la mítica valla con el letrero Arbeit macht frei, que generalmente se traduce como El trabajo os hace libres (pese a no ser del todo correcto). Este lema no es exclusivo de Auschwitz, sino que se utilizó en las puertas de acceso de diferentes campos de concentración (en Sachsenhausen, por ejemplo, tienen una frase diferente).

auschwitz-04Auschwitz es un sitio frío e inhóspito, por el cual da bastante pena caminar. A un lado y a otro, dentro de un recinto vallado que parece interminable, se agolpan edificios que contenían dormitorios, zonas de trabajo o, directamente, espacios para la tortura. Imaginad lo peor de la barbarie de la Alemania de Hitler: desde cámaras de gas hasta brutales experimentos médicos, pasando por palizas que llegaban hasta la muerte simplemente por un estornudo o un mal gesto.

La guía fue haciendo las correspondientes explicaciones durante todo el recorrido. Aunque se trata de un tema que normalmente la gente lleva preparado, es imposible no salir de allí con escalofríos. Nosotros somos historiadores y habíamos leído todo tipo de situaciones dramáticas, como que en los lagos de los alrededores todavía aparece polvo blanco en la orilla por la cantidad de huesos que fueron arrojados al agua.

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Desde el punto de vista expositivo, la verdad es que la cosa podría mejorar. Tampoco decimos que haya que poner pantallas full HD 1080p con documentales sobre el holocausto, pero sin duda se está quedando todo un poco anticuado.

Basan el discurso en el volumen. Gafas, zapatillas o cabellos de prisioneros se agolpan tras unas infinitas vitrinas que, sinceramente, encojen el corazón solo con contemplarlas. Muchísimas historias de judíos, homosexuales, prisioneros de guerra y todo tipo de colectivos que no encajaban en la utopía hitleriana.

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La cartelería está en polaco, en inglés y en hebreo. No es especialmente abundante, solo se encuentra al lado de edificios muy representativos o de aquellos en los que hubo una tragedia especialmente dramática (dentro de que todo lo que ocurrió en los campos de concentración fue repulsivo).

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Durante algo más de una hora y media recorrimos Auschwitz I, accediendo a diferentes edificios, cruzando distintas alambradas y estremeciéndonos una vez tras otra ante cada historia personal. Prácticamente en las paredes de todos los edificios hay cuadros con historias de gente, con familias rotas por la locura.

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Eso si, sin lugar a dudas lo más brutal es todo lo relacionado con las cámaras de gas. Un sistema en el que la locura estaba industrializada al detalle, sabiendo qué cantidad de personas se podían matar por hora o cuanto Zyklon B era necesario para que la gente muriera. De verdad, el tema de la II Guerra Mundial se muestra en cientos de películas y series, pero es necesario ir hasta Auschwitz para entenderlo en toda su extensión.

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Dentro de que es una visita imprescindible, hubo algo que no nos gustó nada: la enorme masificación de las visitas. En edificios enanos coincidíamos hasta siete u ocho grupos guiados, cada uno formado por no menos de 30 personas. Imaginaos el follón: empujones, paneles que apenas son visibles, ruido por todas partes… Una pena. Entendemos que es un lugar que visitan muchas personas al año, pero desde luego hay que cuidar más lo que se le da al viajero.

auschwitz-10AUSCHWITZ II: BIRKENAU

Auschwitz I y Auschwitz II (Birkenau) están a unos kilómetros de distancia, pero no hay problema: la organización ofrece un servicio de shuttle bus gratuito que sale cada media hora (normalmente a y cuarto y a menos cuarto). En general, la guía que hace la visita lleva al grupo al autobús al término de Auschwtiz I, se monta con ellos y hace la visita en Auschwitz II, por lo que no tiene mucha pérdida.

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Birkenau es bastante más grande, o al menos eso nos pareció por la ausencia de aglomeraciones. No sabemos si es porque mucha gente no va para allá o porque muchos se inclinan por hacerla por libre, pero el caso es que es menos agobiante.

Auschwitz II tiene un montón de elementos que han salido cientos de veces en el cine, como las famosas vías de tren que llegaban hasta las cámaras de gas o el puesto de vigilancia principal, que para muchos fue lo último que vieron antes de entrar en el campo de concentración.

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Si la primera parte de la visita deja mal cuerpo, no os podéis imaginar la segunda. Vías de tren infinitas, un campo de concentración del que a duras penas se atisban los extremos y soledad, mucha soledad. Auschwitz I puede pasar como una ciudad o como una especie de centro de trabajo, pues hay muchos barracones ordenados sistemáticamente. En el caso de Birkenau, queda claro que era una zona enorme sin ningún tipo de humanidad.

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Mención especial merecen las medidas de seguridad, esas que estaban pensadas para que los presos no escaparan de su cautivero. Si solo eran “simples campos de trabajo”, esa paranoia sería totalmente innecesaria.

De verdad, nos está siendo muy difícil escribir este post. Por un lado no queremos quedarnos cortos con las sensaciones que vivimos allí, pero tampoco tiene sentido detallar el asco y la repulsión que experimentamos en ese momento hacia la especie humana.

auschwitz-14El destino de estos campos de concentración no pudo ser más dramático, ya que tras la entrada del Ejército Rojo en Alemania pasaron a ser campos de concentración para prisioneros y presos políticos de la URSS. Vamos, desgraciadamente que el terror duraría aun más allá de 1945.

Muchos de los edificios fueron destruidos, bien tras la caída de los nazis (que no querían dejar huella de lo que hacían allí) o bien tras la salida de la URSS (por el mismo motivo). Algunos se han levantado por motivos expositivos, pero otros se han dejado tal cual se encontraron.

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No hemos hablado demasiado de ello, pero Auschwitz está lleno de todo tipo de monumentos, placas, memoriales y otros lugares para el recuerdo. Algunos muestran mensajes con los idiomas de todos los prisioneros que pasaron por allí, otros recuerdan episodios concretos y algunos lanzan mensajes abstractos. Sea como fuere, merece la pena ir uno a uno a presentar los correspondientes respetos.

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Fijaos (en la imagen de abajo) la longitud que tiene le campo de concentración. Es una fotografía hecha desde el extremo de las vías del tren, al menos desde la parte que se ha restaurado. A duras penas se ve el final al fondo.

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En Auschwitz II Birkenau también hay varios edificios visitables, aunque sinceramente ya habíamos tenido bastante por ese día: los vimos, pero estábamos ya totalmente saturados de crueldad y barbarie. De hecho, nos escapamos un rato de la visita guiada y nos fuimos a nuestro aire, pues más que explicaciones históricas lo que necesitábamos era estar en silencio y pensar.

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¿Esperábais que Auschwitz fuera así? Nosotros más o menos, ya que habíamos visitado antes algunos campos de concentración. Sin embargo, nada es comparable a lo que vivimos esa mañana en Polonia.

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INFORMACIÓN PRÁCTICA

  • Cómo llegar a Auschwitz: lo más sencillo es en autobús desde Cracovia. Sale desde la estación de buses que está detrás de la estación de tren, el billete se compra directamente en el autobús y cuesta 24 PLN ida y vuelta. El trayecto dura una hora y media.
  • Precio: el acceso es gratuito, pero en muchas franjas te obligan a que sea mediante visita guiada.
  • Horario de apertura:
    • Diciembre a febrero: de 8:00 a 15:00.
    • Marzo y noviembre: de 8:00 a 16:00.
    • Abril y octubre: de 8:00 a 17:00.
    • Mayo y septiembre: de 8:00 a 18:00.
    • Junio, julio y agosto: de 8:00 a 19:00.
  • Web oficial: http://auschwitz.org/

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3 pensamientos en “Auschwitz: cuando la locura se convierte en una industria

  1. Yo he estado solo en el de Dachau y la verdad es que es de esas visitas que no dejan indiferente y te dejan con mal sabor de boca por el daño que es capaz de hacer el ser humano a sus iguales. Aún así, es una visita imprescindible!

  2. Pingback: La Colina Wawel | www.eduyeriviajes.com

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