Arévalo y Adanero ’09 – Capítulo II: Cereales, iglesias y un castillo

La visita empezó en Arévalo, uno de esos pueblos que concentran el interés económico de su entorno y que cuentan con una gran afluencia de gente. De hecho, nosotros queríamos ir a dar una vuelta por el casco histórico, y pesar de haber un gran aparcamiento en una céntrica plaza tuvimos que dejar el coche en un calle adyacente porque ahí no había hueco.

En cualquier caso, el sitio en el que se deje el coche da un poco igual, pues la visita empieza casi obligatoriamente en el Arco del Alcocer, dado que esta gran construcción es el único punto de acceso al recinto amurallado que se conserva. Además, en él se ha instalado la Oficina de Turismo. Antes de pasar el arco hay una estatua de Isabel la Católica que conmemora el quinto aniversario de su muerte, que da cuenta de la admiración que Arévalo tiene por la monarca.

Aquí pasó la reina su infancia, y siempre tuvo un gran recuerdo. De hecho, dio a Arévalo el privilegio de celebrar dos ferias al año, pensando en que la ciudad floreciese y mantuviese el esplendor que recordaba de niña. Literalmente dejó escrito que “se festejen dos ferias en cada año […] para que esa mi villa se apueble e noblesca…”.

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En la Oficina de Turismo cogimos un montón de folletos muy interesantes: un plano de la ciudad, otro de la comarca y cinco dedicados a personajes ilustres que nacieron, murieron o pasaron algún momento de su vida en Arévalo, como Fray Juan Gil (el libertador de Cervantes) o la propia Isabel la Católica.

Con el zurrón lleno de folletos cruzamos definitivamente el Arco del Alcocer y fuimos a parar a la Plaza del Real, llamada así porque en ella estaba el desaparecido Palacio Real. Sin embargo, a pesar de que no se conserva tan ilustre construcción hay otras de interés, como el Ayuntamiento -cuya portada pertenece a un palacete que existía antiguamente en la plaza- o la Casa de los Sexmos y del Concejo.

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En el interior de la Casa del Concejo hay nada más y nada menos que dos museos y una sala de exposiciones, que se pueden visitar de manera gratuita. La exposición no nos interesaba mucho -era de fotografía-, pero los museos si que nos llamaron más la atención.

En la planta alta está el Museo de Interpretación de la Naturaleza, en el cual no solo se pueden conocer muchas cosas sobre la fauna del entorno, sino que además hay algunos ecosistemas reconstruidos. También se puede ver algún documental, aunque nos apetecía más caminar. En la planta del medio se ubica el Museo del Cereal, una curiosa institución que a través de los cereales muestra como ha sido la vida en las localidades dedicadas al cultivo de secano: ciclos de cosecha, elaboración de pan, diferentes especies de trigo… Lo que más nos gustó fue un panel con los diferentes refranes castellanos acerca del tiempo y la cosecha, que además estaban dibujados de manera muy graciosa.

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Arevalo y Adanero 07Una vez vimos los museos salimos de nuevo a la Plaza del Real, y desde ahí fuimos por la calle más pegada al ayuntamiento hacia la derecha (según se mira). Al poco de andar fuimos a la Iglesia de San Nicolás, que se empezó a construir a fines del siglo XVI y que en la actualidad está prácticamente en ruinas (tejados hundidos, ventanas rotas, fachada desconchada…).

Incorporado al edificio como una estancia más está el antiguo Colegio de los Jesuitas, donde los miembros de esta orden estudiaron y vivieron durante muchos años -hasta su expulsión-.

A pesar del mal estado de conservación de la Iglesia de San Nicolás para nada desluce la visita. De hecho, justo desde aquí se aprecia otro edificio religioso que, a diferencia del anterior, goza de muy buena salud: la Iglesia de San Martín, del siglo XII, también conocida entre los habitantes del lugar como las “Torres gemelas”. De todas formas, a veces la etimología popular se equivoca: para nada son gemelas, sino que responden a momentos muy diferentes. Una es conocida como Torre de los Ajedreces, y la otra simplemente como Torre Nueva. Su perfil es curioso, y es divertido verlo desde diferentes puntos de vista y ver como los constructores jugaron con las perspectivas.

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Avanzando un poco más se llega a la Plaza de la Villa, de estilo castellano, donde entre las diferentes casas porticadas sobresale la Iglesia de Santa María la Mayor. Tiene una cabecera románica-mudéjar bastante arquetípica, y aunque por fuera es muy bonita lo más interesante es su interior, con unos preciosos frescos policromados y su artesonado restaurado. También hay una exposición, pero sinceramente estorba más que aporta, pues dificulta un poco la visión de estos dos elementos.

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Arevalo y Adanero 13Siguiendo con la ruta, la siguiente parada era la más alejada de todas: el Castillo. No se sabe muy bien cuando se construyó, pero al menos es del siglo XVI. No solo defendió en su día la ciudad, sino que además fue utilizado como cárcel para lo más granado de la nobleza castellana. Aunque se restauró completamente en el siglo XX, cuando fuimos estaba en obras de nuevo.

De todas formas, aunque por dentro aun no se puede visitar la sola presencia de su torre de homenaje es suficiente para dejar impresionado al visitante. Cerquita del castillo, bordeando los límites de la ciudad, se llega a un pequeño mirador sobre el río Arevalillo. Desde ahí, siempre teniendo cuidado con los coches -que muchas veces pasan demasiado cerca de los peatones-, se puede ver el Arco de Medina y el Puente de Medina, del siglo XIV.

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Arevalo y Adanero 16Lo último que vimos en Arévalo fue la Iglesia de San Miguel, que tampoco tiene un origen claro. Lo único cierto es que es de esos edificios a los que el tiempo suele sorprender, pues con el paso de los años se ha visto rodeado por una carretera. Es una iglesia bonita y bien conservada, pero entre que no se puede ver por dentro y que ya era la hora de comer tampoco nos impresionó demasiado.

Lo dicho, una vez terminamos de ver Arévalo comimos en un restaurante que había en la carretera entre esa ciudad y Adanero, donde nos pusimos hasta arriba por algo más de 10€ el menú.

Ya con la panza llena fuimos a Adanero. Este pequeño pueblo abulense representa a un sinfín de localidades que no suelen salir en las guías de viaje: pequeño, pocos habitantes, pocos “atractivos turísticos”… Sin embargo, para nosotros este tipo de pueblecitos tienen tanto encanto como los que más. En el caso de Adanero hay dos edificios de especial interés: el Ayuntamiento, bastante similar al de Arévalo; y la adyacente Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora.

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Visitar el interior de la iglesia fue una pequeña odisea. Como estaba cerrada, preguntamos en el bar de la plaza, donde los “parroquianos” nos dijeron que fuéramos a buscar al cura a su casa. Un señor nos acompañó la mitad del camino, y después de llamar varias veces a casa del cura salió un hombre de bastante edad con pinta de recién levantado -según nos dijo estaba “ocupado”, aunque más bien estaba sesteando-. El cura nos dijo que no nos podía abrir la iglesia porque se tenía que ir a dar misas a otros pueblos, pero que en unas dos o tres horas había misa, y que si queríamos verla podíamos pasar media hora antes. Eso hicimos, y pudimos ver un edificio bastante curioso, con algunos retablos barrocos, unos cuantos pasos de Semana Santa y una pila bautismal bastante interesante.

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Y esto fue lo que dio de sí el día. Nuevamente aprovechamos para romper una lanza en favor de los pequeños pueblos castellanos, pues si no los cuidamos un día desaparecerán.

Capítulo IVolver a Arévalo y Adanero ’09

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