A Mariña Lucense ’09 – Capítulo VIII: Pozo de la Herida (Día 8)

Una excursión que no podíamos dejar de hacer durante nuestra estancia en A Mariña Lucense es la que protagoniza este capítulo, y que tiene por objetivo el Pozo de la Herida o Pozo da Ferida. Se trata de una enorme cascada que si estuviese en otro país y se llamase “Schönenbagüenderg” sería uno de los monumentos naturales más conocidos de Europa, pero como está en Galicia es prácticamente una desconocida. Más o menos lo mismo que pasa con la Playa de las Catedrales.

¿Cómo llegar al Pozo da Ferida? Es realmente complicado, la verdad. Lo mejor es ir hasta Xove y ahí preguntar, ya que hay algunas indicaciones pero son realmente liosas. De hecho, llegará un momento en el que se irá por pequeñas pistas de montaña en las que hay carteles de madera apoyados en el suelo, así que la mejor receta es preguntar siempre que se pueda e ir bien atentos.

El caso es que nosotros llegamos, aunque no sabemos muy bien como. El lugar es fácilmente reconocible porque hay un pequeño descampado entre el inicio del camino y un pazo abandonado para dejar el coche. Estuvimos curioseando un poco por los alrededores, y comprobamos como la naturaleza se estaba comiendo la construcción en ruinas. Una pena.

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Aunque se tarda bastante en llegar y la excursión no es demasiado larga -en total serán unas dos horas, más o menos- merece la pena. Vale que en este diario de viaje estamos constantemente diciendo eso, pero es que es verdad. En cualquier caso, aquí van algunas recomendaciones: calzado cómodo, ropa no demasiado gruesa y cuidado con el camino, ya que hay agujeros en el suelo y barrancos. De hecho, al inicio del sendero hay un montón de palos ideales para caminar. Recordad: se pueden coger tantos como se necesiten, pero a la vuelta hay que dejarlos ahí para que otros puedan usarlos.

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A Mariña Lucense 167La primera imagen que se tiene del camino impresiona un poco, la verdad. El bosque cerrado parece comerse el sendero, y da la sensación de que en cualquier momento puede aparecer un jabalí o algo parecido… ¡Y es que en eso está el encanto! Nosotros como madrileños cada vez damos más importancia a la naturaleza, tan poco presente en nuestra vida cotidiana, y poder entrar en un paraje como este, prácticamente virgen, es una experiencia maravillosa. Durante todo el camino sólo nos topamos con un grupo de 4 ó 5 personas, así que fue casi como ir solos por el bosque.

Pasear por los bosques de Galicia produce una sensación única. De hecho, cada bosque es distinto, y aunque ambas experiencias son increíbles en nada tiene que ver caminar por aquí que caminar por el Bosque de Oma de Vizcaya, por ejemplo. A mitad de camino nos encontramos otro pazo abandonado, y tanto la casa como el hórreo estaban en un estado de descomposición más avanzado que el que estaba donde habíamos dejado el coche. De hecho, quedaba la piedra y poco más.

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Ya hemos dicho al principio de la etapa que era recomendable llevar calzado cómodo, pues el sendero es bastante irregular, hay barro y muchas veces se pasa cerca de grandes barrancos. Pues bien, cuando nosotros fuimos había una dificultad añadida: los restos de destrucción que había dejado el ciclón extratropical Klaus. Fue un fenómeno meteorológico que ocasionó vientos de más de 150 km/h, y a pesar de haber ocurrido medio año antes de nuestra visita todavía había árboles partidos, ramas rotas y troncos secos tirados en medio del camino.

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A Mariña Lucense 172Más o menos a mitad del recorrido nos encontramos con una pequeña cascada. Bueno, en realidad es pequeña en comparación la que veríamos luego, pero en cualquier caso es una caída de agua muy bonita. Para verla mejor hay que salir un poco del camino y acercarse, pero hay que tener cuidado porque las piedras están húmedas y hay peligro de caerse.

A Mariña Lucense 173El último tramo del camino es el que está en peor estado, y de hecho aquí es cuando los palos que cogimos al principio nos resultaron realmente útiles. La vegetación es más densa (muchas veces hay que apartarla para caminar, ya que si no no se puede), hay más “trampas” en el camino -agujeros, charcos, zonas embarradas- y para colmo de males se va al lado de un barranco al que es mejor no mirar si se tiene vértigo. Para nada es un sitio peligroso, pero ocurre algo más o menos como en Estaca de Bares: mejor ir con cuidado y no mirar a los lados.

Sin embargo, como se puede ver en las fotografías el recorrido tiene una gran recompensa. El Pozo de la Herida o Pozo da Ferida es sencillamente un regalo de la naturaleza. Esta caída de agua de más de 30 metros de altura, regada por el río Xudreiro, justifica haber pasado algo de vértigo o llevar las zapatillas llenas de barro. El lugar es único e inolvidable, la típica imagen que no debería cambiar nunca y que te hace pensar que merece la pena luchar contra el cambio climático.

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Después de esto, vuelta al coche por el mismo recorrido. Cuidado con las distracciones, ya que la confianza por conocer el camino puede ser una mala consejera y ocasionar alguna caída de culo o algún pequeño esguince.

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2 pensamientos en “A Mariña Lucense ’09 – Capítulo VIII: Pozo de la Herida (Día 8)

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