A Mariña Lucense ’09 – Capítulo VII: Sargadelos y molinos de viento de Cervo (Día 7)

Hay mucha gente que dice que lo malo de ir al norte en verano es que puede haber días en los que no se pueda ir a la playa por la lluvia. ¿Y acaso eso tiene que ser un problema? En nuestro séptimo día en A Mariña Lucense amaneció nublado, con mucho frío, así que en vez de ir a la playa nos fuimos a hacer una excursión. Pasamos casi todo el día fuera de casa viendo cosas muy distintas, y todo sin salir de Cervo.

La primera parada del día fue en Sargadelos, una de las parroquias del municipio. El lugar es célebre, entre otras cosas, por haberse dedicado desde hace más de dos siglos a la producción de una cerámica famosa en el mundo entero. Aunque no era algo que teníamos pensado ver en un primer momento, al pasar varios días con el coche por la puerta y siempre verlo lleno de gente pensamos que podría ser interesante visitar la fábrica de cerámica de Sargadelos.

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A Mariña Lucense 133Antes de nada, un poquito de Historia. La Cerámica de Sargadelos tiene su origen en una fábrica de loza que inauguró Antonio Raimundo Ibáñez, una de las principales figuras de la industrialización española, en 1806. Éste empresario y sus descendientes fueron capaces de generar una fábrica de cerámica que fabricaba miles de piezas cada año y que vendía en toda Europa, hasta que los pleitos y otra serie de motivos llevaron a su cierre en 1875. Durante ese tiempo Sargadelos fue el principal motor económico de la zona, con más de 1000 familias trabajando en su fábrica. La producción de cerámica caló hondo en los habitantes de Cervo, y a mediados del siglo XX se ponen en marcha una serie de iniciativas empresariales que tratan de recoger el espíritu de la factoría original, hasta que en 1970 se inaugura la planta circular de Sargadelos, el conjunto que fuimos a visitar.

¿En qué consiste la visita a Sargadelos? Se trata de una interesante propuesta en la cual se pueden recorrer todas las dependencias de la fábrica de cerámica, siempre y cuando se tengan en cuenta tres premisas: la primera, que hay que ir siempre en silencio; la segunda, que hay que seguir el camino fijado; y la tercera, que nunca se debe sobrepasar la línea roja.

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A priori, seguro que más de uno puede pensar que la visita a una fábrica de cerámica puede ser aburrida. Sin embargo, conocer Sargadelos supone entrar en el corazón de una de las principales industrias a nivel nacional, y ver como funciona la factoría es algo que no se parece a ninguna otra visita que se haya podido hacer previamente. Las miles y miles de piezas que se elaboran a diario en la fábrica, todas de la más alta calidad, recorren una cadena de montaje perfectamente organizada y en la que los errores no tienen cabida.

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La cerámica de Sargadelos se distingue, entre otras cosas, por su alta calidad y su significado histórico. Desde el punto de vista estético suelen predominar los tonos azules, una de las señas de identidad de Sargadelos. Hay que tener en cuenta que el que rompe paga, así que es mejor ir despacio y no salirse nunca de la línea roja. Durante la visita se pueden ver los diferentes procesos (horneado, decoración, etc.) que sigue la cerámica hasta su venta. De hecho, el final de la visita está en una enorme tienda que vende tanto cerámica de Sargadelos como libros sobre Galicia -nosotros, por ejemplo, nos compramos un ejemplar de Historia de Galicia del autor Hortensio Sobrado Correa-.

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A Mariña Lucense 143Cuando se termina de ver la fábrica, lo más recomendable es coger el coche e ir -está muy cerca y perfectamente señalizado- al Museo Histórico de Sargadelos. Fue fundado en 1988, la entrada es gratuita y en él se hace un interesante repaso de la Historia y el patrimonio relacionado con la fábrica de cerámica de Sargadelos.

En el museo, aparte de los típicos paneles históricos, se pueden ver piezas únicas de cerámica -como el Floreiro de Cinco Dedos, del siglo XIX-, conocer curiosidades o tocar con tus propias manos los materiales con los que luego se elabora esta popular cerámica. Por cierto, durante la visita al museo nos liamos a hablar con la guía del mismo, que nos recomendó una pequeña ruta para hacer justo al lado. Como aun era pronto, decidimos acercarnos a curiosear un poco.

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La ruta en cuestión consistía en un paseo por las ruinas de la antigua Real Fábrica de Sargadelos y los restos de los altos hornos, además del pazo de Antonio Raimundo Ibáñez -el fundador de Sargadelos, como ya hemos visto-. También está presente el edificio de las caballerizas.

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En realidad, el principal objetivo de este paseo era recorrer el Paseo dos Namorados, es decir, el Paseo de los Enamorados, un precioso recorrido a la orilla del río Junco (o río Xunco, en gallego). Es un paseo muy corto (entre las ruinas y la zona de los enamorados es una hora más o menos), pero increíblemente bello. El paisaje es especialmente romántico, así que hace honor a su nombre: todo verde, con frondosa vegetación, hojas en el suelo, el sonido del agua siempre en segundo plano… Incluso el hecho de que no hiciese del todo bueno le daba más encanto, pues las hojas tenían pequeñas gotas de agua y olía a lluvia.

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El recorrido, como ya hemos dicho, es bastante cortito. Básicamente consiste en avanzar hasta una presa que hay en el río Junco y luego volver al punto de inicio por un recorrido en paralelo. Cuando nosotros fuimos no hacía buen tiempo, pero por todo el camino hay merenderos y bancos en los que pasar un bonito día de picnic. Supongo que cualquiera que vea las imágenes se dará cuenta de que no exageramos al decir que se trata de uno de los rincones con más encanto de toda España.

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Como ya hemos dicho, el camino de vuelta se hace por un sendero paralelo. Es menos bonito, ya que no se va en medio del bosque, pero también es interesante ya que se obtiene un plano cenital del recorrido que se ha hecho previamente. Por cierto, el Paseo de los Enamorados no solo consiste en ir y volver, sino que desde él salen rutas alternativas -y más largas- por la zona, que nosotros dejamos para otra ocasión.

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A Mariña Lucense 156Al margen de que es un paisaje majestuoso y un recorrido inolvidable, el Paseo dos Namorados también tiene un componente didáctico, pues en el camino de vuelta todos los árboles están señalizados con un cartel que indica la especie a la que pertenecen. Es un detalle que puede parecer insignificante, pero precisamente este tipo de matices son los que terminan de hacer que un sitio sea perfecto. Muchas veces, cuando vemos este tipo de sitios, se nos queda cara de bobos, pues nos gustaría que estuviesen cerca de nuestra casa para pasear por ellos mucho más a menudo.

Y la última visita del día no tenía nada que ver con todo lo anterior. Resulta que desde nuestro campamento base, Cervo, se veían en la montaña un montón de aerogeneradores -los típicos molinos de viento-. Dado que estaban bastante cerca, y que España está destinada a liderar en los próximos años la producción de energía con este método, no pudimos resistir la curiosidad y fuimos a investigar. Después de preguntar por la aldea, nos dijeron que había una pista (así llamaban a las pequeñas carreteras asfaltadas hace mil años) que llevaba allí. Pues nada, cogimos el coche y fuimos a buscarlas. Llegamos sin perdernos -contra todo pronóstico- y nuevamente hay que decir que acertamos con esta visita.

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A Mariña Lucense 159Sólo cuando se pasea entre estos gigantes se tiene conciencia real del enorme tamaño que tienen: cómo desde la carretera se ven tan pequeñitos… Otra cosa que llama la atención es el constante sonido de las aspas al cortar el viento. El parque eólico de Cervo no es muy grande, sólo debe haber unas decenas de aparatos, pero es ideal para hacer una visita: no hay verja que impida el paso (normalmente no se puede), están comunicados por caminos de tierra, no había gente… Aunque es evidente que los molinos de viento rompen la estética del paisaje, es por un buen fin, ya que las energías renovables son el futuro y el único medio para frenar el dichoso cambio climático.

Sin embargo, en este caso parece que no rompe tanto con el paisaje, ya que los animales se han acostumbrado a sus nuevos y enormes vecinos y pasean entre ellos como si tal cosa. Vimos caballos, vacas, ciervos… Según nos dijeron los hombres del pueblo, ninguno de estos animales es salvaje, salvo que causen algún problema de tráfico: entonces nadie sabe quién es el dueño de ellos.

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A Mariña Lucense 162Otro punto a favor de esta visita es que está en una zona alta, y ofrece una panorámica preciosa de todo el valle. Nuevamente el frikismo asalta nuestras mentes, ya que desde aquí se puede ver a la perfección los usos de la tierra, la importancia del bosque para captar recursos y el poblamiento disperso tan típico de estas latitudes.

Así que nada, aunque la lluvia pretendía chafarnos el día no lo consiguió, y sin movernos más que unos pocos kilómetros pasamos un día diferente y con unas excursiones nada usuales.

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